Frente a la irracionalidad imperante en el mundo siento que mi
opinión no vale nada, porque como dijo el gran Rafael Alberti:
“siento esta noche heridas de muerte las palabras”.
Para matar al hombre de la paz
Para golpear su frente limpia de pesadillas
Tuvieron que convertirse en pesadilla
Para vencer al hombre de la paz
Tuvieron que congregar todos los odios
Y además los aviones y los tanques
Para batir al hombre de la paz
Tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
Porque el hombre de la paz era una fortaleza
Tuvieron que desatar la guerra turbia
Y acallar su voz modesta y taladrante
Tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
Y matar más para seguir matando
Tuvieron que asesinarlo muchas veces
Tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
Matar y matar más para seguir matando
Y condenarse a la blindada soledad
Para matar al hombre que era un pueblo
Tuvieron que quedarse sin el pueblo
Mario Benedetti
Por cada muro, un lamento
En Jerusalén la dorada
Y mil vidas malgastadas
Por cada mandamiento
Yo soy polvo de tu viento
Y aunque sangro de tu herida
Y cada piedra querida
Guarda mi amor más profundo
No hay una piedra en el mundo
Que valga lo que una vida
No hay muerto que no me duela
No hay un bando ganador
No hay nada más que dolor
Y otra vida que se vuela
La guerra es muy mala escuela
No importa el disfraz que viste
Perdonen que no me aliste
Bajo ninguna bandera
Vale más cualquier quimera
Que un trozo de tela triste
Y a nadie le di permiso
Para matar en mi nombre
Un hombre no es más que un hombre
Y si hay Dios, así lo quiso
El mismo suelo que piso
Seguirá, yo me habré ido
Rumbo también del olvido
No hay doctrina que no vaya
Y no hay pueblo que no se haya
Creído el pueblo elegido
Yo soy un moro judío
Que vive con los cristianos
No sé qué dios es el mío
Ni cuáles son mis hermanos
No sé qué Dios es el mío
Ni cuáles son mis hermanos
Jorge Drexler
Pese a todo, nos queda la palabra del poeta.
Alfredo García






