Santiago Mercant, contador y vicerrector de UCU: Tenemos discusiones que parecen de mamado

Lo conocíamos como el artífice del desarrollo económico de la Universidad Católica en los últimos años. Sabíamos de su obsesión por la demografía y la educación financiera en nuestro país. Nos encontramos con un  profundo analista de la realidad política y social uruguaya.  Habla sin pelos en la lengua hasta por los codos y la entrevista fue muy dinámica y divertida.

Por Santiago Pérez y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

PERFIL

Nació el 28 de junio de 1974, en Montevideo. Su es padre abogado, su madre escribana y tiene tres hermanos. Fue al Colegio Seminario.

Hace cuarenta y cinco años que vive en el barrio Palermo. Es hincha de Welcome y de Nacional. Tiene dos hijos: Iñaki, estudiante de Psicología, e Inés, que empezó cuarto año también en el Colegio Seminario. Está casado con Jimena, que es psicóloga. Estudió Ciencias Económicas en la Udelar. Y tiene un máster en Negocios en la Universidad de Montevideo. En el 2018 entró en la Universidad Católica como docente, y en la actualidad es vicerrector.

¿Cuántos alumnos entran en la UCU por año?

Entran dos mil y hoy en día más o menos tenemos siete mil quinientos estudiantes activos. Nuestro sueño es llegar a diez mil estudiantes antes del 2032. El 2032 es como el año donde la natalidad nos pega de frente. Nosotros tuvimos cohortes que nacieron cuarenta y siete mil. Y este año pasado nacieron veintiocho mil niños. Entonces, entre que nacen menos y no terminan bachillerato, tenemos que lograr esa masa de estudiantes para lograr mantenernos en diez mil.

¿Cuál es el perfil de los estudiantes de la Católica? ¿De dónde vienen? ¿Son todos carrasquitos?

No, no hay dos mil en Carrasco, no se reproducen tanto (risas). La Universidad Católica tiene más o menos la mitad de colegios privados y la otra mitad de liceos públicos. La mitad viene del interior del país. En el Interior la mayoría de los estudiantes hacen el bachillerato público. De los estudiantes que vienen de privados, un 60 por ciento vienen de colegios católicos. Y el 45 por ciento son primera generación de estudiantes universitarios en sus familias. La Universidad tiene más o menos unos quinientos estudiantes con algún tipo de beca por año. Pero el perfil de los dos mil estudiantes es súper plural. Queremos ser eso. Obviamente, dentro del perfil de las carreras hay algunas que tienen un estrato socioeconómico más alto y otras más medios y bajos.

¿Cuál es la carrera más atractiva para los gurises hoy?

Psicología.

Sé que salud mental es un problema, ¿pero no tenemos exceso de psicólogos?

No sé, no lo tengo claro. La carrera de psicología es una de las más elegidas hoy en día. De esos dos mil, doscientos cincuenta entran en psicología en los tres campus, en Salto y en Punta del Este. Después, otras carreras grandes son Medicina, con ochenta; en Informática con inteligencia artificial entran cien en total; y después las carreras tradicionales de empresas. Y este año inauguramos Ciencias del Comportamiento y Filosofía.

¿Tiene futuro estudiar Psicología?

La carrera de grado es como el bachillerato de mi época. Es base, entonces un chico que hace Psicología hoy seguramente termina haciendo un MBA y termina trabajando en una empresa. O hace una maestría en Educación y termina trabajando como educador en un colegio. También puede dedicarse a la Criminología. Estamos lanzando el Máster en Criminología el año que viene. Nosotros creemos que la carrera de Psicología es una carrera generalista y que el chico después tiene que hacer su máster para elegir una especialización.

¿Qué diferencia hay entre la psicología que se imparte en la Católica y la de la Udelar?

En la Universidad de la República no conozco mucho lo que hacen, pero tienen más un perfil clínico. Entonces tienden a trabajar como psicólogos. Nosotros no nos imaginamos un estudiante universitario de Psicología que no haga un minor en empresas, en Ciencias del Comportamiento, o en Big Data, por ejemplo.

Estamos convencidos que ser universitario en este tiempo es hacer una carrera grado y un minor en otra disciplina que te guste. Todos los estudiantes de primero están en este edificio,  acá conviven el ingeniero eléctrico con el ingeniero de sistemas, con el médico, con el psicólogo, con el de artes escénicas, con el de artes visuales, también con el abogado y con todos los de empresas. Entonces eso nos imaginamos que es ser universitario. Hoy en día, en un mundo donde el conocimiento empieza a ser dudoso, lo que leés es interdisciplina, transversalidad, pensamiento crítico, y eso, cuanto más gente y toda distinta, mejor.

¿Tenés materias obligatorias?

75 por ciento de todas las carreras son materias obligatorias.

¿Hay que poner inteligencia artificial como materia obligatoria para todos?

