Tonatiuh: “Los latinos no tenemos muchas oportunidades en películas así”. Por Martín Imer.

Este jueves llega a los cines nacionales El beso de la mujer araña en una versión musical muy simbólica para nuestra región por diversos motivos. Por un lado, es una nueva adaptación de la clásica novela del escritor argentino Manuel Puig, la cual ya tuvo una primera versión en salas en 1985 con William Hurt (quien ganó el Oscar a Mejor actor), Raul Julia y Sonia Braga. Por otro, es una cinta cuya buena parte fue filmada en Uruguay, con la asistencia de Cimarrón Cine para ofrecer una muy destacable recreación de la Argentina de los años ‘70. La historia de dos prisioneros que deben recurrir a los relatos de ficción de uno de ellos para escapar de la realidad calza a la perfección con la ambición del director Bill Condon, quien le aporta el ritmo y la imaginación visual que ya desplegó en La bella y la bestia y el libreto de Chicago. En esta oportunidad, pudimos conversar con uno de los protagonistas del film, Tonatiuh, quien nos cuenta los secretos del rodaje y el filmar con Jennifer Lopez, la nueva ‘mujer araña’.

¿Cómo llegás a este papel?

 Pues tengo toda una vida entrenando para este momento.  Tengo 10 años trabajando como artista profesional y unos casi 16 años estudiando el arte para poder contar esta historia. Llegó un correo electrónico — a mí me encantan los números:  Fueron 1130 diferentes audiciones en 10 años hasta llegar a este momento. Y esto fue una audición. Yo creo que fui la última persona en el mundo que recibió la notificación porque recibí el correo electrónico con esta oportunidad el 20 de diciembre (de 2024). Y entregué mi tape, y el 22 de diciembre dijeron, no te muevas. Y ya al segundo de enero dijeron, te vas a venir a Nueva York. Y sin darme cuenta estaba bailando un tango, estaba bailando un número de Bob Fosse, cantando enfrente de Bill y haciendo una lectura con Diego Luna. Entonces fue una cosa muy rapida y de repente ya estuvimos ahí grabando. 

¿Qué sentiste a la hora de tener que interpretar un papel que es tan importante para el cine, para el teatro, para la literatura? ¿En algún momento te sentiste intimidado?

No, como dije, yo he entrenado toda mi vida por este momento. Entonces por fin cuando dijeron, ya es tu turno, me puse a trabajar. La única cosa que sí sentí que a lo mejor no fue positivo fue una gran responsabilidad. Sentía un peso en mis brazos porque a los latinos muchas veces no nos dan oportunidades en películas así y con un equipo así de enorme. Pero más que nada Molina es una persona no binaria. A lo mejor si no hubiera nacido en 2025 pudiera ser que fuera trans y es un mundo donde siempre a esa comunidad se los ataca, se los discrimina. Nuestra película está diciendo te amamos y te vamos a dar el tratamiento de Hollywood. 

Entonces yo sentí una gran responsabilidad con esa comunidad para asegurar que ellos se sintieran vistos, que su humanidad y su experiencia humana fuera reflejada apropiadamente y con respeto. Entonces me puse a perder peso porque mi última película, Carry On, fue una película de acción y gané bastante peso. Pesaba como más o menos 190 libras, y perdí 20 kilos en 50 días para llegar a Molina, para encontrarlo. 

¿Y qué diferencias tiene en la preparación, en esos primeros días, un drama convencional y un musical? 

Bueno, hicimos el musical primero. Entonces eso me sirvió porque eso fue alegre. Llegamos a una época que ya no existe, una época de Hollywood clásica.  Lo grabamos en el estilo de ese tiempo, con Tecnicolor y con actuaciónes que ya no laten en este tiempo. Entonces me puse a estudiar, a recordar muchas — porque yo soy cinéfilo, a recordar muchas de las historias que me enamoraron. Y después dije, ¿Cómo puedo agarrar la esencia de Gene Kelly? ¿Cómo robarle el pelo a Errol Flynn? ¿Le robé a Montgomery Clift en La heredera? Porque quise contar esa historia, aprendí ese acento, quise cambiar hasta mi forma de expresar con mi ceja o con la técnica de actuación.  Y también hicimos un bootcamp de Broadway para asegurar que mis movimientos estuvieran bien. Y luego la segunda parte fue Molina. 

 Entonces para crear a Molina no tuve que experimentar esaspelículas. Lo que tuve que hacer es encontrar la humanidad, entender el guion, quitarle el callo a mi propia alma para encontrar esa ternura y encontrar su corazón. Y tuve muchas conversaciones y decisiones que hacer, si dejo que tenga pelo en su axila, me quito la ceja, me la quedo, qué tamaño. Y en cierta forma también tuvimos que pensar qué tipo de amor va a tener Molina. Alguien en otra entrevista me dijo algo que nunca pensé que la gente iba a ver, pero había amor maternal en ciertas partes de la película. 

 ¿Te fue más difícil una sección que la otra, o hubo un mismo grado de dificultad en ambas? 

Lo más difícil yo creo fue ser Molina porque tuve que perder peso, entonces tenía que mantener mi salud mental. Fue difícil no comer y también tener que trabajar tanto. Eso fue lo que me causó más dolor. Y también no poder comer el dulce de leche que siempre traían al set. A ustedes, los de Uruguay les encantan el dulce de leche y a mí también. Fue una tortura no poder comérmelo y también la milanesa.

¿Conocías el material original en el que se basó El beso de la mujer araña? 

No, yo soy un ladrón. Yo veo por todos lados. Leí el guion, leí el libro, vi la película, vi el musical. Escuché todas las interpretaciones de la música de diferentes artistas porque yo creo que hay un creativo en cada persona y cada uno encuentra un diamante. Entonces no se puede hacer una corona sin encontrar los diamantes, sin recolectar todos los diamantes. Pero a la misma vez yo traje mi propia experiencia humana, traje mi propia artesanía. Entonces fue una combinación de muchas cosas. Yo soy como una IA humana. Recibo toda la información y después creo algo diferente (risas).

¿Y cómo fue trabajar con Jennifer Lopez en estas secuencias tan elaboradas? 

Fue increíble. Bill Condon nos regaló lo que cualquier persona que es actor quiere, nos regaló un sueño. Es regresarnos a una época que ya no existe, una época clásica. Y Jennifer, Diego y yo lo amamos. Somos cinéfilos. Y poder contar una historia como Gene Kelly o Debbie Reynolds o Fred Astaire o Ginger Rogers, no era un trabajo, era una carta de amor. Y cada día llegamos al set sonriendo. Hasta trajimos a nuestras propias familias para que lo vieran. Eso fue realmente muy bello.

Agregar un comentario

Deja una respuesta