¿Uruguay antisemita? 2

Despertó un monstruo dormido

Max Sapolisnki

Voces nos interpela con una pregunta que es más una afirmación que una interrogante. Pareciera que el conflicto entre el Estado de Israel y el grupo terrorista Hamás que se inició hace dos años en aquella madrugada del 7 de octubre de 2023 con uno de los atentados más sangrientos y crueles que se registran en los últimos tiempos, despertó en gran parte del mundo y también en nuestro país un monstruo dormido.

Me niego a desarrollar en esta oportunidad un análisis de la situación del conflicto en Medio Oriente. El tema que estamos tratando es “de adentro de casa”. Es nuestra sociedad la que está en juego.

Sigo aún pensando que no podemos sostener que Uruguay es antisemita. Pero ello no obsta a concluir que el antisemitismo ha avanzado a pasos gigantes en nuestra sociedad. O quizás estaba adormecido y despertó a caballo de la intolerancia que se viene registrando desde hace un buen tiempo en nuestro medio favorecida por el caldo de cultivo en que se constituyen las redes sociales.

Mi familia arribó a nuestras playas hace casi un siglo. Venía por supuesto a la búsqueda de nuevas oportunidades. Pero por sobre todo venía a la búsqueda de libertad, tolerancia y sana convivencia. Ese espíritu, que fue siempre característico de una sociedad concebida por un crisol de inmigrantes que convivieron en sana armonía y forjaron su identidad en los bancos de la vareliana escuela pública, parece haberse desdibujado.

Un mes después de aquella terrible madrugada de octubre de 2023 jugaba Uruguay frente a Argentina por la Eliminatorias al Mundial. Orgulloso subí a las redes una foto en que sostenía en cada uno de mis brazos a mis nietos mellizos que tenían tres semanas de vida vestidos con camisetas celestes con un comentario esperanzado en el triunfo. Entre las múltiples muestras de simpatía me llamó la atención una contestación. Cuestionaba mi nacionalidad expresándome que no tenía derecho a expresarme así porque “yo no era de aquí” y acompañaba el comentario con una bandera de Israel. Quise apaciguar mi desazón y amargura convenciéndome que era un caso aislado de un anónimo troll. Pero algo dentro de mí me dijo que la realidad venía siendo distinta a la imagen idílica que nuestra historia había forjado. Otras veces recibí similares comentarios al opinar sobre temas de actualidad. Siempre anónimos trolls.

Históricamente el antisemitismo fue adjudicado a la más rancia derecha ideológica. Sin embargo, todos los actos que se han venido sucediendo con claros signos antisemitas han provenido de filas que se autoproclaman de izquierda. En lo que a mí concierne, quienes generan dichos actos son fascistas, aunque se proclamen progresistas.

Como nadie saborea ponerse en el bando equivocado de la historia y que se le pueda calificar de racista, se ha comenzado a utilizar el subterfugio de argumentar que no se es antisemita sino antisionista.

En el mejor de los casos esta aseveración denota una ignorancia total. En caso contrario, una intencionalidad de tergiversación que linda con lo absurdo. Para aquellos que desconocen este tema, cabe mencionarles que el Sionismo es el movimiento que ha bregado por la reconstrucción de un Estado Judío que pueda convivir en el concierto de las Naciones libres del mundo. Hay sionistas de derecha y de izquierda, religiosos y ateos. La adhesión a la causa sionista no implica una política concreta del gobierno de turno de Israel. La utilización del término “antisionista” no es más que la expresión cobarde del antisemitismo.

¿Acaso debo considerar que no es un acto antisemita la pintada en los muros del Cementerio donde descansan mis padres que fueron orgullosos ciudadanos uruguayos? ¿O quizás no debo preocuparme cuando un grupo de inadaptados organizan un escrache en la esquina del Colegio al que concurren mis nietos?

La historia nos muestra como civilizaciones consideradas como las más cultas cayeron rendidas ante la barbarie que se originó con simples actos de intolerancia y racismo.

Estos temas no son menores. Estamos a tiempo de tomar conciencia y exterminar al huevo de la serpiente. Uruguay se lo merece. Por sus valores y una historia rica en demostraciones de coexistencia y convivencia.

Y para aquellos incrédulos que puedan dudar de mis planteos, me permito citar a Martin Luther King que expresara en un lejano pero tan actual año de 1967: “Cuando critican a los sionistas, se refieren a los judíos. ¡Eso es antisemitismo!”

TIERRA Y PODER

Isabel Viana

Introito: Semita: que pertenece a alguno de los pueblos que integran la familia formada por los árabes, los hebreos y otros. (DRAE) En la circunstancia, responderé a la pregunta: ¿Uruguay anti hebreo?

Hay algunos puntos en la superficie del planeta a los que por milenios se les ha atribuido importancia estratégica para la ambición de poder. Entre ellos es relevante la costa este del Mediterráneo Oriental, conocida como “Cercano Oriente”. En ella se produce la interfase entre dos hemisferios macro-culturales: las culturas Oriental y la Occidental.

