Ordenar el tránsito en las ciudades contemporáneas – en el caso, Montevideo – es sólo una de las operaciones que deben hacerse para gestionar adecuadamente una ciudad y encararlo exige conocer el estado de situación del conjunto urbano en el que es necesario generar cambios.
Respecto al tránsito, un primer nivel de análisis pasa por conocer las causas del estado de situación insatisfactorio, diagnosticandoel estado y funcionalidad de la red vial existente y la jerarquización de uso que la sociedad hace de ella.El diagnostico debe incluir datos sobre la densidad de población en cada área y la implantación de los atractores actuales (centralidades, sitios de alta concentración de actividades y empleo), el sistema vial y su naturaleza, los vehículos de transporte colectivo e individual de todo tipo que se usan y sus recorridos, tanto en distancia como en tiempo y los balances económicos que permitan conocer la inversión social en transporte.
Formular un plan de modificación de los tránsitos urbanos requiere contar un equipo de proyecto diverso, compuesto por expertos en las disciplinas sociales, económicas, urbanísticas y tecnológicas (por lo menos) involucradas.
El sistema de transporte a crear debe ser limpio, eficaz y rápido, tanto para servicios públicos como privados. Debe prever espacios de estacionamiento adecuados tanto en origen como en destino y facilitar las operaciones de carga y descarga.
La propuesta debe explicitar su aporte a la vida cotidiana de la ciudad en general y de los ciudadanos en particulare incluir soluciones para los problemas nuevos que su aplicación implica.
Debe posibilitar que la movilidad sea tal que se circule mejor y en menos tiempo, que estacionar sea factible en cada zona y que los bienes a cargar y descargar puedan llegar a tiempo a destino. El ordenamiento requiere definir que vehículos pueden usarse en la red vial redefinida y establecer las modalidades de uso de cada uno. Las acciones a encarar deben asegurar economías de tiempo y de dinero para la Intendencia y para los usuarios de la red vial.
El planteo que la Intendencia trasmitió a los montevideanos el 23/09 del cte. es muy diferente de lo que establece ese resumen de gestión urbana adecuada.
El Intendente de Montevideo Econ. Mario Bergara, anunció una propuesta para ordenar el hoy caótico tránsito en la ciudad, como primera etapa de un proceso de cambio, sin definir cuándo y cómo se analizarían otros aspectos clave del mismo, como ser la modificación del sistema de transporte colectivo. Para llevar a cabo el “Ordenamiento del Tránsito”, prometió la aplicación inmediata de 16 medidas (antes de fin de octubre) y la convocatoria de un Grupo de Coordinación de Ordenamiento del Tránsito (GCOT) como espacio de coordinación, complementariedad. unificación de criterios e intercambio de información entre la Intendencia de Montevideo, el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa. Ese grupo carece de otras posibilidades de acción que las de índole represiva y policial que corresponden a los ministerios del Interior y Defensa.
Una ciudad es una realidad viva y compleja. Hay que conocer el lugar donde la ciudad ha crecido y sus flujos materiales e inmateriales diversos: agua y aire en movimiento continuo, inherente al lugar y los flujos de materia, energía e información que expresan el funcionamiento urbano.
Los flujos materiales, usan los espacios públicos creados a para circular desde la fundación de la ciudad. Son canales que condicionan y acotan el volumen y naturaleza de los flujos y responden biunívocamente al proceso histórico de la ciudad y a las necesidades de las diferentes generaciones que han habitado la urbe. Por las calles fundacionales de Montevideo circulaban peatones, caballos y algunas carretas. La red vial de la ciudad fundacional tiene hoy el mismo diseño que cuando fue delineada. Hoy debe alojar los tránsitos de vehículos automotores de tamaño, fuentes de energía y capacidades radicalmente diferentes.
El tránsito urbano está hoy asfixiado por el inalterado diseño de su red vial y por el escaso mantenimiento de la mayoría de las vías de circulación. Las 16 medidas propuestas son intentos de modificar la realidad sin cambiarla, usando normas restrictivas y condicionamientos al tránsito de todo lo que se mueve, seres humanos o productos destinados a ser parte de procesos industriales o de consumo. La tecnología habilita la eficiencia de los móviles. La ciudad actúa como trampa, al ignorar las demandas del mundo contemporáneo y pretender frenarlo, o imponer medios de transporte de escaso uso.
El Intendente Bergara asegura que la tarea es detectar y sancionar a los infractores de las antiguas y de las normas de tránsito que decreta. Propone como herramienta de gestión LA FISCALIZACIÓN, realizada por Inspectores, visible u oculta tras sistemas de cámaras fijas o montadas en vehículos de transporte colectivo. Regularán el movimiento más semáforos, que sólo aseguran más detenciones e insumos mayores de tiempo.
El cambio institucional que propone, y los asesores que integrarán el GCOT, parecen referir a una institución policíaca: sus propuestas son prohibir, fiscalizar, sancionar.
La Intendencia tiene como cometido fundamental asegurar la vida plena (y, por tanto, el movimiento) del ser urbano. Sus métodos, prioridades y asesores deben ser más, con diferentes conocimientos específicos y deben disponer de herramientas adecuadas para la transformación permanente de la ciudad de ayer en la de hoy y mañana.
La Intendencia anuncia que a fines de octubre estarán siendo aplicadas 16 nuevas restricciones y prohibiciones que parecen concebidas para profundizar la inmovilidad de Montevideo. Son provisorias e inconsultas. Se las anuncia con un énfasis que no merecen. Establece que se cambiarán más adelante, una vez que se haya encarado la reformulación del sistema de transporte público, proceso que no será fácil. La ineficacia del transporte público es una de las causas de que la gente opte por móviles individuales para intentar esquivar el trancazo urbano.







