Este jueves llega a las salas uruguayas la producción nacional Un cabo suelto, nueva película de Daniel Hendler que confirma su espectacular momento como director luego de la exitosa 27 noches hace unos meses. Estrenada en el pasado Festival de Venecia, se trata de una comedia policial que sigue a Santiago, un policía argentino que cruza la frontera escapando de sus antiguos colegas, a quienes vio en actividades ilegales. Ese punto de partida, misterioso, le sirve al realizador para explorar el renacimiento de un hombre que, ante una segunda oportunidad, decide crearse una nueva vida, en donde tal vez puede ser libre por primera vez. Con notables labores de Sergio Prina y Pilar Gamboa, el film se abre a múltiples lecturas que enriquecen la experiencia, y a propósito del estreno pudimos conversar con Hendler y Prina.
¿Cómo empezó este proyecto?
DH: Mientras escribía otro proyecto se me apareció, de la nada, una de las escenas iniciales de la película; un tipo con uniforme de cabo que realiza una especie de control bromatológico en un puesto de embutidos en la ruta, con el fin de degustarse unos quesos. No sabía bien por qué se me aparecía esa escena, ni hacia donde iba la historia, pero por algún motivo me inquietaba la escena y me interesaba descubrir las capas que se ocultaban detrás de ese duelo entre los personajes. Así que, sin pensarlo demasiado, abandoné el proyecto que estaba escribiendo y me puse a desarrollar esto.
Daniel, ¿de qué forma tu experiencia como actor moldea luego tu trabajo como director?
No creo que una experiencia moldee a la otra, pero hay un tráfico de informaciones. La dirección y la actuación conviven desde el inicio, desde los actos de fin de año en primaria. Luego, en la etapa de formación, la oportunidad que tuve de estar en distintos sets, desde diferentes roles, y la posibilidad de entender más de cerca la problemática del actor, sin dudas debe haber afectado y nutrido la forma de dirigir, quizás en que me gusta trabajar con actores y los imagino desde la escritura del guion.
Sergio, ¿Cuál fue el aspecto que más te interesó, primeramente, de tu personaje?
SP: Quizás lo que más me interesó del personaje es la forma en la que estaba escrito en el guion, que al principio era como muy difícil identificar — si bien el personaje es un policía, pero en el desarrollo de la película uno no puede ver el estereotipo de un policía, sino que puede ver una persona que lleva puesta ropa de policía, pero que en definitiva es mucho más complejo lo que se ve de él. Quizás eso es lo que más me gustaba, como cierta complejidad y algunos detalles más particulares: un policía amante de los quesos, un policía que por momentos parecía ser muy empático, y por momentos se sabía policía, entonces usaba algo de ese vestuario que tenía a su favor. Es un personaje más complejo, que no estaba como definido en un lugar, sino que podía hacer muchas cosas dependiendo del lugar y de las personas con las que se iba encontrando. Eso me parecía muy hermoso, un personaje muy difícil que no lo podía atrapar ni agarrar en la primera lectura, sino que era mucho más profundo, un personaje con un montón de capas.
En esta ocasión, ¿los actores definieron los roles o ya estaban plenamente marcados antes de elegir a los actores?
DH: Es un proceso de retroalimentación. Los personajes se van desarrollando en el guion y, en algunos casos, en el proceso van apareciendo voces y rostros, y uno termina de escribir los personajes pensando en esos actores o actrices. En el caso de Santiago, el protagonista, se produjeron algunos cambios notorios: en la primera versión del guion el cabo no era tucumano, y cuando empecé a pensar en Sergio Prina como intérprete, el personaje se transformó en tucumano y, con ese detalle, varios elementos del personaje empezaron a cambiar; desde el tipo de camuflaje que requería para ocultarse en Uruguay, hasta el tipo de quesos que conocía.
Daniel apuesta por un humor sobrio, sin exageraciones. ¿Cómo se trabajó en el set ese humor para evitar el exceso?
SP: Con respecto al humor, en la peli, que es algo que a mí me parece precioso como se trabaja, es que nunca en la peli se habló del humor, pero cuando la ve después dice “¡Ah, está recargado de humor!” Uno podía intuir por momentos que había situaciones o escenas que podían ser un poco más graciosas que otras, pero en ningún momento desde la dirección estuvo pensado el trabajo del humor como una búsqueda, sino que me parece también que el humor en esta película, por como lo piensa Daniel y por algo de lo que nosotros hemos ido también construyendo, aparece de la tensión, que es como el humor que me gusta, que es ese humor que aparece de lo que está desacomodado, de lo que no es obvio, aparece en los lugares en donde se encuentran dos mundos que en apariencia sería como difícil que se encuentren y se terminan encontrando. Yo creo que cuando eso sucede, cuando hay dos mundos posibles que se terminan encontrando y aparece una tensión ahí, y una forma de vincularse, aparece algo del humor también. Me parece que fue trabajado así, que los personajes están cargados todos, o la mayoría, no de zonas obvias, sino que son personajes que tienen cierta particularidad, y cuando se encontraban esas particularidades en el set, eso producía un encuentro particular y el humor aparecía ahí, con eso.






