El parche invernal que saturó el fútbol uruguayo
Cuando la AUF aprobó la reforma de calendario en 2016, volvió la temporada al formato enero‑diciembre (abandonando así el acoplamiento que durante algunos años intentó al calendario europeo) y quedó un agujero de siete fechas entre Apertura y Clausura. La medicina express fue crear el Torneo Intermedio, un minicampeonato que elevó la carga anual de 30 a 37 partidos y entregó un cupo internacional.
La idea no era inédita: entre 2001 y 2004 se disputó un Torneo Clasificatorio para filtrar a los equipos antes de los torneos cortos, y durante 35 temporadas la Liguilla Pre‑Libertadores cerró el año con boletos a las copas internacionales en juego. A diferencia de esos formatos, el Intermedio entró por primera vez en el receso invernal.
Promesas que no funcionaron
El plan ofrecía tres seductores titulares: mantener ritmo competitivo, sumar un trofeo “intermedio” y generar más partidos para TV. Ocho ediciones después, su reglamento cambió tres veces (pares‑impares, sorteo puro, escalón según la tabla) sin que haya conformidad generalizada.
Los protagonistas lo confirman. Diego Aguirre lo definió así al iniciar 2025: “Es un torneo que históricamente Peñarol no le prestó mucha atención y eso se ha pagado caro”. Del lado dirigencial, Ignacio Alonso fue todavía más duro: “Se juega en una época en la que la gente es reticente a ir a la cancha; eso aumenta los déficits”.
Las estadísticas son claras: un informe de ESPN contabiliza 22 entrenadores despedidos en sólo siete ediciones, el triple de la media del Apertura.
El invierno, sus cuentas pendientes y sus consecuencias.
La edición 2025 concentró 7 fechas en 28 días –del 8 de junio al 6 de julio–, con etapas entre semana y un ritmo difícil de seguir, salvo para los hinchas más atentos.
Consecuencia 1 – Tribunas vacías. Alonso advirtió que junio “no invita” al hincha, entonces cada localía genera déficit operativo. Pero los propios clubes decidieron mantenerlo.
Consecuencia 2 – Planteles al límite. Peñarol llega a la final 2025 con dos goleros titulares lesionados en la misma semana, reflejo de la sobrecarga muscular que señalan los cuerpos técnicos.
Inmediatez, ansiedad y DTs en la picadora
Un informe de Jorge Señorans en ESPN tacha al certamen de “torneo peligroso”: cada temporada provoca un promedio de tres despidos en apenas siete juegos. Un mal arranque corta procesos, reduce márgenes y empuja decisiones precipitadas que condicionan todo el Clausura.
A nivel deportivo, la tabla Anual oscila como un ascensor: un equipo que arrancó bien en abril puede caer ocho puestos en julio. La presión y el calendario ajustado obligan a rotar planteles, minimiza entrenamientos tácticos y empobrece el espectáculo que se pretendía potenciar.
El negocio que sí funciona… ¿o no tanto?
Para Tenfield, propietaria de los derechos (al menos hasta 2025), el Intermedio agrega 56 partidos por temporada. Sin embargo, el negocio no es lineal: cada transmisión implica trasladar equipos y un plantel técnico, costos que no parecen rentables si las tribunas se vacían.
¿Cuánto vale nuestro fútbol?
Ese de los perros festejando goles en la tribuna. El de los audios de VAR que no llegan nunca o de sus líneas paralelas que en vez de cruzarse en el infinito, lo hacen frente a nosotros validando un gol o marcando un offside increíble.
No sabemos cuánto vale.
Pero sí sabemos que no se suma valor por sumar partidos. Se generó un producto que interesa poco, salvo que definan Nacional y Peñarol. Y hasta para ellos, por más que se pongan el cassette a la hora de declarar, resulta un clásico de segundo orden. Nuestro fútbol necesita cuidar el equilibrio entre deportistas, hinchas, clubes y quienes sea que finalmente sean dueños de los derechos para que para el conjunto (el producto “Fútbol Uruguayo”), no termine siendo contraproducente.
Alternativas
- Volver al esquema Apertura‑Clausura (30 fechas). Mantener los torneos de 15 jornadas y, si se busca aumentar la cantidad de partidos, evaluar sumar equipos a la Primera División (18 clubes → 34 fechas) en lugar de añadir un tercer certamen.
- Fortalecer la Copa AUF Uruguay. Torneo federal que ya integra AUF y OFI (pero se podría agrandar y hacer participar realmente a todos los equipos de la AUF, darle más lugar a OFI y hasta sumar equipos de la Liga Universitaria de Deportes en sus fases iniciales); potenciar premios y cobertura televisiva para convertirla en la gran copa de definición invernal.
- Revivir la histórica Liguilla de verano. En enero y febrero, los mejores de la Tabla Anual definen plazas a copas en clima veraniego y con público de vacaciones, como se hizo entre 1974‑2004.
Balance provisorio
Ocho años bastaron para demostrar que el Intermedio no suplanta la mística de la extinta Liguilla ni genera los ingresos que salvarán las finanzas de los clubes. Hoy es, más bien, una mezcla de laboratorio reglamentario y fase de pre-temporada acelerada bajo cero. Si el fútbol uruguayo aspira a crecer necesita menos parches y más planificación: calendarios lógicos, descansos reales y torneos que convoquen al hincha por la calidad del espectáculo, no por la obligación de rellenar una grilla de TV. O si hay que hacerlo, que por lo menos sea en una noche de verano.
Más que un “torneo intermedio”, el fútbol uruguayo necesita un descanso. Un respiro para que la pelota, el negocio y la gente vuelvan a encontrarse.
Y vos, ¿qué opinas?
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