Desde niña sabía que su vocación iba por la comunicación. Recorrió un largo camino y hoy es sin dudas la periodista que más contacto y llegada tiene con los empresarios de nuestro país.
No se deje engañar por lo que dice en la entrevista, no es perfecta, le gustan las series coreanas.
Por Santiago Pérez y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López
PERFIL:
Nació en Buenos Aires, en 1987. Su familia había emigrado a Argentina. Su padre es electricista y su madre idónea en farmacia. Es hija única. A los 17 años se vino a Uruguay. Hizo la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la facultad y la Tecnicatura de Comunicación social en la UTU. Vive en Solymar.
¿Por qué te metiste en la Comunicación?
Desde chica siempre me gustó jugar a la radio. Tenía cuatro años y, en lugar de mirar dibujitos, miraba programas periodísticos, aunque no entendía nada. Mis regalos preferidos eran micrófonos. Iba haciendo preguntas a los vecinos en la vereda de mi casa. Y la verdad es que siempre tuve definida la carrera de periodismo.
¿Empezaste muy joven?
Ya el primer año busqué tener un programa y estuve en una radio comunitaria en Shangrilá. Después empecé a vender notas freelance al diario El País aún siendo estudiante y no teniendo demasiadas herramientas.
¿Se complementan las dos carreras?
Sí, se complementan. Me gusta decir que soy una orgullosa egresada de la UTU. Yo siempre digo que no hay nada más práctico que una buena teoría. Pero para quien quiera tener de alguna forma resumida la carrera de Comunicación y no ser en algunos puntos demasiado abstracta, la tecnicatura siento que es mucho mejor que la licenciatura. Hoy estoy totalmente desconectada del mundo académico, entonces no sé si se actualizaron los programas.
¿Hiciste periodismo escrito también?
Hice poco periodismo escrito, freelance y la verdad es que, si tengo que elegir, no es lo que más me gusta. Me cuesta estar frente a la computadora demasiadas horas. Soy muy inquieta. Si lo tengo que hacer, lo hago, pero no creo que sea buena.
¿Radio o televisión?
Hoy, la televisión. Empecé mi carrera con una negación a hacer televisión y siempre priorizando la radio. Pero hoy me quedo con la televisión, con todo lo que sea visual y hay un mix en lo que son los medios. Hoy la radio es muy visual.
¿Te gusta que la radio sea televisada?
No, no me gusta, porque yo sigo creyendo que la radio es un mundo ciego pero lleno de colores. Creo que distrae. Pero bueno, son las reglas de hoy, todo evoluciona y hoy hablamos de streaming. Pero el streaming no es más que una mezcla de la radio y la tele. Entonces cuando te dicen: la tele murió, no es así. Siguen siendo los medios tradicionales la base para el resto de lo que viene.
Fuiste medio pionera con el streaming.
Bueno, hoy lo que hago es tener un programa de tele que se visualiza en el canal de cable, pero siempre opté por tenerlo en YouTube cuando no era muy común, hace diez años.
¿Qué aprendiste en los siete años en Seragro?
Muchísimo. Nicolás Lussich fue un padrino periodístico que me impulsó a hacer lo que hoy hago en Empresarios de Acá. Aprendí del agro y de procesos. Estuve básicamente rodeada de agrónomos durante todos esos años y eso me dio un conocimiento del sector que en algún momento exploté haciendo periodismo agropecuario, porque me abrió muchas puertas. Y fue una gran escuela.
Siempre se dijo que Seragro era un gran semillero de periodistas y así lo fue.
¿Cómo surge la idea de empezar con Empresarios de Acá?
En principio, iban a ser nueve programas y ya voy por el 470. La verdad es que tiene una historia muy linda, porque en ese momento, en el año 2014, Nicolás estaba vinculado a Nuevo Siglo con un programa que se llamaba Claves Económicas. Y Nelson Fernández hacía Claves Políticas.
¿Estuviste en Off the record?
