El 5 de noviembre se hizo la presentación del libro “Coalición Republicana” de Francisco Faig. En el contexto de un necesario debate sobre el futuro de la CR, este libro aporta rigor intelectual a ese debate. Más que un libro de divulgación, como es el caso de la mayoría de los libros sobre política que se publican en Uruguay, este libro es lo que en el mundo académico se denomina ensayo. En particular, destaca que se trata de un ensayo intelectualmente riguroso, que aporta un análisis muy lúcido, apoyado en fuentes bibliográficas, información estadística y en el conocimiento del autor sobre la política uruguaya.
Es imposible sintetizar en esta columna su contenido. En consecuencia, la destinaré a describir algunos de sus aportes al debate sobre el futuro de la CR.
Destacan los argumentos para enfrentar las resistencias a la CR que vienen por el lado del temor a que se pierdan las identidades partidarias. Algunos afirman que la CR pone en riesgo identidades muy diferentes que es necesario preservar. Faig muestra que, aparte de esas identidades, existe un importante común denominador de coincidencias de fondo entre blancos y colorados. La CR deberá construirse preservando y cuidando esas identidades, pero siendo conscientes de que es mucho más lo que tienen en común que lo que las diferencia.
El libro incluye un breve análisis histórico, en el que puede observarse cómo el Uruguay democrático fue construido durante el siglo XX sobre la base de esas coincidencias, sin que ello implicara diluir la identidad de cada partido.
El autor explica que existe un relato histórico, construido por la intelectualidad de izquierda, que enfatiza en las diferencias y oculta las coincidencias entre ambos partidos. En su opinión, el objetivo de ese relato es poner obstáculos a la constitución de un espacio republicano conformado por blancos y colorados, con posibilidades reales de competir electoralmente con el FA. Dar manija para dividir, y dividir para triunfar. Faig ilustra su argumento con ejemplos de trabajos académicos sesgados hacia esa visión.
En consecuencia, el fortalecimiento de la CR requiere dar una batalla intelectual contra ese falso relato, mediante otro veraz, que “haga mucho más hincapié en lo que efectivamente une a blancos y colorados que lo que los separa” (pág. 94). Esto es imprescindible para convencer a los dirigentes, militantes y votantes de ambos partidos que se oponen a profundizar la CR, porque sólo ven diferencias, muchas de las cuales ya son obsoletas. Este es un desafío para los dirigentes e intelectuales republicanos.
Otro aporte del libro es su análisis sobre las coincidencias filosóficas existentes entre blancos y colorados. Ambos comparten los ideales republicanos: “la austeridad en el tratamiento de la cosa pública, la sensibilidad social y la solidaridad, el supremo amor a la libertad y a la patria y la participación política que incluye el respeto irrestricto de las urnas” (pág. 248). Además, tienen coincidencias sobre asuntos relevantes de la praxis política, en los que difieren profundamente del FA. Faig analiza cómo el núcleo central de esas coincidencias gira en torno al “tipo de ejercicio del poder y la aceptación del disenso democrático” (pag.28).
Mientras que colorados y blancos operan bajo la lógica de una competencia que reconoce al otro como un adversario moralmente legítimo (con el cual es natural negociar y compartir el poder), la izquierda opera bajo una lógica amigo-enemigo, basada en una autoasignada superioridad moral, que no reconoce en el otro un actor moralmente legítimo con quien se comparte el poder. Se trata de una diferencia de fondo, entre quienes creen y practican el liberalismo político y quienes no lo hacen; entre republicanos demócratas y jacobinos disfrazados de demócratas.
Las diferencias filosóficas en cuanto al republicanismo, y las diferentes formas de interpretar el disenso y el ejercicio del poder, constituyen un parteaguas entre dos bloques, que deja de un lado a blancos y colorados, y del otro FA. De esta forma, una CR integrada por esos partidos (incluyo al Partido Independiente) es una consecuencia natural de ese parteaguas. No existe ya ninguna razón lógica para que los partidos republicanos compitan entre sí, en vez de construir un proyecto común para el Uruguay basado en los ideales republicanos.
La reflexión sobre la necesidad de un liderazgo capaz de gestionar las complejidades y desafíos que implica el ir hacia la CR es otro aporte que quiero destacar. Avanzar hacia ella requiere, por un lado, un cambio cultural complejo (desarrollar una nueva mentalidad), y por otro, aplacar temores y equilibrar intereses dirigenciales en todos los niveles. En palabras del autor, se necesitará “mucha política: pedagogía, debate, iniciativa y convencimiento” (pág. 278). Y esto solamente lo pueden liderar dirigentes que actúen con “templanza, sentido histórico, prudencia y determinación” (pag. 277). Los dirigentes deberían leer con atención esta parte del libro.
Finalmente, quiero señalar el lúcido análisis de estadísticas electorales incluido en la tercera parte del libro. Allí Faig demuestra, con números, que el uso de un lema único en las elecciones departamentales permitirá a la CR: 1) asegurar el triunfo en departamentos en los que el Frente Amplio ha ganado cuando blancos y colorados compitieron bajo sus propios lemas (Salto en 2020; Río Negro y Lavalleja en 2025); 2) blindar a la coalición en departamentos en los que blancos o colorados por sí solos tienen una hegemonía histórica, pero en los cuales el FA viene creciendo (Rivera, Durazno, Soriano o San José) y 3) mejorar las posibilidades de triunfar en Canelones y Montevideo, donde el FA hace años gana cómodo.
Este libro arroja luz sobre las razones filosóficas, históricas y electorales que justifican profundizar la construcción de la CR. El autor cierra el libro convocando a los republicanos a ponerse manos a la obra: Republicanos, a las cosas.