Esa es una pregunta que te la puedo contestar, pero nadie sabe nada. Si querés, arranco, pero no tengo ni idea. La semana que viene estamos convocando un GACH de inteligencia artificial. Los estamos llamando a una mesa para que nos ayuden a entender, porque esto va rápido y cambia rápido. Obviamente que hay carreras que ya la tienen, pero todavía no hemos dado el paso de decir: una materia de inteligencia artificial obligatoria. Porque creemos que tiene que ser transversal en todas las carreras. Es como la ética. Queremos, con este GACH, que nos ayuden a pensar, a la Universidad como sujeto, las preguntas que son como más existenciales de cuál va a ser la razón de existir de una universidad con la inteligencia artificial a este ritmo.

¿Y el pensamiento crítico?

El pensamiento crítico para nosotros es la esencia de la universidad.

¿Una Universidad Católica dogmática tiene tanto pensamiento crítico?

Aunque creemos en la búsqueda de la verdad, creemos también en las preguntas de la gente.

Creemos firmemente que si no tiene pensamiento crítico, no es un universitario. Y después, ojalá que crea en lo que nosotros creemos; pero si no, que nos cuestione, y que nos ayude a nosotros a creer más, porque también eso es parte del pensamiento crítico. Que te desafíen y que te pregunten. Y obviamente en dos mil se podrán imaginar que hay un montón de chicos que no tienen creencias, que son de otras religiones. Nosotros pagamos más o menos dos mil trescientos sueldos por mes. Damos doscientas cincuenta mil horas de docencia por año.

¿No es mucha gente? Tenés siete mil estudiantes y pagás dos mil trescientos sueldos.

Viste, es como el Estado.

Las universidades importantes son mucho más chicas, desde el punto de vista docente.

La diversidad de los profesores hace también a poder desarrollar esas habilidades como el pensamiento crítico. Un chico que viene acá no está bueno que tenga solo profesores full time.

Está bueno que tenga docentes que estén en la vida misma. Y de esos hay un montón. Esos son la mayoría de los profesores aula que vienen dando cursos por año y cobran un sueldo menor comparado con lo que puede ser una dedicación total. Creemos en el valor de la diversidad y la pluralidad en los profesores.

¿Los gurises valoran el estudio como una herramienta real de desarrollo o de realización personal?

Yo creo que sí, que lo valoran, dependiendo de dónde vienen. Para algunos es importante ser el primer profesional de la familia. Para otros es lo mismo que fueron sus padres que son profesionales y entonces lo valoran. Dicho esto, nosotros creemos que la Universidad tiene que también ayudar a hacerse las preguntas importantes de la vida. ¿Para qué estoy acá? ¿Para qué estoy llamado? ¿Cómo elijo mi trabajo o mi pareja? ¿Cuántos hijos voy a tener? Porque creemos que en eso también está la construcción de la experiencia vital. Los chicos de los 18 años de hoy no son los mismos que yo con 18 años. Tienen otras habilidades y son distintos. Muchas de esas preguntas no se las han hecho.

¿Cómo se reinventó la Universidad para una camada de alumnos diferentes?

Yo estoy un poco cansado de que todo tiempo pasado fue mejor. Harto. Los chicos llegan, son lo que son y nosotros tenemos que sacarlos mucho mejor de lo que llegaron. Y ese es nuestro desafío. Si no saben tanta matemática, les enseñaremos matemática. Si no saben esto, les enseñaremos esto. No creemos que los chicos de antes venían mejor formados que los de ahora. Son formados distintos y nosotros somos los que tenemos que adaptarnos a ellos. Siempre la responsabilidad es del mundo adulto, porque si no, es muy fácil esto. Esto es como la lógica de decir: “Como vino la pandemia, ahora van a salir peores médicos”.

No. Porque son los que van a cuidarnos a nosotros. Entonces tenemos que hacer lo que haya que hacer. En algunas áreas seguramente vengan peor y en otras vengan mejor, pero lo que es seguro es que eso para nosotros no puede ser una limitante.

Llega el mejor o el peor, por el mundo adulto que lo formó.

Por supuesto, la responsabilidad es nuestra siempre. Yo doy clase hace veinte años y son todos distintos, pero son todos bárbaros. Es uno el que tiene que ir renovándose y entendiendo que va por otro lado. O te apasiona enseñar o “arrancá pa’ las casas”, porque esto es un embole. Este año hicimos una encuesta sobre qué le gusta a un chico de 18 años que ingresa a la Universidad Católica.

Yo te puedo decir qué le gusta a mi hijo de 18 años, pero de los dos mil no tengo ni idea. Obviamente, no leen el diario, no saben que existen diarios. No ven la tele. Los canales no saben cuáles son. Lo que les importa son las plataformas donde se ve el fútbol. La música que escuchan no la conocemos. Y nosotros resolvemos qué es lo que tienen que estudiar.

Es medio complicado.

Entonces ahí nosotros como universidad flexible y joven, tenemos que entender. No para darles el gusto, y acá siempre hay una discusión, pero sí entender que si la persona está a gusto, aprende más. Y ese es el desafío más grande que tiene la Universidad.

¿Se sigue haciendo la evaluación de los docentes por parte de los alumnos?

Sí, exacto. Si querés saber el número del año pasado, fue 4,43 en 5, cómo los estudiantes evalúan en promedio a los profesores de la Universidad.

Les regalan la nota.