Sí, en Off the record estuve vinculada allí un largo período hasta que finalizó, pero la verdad que fue una experiencia muy linda. Y uno de los programas que entiendo debería de volver a la pantalla. En ese momento, yo estaba solamente trabajando para la consultora Seragro y, lógicamente, para la coproducción que teníamos en Carve. Era el programa Cierre de Jornada, era la productora periodística, y la verdad es que estaba buscando otras oportunidades para ampliar mi actividad.
¿Qué hiciste?
Iba a castings de tele y siempre quedaba hasta la instancia previa a la decisión pero nunca llegaba a tener una concreción. Y un día Nicolás me dice: “Vos tendrías que hacer un programa de televisión de entrevistas”. Y a mí me quedó resonando y no demoré dos semanas en pensar que me gustaba. Dije: bueno, tiene que ser con empresarios y emprendedores, con historias de vida. Tuve la apertura de presentarlo en Nuevo Siglo y grabé un programa piloto con un amigo de mi padre que se hizo pasar por un empresario agropecuario.
¿Funcionó?
Propuse nueve programas. Primero los comercialicé y los puse al aire y al segundo programa ya les estaba preguntando a todos los auspiciantes si querían seguir unos meses más, quizás hasta fin de año. Todos me dijeron que sí. La primera temporada, igual que la segunda y la tercera, fueron basadas en historias de éxito y en historias de vida y de saber cómo hicieron para tener resultados. Después el programa empezó a girar, a poner temas de agenda, cómo funcionan los sectores explicados de primera mano por empresarios, por ejecutivos, por profesionales. Hoy trata de ser un mix de visiones, opiniones y análisis de temas de la coyuntura.
¿Cómo venciste la resistencia de los empresarios a hablar, porque muchos son de perfil bajo?
Bueno, en realidad yo trato de preparar al empresario que sea mi entrevistado de la mejor manera posible.
Quiero que esa persona brille, que se prepare con los temas y su opinión. Trato que esta persona dé lo mejor de sí en ese momento, porque es lo que hace al interés de esa entrevista. Y obviamente para mí la entrevista no es un ring, sino un puente.
Eso no es lo habitual.
Muchas veces veo que al empresario lo estigmatizan.
Creo que el entrevistado tiene que dar lo mejor de sí para poder crear esa opinión a favor o en contra, o poder cambiar algo de la agenda pública, porque en definitiva de eso se trata. Y ponerse en un rol de pelea en una conversación no saca lo mejor de esa persona. Trato de alguna forma de que esa persona llegue al momento de la entrevista preparada. Yo quiero que se preparen. No me gusta cuando alguien de repente llega a improvisar.
¿Te sucede eso?
Afortunadamente, muchos empresarios tienen mucha cancha, mucha expertise, se preparan, leen y eso se nota. Pero todavía falta preparar a unos tantos que quizás deberían de creérsela un poco más para poder contar las cosas interesantes que tienen por sus empresas.
¿Es por conformismo o por desconocimiento de que pueden prepararse para ese tipo de cosas?
Bueno, capaz que es un poco de las dos. Muchas veces no tienen a alguien que les dice: “Vos te podés preparar, mirar el bosque”…
¿Son más los que te han sorprendido para bien?
Sí, son muy pocos los casos en los cuales de repente me esperaba un poco más y bueno eso me hizo cada vez reforzar más la preproducción. El objetivo de la entrevista no es generar una promoción de su empresa. Es que se vea qué está pasando en el sector, qué le preocupa del país, dónde cree que hay que poner el foco de la agenda. A veces sale muy bien y a veces sale regular, pero bueno, lo intento, trato de que puedan salir del “nosotros en nuestra empresa”, porque en definitiva para eso pueden hacer un espacio publicitario. Y el objetivo del programa no es ese.
¿Cómo los elegís?
Bueno, trato de investigar mucho. A veces por sectores, cuando quiero hablar de un sector en particular y quiero hacer una puesta a punto de su funcionamiento, trato de ver quiénes son los referentes o empresas. A veces los veo en alguna entrevista o en algún evento y me llama la atención y digo: esta persona quiero que esté en el programa. Mi red preferida es Linkedin y así veo muchas expresiones que me llaman la atención. Muchas veces llegan por sugerencia de otros empresarios.
