PRELUDIO
A finales de 1986 Eduardo Mateo y Fernando Cabrera se encontraron para idear un espectáculo. Desde el vamos, la idea parecía impracticable. Distintas generaciones; marcos estéticos definidos y personales; experiencias vitales muy diferentes. Sin embargo, la fórmula tuvo resultado. Luego de un período intenso de ensayos, consiguieron armar un repertorio interesante que fue presentado en dos ciclos. Uno en La Candela en el verano de 1987 y otro en el Teatro del Notariado (amén de otras actuaciones puntuales).
La decisión de registrar en una grabación el espectáculo partió de Cabrera, quien comandaba un poco la parte logística del dúo. El recuerdo que guardo de las primeras presentaciones en La Candela (estuve en varias funciones) es el de una notable performance que, sorpresivamente, cambió un poco para el material grabado. En aquellos primeros recitales, aparecieron versiones inesperadas, algunas sorprendentes, de canciones reconocidas de ambos y algunos estrenos. Recuerdo, por ejemplo, una “chacarera” de Cabrera (que nunca grabó), donde Mateo se animaba con el legüero, y una hermosa versión de “Príncipe azul”. Cabrera, en ese período estaba en “modo Mateo”, y por esto algunas de sus canciones giraban en torno a su particular sonido. El proyecto del álbum no solo era dejar un documento; significaba una carta de presentación para difundir el show, conseguir difusión y salida comercial. Es bueno apuntar que en aquellos años no existía una mejor manera de promover un espectáculo, aunque fuese llevado adelante por dos pesos pesados. La estética de la propuesta tampoco es que se vendiera como pan caliente: el medio estaba atravesado de rock posdictadura, y el material ofrecido por Mateo y Cabrera sonaba bastante por fuera de las modas del momento. Finalmente, el 11 de abril de 1987 el show se presentó en el Teatro del Notariado. Sería grabado en la misma noche, en dos tandas de 12 canciones (6 de cada uno), para luego extraer las mejores versiones.
EL ÁLBUM (Fragmento)
El álbum comienza con “El Candombe de Ana” de Mateo, una pieza por demás enigmática. Su armonía está alejada de todo lo tradicional en cuanto al lenguaje del candombe-canción, y su melodía y texto van por carriles desconocidos en la música afromontevideana. Podría decirse que es casi un ejercicio expresionista. En cuanto al texto, el procedimiento de la aliteración ya lo venía trabajando desde “Cuerpo y Alma”, y aquí suma otro hallazgo: “solo an solo an solo an solo ando”. Juega con el verbo irregular “ando” y con “an” (Ann: Ana en inglés).
“Por Ejemplo” se convirtió en una de las canciones emblema de Cabrera, sobreviviente, un poco, de aquel fructífero período. Es algo muy sencillo y que guarda una contenida emoción. El arreglo es una clase magistral de cómo economizar los elementos para que den el máximo con poco. Mateo dobla (en unísono) las notas agudas que toca en la guitarra, y ya solo con eso alcanza para crear la atmósfera. Luego la parte B se junta con la A, abriendo una nueva dimensión: “En un espejo de manchas viejas/ había un sitio para tus quejas/ En un cuaderno de tapas negras/ había un aire de cosas muertas”. “Al mismo tiempo” –también de autoría de Cabrera– nos coloca en fase sesentista, como si el autor hubiera querido homenajear a los músicos del área del “candombe beat”: Rubén Rada, “Chichito” Cabral y al propio Mateo. Candombe fundido con MPB, donde se luce la percusión y donde Cabrera logra una enorme expresividad desde el canto: “La vida dice que sí/ la vida dice que no/ pero yo sé que nos vemos en el final”. “Cuatro Viajes” de Mateo, es un candombe lento –esta vez “impresionista”– impresionante. Una joya que ha quedado un poco olvidada, siendo el regocijo de los músicos. Su melodía sugiere una cosa infantil y el texto es otro misterio mateístico: “En la luna/ me encontré/ dos banderas/ y noté// Colorido/ brisa y más/ del vacío/ al flamear”. En “El Tartamudo” nos encontramos con la veta histriónica de Mateo y su capacidad de reírse de sí mismo. La canción es una especie de samba-candombe totalmente bailable y luminoso (“no-no-no-no-no/ no te vayas de mí/ po-po-po-po-po/ porque si tú me dejas/ yo-yo-yo-yo-yo/ yo no sé qué he de hacer”). Cabrera decidió colocar dos obras “viejas” en el álbum. Una fue “El Viento en la Cara” de su primer disco solista. Lo que lograron supera en mucho la versión original, y le da a la canción un vuelo distinto. Quizá la mayor conexión de ambos en el vivo, logrando un empaste notable y una dinámica asombrosa (más allá de que la aparición de Mateo se da a partir de la mitad). Mateo, sobre el final, recrea a un comentarista radial de la Vuelta Ciclista (En vivo era increíble lo que se le ocurría en ese momento).
Mateo abre y cierra el álbum. En la despedida escuchamos una electrizante versión de otro clásico: “Mejor me voy”. Nos detenemos en el interesante entramado de guitarras y en el desgarramiento del canto aumentando el estado de desolación que contiene la balada. Una maravillosa versión de una de las mayores joyas de la canción sudamericana. El álbum “Mateo & Cabrera” (Orfeo) se editó en 1987 (Menos de tres años después fallecería Mateo). Tuvo una reedición del sello Ayuí en 2000 y otra del sello Bizarro en 2021. El disco es un corte temporal legendario de dos artistas incomparables e irremplazables.
Ilustración: Oscar Larroca (basada en foto original de Andrés Fernández)