Eso es bien de profesor viejo. Ya tenemos probado que es un verso que al profesor lo evalúan mejor porque es menos exigente. El alumno evalúa bien al profesor que le dice lo que tiene que aprender. Que lo ayuda a aprender y que le exige de acuerdo a lo que le hizo estudiar. Ese es el profesor bien evaluado.

¿Quién está primero en el ranking?

No, no, te lo puedo buscar, pero no te lo doy. Es por carrera. Y esperamos que los profes estén todos arriba de cuatro.

¿Cómo le fue al profesor Mercant?

Al profesor Mercant, 4,56. Estamos bien.

Saben quién corta el bacalao (risas).

Pero saben qué: no tengo el número en posgrado, que evalúan un poco más alto que el grado. Los estudiantes de posgrado son más cuidadosos de los profesores. Estoy un poco arriba de promedio.

¿Qué promedio de edades tiene el cuerpo docente acá?

A los 65 te jubilás o te jubilamos. Entonces todos los profes más o menos tienen entre 30 y 65 años. El promedio debe estar en 45 años.

¿Los profesores son egresados de la Universidad Católica?

No. Hay gente de todos lados.

¿Se venció el prejuicio de la Udelar con la Católica?

Sí,  yo creo que sí. La Universidad de la República está formada en compartimentos estancos. Entonces, esta forma de ser universitaria en la que nosotros creemos se le hace muy difícil, porque cómo un estudiante de Derecho convive con una de Ciencias Exactas, o de Bellas Artes. No es tan sencillo. La Universidad de la República, cuando no se masifica, en muchas carreras, lo hace muy bien. Cuando se masifica y la infraestructura pasa a ser un desafío, ahí vemos que vienen más estudiantes a la Universidad Católica. A nivel de prejuicios, yo diría que, obviamente, pueden quedar algunos, pero no muchos.

¿A nivel docente?

A nivel docente, te diría que ya no. Obviamente, a medida que va creciendo la Universidad, vas teniendo más profesores en exclusividad y eso también te genera un sentido de pertenencia. Compartimos varios profesores con la Udelar y no tengo problema.

¿Se sigue pidiendo que tengan un máster para ser docentes?

En principio lo que nos gustaría es que tengan un grado más de lo que están enseñando, pero no necesariamente se cumple en todas las áreas, porque en Uruguay solo el 13 por ciento de los uruguayos tienen título universitario y solo el 2 o 3 por ciento tiene un título de máster. Entonces, dependiendo de las áreas, no hay, no existe y a veces es difícil.

¿Solo el 13 por ciento? ¿Deberíamos tener título universitario todos los uruguayos?

Todos capaz que no. Como país, Carta a los Reyes Magos: el 80 por ciento debería terminar sí o sí el bachillerato. Hoy solo el 20 por ciento lo termina en tiempo y forma, y el 40 o 50 lo termina tardío. Para que tengan una referencia. Eso es un crimen.

¿Y a nivel universitario?

En la Udelar entran doce mil chicos al año con 18 o 19 años. Después entran unos ocho mil que le llaman ingresos tardíos. Más o menos, entran unas veinte mil personas por año y hace cinco o seis o siete años que está bastante estable. Y en las privadas, en el entorno de los cinco mil.

¿No debería ser el diferencial de Uruguay el tema educativo, apostar a más cantidad de universitarios?

Si yo puedo elegir, hoy, la batalla que hay que dar es que el 80 por ciento de cada cohorte termine el bachillerato. Te voy con unos números. En 2024 entraron treinta y nueve mil chicos en sexto de bachillerato, de los cuales el 15 por ciento entró en los privados y el 85 por ciento en los liceos públicos. Solo entraron con la edad que tenían que entrar veinticinco mil. O sea que hay catorce mil que entraron  tarde a hacer sexto.

Bajo un sistema que además, hoy por hoy, permite prácticamente el pase social.

Exactamente, de esos treinta y nueve mil solo egresaron diecisiete mil. Y de esos que egresan, solo unos doce mil entraron en la Udelar y unos cuatro mil a las universidades privadas. Miren toda la gente que fue quedando por el camino. Entonces todo esto es como un embudo. Después yo obvio que quiero que terminen la universidad, pero también sé que un porcentaje va a ir a la UTU y van a hacer otras carreras técnicas. No es razonable perder  tanta gente el camino.

¿Cómo se comportan después la universidad privada y la pública?

Los egresados de la Udelar por año son unos siete mil. Ahí el problema es que hay mucha gente que queda en el sistema, por decirlo de una manera.

El eterno estudiante.

Exactamente. O los que están en la Udelar para jugar al fútbol en la Liga Universitaria.

Egresaron nueve mil en todo el sistema, en el 2024. Y de esos en la Udelar fueron seis mil. Es decir, de cada tres, dos Udelar y uno privado.

Son mucho más eficientes para terminar las privadas que la Udelar. ¿Te imaginás un ASSE educativo?

Está bueno. Vamos a llamarle Fonasa Educativo. Voucher educativo a nivel de bachillerato, sí. No sé si toca ahora, o dentro de cinco o diez años. Pero si no solucionamos estas tasas de egreso, algo distinto tenemos que hacer. Y me meto con la reforma educativa. No sé si el gobierno pasado lo hizo bien o mal, pero hizo cosas. Cambia el gobierno, damos cuatro pasos para atrás y van a hacer cosas, no sé si bien o mal. Pero tenemos una lógica de tres pasos para adelante y dos pasos para atrás. Y hace veinticinco años que estamos en el mismo lugar.