Te están facilitando el laburo.
Y es más, me los agendan. Tengo cuatro o cinco que me hacen el trabajo de productores. Es maravilloso. Entre mi productor, la inteligencia artificial y ellos mismos tengo una ayuda bárbara. Y hay gente muy valiosa y, por lo general, gente que no es tan visible, que a mí me encanta entrevistar. Los menos visibles.
Algunos no los conoce nadie.
No, pero de repente sus empresas tienen un poder que se desconoce en la zona suburbana y en la ciudad y te sorprende muy gratamente. No me puedo quejar, pero así es un poco como hago la selección.
¿Qué segmento te queda poco cubierto en esta trayectoria?
La verdad es que de sectores he hablado bastante. Ahora estoy en una etapa en que pongo más temas de agenda, de cómo mejorar el país, cómo crecer y cómo atraer más inversiones. Entonces los despega un poco también de sus ámbitos habituales concretos. Pero la verdad me es difícil pensar un sector que al momento no haya en las temporadas del programa. Obviamente siempre se repiten y es válido porque los climas de los negocios en cada sector pueden variar. Pero bueno, trato de poner la mayor creatividad para no autorrepetirme.
¿Qué relación tenés con las cámaras empresariales?
Sí, en general tengo buena relación. La mayoría de los que integran los consejos directivos son empresarios que han pasado por el programa. Y con la mayoría hay una especie de networking. Nos encontramos en un evento, en cenas o reuniones y bueno, es como un micromundo.
¿Qué diferencias ves entre empresarios de distintas generaciones?
Veo una diferencia en la apertura a ciertos temas o a tratar ciertos temas de coyuntura. Los más experientes obviamente que están más cancheros. Quizás a los jóvenes les cuesta un poco más meterse en la coyuntura. Pero creo que en estos momentos hay como una mixtura interesante en la que ya no hay tanta diferenciación entre los empresarios. Ya están bastante aggiornados por las nuevas generaciones. Creo que ha cambiado la imagen del empresario en los últimos años.
Las cámaras no tienen mucha afiliación, son medio reacios los empresarios.
Quizás falta información. Creo que ahora están saliendo las cámaras por actividades que yo sigo de cerca, más al interior, a los centros comerciales de los distintos departamentos. Creo que en ese sentido la comunicación ha mejorado un montón. Pero también hay que entender que muchas empresas todavía están en un proceso. Por ejemplo, pymes que están en un proceso que todavía no han profesionalizado ni siquiera su propia empresa. Cuesta mucho acercarse a las cámaras empresariales. Implican a veces cuestiones que todavía no pueden. Por delegar trabajo, por tiempo o hasta por posibilidad económica de afiliarse.
¿Como emprendedora, qué dificultades has encontrado?
Creo que a la hora de emprender el financiamiento no sé si es una dificultad, pero es un desafío que después, con el tiempo, vas encontrando la manera de que tengas menos obstáculos. Yo creo que lidiar con la frustración, lidiar con que a veces no tenés nadie con quien hablar, nadie con quien compartir, que te entienda… Uno también al emprender se cierra un poco y no comparte lo que le pasa porque hasta le da vergüenza. Y eso creo que es la principal dificultad.
¿Hay apoyo para los emprendedores en Uruguay?
Yo nunca apliqué a ningún programa, pero por lo que tengo entendido, sí.
¿Has hablado con muchos emprendedores?
Sí. Por lo que me comentan, están funcionando bien, pero la verdad es que no puedo dar certeza. Porque quizás yo tengo una visión más amplia del emprendedor que queda fuera de esos programas. Hay un núcleo que puede llegar fácilmente a la información, pero otro que no.
¿Qué dificultades comunes encontraste entre los empresarios?
