Un asfixiante drama al ritmo de la música electrónica por Carlos Acevedo

La música electrónica es algo más que ritmos o melodías generados por medios no analógicos. Es una movida cultural y social que resulta difícil de comprender si se la contempla desde fuera.  Si bien los primeros dispositivos electrónicos para generar música se inventaron a principios del siglo veinte, no fue hasta la aparición del primer sintetizador en los años cincuenta que el formato como tal comenzó a desarrollarse y expandir su influencia. “Sirāt”, película franco española ambientada en Marruecos, se adentra en la cultura electro para relatar un opresivo drama.

Como tantos movimientos populares, la movida electrónica, cuyo emblema fue la música “House”,  fue creciendo desde los barrios bajos, en este caso de Londres en los años ochenta del siglo pasado. Evolucionando de ritmos negros como el disco, el soul, el gospel o el funk, herederos a su vez del jazz y el blues, el “House” nació hace más de cuarenta años en una discoteca de Chicago llamada “The wharehouse”. El DJ y compositor Frankie Nuckles creó un ritmo constante de 4/4 compases, con una cadencia  de entre 120 a 130 golpes por minuto. Es decir, los golpes de percusión que entran en sesenta segundos, lo cual determina el ritmo de una composición musical electrónica. Aquella discoteca era frecuentada principalmente  por el público afroamericano, homosexual y latino de la ciudad. Esta corriente cultural fue extendiéndose posteriormente a otras urbes, como Nueva York y Detroit.

Pero fue en Londres donde aquel ritmo surgido de los barrios bajos y bailado en sótanos oscuros por marginados sociales, mutó en desafiante movimiento social que trascendió a eventuales ideologías políticas o géneros.

Así surgió la cultura “rave”, vocablo de habla inglesa que significa delirar o desvariar, que fue abarcando a una tribu urbana que se inspiraba en el libre disfrute de la música electrónica, pero además en valores como el amor y la inclusión, en oposición a una sociedad por la cual se sentían radicalmente discriminados.

Aquellas fiestas, a menudo clandestinas, donde abundaban los excesos, comenzaron a llamarse “raves”. Nucleaban básicamente a jóvenes de extracción social baja, de distintas razas u orientaciones sexuales, que se desconectaban de los dramas cotidianos mediante los “beats” que emergían de los parlantes, entre luces estroboscópicas y estimulantes.

Este movimiento, si bien acabó siendo lógicamente fagocitado por el mercado, conservó en algunos ambientes su inspiración primigenia: la de compartir un momento de libertad y música, sin discriminar a nadie y bajo la consigna del amor universal, una suerte de reversión de la cultura hippie de los años sesenta.

Vinculada a variadas expresiones artísticas, y nutriéndose de otros ritmos como el “Techno” o el “ Hip-Hop”, la cultura “rave” se expandió por todo el mundo, si bien su núcleo duro prosperó básicamente en Europa.

Es común que grupos de “ravers” viajen en caravana recorriendo remotos países, cargados de parlantes y sintetizadores, para organizar en cualquier lugar alejado, incluso en un desolado desierto, sus fiestas electrónicas, viviendo en comunidad y ayudándose y cuidándose entre todos.

Es en este ambiente en el cual se desarrolla “Sirāt”, desgarrador drama franco español hablando en varias lenguas, que sigue la peripecia de un padre que, junto a su hijo adolescente, recorre las fiestas electrónicas de Marruecos en  busca de su hija desparecida. En ese contexto, el protagonista se une a una caravana de nómadas “ravers”, gente de todas las edades y condición social, que procuran huir de la discriminación y la guerra, intentando sobrevivir al conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario por la posesión del Sáhara Occidental, que busca la autodeterminación del pueblo saharaui, mientras Marruecos controla la mayor parte del territorio y propone un plan de autonomía. 

Al ritmo de la más frenética música electrónica y los estimulantes, en enardecidas fiestas en medio del deserto interrumpidas por el Ejército y la guerra, sobreviviendo a base de solidaridad y colaboración mutua, este variopinto grupo de parias lacerados por amputaciones físicas y emocionales, recorre el país sin más sustento que el hedonismo, mientras ayuda a un atribulado padre y a su hijo a hallar a una integrante de su cultura.     

Envuelta  en hipnotizante música electrónica y enmarcada en una subyugante fotografía de exteriores, “Sirāt” es un  inusual drama que nos convoca a reflexionar en torno a la violencia de un conflicto virtualmente desconocido, inmerso en un mundo radicalmente  alienado, además de plantearnos temas tan cruciales como el amor, la solidaridad y la exclusión social, más allá de lo económico o la marginación.

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