Es un elefante difícil de mover.

Entonces vamos lento. Escuela de tiempo completo. Está buenísimo. Vamos lento. Centros María Espínola, están buenísimos, va muy lento. Tenemos que probar cosas. A un experto financiero le preguntaron por qué como país no crecemos más del 1,5 por ciento o 2 por ciento. Y respondió: “Porque ustedes no quieren arriesgar y como no quieren arriesgar, no van a crecer más”. Entonces en educación es lo mismo. Y acá tenemos la tensión de la Universidad con la demografía. Estamos haciendo ese edificio en el que entran unos mil estudiantes de mañana y que capaz que dentro de diez años lo tengo que vender y terminar haciendo otra cosa. Pero tengo que hacerlo porque yo les prometí un lugar para estudiar. Pero, como país, como ya sé que va a venir, entonces no lo hago y no avanzo. Y ahí estamos, en una calesita un poco particular, como Nacional, dándole vueltas al campeonato.

El tema demográfico es clave como país.

¿Quién te va a pagar la jubilación?

Le voy a hacer un honor a mi abuelo Bruno. Cuando yo nací, mi abuelo Bruno ya estaba jubilado. Era emigrante mallorquín, que se viene a América en búsqueda de comer y trabajó como un burro, pero dejó de trabajar a los 43 años. Pero yo siempre me crié con la frase de mi padre: “No sabés cómo trabajaba tu abuelo Bruno”. Yo ya trabajé siete años más que mi abuelo Bruno. Cuando él nació, la esperanza de vida eran 45 años; cuando yo nací, eran 70. Para los que están naciendo hoy es prácticamente 80. Entonces la demografía es el tema país más importante a mi juicio.

Tenemos estas discusiones de bar con la Reforma de la Seguridad Social. Pero el otro día Diego Aboal dijo en una entrevista que con la pérdida de nacimientos en los últimos tres años nos comimos todos los beneficios que hicimos con la Reforma de la Seguridad Social.

Mirá que fue discutida.

Y en realidad esto es simple. En el 1900 había diez activos por un pasivo. Ahora hay 1,7 activos por un pasivo.

¿Y cuál es la proyección?

Uno a uno. Es imposible, vas a tener que trabajar para vos y para darle la jubilación a otro. Entonces yo estoy bastante obsesionado con el tema, porque veo que esto no se va a arreglar.

¿Cómo encarás este tema?

Hay que decirle a la gente que no va a cobrar jubilación. Andá pensando que esto va a ser poquito, te vas a jubilar y no te va a dar. Hay que decirle la verdad. Si cada vez nacen menos, y esos que nacen cada vez se forman menos y son los que van a tener que bancar las jubilaciones de un país chico. O, como decía Esmoris: O importamos gente para que trabaje o no hay arreglo. Y todo el mundo dice: “No, mirá los problemas de los inmigrantes en Europa”. Pero los europeos dejan entrar gente para que les pague la jubilación. No le demos más vueltas. Pero tenés que empezar después a convivir y resolver que otras culturas también van a estar. Pero, en definitiva, nosotros mismos no vamos a poder pagar la jubilación en el futuro.

¿No hay que incentivar más la inmigración?

Yo soy un defensor de que cuanto más vengan, mejor. Primero, en Uruguay todos lo que estamos acá venimos de afuera. En definitiva, sería como medio hipócrita decir: “No, ahora vamos a cerrarnos”. Que sigan viniendo. Pero la verdad que somos un país caro. Entonces para un inmigrante no es un país obvio para venir. Nosotros tenemos algunos estudiantes internacionales que son 40, que vienen a estudiar carreras como Medicina u Odontolgía, pero son la nada misma. Porque somos un país muy caro para vivir, para hacer la universidad y entonces es difícil. Y no es que todo el mundo tenga brutos sueldos. Hay un montón de personas que tienen 25 mil pesos por mes, que no les da para nada. Entonces se trata de invitar a la gente a que se haga cargo de sus finanzas personales y que ahorre. Que de alguna forma empiece a planificar su futuro financiero. Intentamos formar a los chicos para que de alguna forma se den cuenta de que la calidad de vida que vayan a tener va a depender básicamente de los ahorros que puedan hacer en la vida. No debería ser de la jubilación.

Pero eso lo puede solucionar el 13 por ciento con título universitario. El que gana 25 mil mangos porque no terminó el liceo no tiene chance.

La capacidad de ahorro siempre va a ser un desafío y el Estado siempre va a tener que pagar esa cuenta. Yo soy un defensor de un mínimo conceptual.

¿Renta básica universal?

Sí, renta básica, pensión a la vejez, llamale como quieras. Hay que buscar la vuelta. Pero lo que pasa es que, si esa parte la tenemos que pagar dos de los activos, no da para todos.