Hay un hilo común y hay dos palabras que son mencionadas por los empresarios. Productividad
y competitividad. Y hay otro tema no menor, que es la cultura del trabajo. Ahí hay mucho que trabajar con el tema valores. No solo en la educación formal que bastantes dolores de cabeza nos puede llegar a traer en Uruguay. Hoy no tiene buenos niveles, ya que de los jóvenes de entre 21 y 23 años, la mayoría no ha terminado la educación secundaria. Recuerdo que en una entrevista a un empresario muy reconocido me cuenta una anécdota. Me dice: “A mí me da fiebre cuando estoy en la fábrica y veo que la persona está ajustando el último tornillo para terminar de armar una máquina, pero como faltan dos minutos para irse deja las herramientas y se va corriendo a cambiarse. Se va y deja el trabajo pendiente”. Entonces ahí hay una cuestión de valores, de respeto por uno mismo.
Sentirse orgulloso de su trabajo.
Por la satisfacción del trabajo realizado. Y creo que eso es un problema que tenemos enquistado y que ataca contra la responsabilidad del trabajo. Y que también ataca, por supuesto, a la productividad y a partir de ella poder ser más competitivos.
¿Cuándo se perdió la cultura del trabajo en el Uruguay?
Yo tengo 38 años y siempre digo que la generación del 87-88 fue la última cuerda. Las posteriores tienen otros estilos. Esto viene de la casa. Y a partir de lo que viene de tu casa, también podés mejorarlo en tu educación formal. No, porque muchas veces hay gente que viene de contextos súper difíciles y la educación formal le da una salida y vaya si eso es un mérito enorme. Pero cuando faltan las dos cosas, ahí hay un problema.
Muchos empresarios me han dicho que tienen problemas con los gurises. Y no es por plata sino que hay poca responsabilidad.
Por lo que vengo también prestando atención, estudiando y hasta trabajando con gente más joven que yo. Trabajo con gente más joven que yo y ya tengo diferencia. Entonces entiendo ahora cuando me dicen los empresarios qué pasa con esa sinergia que tratan de encontrar en sus empresas cuando de repente tiene una persona de 25 años que prioriza su fin de semana y que no puede de repente trabajar una hora extra. Entonces ahora los entiendo y yo creo que sí es un cambio generacional. Creo que en la medida que esas personas también sepan cumplir con lo que es la cultura del trabajo y demás, no está mal que prioricen sus tiempos libres, porque eso es saludable y creo que también nos vienen a enseñar, a ponernos límites en eso. Y no lo veo para nada mal. Sí veo que cuesta ese choque de generaciones.
¿Cómo ven los empresarios el tema de la reducción de la jornada laboral?
Es un tema que está verde. Si bien hay algunas experiencias en el mundo y que forman parte hasta del análisis de la jurisprudencia, de qué se podría hacer y cómo se podría hacer, es un tema que se ha planteado, por ejemplo, para este periodo de gobierno, como uno de los temas de agenda para el trabajo. Y al momento yo no veo que eso haga algún tipo de ebullición en los temas de agenda de los empresarios. De hecho, hay mucha incertidumbre de decir: no imagino cómo podría llegar a ser y cómo podría implementarse, bajo el supuesto de que hoy no se puede implementar un acuerdo salarial por productividad. ¿Cómo dividimos también los sectores de acuerdo a sus características para establecer una reducción de la jornada laboral?
¿No es un tema que esté maduro?
Para nada. Sí es un tema que de repente se puede conversar entre empresarios y de hecho en alguna oportunidad lo hacen. Pero no está tan presente como algunos auguran.
Hay alguna experiencia en Uruguay. Pero son pocas.
Además, hay que verlo por sector. Teniendo en cuenta también la ubicación geográfica, pero principalmente por actividad. Se me viene a la mente el agro. Obviamente que son actividades intensivas y que requieren quizás atender ciertas cosas y que tengan un resultado. No, puedo dejar por la mitad la vacunación de un animal.
¿Te parece que son visiones un poco “Montevideocéntricas”?
Creo que hay mucho de eso en muchas de las propuestas que a veces se ponen en la agenda de la coyuntura para tratar con empresarios. Pero por eso creo que es importante que los empresarios no dejen solos a los políticos. Es muy fácil tomar decisiones o hacer proyectos o iniciativas desde un escritorio. Lo vemos todos como ciudadanos. Pero creo que en ese sentido los empresarios tendrían que ser más incisivos con los políticos, porque en definitiva de lo que hablamos es de generar bienestar en la sociedad.
