Que en paz descanse

Dicen que, en tiempos revueltos, la primera víctima es  esa sensatez básica y elemental que llamamos “sentido común”, ese sentido que en realidad es poco común, pero que a veces, cuando funciona,  nos salva de la bobera propia y de la maldad ajena.

Prospección sísmica con una muy remota posibilidad de encontrar petróleo. Un plan brillante. Si no hay petróleo, hacemos pelota el mar y la vida marina a cambio de nada. Y, si hay petróleo, entre el 90 y el 70% se lo llevan las empresas petroleras, después de cobrarnos todo lo que gastaron en encontrarlo (no lo digo yo, está en los contratos). Sin contar con que, en estos días, el petróleo atrae misiles.

Pero no se preocupen. Para compensar, entregamos y dejamos perforar los acuíferos para hacer “hidrógeno verde”. Así con una mano carbonizamos y con la otra nos pintamos de verde.

En un mundo en guerra, seguramente necesitado de comida, ¿qué mejor que suprimir  vacas, chacras y tambos para instalar una cuarta planta de celulosa, con zona franca y puerto incluidos, y seguir sembrando eucaliptus por todos lados?

Y la del estribo: ¿Se les ocurre algo más útil, práctico y necesario que un túnel por debajo de 18 de Julio? ¿Saben cuántos niños se salvarán de la pobreza, la ignorancia y la violencia con eso? ¿Cuántos jubilados conocerán por fin la opulencia? ¿Cuántas bici-sendas y ómnibus-sendas se podrán colocar por arriba o por abajo? ¿Cómo? ¿Qué pedimos un préstamo de 500 millones de dólares para hacerlo y que seguramente costará el doble? Una bicoca. Cuando empiece a producir, desquitamos todo en seis meses.

A menudo, cuando veo las noticias nacionales, tengo la sensación de que nuestros políticos han roto amarras. Dos clases de amarras. Por un lado, las que deberían unirlos al país y al pueblo que gobiernan. Da la sensación de que ya no les importa ni siquiera fingir que les preocupamos. Por otro lado, parecen haber roto también  las amarras que deberían unirlos al más elemental sentido común, al de la propia preservación.

Claro que en todos lados se cuecen habas. La nueva guerra mundial en curso es un buen ejemplo.

Los analistas de política internacional cuentan misiles, barcos hundidos, bases y refinerías bombardeadas y niños muertos. Especulan con el triunfo o la derrota de uno u otro bando.

Me pregunto: ¿alguien cree realmente que de esa guerra puedan salir bien parados los gobiernos –ni hablar de los pueblos-  de Israel, EEUU, o Irán? ¿Qué clase de imbécil organizaría una guerra en su propio territorio o, en el caso de EEUU, apostaría todos sus recursos y su influencia mundial a semejante hecatombe? ¿No resulta obvio que alguien los está presionando y fogoneando el conflicto?  

Saquen cuentas. De las tres mayores potencias mundiales, EEUU, China y Rusia, dos están enredadas en guerras costosas, desgastantes y probablemente interminables. Rusia con Ucrania y EEUU con Irán. La tercera potencia, no. El gobierno chino campanea. Ayuda a Irán, apoya a Rusia, negocia con Trump, pero sin mojarse. Los capitales chinos -y los capitales occidentales instalados en China-  siguen comerciando con todo el mundo y los barcos chinos pueden circular por el estrecho de Ormuz.  Son los hechos. Cada cual concluya lo que quiera.

No es muy distinto de lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial. Los pueblos y las economías de Inglaterra, de Alemania y de Rusia se desangraron. EEUU entró en la guerra al final, cuando se repartían los premios. Resultado: los mercados mundiales fueron copados por la industria yanqui y el eje financiero global se desplazó hacia Wall Street  ¡Bingo!  La economía mundial tenía nuevo comisario y nuevo caballo.

Sin embargo los analistas internacionales siguen hablando de una guerra entre Estados, sin ver a los capitales que desde hace cincuenta años han apostado a China.  

Tengo una duda grande. No sé si el sentido común mundial falleció en alguna de las guerras o si agoniza de desconcierto en Uruguay.

Lo único seguro es que no goza de buena salud en ningún lado.

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