Trump pretende el control político de Sudamérica por  Ruben Montedonico

Vuelvo a citar, porque me parece un buen punto de partida, a la coeditora del londinense Financial Times, Gillian Tett: “Lo que está ocurriendo es una forma descarada de imperialismo financiero”, planteó en un editorial del periódico inglés. No se trata de que Trump entienda algo sobre Argentina: sabe que debe defender a su gobierno como el más firme aliado en Sudamérica para poder proyectarse -con ese intermediario-; dirigir Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y Colombia para por acallar sus quejas por hostigar a Venezuela:  y minimizar expresiones contrarias de naciones que por el momento descarta como Uruguay y Brasil. Para eso necesita la “carnalidad” argentina: si la logra,estará convalidada toda acción en el Caribe y contra los venezolanos y sus prácticas “chavistas”.

Tras el triunfo electoral del ultraconservador Milei, Trump se apropió del mismo valorando su intervención en el proceso -dando razón a los señalamientos de la oposición-

de una nación dicha soberana. La crisis platense -la financiera y la moral- más allá de las generalidades, si es tenida en cuenta por Trump y su gabinete (sobre todo el secretario del Tesoro) no cuenta tanto por el pequeño peso de Argentina en el mercado mundial sino como su papel intermediario -que lo lleva a la “abducción” del régimen y su gobierno, (recuerdo a la señora que me decía que ya no tenían presidente sino a un gerente). En el contexto de la pérdida de terreno político de EEUU -retirado de África por la presencia de Pekín y los BRICS- procura fortalecer sus posiciones en el subcontinente americano y enfrentar a China de toda forma en lo que entiende es su “patio trasero”, o sea la reinterpretación ajustada de la Doctrina Monroe como defensa del capitalismo tal cual pretende aplicarlo el trumpismo.

Rescato como CNN declaraciones de Trump referidas a los comicios: 1) “Ahora mismo, creo que ganamos mucho dinero gracias a esas elecciones, porque los bonos han subido.

La calificación de la deuda ha subido. Esa elección hizo ganar mucho dinero a Estados Unidos” y 2) “Estamos apoyando a muchos países de Sudamérica. Nos centramos mucho en Sudamérica y estamos consiguiendo un gran control en Sudamérica en muchos sentidos, incluyendo el hecho de que no queremos sus drogas”.

 Ante ese planteo, digo junto con el economista y analista político Julio Gambina -una vez más- que la solución pasa por la capacidad del movimiento popular de construir una

alternativa política más allá de la elección del domingo pasado. También entiendo de justicia con los lectores no citar solo en parte la idea -que comparto- de Gambina: “Se trata de una crisis de representación que demanda la emergencia de una propuesta que entusiasme al colectivo social con un horizonte de acciones de transformación de la economía y la política en beneficio de la mayoría social. Es la tarea más allá del resultado electoral”. Al seguir con el economista en su análisis, incorporamos -por contrarios- los conceptos de Milei: “El gobierno trata de mostrar su vínculo con la sociedad ‘ideal’ (o quizá idealizada) del sistema mundial. Queremos ser como EEUU, incluso mejor que ellos en una década, si seguimos este rumbo”.

Más allá de las interpretaciones de cómo ganó Milei o por qué perdió la oposición, nos interesa conocer los elementos que llevaron a más de un tercio de los empadronados a votar por el ausentismo ante las urnas, prefiriendo el eventual castigo de una multa: ¿entiende agotada la vía electoral?; ¿ningún postulante los representa? Pero, sobre todo, cómo la oposición popular construye y propone -a partir de su unidad- un cambio para todos, superando diferencias circunstanciales o ideológicas que deben quedar al margen de las resoluciones de conjunto en una hora en que está de por medio su existencia como sociedad.

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