¿Ves separación entre empresarios y políticos?
Obviamente creo que mucho tiene que ver lo que es la economía. Como en una película de El Padrino, no recuerdo en cuál, decía: “La economía es el arma y la política es la que aprieta el gatillo”. Entonces, en esa sinergia que tiene que haber, de ser escuchados los empresarios con propuestas, encuentro que hay temas que se proponen, quizás, sin pensar después en las consecuencias. Como son temas vox populi, de moda, y que aplican para otras sociedades o para otros países, queda a veces muy cool hacer propuestas que después para tu sociedad, para tu idiosincrasia y para tu forma de gestionar tus recursos no aplican.
¿Sienten los empresarios que el sistema político no les da corte?
Creo que son escuchados, pero a veces me da la sensación que hay temas que se tratan en el Uruguay hace treinta años y que no le encuentran la solución. Y quizás los empresarios están hace treinta años pidiendo por lo mismo. Pueden no ser buenas ideas, pero quizás sí y capaz que habría que activar el sistema político para resolver algunas cuestiones. Por ejemplo, tenemos miles de diagnósticos de que el Uruguay es caro. Y ahí se entremezclan un montón de factores que te hablan de competitividad y productividad. Y por lo general son diagnósticos que vienen del sector privado. ¿Hemos resuelto algo?
Seguimos siendo caros.
Seguimos siendo caros. Quizás empiecen a mejorar algunas cuestiones, pero no las de fondo. Entonces, yo creo que ahí estamos en un loop con ciertos temas que para un país de 3 millones es una lástima que no se resuelvan.
¿Sindicato es una mala palabra para los empresarios?
No, es sano que existan los sindicatos. Es necesario que existan los sindicatos que defiendan al trabajador y que también pongan en la visión del empresario ciertas cuestiones que se le pueden escapar o que representan al sector de los trabajadores. Pero estoy de acuerdo en un sindicato que esté para eso.
¿Algunos sindicalistas pueden ser mala palabra para algunos empresarios?
No lo creo, porque acá nos conocemos todos y en realidad mucho de lo que pasa para la visión pública en los medios de comunicación poco se da para el detrás de escena. Todos se comunican con todos, todos se juntan a comer o a conversar.
Hay un discurso para la tribuna y otro para adentro.
Hay personalidades o personas que obviamente generan ciertos cortocircuitos. O que tratan de generar cortocircuitos entre el sector trabajador y el sector empresarial, pero creo que forma parte un poco de ese juego que hay que hacer a veces para que las cosas se pongan en agenda. A veces me parece que hay un poquito de subida de tono. En ese sentido, me gusta el sindicato que defienda al trabajador, pero que no se ponga en posiciones cuasi de partido político, cuestiones que escapan a lo que realmente es el objetivo de un sindicato.
Las empresas familiares han sido tema de estudio a nivel internacional. ¿Cómo ves el tema de la empresa familiar en Uruguay?
Yo creo que es uno de los orgullos que puede tener el Uruguay todo de mantener empresas que tienen más de 80 o 100 años. Yo lo comparo con Argentina y cuesta encontrar empresas que tengan tanta permanencia, son contadas con los dedos de las manos. Y aquí en Uruguay hay una tradición de eso, de continuidad. Creo que ese es un gran valor que tiene Uruguay, de que las cosas perduran, que si va bien y si están bien hechas las cosas, duran. Así como el valor que tiene la imagen del empresario en Uruguay. Poco se corresponde con la imagen de los empresarios, por ejemplo, de Latinoamérica.
¿En qué sentido?
El sector empresarial está muy vinculado con lo que es corrupción. Están más como en el ojo de la tormenta y en una forma totalmente negativa. Y acá, no quiero decir que todos los empresarios sean buenos para nada. Yo digo: hay empresarios buenos como hay personas buenas y hay empresarios malos como hay personas malas. Pero a lo que voy es que la imagen del empresario en Uruguay tiene de alguna forma un valor positivo. Como no lo tiene en la región. No hay una visión negativa o del empresario estafador, como la hay en otros países.