Entonces ahí hay una conversa país. El último libro de Oddone está muy bueno en ese aspecto del crecimiento, de cómo nosotros vamos a tener que pensar en esto distinto. Hay que sentarse y pensarlo. Hay gente valiosa en todos los partidos. Pero cuando llegan a los cargos de gobierno, nos empantanamos en estas conversaciones y no avanzamos.

Hay demasiadas corporaciones pesando en todos lados. Hay muchos políticos y pocos estadistas.

Sí. Está bueno eso. Están pensando más en el costo político que en la solución realmente de fondo que tienen que hacer.

Lacalle Pou, con la Reforma de la Seguridad Social pagó un costo político.

Correcto 100 por ciento. Le importó, pero resolvió priorizar el país. Yo siempre digo lo mismo. Acá tenemos un bloque de partidos que avanza y atropella sin consultar algunas cosas y eso genera tensión y genera que a veces las cosas no terminen pasando tan bien como si fueran conversadas. Y tenemos otro bloque de partidos que conversa, conversa, conversa y nunca llega a ninguna definición. Y en esos dos bloques estamos. Entonces, en algún momento, yo aspiro a que haya un tercer bloque o un bloque en el medio, que de alguna forma diga: “Vamos a resolver un poquito”, porque si atropellás y lastimás, tenés dolor. Y si siempre conversás y no resolvés, no llegás a ningún lado. Ese es el Uruguay de hoy, con un Estado de bienestar que queremos sostener. Ahí Rafael Piñeiro siempre habla de que es un conflicto redistributivo y yo estoy de acuerdo con él.

Tiene varios ángulos ese conflicto.

Es redistributivo intergeneracional, es redistributivo de clase pobre y clase rica. Pero tenemos que dar la conversación. Porque, para redistribuir, tenemos que saber qué vamos a distribuir. Y como país, si queremos mantener ese Estado de bienestar, no está siendo fácil. Y aparece esta encuesta de Equipos, que hay un montón de gente, creo que el 45 por ciento, que decía que Bukele era algo bueno y yo me agarro la cabeza.

Está bravo eso.

Pero de alguna forma lo que está diciendo la gente promedio es que el problema de la seguridad hoy no lo tienen. Y el resto no le importa tanto. Este loco fue un solucionador y no importa si no respetó los derechos humanos. Que el uruguayo diga eso implica que está valorando otras cosas. No estoy diciendo que acá vamos a tener un Bukele, ojalá que nunca, pero me está diciendo que algún día nos vamos a cansar y algún día va a aparecer alguno de estos. Por eso es importante cuidar los partidos políticos, y que los partidos tengan sus líderes. Me parece que es parte de una construcción colectiva que nos debemos como país. Pero hay gatos que vamos a tener que poner arriba de la mesa y conversar. Y no lo veo en el corto plazo.

Siempre se habla de pobres y ricos, pero generacionalmente hay un desfasaje brutal entre viejos y niños.

Porque los viejos tienen 2 por ciento de pobreza, y hay un 20 por ciento de pobreza infantil. Podemos decir que prácticamente no hay pobreza en los ancianos, ya que fue parte de la Reforma de la Seguridad Social del 89 que se indexan las jubilaciones a los salarios y de alguna forma eso logró solucionar un grupo, pero en desmedro de otro.

Que son los que van a tener que pagar esa cuenta.

Es imposible. Pero hay que decir clarito: “Che, vamos a empezar a ajustar por IPC las jubilaciones y no darle más vueltas a este tema. Y ese 1 o 2 por ciento de crecimiento de salario real vamos a ponerlo en la pobreza infantil”. Propuesta. ¿Por qué no lo dicen? ¿Y qué duda queda que hay que hacerlo? Ninguna.

Lo que pasa es que eso ocasiona pérdida electoral.

Lo que pasa es que en la clase política tenemos gente responsable y tenemos de la otra gente. Como yo soy medio idealista, voy a seguir peleando. No estoy dispuesto a hablar ni de Cardama, ni del túnel de la Intendencia, ni de la basura hasta que no hablemos de los temas importantes. Cada vez nacen menos niños, y un montón de los niños que nacen son pobres. La demografía no nos está ayudando, en la educación no estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Y los temas del diario de hoy son todos no relevantes para el país.

Pero entonces la culpa es de los periodistas.

No sé, los periodistas están con su…

Los formaron en la Católica.

No, son los de la otra (risas). Los periodistas hacen lo que pueden.

Pero hay una función social del periodista que debería de ser justamente el sacar esos temas que importan y ponerlos por delante de los intrascendentes.

Pero, si a mí me preguntás, tendría que haber siempre alguno que escriba de demografía en Voces. Una columna de demografía. Hay que conseguir a uno que te escribe, un demógrafo: Fernando Filgueira. Hay un lote de gente que está con el tema y hay que ponerse el chip. Hablemos de esto. Hay que ponerlo en la agenda. Yo se lo pregunté a todos. Nosotros acá hacemos una charla contando un poco la visión que tenemos de la educación, con todos los partidos políticos. Y yo siempre digo que un tema que preocupa es la demografía. No les preocupa o tienen otras preocupaciones. Porque hay gente muy valiosa.

No se evalúa la importancia que tiene en tantas áreas diferentes.

