THERIANS

De repente y sin previo aviso, en casi todas las ciudades  del mundo aparecieron grupitos de personas muy jóvenes disfrazadas de perros, zorros o gatos, que se dedican a correr en cuatro patas por parques y plazas, y, cada tanto, a tirarle algún tarascón a algún transeúnte.

 Al mismo tiempo, toda la prensa del mundo se lanzó a hablar de los therians y a ilustrar sus notas con videos de muy ágiles muchachos que corrían en cuatro patas por zonas boscosas, ataviados con hocicos, orejas y esponjosas colas de bichos.

Con rapidez asombrosa, en plazas y lugares céntricos de muchas ciudades se produjeron encuentros públicos de therians, en los que no faltó público curioso, risas, mordiscones, enojos y alguna que otra pelea. En Montevideo, por ejemplo, fue en la Plaza Independencia.

¿Se acuerdan de aquel año de la caza de pokemones?

Fue muy parecido. El mismo repentino entusiasmo de la prensa y del público. Decenas de miles de personas cazando pokemones por las calles con el celular.

Después se supo que era un experimento sobre comunicación y respuesta del público. Y también se supo que los organizadores cobraban a los comercios (bares, restaurantes, etc.) por colocar a los invisibles pokemones en sus cercanías.

¿Es claro lo que estoy diciendo?

Sí, que alguien midiendo y analizando la conducta de los adolescentes ante la propuesta “therian”, y también la reacción del resto de la población, es decir de todos nosotros.

Cuando digo “alguien” no me refiero a un observador curioso o a un bromista. Me refiero a empresas que se toman muy en serio lo que hacen. Porque generar el fenómeno “therian”, hacer que  jóvenes en todo el mundo se disfracen y actúen, y que otros los imiten, y que la prensa cubra el fenómeno, y que se produzcan encuentros en lugares públicos, no es para cualquiera. Se necesita dinero y fuerte acceso a los medios de comunicación.

No sé cómo denominar a lo que hemos visto. Quizá investigación de mercado, o medición de la difusión de noticias, o estudio de la capacidad de imitación de conductas absurdas, o directamente ingeniería social. En mi barrio, más sencillamente, dirían que alguien nos está “midiendo el aceite”.   

El fenómeno “therians”, como antes el de los pokemones, proporciona a sus autores datos valiosísimos sobre muchas cosas. Sirve para saber cuánto tarda en difundirse una noticia o una moda insensata, en qué medida una conducta puede ser reproducida por otras personas, cómo reaccionan las personas que no la adoptan (la burla y el enojo son reacciones sociales importantes y conocerlas es un dato valioso).

Hablamos de datos que sirven para vender productos, para difundir información,  para promover candidatos, para sembrar miedo o para generar reacciones sociales de cualquier tipo.

No puedo dejar de pensar que los therians aparecieron casi enseguida que los archivos Epstein,  y que, en esos mismos días, tras un cruce de palabras entre Barack Obama y Donald Trump, Trump anunció que ordenaría difundir los archivos de la NASA sobre OVNIS.

¿No es demasiado?

Violaciones y torturas masivas de niños, epidemia de lobizones therians, y encima los marcianos. Súmenle las amenazas de guerra nuclear, el cambio de eje de la tierra, los meteoritos mortales que se anuncian todos los domingos, los dramas climáticos y las temibles epidemias de covid,  sarampión, varicela,  gripe de gallinas, patos, palomas, etc..  En suma, que desde inicios de 2020 no hemos tenido un solo día tranquilo.

El resultado es que ya no es posible distinguir entre la realidad y la manipulación, entre el mundo real  y las versiones del mundo confeccionadas con IA que pululan en internet, o, a la vieja usanza, con información falsa difundida por los medios tradicionales de comunicación.

 Es terrible que una élite global de empresarios y políticos abuse de niños y se filme haciéndolo para chantajearse mutuamente, tan terrible como que esa misma élite se esté apoderando de todo lo valioso de este mundo. Pero, si esas noticias aparecen mezcladas con lobizones truchos que te muerden por la calle, marcianos investigados por la NASA, meteoritos y epidemias mortales de las que nadie muere, ¿en qué creer?

Es un signo de los tiempos.

Antes la verdad se ocultaba con censura y represión. Ahora se la sepulta en un mar de pseudo información escandalosa, atractiva y banal. Y, si los hechos sobre los que se quiere atraer la atención no existen, o no son lo suficientemente llamativos, se los fabrica. 

He ahí a los therians, entre otras cosas.

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