En general, todo el mundo es de perfil bajo, se tira menos siempre.
Sí, pero así es el uruguayo: penillanura levemente ondulada. Yo no pierdo el ojo de turista, ese que ve belleza donde otros ven cotidianeidad. Entonces yo siempre me deslumbro, paro en la rambla a sacar una foto al atardecer. Y así como tengo ese ojo, también observo a los uruguayos. Y los que sobresalen es porque se animan a contar las cosas, a ser visibles. El ser visible aporta, inspira. Puedes estar de acuerdo o no, pero te genera opinión. Pone el tema sobre la mesa, te hace pensar.
También hay gente. Nicolás Jodal es un tipo que ha marcado presencia mediática y es inspirador.
Sí, y también falla mucho a veces el entorno, que no te promueve que te pongas en un lugar de generador de opinión. Por eso falla mucho la comunicación, pero el asesoramiento hacia esa persona, decirle: “Mirá que vos tenés capacidad para mirar más allá de tu empresa”. Creo que hay personas que están haciendo cosas valiosas, que tienen un montón de conocimiento y que les cuesta mirarlo con la importancia que en realidad tienen. Entonces, de alguna forma, yo lo que trato es de prepararlos para eso. Eso es lo que busco en las entrevistas.
¿Hacés coaching?
Sí, de hecho es un servicio que también hago. La demanda salió por la actividad del día a día y también porque me recomiendan.
¿Qué entrevista fue la mejor que hiciste?
Por lo general, todas las entrevistas que a mí me gustan quizás no tienen la mayor repercusión. A mí no me gusta verme porque siempre encuentro todo tipo de detalles que no me convencen.
No tenés ninguna que digas: con esta rompí la barrera del sonido.
La verdad que sería injusto mencionar una. Hay una reciente entrevista que me dio mucha satisfacción lograrla, que fue a Juan Carlos López Mena. Me gustó tenerlo. Hacía mucho tiempo que buscaba ese encuentro. Pero la verdad que me llevé una grata impresión y la verdad que siempre digo que lo mejor se da fuera de la nota. Recientemente también le hice una nota a Jorge Jourdan, que era director de Santander, y lo llevé por todos los temas. Y me gustó como persona y su performance. Y después Isabelle Chaquiriand también me gustó muchísimo. Y la verdad es que seguir diciéndote nombres sería muy injusto, pero por lo general me han gustado siempre las notas de personas que no son tan conocidas.
¿A qué nombres que no se conocen les ponés unas fichitas?
Soy mala con los nombres, así que me tengo que fijar en el celular. Son un montón. Bueno, Fernando Moreira, el gerente de Urufarma. Es un gran valor que descubrí hace poco, y da pocas notas. Es una persona que piensa más allá de su empresa y hasta de su sector.
Después hay personas como Manuel Ríos, de la Liga de la Construcción, que me sorprendió mucho para bien. Porque no es tan entrevistado y viene de una
empresa familiar que tiene más de 70 años en el mercado, que es Adamoli Ascensores. Pero hoy está en el rol de presidente de la Liga de la Construcción, una persona joven que está liderando temas no solo de empresas de construcción, sino que también de los oficios conexos, que es muy interesante.
Porque poco se habla de todo lo que rodea a la construcción pura y dura, por así decirlo, ¿no? O sea, todo lo que hace a oficios como, por ejemplo, electricistas, gasistas, carpinteros, que dicho sea de paso, son oficios que están en…
En vía de extinción.
Sí, en vía de extinción, pero después yo creo que van a pasar a ser los top y los mejores pagos. Como pasa con la tecnología, por lo pocos que van a haber. Esto es oferta y demanda. Va a haber poca oferta y mucha demanda. Y me pareció una persona súper interesante. A mí me daría mucha satisfacción poder incluir más mujeres, que sé que las hay, he entrevistado muchas y muy valiosas. Pero me cuesta mucho convencer a las mujeres de que participen en una entrevista.
¿Por qué pasa eso? Porque a nosotros nos pasa lo mismo.