El rector me toma el pelo porque en el 2032 van a empezar a llegar menos estudiantes universitarios y nosotros capaz que tenemos que ver con una Católica mucho más chica. Pero dos más dos es cuatro. Y si nacen menos, cada vez llegan menos a bachillerato, voy a tener menos estudiantes. Y capaz que me sobra espacio. Y no pasa nada porque, como no tiene fin de lucro, la misión puede ser más gente o menos gente, pero al final estamos felices. Sacar profesionales, si son dos mil por año, buenazo; y si son mil, buenazo también, pero tenés que estar clarito. Si no, vas como ciego.

Falta visión en la sociedad con respecto a los temas reales.

A veces tenemos discusiones que parecen de mamado. Los metros del apartamento, el túnel de 18 de Julio. Eso es como discusiones de domingo en familia, irrelevantes. Yo le pediría a los políticos es hablar de las cosas importantes, que son cinco, no son quince, son cinco. Y después que elijan cuáles batallas van a dar o qué perfil llevará cada uno. Perdón, a los políticos y a la sociedad también, porque la sociedad después vota y tiene que decidir.

¿No te resulta extraño que siendo tan evidente que hay un clamor popular en ciertos temas, no lo vean los políticos?

A veces me pregunto si realmente hay un clamor popular o somos los cuatro a los que nos interesan estos temas. Como el mundo Twitter. Viste que se dicen y se retroalimentan.

Las encuestas hablan de la inseguridad y el trabajo como temas importantes.

Y ojalá nosotros como Universidad podamos poner los temas en agenda. Universidad Católica, Universidad de la República, la que sea. Que digan: “Queremos ver estos temas”.

¿Cómo tiene que marcar la Universidad en general el debate en la sociedad? Porque históricamente se daba.

Nosotros estamos pensando en lanzar un centro de pensamiento para el año que viene.

Otro think tank. Ya hay un montón.

Exacto. Pero queremos tener uno que sea un poco más neutral de lo que tenemos. Nosotros ya tenemos como tres o cuatro. El Índice de Competitividad, el Índice de Conflictos Laborales, el Índice de los Precios de Frontera.

El caso del Índice de Conflicto tiene treinta años y todo el mundo lo escucha.

Ahí está la doctora Eloísa González, de lleno.

El año pasado lideramos con un conjunto de personas un Observatorio de Finanzas y Sociedad, desde la Escuela de Negocios, y ahora va a tener algunas reuniones más este año. Hay temas que vos ponés en agenda, pero no es fácil ganar agenda. Es un desafío.

El académico es un científico que se retrae a la torre de marfil. Tiene que mojarse un poquito en el barro.

Está buenísimo. Me encanta el barro, pero yo creo que hay académicos que terminan estudiando temas que a veces son muy relevantes para una comunidad muy pequeña.

Entonces, el desafío de este último tiempo es producción científica con impacto. ¿Qué tenemos para decir sobre el túnel de 18 de Julio los urbanistas, los demógrafos? Sin embargo, en definitiva, terminan hablando de cosas que son como relevantes para un nicho, pero no tan relevantes para el Uruguay en su conjunto. Pero los temas están todos estudiados.

Sobran diagnósticos.

Diagnósticos tenemos un montón y si no hay, están hechos en otros lados. La Universidad Católica quiere ser un actor relevante, que pueda marcar alguna agenda de lo que realmente nos debería importar a todos. Después habrá temas que no tenemos cosas para decir. Me parece que está bueno pasar un poco al frente y decir: “Estos son los temas que como país tenemos que solucionar”. En esto de las finanzas personales arranco el curso diciendo: “La medicina nos regaló a todos quince años de vida. Y las finanzas no nos regaló el dinero para vivir quince años más”.

Las finanzas lo regaló, pero se lo apropiaron pocos. Entonces falta una democratización del conocimiento financiero y la educación financiera.

Explicá un poco eso.

Hoy en día, en Uruguay, hay bancos que no tienen cuentas en UI en plazo fijo y la mayoría de las personas pierde plata todos los días.

Entonces, ¿cómo el sistema financiero, las universidades, las escuelas de negocios, la prensa ayudan a la educación financiera?

¿Qué rol puede jugar la Universidad en la inserción internacional?

El ministro de Relaciones Exteriores anterior, Omar Paganini, era profesor nuestro. Exporta gente a los gobiernos de turno. Ahora, en este gobierno también tenemos gente. Pero una cosa es un académico diciendo lo que hay que hacer y otra es la Universidad encontrando una recomendación estructural. Académicos diciendo lo que hay que hacer hay, como Ignacio Bartesaghi. Hay gente del departamento de Economía y Negocios. Pero como universidad es más difícil ponerse de acuerdo. Es más difícil encontrar soluciones únicas. A veces es fácil hablar de afuera y decir lo que hay que hacer y después no se puede hacer. Es tan obvio lo que hay que hacer que no vale la pena ni decirlo. Es decir: país chico abierto, fin de la conversación.

¿Tan fácil lo ves?

