La distopía, como concepto, ha sido largamente desarrollada tanto en la literatura como en la producción audiovisual. Se contrapone al concepto de utopía, en tanto representa todo lo opuesto a una sociedad ideal. El cine, más que nada en las últimas décadas, ha vuelto una y otra vez a mostrar, a modo de fabula, las posibles consecuencias de un mundo regido por un poder totalitario y descontrolado. “Camina o muere”, actualmente en la cartelera uruguaya, es una adaptación de la primera novela de Stephen King, cuya historia, más allá de la fantasía, guarda inquietantes paralelismos con el mundo contemporáneo.
Una distopía o antiutopía es el termino que define una sociedad ficticia despreciable en sí misma. La palabra fue creada por John Stuart Mill a finales del siglo xix como opuesto de utopía, que en griego significa “el no-lugar” o el lugar que no existe. A su vez, este vocablo fue acuñado por el teólogo Tomás Moro y da nombre a su obra más conocida, donde describe un modelo de sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza.
A menudo ambientadas en el futuro, entre las distopías literarias clásicas más influyentes se incluyen “1984” de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury. Incluso, films como los que integran la saga de “Mad max”, ambientados en un indeterminado futuro en el cual la humanidad, diezmada por un conflicto bélico ha vuelto casi a la era preindustrial, fungen como metáforas pero también como advertencias de las consecuencias de las guerras, el deterioro del medio ambiente, los avances tecnológicos descontrolados, la falta de ética del poder y la codicia humana.
Uno de los elementos fundamentales de las distiopías es el control no solamente de parte del Estado sino de los miembros de la sociedad entre sí. La mejor explicación se encuentra en el pensamiento del filosofo francés Michel Focault, que utilizó la palabra “ panóptico”, un diseño arquitectónico circular típico de algunas cárceles, para describir un modelo de poder y control social que lleva a las personas a auto-vigilarse y a internalizar las normas.
Por su parte, los libros de distopía juvenil “Los juegos del hambre” (2008-2025) se basan en una fecunda tradición dentro de la fantasía y la ciencia ficción, planteándonos una sociedad totalitaria en la cual un grupo de jóvenes compiten entre sí en un macabro reality show hasta que solamente uno sobrevive,. Las novelas han sido adaptadas al cine en una saga de, hasta ahora, cinco películas.
En 1979, Stephen King, bajo el seudónimo de Richard Bachman, escribió “ La larga marcha”, novela en la que plantea una sociedad totalitaria de post guerra en Estados Unidos, donde los adolescentes de sexo masculino son tentados a competir en una prolongada caminata a lo largo del país, televisada por cadena nacional, que tendrá un único sobreviviente y vencedor. Quizá en esta historia se inspiró justamente Suzanne Collins, para escribir la mencionada saga literaria.
La adaptación cinematográfica del libro de King “Camina o muerte”, se ambienta también en ese Estados Unidos devastado por una guerra, de poblados abandonados y pobreza extrema. Para los jóvenes, la única oportunidad de abandonar su miseria, y de sacar de ella a sus familias, es “La larga caminata”, una competencia anual que promete cuantiosas sumas de dinero y fama a aquel que logre sobrevivir.
Novelas clásicas como “¿Acaso no matan a los caballos” escrita en 1935 por Horace McCoy y adaptada al cine por Sidney Pollack en 1969 ( aquí se la conoció como “ Baile de ilusiones”) ya planteaban la competencia a muerte de un grupo de individuos desesperados, aunque con una estética diferente.
En “Camina o muere” se explora la interacción de un grupo de adolescentes que pugnan por sobrevivir a la cruel competencia, entablando lazos de amistad, creando alianzas y, algunas veces, intentando boicotearse mutuamente en su afán por sobrevivir y consumar el sueño de emerger de la miseria.
Si bien el Estados Unidos actual no alcanza dichos extremos, está actualmente liderado por un fascista megalómano como Donald Trump que extiende sus imperialistas tentáculos por el mundo mientras su propio país se sume en la violencia, la pobreza, la intolerancia racial y sexual y la desocupación.
“Camina o muere”, tenso y efectivo thriller dramático, dirigido por Francis Lawrence, responsable de dos entregas de “Los juegos del hambre”, puede funcionar no solamente como una obra de ficción, sino también como una retorcida metáfora, e incluso como una dramática advertencia, en torno a los peligros del totalitarismo y de los complejos mecanismos de dominación del poder sobre los excluidos del sistema, seres humanos
desesperados que ya no tienen nada que perder.