No sé si tengo la respuesta, pero puedo tener una teoría que se puede acercar a la respuesta porque lo he hablado hasta con organizaciones de mujeres. Doy charlas a las mujeres y las preparo para entrevistas y demás. Y básicamente, primero es el temor a equivocarse, a no ser la palabra indicada,
temor a no tener el conocimiento adecuado. Y la primera cosa que dicen es: “¿Por qué a mí? ¿Qué tengo para decir de interesante?”. Es como un autoboicot que se hace la mujer. Y además otra cosa es que también la mujer se hace poco tiempo para estas instancias. Al hombre, tú lo llamas y te dice: “Okey, estoy ahí” o “Ese día no puedo”. A las mujeres les digo que si las elegí es por algo.
Tienen mucho más para decir de lo que creen.
Las trato de convencer de que es así. Primero para que se la crean. La mujer se la tiene que creer más para lograr mejores lugares de lo que aspiran en una empresa o como mujer ejecutiva.
¿Se está notando mayor presencia femenina a nivel jerárquico en las empresas?
Si vos ves en la cantidad de programas que tengo el porcentaje de hombres y mujeres, te diría que no.
Hoy hay más graduadas universitarias mujeres que hombres.
Y el tema también es en qué tipo de puestos. Por lo general la mujer está muy ligada a puestos de toma de decisiones, de nivel jerárquico, pero de recursos humanos, publicidad, comunicación. Como que te cuesta encontrar mujeres con otro tipo de preparación que estén en lugares de toma de decisiones.
¿Cuántas gerentes generales conocés?
Creo que las cuento con los dedos de las manos y ya está. Pero hoy lo que pasa es que me cuesta encontrar también que se animen a dar ese pasito de conversar conmigo. Hay alguna que me ha llevado años para convencerla. Lo he logrado, pero me llevó un tiempo.
Creo que también un poco parte de ese efecto multiplicador de la comunicación.
Es fundamental lo que tú decís, porque el ser visible es tan inspirador y el dar ese mensaje de decir: tú puedes hacerlo, qué mejor que te lo haga alguien que
pasó por esos miedos o esos temores que uno puede tener. Los lugares también hay que hacérselos una. Las barreras existen entre todos los seres humanos, sin distinción de sexo, creo en la equidad y no en la igualdad.
¿Qué asignatura pendiente te queda?
Te estoy diciendo que me cuesta con las mujeres, hay varias que estoy atrás. Tengo una agenda y una listita. Yo escribo mucho en papel y los sábados de mañana, mientras tomo mate, hago mi lista. Pero más que personas me gustaría seguir contando con gente que cada vez se anime más a pensar en temas generales.
¿No tenés alguno que hayas perseguido y que no te ha dado corte todavía?
He tenido suerte o buena reputación. Entonces no puedo decir que nadie me haya dicho que no. Quizás costó encontrar el momento en la agenda, pero han aceptado. Pero la verdad, más que un nombre, lo que diría es que espero seguir contando con gente que me sorprenda. Quiero que se vayan contentos de esa instancia, porque para muchos también es la primera entrevista. Que practiquen conmigo, después van a ir a otros medios más públicos, más populares o con mayor alcance.
Te llevo a otro plano. Si el día de mañana te suena el teléfono dos veces, el ministro de Trabajo y el ministro de Industria, y te piden un consejo cada uno. ¿Cuál les das?
Depende del consejo, si es que estoy capacitada para darlo. No sé qué tema podría ser. Pero yo, más que por teléfono, le diría: “Pongamos día y hora para conversar en persona”. Creo en la presencialidad como forma de poder tener una conversación en la cual yo pueda ahondar mejor en lo que esa persona necesita de mí y si soy la indicada para darle mi opinión. No me la jugué mucho. Pero me pueden llamar cuando gusten por teléfono. Para mí sería un honor que alguien me llame para pedirme un consejo sobre un sector del que entiendo que puedo quizás dar un análisis desde afuera, por así decirlo.
¿Qué hacés en el CED, (Centro de Estudios para el Desarrollo)?
