Nancy Miraballes nació en 1986 en la ciudad de Treinta y Tres, pero pasó su infancia y adolescencia en la localidad de José Pedro Varela, en Lavalleja. Según se comparte en la contratapa de su libro de cuentos Vagones Infantes (Ediciones León, 2025), fue a los 13 años que descubrió su pasión por la lectura y los libros. No parece un exceso imaginarse que uno de los vagones que compone la colección de cuentos exprese la pasión de aquella niña. El cuaderno de los sueños es el nombre de una de esas narraciones breves en la que una niña que crecía en la pobreza de un ambiente rural imaginaba que un mundo existe más allá de su entorno inmediato, un mundo que atisbaba a través de la radio a pilas en la que escuchaba sobre eventos culturales y teatros. Es así que una mañana la niña le dice a su abuela: “Pienso que tal vez, si pudiéramos escribirlo todo de otra manera, la realidad no tendría que ser tan distinta para los pobres. Como si, al ponerlo en un cuaderno, pudiéramos inventar algo mejor. Algo que vaya más allá del jardín con las gallinas. Este lugar es hermoso, pero… me pregunto si podríamos soñar más allá de esto”.
Si bien es cierto que casi toda obra literaria de valor tiene algo de autobiográfica, no decimos aquí que la niña que protagoniza El cuaderno de los sueños sea exactamente un alter ego de la narradora, pero hay algo de esa ilusión de construir mundos que trasciendan los límites cotidianos que comparten el personaje y la escritora. Y ahondando en el vínculo particular entre la “realidad” en que vive un escritor y el universo que desarrolla mediante su trabajo creativo, Miraballes se despacha con dos creaciones que parecen llevar ese trabajo al propio plano ficcional. En El secuestro de la calle 23 el narrador se ve involucrado en una experiencia en la que su cotidianidad por momentos parece continuarse en el universo literario que sale de su imaginación, hasta dudar incluso de los límites entre uno y otro. Mientras que en Diario de un indio, con un tono más cercano a la leyenda, es la imaginación de una dama solitaria encerrada en una torre la que parece crear/destruir un universo que tiene continuidad en el suyo propio.
Si la relación entre planos ficcionales o entre “realidad” y “ficción” puede ser uno de los ejes temáticos de Vagones Infantes, el vínculo entre memoria y temporalidad parece ser otro. O más específicamente, cierta distorsión temporal a partir de los recuerdos, o de cómo estos se organizan en la memoria es constitutiva de algunos relatos Y la memoria tiene capacidad creadora o destructiva en algunos casos. Ya en el libro de poemas La excusa perfecta (2019), Miraballes (firmando como Luna Tales) escribía “¿Qué se siente ser el olvido de alguien?/ ¿El secreto muerto del cuadro de la pared?” y en algunas de las narraciones que se integran en Vagones Infantes los recuerdos parecen delimitar ciertas zonas de los personajes para dotarlas de “realidad” mientras el olvido definitivamente entierra otras.
Uno de los relatos más interesantes, para quien escribe, es el titulado Reflejos fragmentados, donde algunas de las ideas anteriores parecen sintetizarse. El protagonista del relato padece la cotidianidad “sintiendo el peso del cansancio incrustado en sus huesos”. Pero siguiendo su rutina diaria, se descubre en los reflejos distorsionados de un espejo quebrado. El personaje tiene dificultades para reconocerse en esas imágenes, que le devuelven distintos reflejos de sí mismo. La fragmentación de la subjetividad en sociedades que a la vez aíslan a las personas parece simbolizarse en una experiencia vital que amenaza con liquidar definitivamente al protagonista del relato.
Miraballes es Profesora de Literatura, poeta y narradora, y con Vagones Infantes parece dar un paso más en la búsqueda de su voz como escritora. Se percibe el esmero en la construcción de los relatos y el trabajo sobre las palabras. Aquí no hay un dejarse llevar por ideas que fluyen, sino relatos construidos con trabajo sobre intuiciones que articulan las historias. Si bien los ambientes y personajes son diversos, es la voz de la narradora la que da unidad estética, y aquí sí parece ser que los ambientes de ensoñación o los que remiten a zonas más conocidas de la autora parecen dominarse con más naturalidad. Pero son los relatos más experimentales los que parecen prometer más en la búsqueda narrativa de una escritora que ha logrado que su inmediatez material se expanda en universos que no se resignan a que la vida sea el peso fatal de la experiencia cotidiana, como soñaba la niña protagonista de El cuaderno de los sueños.
Vagones Infantes, de Nancy Miraballes. Edita Ediciones León, Montevideo, 2025







