Tras la liberación de París -de la ocupación nazi- por fuerzas que mayoritariamente defendieron la República, los Aliados prometieron que acabada la IIGM la emprenderían contra la dictadura franquista: no se cumplió. Sin embargo, luego de la liberación de los presos políticos, las potencias occidentales y la URSS promovieron la instalación de judíos en Palestina y el desplazamiento de los antiguos pueblos árabes y semitas. En 1948 y aún después, los ganadores de la conflagración europea creyeron haber solucionado el tema de Estado judío conculcando algo que no era de su dominio. Solo generaron más problemas. Han pasado casi 80 años y la expectativa sigue insoluble. Al despojo, se sumó el acoso permanente de las pasadas décadas contra los palestinos puesto que en el judaísmo se dice del pueblo hebreo que es un “pueblo elegido por dios” e Israel significaría su tierra prometida.
Los tiempos de “tregua” propuestos por Trump en la acción sionista en Gaza no suponen otra cosa que la reposición y mejora de sus sistemas de defensa (“escudo” sobre sus principales ciudades) y ataque, señalando a Irán como su mayor y más peligroso enemigo. Los casi 10 mil km. entre Washington y Tel Aviv no impiden la “ayuda” y “contribución” oficial a Israel, no causan ningún desconocimiento, sino que suscribiendo las ideas de la reacción, el Estado judío es apenas una extensión amplia, un apéndice
territorial, militar y político de EEUU que lo tiene como un gran incruste en una zona privilegiada para su comercio y dominio.
Por eso EEUU miente acerca del conflicto, no condena y obstruye en la ONU toda represalia contra ese Estado; es por eso que cuando decide una acción represiva contra Teherán, quiere presentarla como “pacificadora”, igualadora. EEUU y su presidente desean conservar a Israel como la única fuerza militar nuclear en Medio Oriente, lo que parece que logrará por el siguiente quinquenio,
antes que los apetitos de algunos deseen llegar a ese estadio (Turquía o Arabia Saudita). A esta especulación hay que agregarle la duda sobre cuán efectivos fueron los ataques de los B2 Spirit, de Northrop Grumman, y sus bombas GBU-57.
| Si observamos las coincidencias entre ambos mandatarios, concluiremos que les urge el tiempo, aunque estén planteándose en el contexto de tales urgencias periodos de diálogo. A Trump le urge cumplir con parte de las promesas de campaña, que acompañan su segundo mandato, antes de los comicios de medio tiempo que -presumiblemente- pueden terminar en catástrofe republicana; debe “parar” la guerra ruso-ucraniana o encontrar una solución en Gaza que no pase por constituirse en un competidor turístico más en el Mediterráneo. A “Bibi” lo acosa uno de varios juicios en contra -que seguramente producirían el “knockout” del premier-: ergo: los dos, aunque deseen la tranquilidad de laudos que pongan fin a los enfrentamientos, deben buscar contra quien emplear la represión militar. Una balandronada con fines casi exclusivamente publicitarios de parte de Trump fue decir que si bien Vladímir Putin se refería a él con cortesía le molestaba el hecho de que en el fondo no ofreciera ninguna solución negociada para el conflicto con Ucrania, por lo que si en 50 días las cosas permanecían incambiadas aplicaría nuevos aranceles a los productos rusos (petróleo y gas). El canciller ruso Lavrov sostuvo que ningún conflicto internacional serio se arregla imponiendo sanciones y aranceles a troche y moche y en cuanto a eventuales sanciones a su país éstas reforzarían aún más el buen entendimiento con China, sin perder grandes adquirentes como India e Irán. Desde un punto de vista militar, el anuncio de Trump provocó que de inmediato Rusia dispusiera que un misil Iskander-M se lanzara contra Ucrania junto con el ataque de unos 400 drones. En otros corredores y corrillos se consideró la medida del mandatario como un hecho pleno de teatralidad y nada de contenido político. Asimismo, tal cual señala CNN, Trump dio a Putin luz verde extraordinaria: 50 días para terminar la ofensiva de verano en Ucrania antes de enfrentar consecuencias. Las sanciones podrían haber sido inmediatas, si el presidente Trump hubiera querido, o mucho más altas, como la tasa arancelaria del 500 % que se propone en un proyecto de ley bipartidista en el Senado de EEUU. Lo cierto es que no es seguro que una renovada amenaza de sanciones altere el rumbo del Kremlin en Ucrania, sino todo lo contrario. Rusia ya es uno de los países más severamente sancionados del mundo, castigado inicialmente por acusaciones de interferencia en las elecciones estadunidenses. “La vida ha demostrado que ninguna decisión de sanciones contra Rusia produce resultados”, comentó Anatoly Aksakov, legislador ruso, cuando se le preguntó sobre la amenaza de sanciones. “Estas cosas permitirán que Rusia avance con confianza, desarrolle su economía y lleve a cabo una reestructuración estructural de su economía nacional. Los expertos del Kremlin suponen que el plazo de 50 días antes de que se impongan nuevas sanciones es tiempo más que suficiente para que la ofensiva militar en Ucrania dé resultados o, en su defecto, para que un presidente Trump cambie de opinión sobre Rusia una vez más. “En 50 días, cuánto puede cambiar, tanto en el campo de batalla como en el estado de ánimo de los que están en el poder en EEUU y la OTAN”, dijo el senador ruso Konstantin Kosachev“. Pero nuestro ánimo no se verá afectado”, prometió, subrayando cómo Rusia se considera a sí misma con un enfoque a largo plazo hacia Ucrania, mientras que los gobiernos occidentales, son vistos como volubles. Rusia está sí alarmada por la perspectiva que armas estadunidenses, los misiles Patriot, sean enviados a Ucrania. Moscú considera los bombardeos aéreos casi diarios sobre Kiev como un aspecto esencial de su actual impulso militar. Sienten que la determinación de Ucrania de seguir luchando se desgastará, que la voluntad política en Europa se desvanecerá y que terminarán capitulando. También -tras las fallas estratégicas rusas del principio- supuse que así sería el final. |