Hacía, hasta marzo de este año, era la encargada de relaciones institucionales. Ahí tenía dos tareas: de 2020 a 2021 mi rol fue decir: “Llevemos al CED a otro nivel de la comunicación”, porque básicamente no tenía presencia en los medios. Y bueno, yo creo que ese rol se cumplió y mi ciclo terminó en marzo de este año. Pero seguimos siendo un grupo de amigos, tengo una excelente relación.
Seguís haciendo la presentación en sus actividades.
Sí, sigo teniendo la presentación de los Desayunos del CED. Desde 2020 hasta marzo de ahora, que fue mi ciclo, creo que el crecimiento es notorio, con trabajo de todos, pero bueno, básicamente para eso estaba yo ahí y también para tratar de contarles a algunas empresas qué estaba haciendo el CED.
¿Hoy estás haciendo Empresarios de Acá y qué más hacés?
Y bueno, hago algunas gestiones de coaching para empresarios y algunas cuestiones de prensa, también para profesionales. Les cuesta mucho a los profesionales tener presencia en los medios y poder de alguna forma convertirse en especialistas de esos temas que ellos están trabajando. Y me divierto mucho porque es como darles entrada a los medios y después ellos vuelan por sí mismos. La verdad es que estoy muy contenta de poder ejercer la profesión, de que me fui formando de alguna forma en lo que hago hoy. Hoy estoy lejos de lo que imaginaba cuando estaba estudiando. Hoy miro a Tatiana de cuando empezó a estudiar y digo: no era por ahí.
Cuando todos empezamos a estudiar Comunicación o damos nuestros primeros pasos, queremos estar conduciendo un informativo o en la radio. Y hoy mis objetivos van por otro lado.
¿Tenés algún referente en comunicación?
Tengo padrinos periodísticos. Nicolás Lussich es uno de ellos. Tengo una gran relación y un apoyo en Nelson Fernández. Y en realidad no tengo referentes, del medio uruguayo o de afuera, como para decir: quiero ser como. No. Creo que uno toma lo mejor de lo que vio cuando era chico y de lo que fue aprendiendo. Ya mencioné que me crié viendo programas periodísticos.
¿No querés ser la Pergolini uruguaya?
No, porque ahí sería el tema de denuncia social, que hoy no estoy para eso. No sé mañana, pero hoy no, estoy como dispuesta a esa línea.
¿Qué hobby tenés?
Me gusta mucho disfrutar de Solymar, salgo mucho a caminar, a andar en bicicleta y toco la guitarra. Me gustan los autos clásicos.
¿Seguís con el Fitito?
Tengo mi Fitito y todavía funciona, por supuesto. Lo tengo en uso, pero ahora me aburguesé y tengo un emblema de la industria automotriz, que es un Twingo 2001, color verde oliva. Pero me gustan los autos y en realidad me gustan este tipo de autos, o sea con personalidad. Pero bueno, son hobbies bastante extraños para una mujer. No sé.
¿Qué estás leyendo?
La verdad es que estoy leyendo poco.
¿Mucho Netflix?
Mucho Netflix y mucho streaming.
¿Qué series estás viendo como para recomendar?
Ahora estoy viendo Héroe débil. Veo mucho series coreanas. Soy de esas, K-drama fan. Y la verdad es que tienen un guion muy interesante. La fotografía es excelente. Obviamente que tenés que ir aprendiendo de la cultura para entender ciertos patrones de las historias. Y una vez que te metés en ese mundo es como que difícilmente ves otra cosa. Y el libro que estoy leyendo cuando me queda tiempo es uno de Morgan Housel, yo soy mala para los títulos, pero juro que lo estoy leyendo: La psicología del dinero. ¿Cómo piensan los ricos? Y otro libro que me gusta, por si quieres saberlo, es El robo de la historia, de Diego Fischer.
Sobre las libras de Mailhos.
Exactamente. Me gustan los libros que te dan esa cuota histórica.
¿Estás para escribir cómo piensan los empresarios el día de mañana?
Y no muy lejos. Estamos ahí, preparando los ingredientes.
¿Eso es primicia?
Podría decirse. Pero viste que los libros llevan un tiempo.
Pero dijiste que no te gusta escribir.
Bueno, pero siento que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro…