Estuvimos un año y medio discutiendo sobre la compra de tres plantas frigoríficas, la concentración y todo eso. Básicamente Uruguay está concentrado en todo. Somos tres o cuatro universidades, tres o cuatro sojeros, tres o cuatro en el arroz, tres o cuatro frigoríficos. Somos chicos y va a haber pocos.

Está buenísimo que haya una comisión de defensa para evitar los abusos. Pero no discutamos lo indiscutible, no es razonable. Pero al final hay que abrirse.

Creo que en eso hay consenso.

Sí. Me pareció buenísima la ida de Orsi a China. Fantástico. Vos lo que le estás diciendo a China es que es importante. Te va a visitar el presidente y te quiero vender la soja, el arroz. También fue Lacalle Pou. Tenés que ir a Estados Unidos, a Rusia y a Europa. Tenés que ir y decir como país chico: “Sos importante para mí”.

¿La Universidad de la Educación les va a afectar a ustedes?

No nos va a afectar. Me parece que no es necesaria, pero no nos afecta. Me parece que la Udelar perfectamente puede crear una Facultad de la Educación y no crear una nueva universidad. Pero me es indiferente.

¿Los profesores que tienen acá están formados en docencia?

Nosotros tenemos el Centro Ludus, que es un centro de formación. La mayoría de nuestros profesores vienen del ejercicio profesional y tienen alguna vocación de docencia y de alguna forma algunos cursos siempre les damos a los que quieran seguir como docentes. Obviamente que los profesores de alta dedicación, la mayoría, son doctorados.

Volviendo al tema de la Facultad de Educación, digamos que en principio no estoy de acuerdo con ninguna nueva creación. Creo que tenemos suficiente de casi todo.

Claro, no querés competencia y defendés la chacrita.

Cada tres o cuatro años aparece uno que dice: “Nosotros vamos a instalar una universidad en Uruguay, una universidad extranjera”. Yo siempre digo que si vas a importar chinos, está buenazo. “Si no, ni te vengas”, le digo, “porque acá somos pocos”. La universidad que se venga a instalar desde el extranjero tiene que tener una marca que pueda atraer estudiantes internacionales. Si no, podemos repartirnos y perderemos algunos y ganaremos otros. Pero en definitiva no hay gente para eso.

¿Ustedes reclutaron docentes inmigrantes?

Sí, tenemos mexicanos, españoles, tenemos un ecuatoriano. Creo que hay como doce profesores de alta dedicación, vienen formados en el mundo y están acá. Es bien interesante la convivencia de todas las nacionalidades.

La obsesión tuya por la educación financiera. ¿Hay que empezar desde la escuela?

Sí. Te hago una cuenta. Si vos ahorrás el 10 por ciento, de los 30 a los 65 años, y lo invertís a una tasa libre de riesgo, vas a poder vivir solo con eso hasta que te mueras. Solo el 10 por ciento. Si arrancás a los 50 años, tenés que ahorrar el 30 por ciento. Cuanto antes arranques es mejor. Entonces, cuanto antes formemos a la gente en eso es mejor.

¿Qué inversión es libre de riesgo?

Nosotros tenemos que fomentar las Letras de Regulación Monetaria, que son en pesos, que es un papel que el Estado uruguayo emite. Y me parece que para nosotros, que decidimos vivir en Uruguay, buena parte de tu portafolio tiene que estar en ese tipo de instrumentos en pesos. Obviamente tenés el riesgo del Estado uruguayo, pero bueno, si el Estado uruguayo no paga, ya tenemos otros problemas. Porque si no te va a pagar eso, no te va a pagar la jubilación, no te va a pagar nada.

¿Sacamos las AFAP e instalamos este nuevo sistema de jubilación a través de Letras de Regulación?

Otra de las discusiones que le damos vuelta y vuelta y no vale la pena tenerla. Tenemos los ahorros individuales. Estamos más o menos felices, cobran un poco caro. Hay que bajarles, pero no hay que discutir más. Estoy convencido de que tenemos que generar un sistema solidario para los necesitados y un sistema individual para que los que de alguna forma tenemos edad, fuerza y ganas de trabajar hagamos los aportes para nosotros mismos para poder mantener el nivel de vida que queramos tener. Lo que no se puede es querer trabajar poco y vivir con mucho.

¿Te imaginás que el día de mañana pueda ser caso a caso el tipo de ahorro individual que quieras definir?

Sí. Tiene que haber una base mínima, llámale renta o lo que quieras, que en realidad es la jubilación mínima. Y después que cada uno se vaya armando su jubilación, pero con las necesidades básicas satisfechas. Y por eso ves gente de 70 años que trabaja diez horas por día y está feliz. Pero no puede ser que cuando él se jubile cobre lo mismo que un tipo que dejó de trabajar a los 57 años.

¿Vos invertirías en acciones de las empresas públicas?

Si cambian el gobierno corporativo, sí.

¿Que sean profesionales?

Claro, el gobierno corporativo es el órgano máximo de cualquier empresa. Yo participo en algunos directorios de empresas en los cuales se resuelven las cosas importantes: qué inversiones se hacen, qué endeudamiento, cómo se dan los aumentos de sueldo, quiénes son los gerentes que van a promover, etcétera.

