Un ambiente sin palmeras por Manfred Steffen

Los escolares rodearon la palmera en un abrazo de despedida. La vieja palmera de la escuela Simón Bolívar iba a ser cortada. Es el picudo, explicaba la maestra, mientras los brazos infantiles rodeaban el tronco. El ambiente, nuestro ambiente pierde un habitante más.

Sin despedida, silenciosamente, se van muriendo las palmeras en el Uruguay. Primero las Phoenix canariensis, provenientes las Islas Canarias, como dice su nombre. Después, las washingtonias, esas gigantes de la rambla. Ahora empezaron a enfermar las pindó y también las butiá, las de los coquitos. El proceso es lento inicialmente, luego se acelera y se hace masivo.

Hoy se ven palmeras muertas en toda la ciudad de Montevideo. Algunas de las icónicas de Bulevar Artigas o las del Prado. En la plaza Independencia hay una que parece un gigantesco muñón. La isla del Parque Rodo, frente al castillito, las muestra todavía erectas, pero muertas. Con las palmeras se van los recuerdos, los paisajes, un pedazo de la identidad de la ciudad.

El origen de este desastre es un insecto, el picudo rojo. No se sabe si vino en algún container o a través de alguna importación de plantas exóticas. Sí se sabe que se mete en las palmeras y las devora por dentro hasta que las gigantescas ramas colapsan.

Hay varias razones por las que este cascarudo se expande con tanta rapidez. Por un lado, no tiene enemigos naturales. Esto sucede frecuentemente con las especies introducidas, tanto animales como vegetales. Por otro lado, se reproduce con rapidez. Cada hembra pone cientos de huevos cerca de la copa. Pasada la etapa de las larvas y pupas, los adultos vuelan y colonizan nuevas palmeras. Pueden volar varios kilómetros, por lo que no es difícil imaginar la rapidez con que avanza la infección. Un buen ejemplo de un fenómeno exponencial.

Actualmente, preocupa que el picudo llegue a los palmares de Rocha, que cubren una superficie de casi 70.000 hectáreas, a 270 kilómetros de Montevideo. Demás está decir que para las decenas de miles de ejemplares de centenarias palmeras que allí viven, no sería viable ningún tratamiento. Las posibilidades de perder este ecosistema son reales.

¿Se podrá aprovechar el Día del Ambiente para intentar tomar alguna enseñanza de todo esto?

Punto de inflexión

La investigación científica ha concluido que existen fenómenos, deseados o no, que alcanzado determinado punto comienzan a desarrollarse en forma exponencial. Y entonces ya no es posible manejarlos. En el caso del picudo, había evidencia suficiente de la gravedad del fenómeno. Los estragos en las Islas Canarias y la detección de palmeras infectadas en el país deberían haber sido una señal de alarma. En aquel momento la infección estaba focalizada y había alguna posibilidad de controlarla.

Actualmente, cada palmera afectada es una fábrica de picudos que infectarán a otras en breve. En la próxima primavera, cuando los cascarudos adultos se activen nuevamente, el proceso se disparará. La única forma de reducir esta expansión es cortar todos los ejemplares enfermos y destruirlos rápidamente. El plazo para hacerlo es este invierno, los próximos tres meses. Lo mismo vale para tratamientos preventivos de los ejemplares aun no infectados.

El Estado y la academia

La eficiencia de las medidas depende de la coordinación. No alcanza con la buena voluntad de los individuos. Los tratamientos, la eliminación de los ejemplares, eventuales medidas drásticas como la creación de una zona sin palmeras para evitar la difusión del fenómeno hacia el este del país deben ser coordinadas y realizadas según un protocolo.

Los procesos de toma de decisión política requieren de conocimiento científico. La pandemia mostró que el diálogo entre la academia, la política y la administración beneficia a todos. Es improbable que desde la política se pueda detectar en forma precoz procesos potencialmente peligrosos o de difícil manejo. Este llamado de atención puede y debe hacerlo la academia.

Irreversibilidad

En un mundo interconectado, focalizado en el consumo, estamos algo atontados por las ofertas de felicidad que nos llegan sin pausa. Este bombardeo de objetos presuntamente indispensables y lugares para experiencias inolvidables nos distraen del mundo real que nos rodea. Las redes nos inducen a creer en que todo es accesible a un clic de distancia. Y a pensar que, como todo tiene devolución, estamos también a un clic de volver al estadio anterior.

Pero la naturaleza no funciona de esta manera. Los procesos de degradación de los ecosistemas, la pérdida de especies y ambientes son irreversibles. No hay dinero, inversión, crédito blando que nos devuelva los ejemplares centenarios ya perdidos. Nada nos devolvería los palmares de Rocha.

Día del Ambiente

Como todos los años, muchas empresas van a adherir el día del ambiente con vistosos suplementos y llamados a una conciencia que quedará caduca en la tarde del mismo día.

Aparte de los llamados, este día brinda la posibilidad de aprender y, ante todo, de poner prioridades y actuar en forma contundente y coordinada. El picudo rojo, por cierto, no es el único desafío que enfrentamos. El aumento de extremos climáticos, la erosión costera, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de las aguas son temas que no deberían ser olvidados, aunque no sean tan visibles como las palmeras muertas, aun para los que no sacan la mirada del celular.

El picudo rojo hoy está algo inhibido por los fríos del invierno platense. Cuando llegue la primavera se despertará y se extenderá. Entonces será tarde.

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