Studio Ghibili vuelve al cine por Martín Imer

Si bien seguramente aún existen algunos lectores que sean ajenos al fenómeno del anime a nivel mundial, lo cierto es que la animación japonesa está pasando su mejor momento en lo que refiere a difusión y popularidad: según una encuesta recientemente publicada por Netflix, el 50% de sus clientes ven anime, lo que, teniendo en cuenta que la plataforma tiene más de 300 millones de suscriptores, habla de la aceptación masiva y el paso al mainstream de un estilo de dibujo animado que, hasta hace no mucho tiempo, era apenas un gusto de nicho con algunas producciones ‘grandes’ que, incluso teniendo un buen desempeño internacional, no llegaban a nuestro país.

Por ese motivo, el reestreno en cines de varias de las más importantes producciones de la compañía Studio Ghibli es un pequeño acontecimiento cultural que debería tener un particular destaque al entender que la gran mayoría de films llega por primera vez al circuito comercial de nuestro país, demostrando de manera fehaciente la expansión del medio dentro de los gustos y la expectativa del público local. Ghibli, empresa creada en 1985 por los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata junto con el productor Toshio Suzuki, es una de las casas de animación más importantes dentro de Japón, frecuentemente citada como la artífice de la explosión del anime en los medios masivos internacionales — y si bien es cierto que algunos pueden objetar (con razón) que productos como Pokemon, Ghost in the shell, Evangelion y Akira abrieron la puerta a la fama mundial, en Ghibli se logró mantener un sello reconocible y muy locatario que sirvió para consolidar, de forma definitiva, la popularidad del dibujo japonés.

Ghibli, además, permitió que incluso los más reacios a la animación pudieran verla como un medio de expresión de gran refinamiento artístico. Y es que, si bien la empresa tiene “un poco para todos” en lo que refiere a géneros y estilos, suele escapar de lo que los espectadores esperan del cine de dibujos, teniendo opciones tanto para los niños como para los adultos. El viaje de Chihiro, película que abre la selección de films, es la prueba de esto, siendo la primera cinta animada japonesa en ganar un Oscar y el premio principal en el Festival de Berlín. En ella somos testigos de la aventura de una niña que debe adentrarse en un universo mágico de fantasmas y criaturas para poder rescatar a sus padres, quienes fueron convertidos en cerdos debido al hechizo de una bruja. Cuento que homenajea a Alicia en el país de las maravillas, Miyazaki (quien ya venía de una gran cinta, La princesa Mononoke, también parte del ciclo) se consagró a nivel mundial con una película que, detrás de un portentoso diseño de escenarios y personajes, bellamente retratados en una animación sin fisuras, se destaca por el sensible viaje hacia la madurez de su protagonista, dentro de un entorno con un fuerte predominio de las creencias ancestrales del país.

El viaje de Chihiro, junto a El increíble castillo vagabundo y la reciente El niño y la garza, fueron las únicas películas del director que conocieron un estreno local en cines; en esta oportunidad también será el turno de ver Kiki – entregas a domicilio, entrañable comedia que sigue los pasos de una pequeña aprendiz de bruja, junto a dos de sus obras bélicas, Porco Rosso y Se levanta el viento. La primera es una entretenida cinta de aventuras con un personaje insólito (un piloto transformado en cerdo) ambientada luego de la 1° Guerra Mundial, mientras que la segunda es una biopic de Jiro Horikoshi, ingeniero aeronáutico que terminó creando los aviones que protagonizaron el bombardeo de Pearl Harbor. Película polémica en su país de origen, es también el trabajo más realista y depurado de Miyazaki, con momentos de profundo lirismo. El hijo del director, Goro, aparece en la selección con La colina de las amapolas, drama con toques de romance sobre dos jóvenes que intentan salvar un edificio escolar a la vez que se ven envueltos en un problemático pasado familiar que amenaza con destruir su incipiente relación.

Takahata, el otro nombre fuerte entre los creativos del estudio, también tiene un merecido lugar de relevancia en el ciclo, y los espectadores podrán descubrir más cintas del realizador conocido por La tumba de las luciérnagas. Se podrán ver Pompoko – la guerra de los mapaches, simpático cuento en donde unos mapaches luchan para salvar el bosque de unos constructores que pretenden tirar abajo los árboles; Mis vecinos los Yamada, bellísimo homenaje a las pequeñas victorias y derrotas del día a día vistas en una familia convencional, y dos de sus mejores películas: Recuerdos del ayer, observacional cuento sobre una chica que, en un viaje al campo, rememora su infancia y su relación con su vida actual, con ciertos ecos del Bergman de Cuando huye el día, y El cuento de la Princesa Kaguya, último film del realizador y cima absoluta de un particular estilo minimalista que, sin apelar al detallismo extremo de otros films de la compañía, revela insólitos niveles de expresión con trazos mínimos en una pantalla casi enteramente blanca.

El regreso del gato, alegre película sobre una chica que descubre un reino secreto habitado por gatos antropomorfos (y spin-off de otra cinta del estudio, Susurros del corazón), confirma la mencionada diversidad no solo de este ciclo sino también de un estudio que ha dejado una huella imborrable dentro de la animación mundial.

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