Santuario de ballenas o descontrol petrolero por Isabel Sans

Durante nuestro viaje hasta el Plata no vemos nada de particular, como no sea un día una grandísima mandada de delfines, en número de varios millares. El mar entero parecía surcado por estos animales, y nos ofrecía un espectáculo extraordinario, cuando cientos de ellos avanzaban a saltos que hacían salir del agua todo su cuerpo. Mientras nuestro buque corría nueve nudos por hora, esos animales pasaban por delante de la proa con la mayor facilidad y seguían adelantándonos hasta muy lejos. Charles Darwin. Maldonado, 5 de julio de 1832.

El martes 5 de agosto a las18 horas se realizará en el Centro Cultural del Municipio de Maldonado una nueva audiencia pública por prospección petrolera en la plataforma submarina uruguaya (transmisión por Youtube y Zoom).

Las audiencias públicas son parte de los procesos de autorización ambiental que realiza el Ministerio de Ambiente (MA) para proyectos potencialmente agresivos. Los ciudadanos y organizaciones tienen oportunidad de realizar comentarios, pero el MA no está obligado a tomarlos en cuenta. Si el MA autoriza, antes de fin de año las empresas involucradas estarán bombardeando el subsuelo marino frente a nuestras costas, donde se estudia crear áreas protegidas.

Uruguay tiene declarado el mar territorial y a la Zona Económica Exclusiva del país  Santuario de Ballenas y Delfines desde 2013. Y desde 2001, la marca Uruguay Natural busca posicionar internacionalmente al país en base a valores de sostenibilidad. Los océanos son increíblemente ricos en biodiversidad, y proporcionan a la humanidad el 50% del aire que respira.

Sin embargo y con énfasis en los últimos 15 años el Poder Ejecutivo ha continuado mandatando a ANCAP la profundización de la prospección petrolera “offshore” (costa afuera). Esto implica el mapeo 3D del subsuelo marino mediante disparos de aire comprimido y la realización de perforaciones.

Preocupada por conocer al respecto, la organización Costa Viva Rocha solicitó al
Centro Universitario Regional del Este un taller informativo, que se realizó en junio en Rocha. El taller incluyó dos presentaciones sobre cuestiones biológicas, Valores de la biodiversidad de los fondos de aguas profundas uruguayas por M. Sc. Fabrizio Scarabino y Perturbaciones acústicas de la sísmica en cetáceos y peces, por Dr. Javier Sánchez-Tellechea.

Scarabino se refirió a especies que es poco frecuente ver en la costa, de las cuales se sabe por estudios escasos en los 125.057 km² de océano que pertenecen a Uruguay. Lo menos estudiado son los cañones de mayor profundidad, que el docente llamó “valles del Lunarejo marinos”, ubicados frente a Montevideo, Piriápolis, José Ignacio, La Paloma, Cabo Polonio y Punta del Diablo.

Mostró numerosas imágenes de jardines de corales multicolores, estrellas de mar de colores vivos, cangrejos, caracoles, moluscos, langostas y muchos organismos más. Solo la cuarta parte de la biodiversidad conocida son vertebrados (peces, aves, mamíferos) el resto (2944 especies relevadas hasta hoy) son invertebrados. Respecto al daño humano sobre este mundo animal, Scarabino citó trabajos científicos que afirman que el ruido antropogénico es perjudicial no solo para estas especies, sino también para los ecosistemas naturales que habitan.

Javier Sánchez-Tellechea explicó que el agua de por sí es un medio muy acústico: traslada el sonido casi cuatro veces más rápido que el aire. Los animales marinos escuchan con todo el cuerpo. Las ballenas emiten en baja frecuencia, los delfines en alta. Su mundo es acústico. Emiten sonidos de ecolocalización con que  pueden percibir, por ejemplo, una pelota de tenis a 250 metros. Esta capacidad permite a las ballenas viajar miles de kilómetros.

La sísmica produce una interferencia acústica grande, afirmó Sánchez-Tellechea. Dispara pulsos de unos 250 decibeles (una turbina de avión produce 150: a un metro de distancia causa la rotura del tímpano humano).

En el agua las ondas sonoras rebotan y generan “enmascaramiento acústico”. Las células nerviosas del oído se inflaman, y eso complica a los animales alimentarse, sociabilizar, reproducirse y eludir predadores. El daño auditivo puede ser temporal o permanente. Los animales que pasan a cuatro o cinco metros bajo el buque justo cuando se genera el pulso acústico, mueren instantáneamente.

En caso de aprobarse la autorización ambiental de las empresas sísmicas, se realizarían luego perforaciones de estudio, y en caso de haber cantidades explotables de petróleo y gas, se instalarían los pozos para extraerlo.

Al daño producido al Santuario por la sísmica se sumarían los derrames, con mayor perjuicio para animales y vegetales marinos, fitoplancton, poblaciones humanas costeras, pesca artesanal y de altura, y también turistas y surfistas y quienes viven del turismo y deportes náuticos.

ANCAP, las empresas involucradas y el MA aseguran que se toman todos los recaudos para minimizar los daños. Sin embargo, el MA carece de personal y recursos para realizar una evaluación de impacto ambiental independiente. Más allá de algunos observadores embarcados por las propias empresas, no tiene como controlar que las prospecciones cumplan los escasos requisitos indicados.

Las mencionadas áreas protegidas marinas aún no se definen. De lo que pase a 100 km de la costa ¿nos enteraremos cuando lleguen a la playa las manchas negras o los animales muertos?

Imagen: Australian Marine Conservation Society

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