Serenata de amor

Cada cierta cantidad de años (los eruditos no logran establecer cuántos exactamente), a mediados del verano, los habitantes del Palacio Salvo pasan una noche infernal. En dichas fechas, a lo largo de toda la madrugada, los atormenta un estridente cricrí.

Durante esas horas aciagas, se levantan en numerosas ocasiones con el fin de encontrar, entre las plantas que adornan sus apartamentos, al culpable del disonante concierto. Y, a la mañana siguiente, somnolientos y malhumorados tras haber fracasado una y otra vez en el intento, optan por echarles la culpa a sus vecinos (que no saben cuidar su propiedad, que la dejan invadir por plagas, etcétera, etcétera).

Lo que ignoran es que ese sonido que los martiriza proviene de un raro insecto que mora en la estructura misma del monumental edificio montevideano: el grillus metallicus, quien ha entrado en celo y, con su chirriador reclamo, pretende atraer alguna de las escasas hembras de su especie.

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