Raro

El derecho suele condensar en fórmulas legales y en máximas jurídicas un profundo y antiguo conocimiento empírico sobre la naturaleza humana, cosa que suele pasar inadvertida para mucha gente, incluidos algunos operadores del derecho.

Por ejemplo, el Código General del Proceso (vean el artículo 141) establece algo que llama “regla de la experiencia”. Esa regla habilita a que los jueces, cuando deben decidir sobre un hecho desconocido, a falta de reglas legales que impongan cierta conclusión, deduzcan el hecho desconocido de los hechos conocidos, basándose en la experiencia común, es decir en la observación de lo que normalmente acaece.

En rigor eso es algo que hacemos todos. Si alguien entra a una casa desde la calle trayendo el pelo mojado y un impermeable y zapatos empapados, es normal que infiramos que afuera está lloviendo mucho. Podría no ser cierto. El visitante podría haberse caído a un río o haber sido mojado con una manguera, pero eso no es lo que normalmente acaece. De modo que, a menos que haya prueba de lo contrario, cualquiera supondrá que está lloviendo.

Me enteré del atentado en la casa de la fiscal Mónica Ferrero el domingo de mañana, por la llamada de un colega de muy destacada actuación profesional, política y periodística durante muchos años (no doy su nombre porque no le solicité autorización). Mi interlocutor estaba indignado. Con razón, calificó el hecho como un atropello contra el Estado de derecho, cosa en que obviamente le dí la razón. De todos modos, como no me había informado directamente, le pedí un rato para averiguar sobre los hechos.

Leí lo que había en la prensa y algo en las redes sociales y quedé un poco perplejo. De modo que llamé de nuevo a mi colega y le comenté mi perplejidad. Se ve que él también había averiguado más y estaba un poco extrañado.

“Es raro”, atiné a decirle. “Entran a la casa habiendo gente, hacen disparos, no establecen contacto con los ocupantes de la casa, no roban, se dedican a colocar un explosivo en el patio, y se van”. Sí, dijo mi interlocutor, en tono reflexivo: “Es raro”.

Estuvimos algunos minutos más en línea, y creo que durante esos minutos intercambiamos la palabra “raro”, en tono entre sorprendido y dudoso, varias veces.

Al cortar, tuve la plena certeza de que en la cabeza de los dos retumbaba esa “regla de la experiencia”, que aconseja interpretar los hechos desconocidos en base a lo que “normalmente acaece”.

Y la verdad es que lo ocurrido en la casa de la Fiscal Ferrero, o al menos lo que la policía y la prensa informan sobre ello, es raro, muy raro, muy alejado de lo que normalmente acaece.

El ingreso violento o furtivo a una casa ajena suele tener por finalidad el robo, ya sea de bienes materiales valiosos o de valor estratégico para la víctima y para el delincuente (como cuando se sustraen computadoras o documentos). Cuando el ingreso se produce estando en ella sus habitantes, configure o no copamiento, el fin suele ser el robo y a menudo el sometimiento o la agresión a sus habitantes.

Según la versión oficial, nada de eso ocurrió en este caso. Ni robo ni contacto alguno con los habitantes. Sólo disparos, daños, y la supuesta colocación de un aparato explosivo en el patio, en lugar evidente.

Por otro lado, según la indagatoria y la decisión judicial al día miércoles 1º de octubre, en el episodio habría intervenido varias personas y varios vehículos, lo que ha derivado en la formalización de una persona y la detención de un vehículo.

¿A qué responde un episodio tan fuera de lo común, afectando a una muy importante funcionaria?

La reacción del sistema político ha sido asumir que se trata de una nueva amenaza contra la Fiscal Ferrero, declarar la solidaridad con ella, y acusar por los hechos al narcotráfico organizado.

No se puede descartar que así sean las cosas. Pero tampoco hay elementos contundentes que permitan afirmarlo.

Sólo dos cosas parecen seguras.

La primera es que se trata de un hecho grave, que pone en evidencia la fragilidad de los aparatos institucionales de nuestro país y la vulnerabilidad de las personas que los integran.

La segunda es que, no mediando al parecer robo, ni afortunadamente desgracias personales que haya que lamentar, lo ocurrido es un mensaje.

Menos claro es quién es el emisor de ese mensaje y a quién va realmente dirigido.

La asunción de nuevas autoridades está aun en curso y hay muchas cosas aun no resueltas. El propio cargo de Fiscal General está en entredicho por falta de acuerdo entre gobierno y oposición sobre si sustituir a la Fiscal Interina Ferrero o confirmarla en el cargo.

Por otro lado, el nuevo Ministro del Interior y las nuevas autoridades de la Policía están bajo escrutinio político, en parte por el evidente aumento de las cifras de criminalidad y de violencia, y en parte porque el Ministerio del Interior se ha vuelto el blanco habitual de los opositores durante todos los períodos de gobierno, algo así como el punto más vulnerable de cualquier gobierno. 

Si bien el atentado del domingo se materializó sobre la casa de la Fiscal Ferrero, su onda expansiva, política, alcanza al Ministerio del Interior, a las autoridades policiales y probablemente al propio gobierno.

¿Atentado narco o mensaje político? A estas alturas, ¿es posible diferenciar nítidamente entre una cosa y otra?

La tendencia mundial es a que las organizaciones del narcotráfico, en la medida en que crecen sus recursos económicos y se expande su poder organizativo, pasen a jugar un papel político, ya sea financiando candidatos, logrando impunidad, amedrentando o exigiendo la destitución de funcionarios, realizando actos de terrorismo y corrompiendo al sistema político.

Reitero: no se puede descartar que lo del domingo sea sólo un acto criminal primitivo y básico de amedrentamiento a una funcionaria, como lo dice y quiere creer el sistema político. Pero tampoco se puede descartar a priori que haya otros factores en juego y que los efectos políticos del hecho vayan más allá incluso de la propia Fiscal.

En un mundo en que los límites entre el delito organizado y la política tienden a desdibujarse, el completo y veraz esclarecimiento de este caso reviste para el Uruguay una importancia fundamental. Para que no se reitere y para que todos sepamos dónde estamos parados.

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