Si vos tenés una estructura de gobierno corporativo creíble, sí, claro que sí. Pero lo primero que hay que cambiar es que                 administren bien. El portland perdió 37 millones de dólares. Si yo estoy en ese gobierno corporativo, no hay duda de que hay que cerrar eso. Estamos aferrados a Ancap y el 30 o 40 por ciento de los autos son eléctricos… ¿No habrá que pensar un poquito? Tenemos una refinería, pero hay que hacer cuentas.

¿Falta visión estratégica?

Capaz que hay que juntarse. Por ejemplo, el Banco Hipotecario y el Banco República, dos por tres sale la conversación. ¿Vale la pena tener dos de estos? Y esas son las conversaciones que estaría bueno tener. Si tienen buen gobierno corporativo, está bueno que abran el capital. Me parece que es algo razonable y sano, pero que se presten al control público. Porque ahora es mío, pero no lo siento tanto. Pero si pongo unos pesitos, voy a opinar más y pedir auditorías en serio.

¿Por qué es tan difícil en Uruguay el cambiar cosas?

Yo creo que porque no estamos tan mal. Capaz que con el Estado que tenemos estamos más o menos bien en promedio. Pero se vienen desafíos grandes.

¿La inteligencia artificial?

No hablamos nada de la inteligencia artificial. Están sacando gente a rolete de empresas y nosotros todavía estamos haciendo el llamado para el administrativo de no sé qué.

Y el PIT-CNT preocupado por el imperialismo, por ejemplo.

Eso es el anacronismo. Van a seguir con la bandera y no va a haber trabajo. Soy un convencido de que el sindicato bien intencionado le hace bien al sistema, pero tenemos que estar pensando todos en el trabajo.

¿Y la desindexación y la productividad?

La charla sobre la productividad se tiene que dar seguro. Para mí el equilibrio tiene que estar dado en que de alguna forma se mantenga el poder de compra del salario. Eso me parece que es sano y que de ahí en más sea por productividad. Pero si vos hablás de desindexación en un país que todavía tiene la inflación muy en la piel, me parece que no llegó a nada. Capaz que dentro de diez años se puede hacer o si nos mantenemos con inflaciones del 2 o 3 por ciento. Pero en principio me parece que es razonable no desarmar eso que está bien, que funcionó.

Ahora salieron unas medidas que van todas en el sentido correcto. Hay que profundizar y seguir en el camino correcto. Las intenciones de los dos partidos que alternaron en los últimos diez años son todas buenas. El tema es cómo profundizás, cómo das todas las conversaciones importantes, y no quedás enredado en discusiones corporativas.

¿El sector no transable en la economía hay que reformarlo sí o sí?

Bueno, lo reformaremos. Ojalá que lo intente. Por lo menos es importante decirlo. Reducir el costo del Estado, conceptualmente estamos todos de acuerdo. Después podemos tener algunos que, como trabajan el Estado, no están tan fáciles de convencer.

Ahora la pregunta del millón: con siete mil quinientos estudiantes, dos mil trescientos sueldos mensuales y quinientas becas, ¿cómo financiaron todas las cosas que hicieron? ¿De dónde sacan la guita?

La Universidad Católica es una organización sin fines de lucro. Por lo tanto, toda la plata queda enredada en el sistema de la Universidad Católica. En definitiva, todo lo que ves de edificios nuevos surge de la matrícula de los chicos o del endeudamiento que pedimos, que lo van a pagar los chicos que van a venir. Es todo de financiación propia de los mismos estudiantes. Y cuando sobra se amplía el fondo de becas, se beca a más gente y es lo que creemos que tenemos que hacer. Y también un deseo de hacer las cosas bien. Estoy convencido de que la Universidad Católica, que es una universidad de la Conferencia Episcopal y la Compañía de Jesús, quiere ser un actor relevante en la formación y la experiencia vital de esos chicos. Y eso se va contagiando y viene más gente. La verdad es que estamos cerrando con buenos números.

¿Sin ser hijo tuyo, a un gurí que salió del bachillerato qué le recomendás estudiar?

A mi hijo no le digo, porque no me va a hacer caso. Yo lo que le diría es: “Vení a la Universidad Católica a estudiar lo que quieras, pero andá a estudiar algo”. No me animo a dirigir a una carrera en este tiempo. No sé qué es lo que hay que estudiar.

¿Y si vos tuvieras que empezar de nuevo?

Ciencias del Comportamiento.

¿Por qué?

Porque me parece que es una carrera que vincula lo mejor de la psicología a lo mejor de la economía, lo mejor de las ciencias sociales. Y que de alguna forma nos puede ayudar a entender cómo tenemos que tener nuestros comportamientos como sociedad y como individuos en los próximos diez, quince o veinte años. Cómo incidir o cómo intentar incidir en los comportamientos para tener una sociedad más justa. Capaz que alguno lo agarra para otro lado. Pero yo elegiría la Ciencias del Comportamiento. Yo vengo del palo de las finanzas y me encanta también lo que hago, pero creo que es una cosa que se puede aprender como técnica. Y si el ChatGPT va a hacer todo lo que yo sé hacer medio rápido, a las Ciencias del Comportamiento le tengo menos fe al ChatGPT, por ahora.

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