“Dentro de algunas décadas es posible que tengamos que enfrentar un mundo de depresión y austeridad. Ojalá no nos encuentre con la vieja caja de herramientas conceptuales del crecimiento, la innovación tecnológica y el progreso. Será necesario, al igual que las murgas montevideanas, ensayar e inventar una retirada”.
El párrafo anterior es uno de los últimos del ensayo La gran retirada, que integra el libro Austeridad o barbarie, del científico uruguayo radicado en Chile Mauricio Lima. El libro recoge trece ensayos, más un prólogo y un epílogo, en los cuales Lima aborda, desde diferentes ángulos, la relación entre la crisis climático-ecológica del planeta y las crisis económicas de las sociedades que lo habitamos. O más precisamente, integra esas dos dimensiones en un mismo abordaje, recordándonos constantemente que el planeta “del” que vivimos es el mismo planeta “en” el que vivimos. Parece de sentido común, pero leer el libro nos deja una sensación incontestable de que en poco tiempo la destrucción generada por la extracción de recursos del planeta amenaza la propia capacidad de renovarlos. Y con la destrucción del lugar del que extraemos los recursos -energía en última instancia- se destruye también el lugar en el que vivimos. Pero Lima no es un “apocalíptico”, sus análisis parten de situaciones cotidianas, e incluso es capaz de proponer una suerte de relato pos-colapso en el que lejos de ilustrarnos con un planeta devastado a lo Mad Max nos propone una Montevideo aún reconocible, pero en la que criar animales para el consumo, andar en bicicleta e intercambiar en un mercado conviven con un saber cultural que no ha desaparecido, sino que se ha transformado.
Pero que la perspectiva no sea apocalíptica no implica que no sea preocupante, y desde la publicación del libro, el año pasado, algunos procesos no paran de “acelerarse”. La “aceleración” es una idea clave que recorre el libro, idea muy vinculada a la idea decimonónica de “progreso” y fatalmente, también, a la de “crecimiento económico”. Y ese “crecimiento económico” en los términos que conocemos, parece estar muy asociado al consumo de combustibles fósiles, en especial petróleo y gas, combustibles que hemos casi agotado en un siglo. El recorrido que hace Lima comienza en el año 1973, año en que coinciden el primer Peñarol campeón uruguayo con Fernando Morena, el golpe de Estado en nuestro país, y la crisis de precios del Petróleo. Como se recordará, la crisis del petróleo de 1973 tuvo origen en la decisión de los países miembros de la OPEP de dejar de exportar crudo a los países aliados de Israel en la guerra de Yom Kipur. Aquella crisis puso en jaque a los países de “occidente” y fue uno de los detonantes del abandono del modelo “keynesiano” y de los estados de bienestar, para pasar a modelos de desarrollo económico basados en las premisas hoy conocidas como “neoliberales”. Medio siglo después es el propio agotamiento del recurso el que ha llevado a países como Estados Unidos a volver a la ofensiva bélica, primero en Venezuela y luego en Medio Oriente.
Parece claro que la crisis bélica actual tiene como uno de sus detonantes la disputa por un petróleo que no solo escasea, sino que es cada vez de más difícil acceso (parece que hasta es redituable extraerlo de la plataforma oceánica de nuestro país). Esto también tiene consecuencias al interior de los países centrales. Entretejiendo ideas de economistas, antropólogos y demógrafos, Lima plantea que “Si la energía para sostener nuestras sociedades será menor, es probable que las instituciones, el Estado, las empresas privadas y las élites económicas pierdan sus capacidades para generar sociedades cohesivas y distribuir bienestar (…) Como la energía proveniente del petróleo rinde menos, la globalización de la economía ha sido la respuesta que han encontrado las empresas para transferir gran parte de su producción a aquellos países donde los costos laborales son más bajos, aumentando su control sobre las actividades financieras, eludiendo los mecanismos regulatorios de los Estados-nación y amplificando las tensiones”.
Si volvemos al principio se entiende mejor la crítica a que los gobiernos que se encaraman en los Estados-nación, sean de “izquierda” o de “derecha”, intenten aplicar siempre la misma receta de “crecimiento”. Si aniquilamos las reservas energéticas y el planeta con ello, parece que el límite para esa estrategia está cada vez más cercano. Lo interesante es que Lima también pone arriba de la mesa los límites del supuesto cambio de paradigma sobre generación de energía. En primer lugar, y nuevamente parece de sentido común, porque las llamadas “energías verdes” también consumen recursos naturales (“bienes comunes”) finitos que estamos agotando. “Nuestra dependencia de la infraestructura electrónica y los procesos de automatización pueden ser un tiro por la culata si los sistemas dejan de ser funcionales por falta de energía y materiales”, agrega.
Nuestro enfoque apenas aborda un aspecto del trabajo de Lima, quien básicamente parece decirnos que los “problemas ecológicos” que atravesamos son también “problemas económicos” y viceversa. Vivimos en una ilusión que parece separar las dinámicas sociales de las del planeta en que esas dinámicas ocurren. Y para ejemplificarlo nos describe la forma en que algunas comunidades se enriquecen, en el corto plazo, mediante el monocultivo, pongamos de palta, pero agotando los recursos hídricos que hacen posible esos cultivos. Al contrastar estos procesos con la la forma en que fiofios y algarrobos se relacionan señala un camino de convivencia en el que lo comunitario está por encima del paradigma liberal de la “propiedad” y la “libertad”. Al menos si la propiedad implica la libertad para destruir un bien en pos de la acumulación de Capital. En nuestro continente, no olvida recordarlo Lima, ya hubo sociedades capaces de priorizar el bien común por sobre la “libertad individual”.
Austeridad o barbarie no es libro que “moraliza” sino que nos señala el camino peligroso que estamos transitando, un camino en el que se enriquecen algunas élites, se “enrejan” por temor los sectores medios, y la mayor parte de la población queda al margen de la riqueza que se produce mientras se agotan los recursos. Luchar contra el cortoplacismo que motiva esos comportamientos parece ser el desafío al que se enfrentan las nuevas generaciones.
Austeridad o barbarie, de Mauricio Lima. Edita: Estuario, Montevideo, 2025