Quien detente poder sobre una estrecha faja de terreno costero o los estrechos del Golfo Pérsico, controla los flujos de mercaderías y puede desarrollar su proyecto de ejercicio del poder, regulando los flujos de recursos naturales y culturales que se producen entre culturas. El que domine ese canal de flujos terrestres y marítimos ejercerá el poder que implica la acumulación de riqueza, poder y capacidad de control.

Los estados más importantes del Mediterráneo Oriental han guerreado por milenios para apoderarse del territorio palestino. La expansión del Egipto faraónico tomó todo el este del Mediterráneo (Hoy Líbano, Israel, Siria, Palestina), sólo contenidos por los Hititas y los Mitani que impidieron su expansión hacia el norte. El imperio Asirio conquistó la Mesopotamia y se expandió hasta tomar desde el Sinaí hasta Anatolia, tomó Siria en la costa del Mediterráneo y vio surgir a Palestina y Fenicia. Los medos y los persas llegaron al mar Mediterráneo y conquistaron las tierras entre el Mediterráneo, los mares Negro, Caspio y de Aral al norte, las costas del río Indo al este y el golfo Pérsico y Arabia al sur: Lograron unificar en un solo estado Las tierras entre Asia y Europa: llegaron hasta las orillas del río Indo. Del Medio Oriente salieron los fenicios y transformaron al Mediterráneo en un ámbito comercial, al que se sumó la colonización griega sobre el norte del Mediterráneo. Alejando Magno, de origen cultural griego, conquistó desde Egipto a la India. Roma y Cartago se disputaron el Mediterráneo Occidental y finalmente, el Imperio Romano se expandió sobre todas las tierras del perímetro mediterráneo, incluyendo Egipto y el norte de África. Los ejércitos de las Cruzadas, con pretextos religiosos y convocatorias difundidas por la monarquía y la iglesia, salieron de Occidente para adquirir dominio sobre el nodo y fundaron allí villas y castillos.

Alejandro y Roma intentaron unificar política y culturalmente a los pueblos conquistados y toleraron – con muchos límites – la conservación de diferencias identificatorias. Ese fue también el sueño Napoleón y de Hitler.

Algunas consideraciones: Las tierras conquistadas en todas esas etapas estaban pobladas por grupos humanos, tribus nómades de origen semita, que no siempre lograron constituir estados. Casi todos los relatos de conquista incluyen prácticas de extrema violencia respecto “al otro” que combatía por el dominio territorial. Como ejemplos, los asirios hacían pirámides con las cabezas de sus enemigos degollados. Los romanos crucificaron y alimentaron las fieras del circo con “infieles” vivos e indefensos. La barbarie contra poblaciones civiles se mantiene: los campos de concentración nazis, los campos de refugiados, y el asesinato de poblaciones civiles en Serbia son ejemplos contemporáneos. Y ahora, Gaza.

¿Qué objetivos tuvieron estos enfrentamientos de estados, arrastrando a sus pueblos? Expandir sus dominios territoriales, a partir de un área clave, base del poder y del acaparamiento de riquezas. Usándolas era posible administrar de las tierras a conquistar e incrementar el poder adquirido.

Las riquezas de las que se apoderaban los invasores habilitaron, en cada época, el incremento de su aparato militar, ejércitos y armas capaces de imponer dominio sobre otros estados. Habilitaron también, en todas las épocas, el uso de convocatorias manipuladoras para que los pueblos se unieran a las guerras. Esos mecanismos han pesado ayer y pesan hoy sobre la formación de opinión, descalificando al “otro”, convirtiéndolo en “el enemigo”.

El de los hebreos es un caso muy particular: pastores errantes, expulsados hace más de 2000 años de las tierras originarias compartidas por distintos grupos semitas (grupo etnolingüístico entre los que estuvieron los árabes, judíos, acadios y fenicios, como a los que usaban el conjunto de lenguas emparentadas, mantienen en sus comunidades el objetivo de recuperar la “tierra prometida”.

Expulsados lograron múltiples radicaciones exitosas en comunidades dedicadas al comercio y servicios. Se mantuvieron vinculados entre sí por principios y rituales religiosos y por redes comerciales cerradas a extraños. La riqueza generada se atesoró, porque hubo que disponer de ella para alimentar los gastos de un Estado.

Hicieron de la acumulación de riqueza un mecanismo diferente de acceso al poder. Muchos estados no judíos dependieron para su supervivencia de préstamos solicitados a hebreos. Esas deudas constituyeron vínculos de dependencia de poderes políticos de estados diversos, respecto a una nación sin tierras, ajena a la comunidad y la religión locales.

Reivindicaron que su dios les había prometido vivir en la “Tierra Prometida”, que coincide precisamente con Palestina. El movimiento sionista, sostenido por grandes capitales acumulados por hebreos en distintas naciones, sostuvo la ocupación paulatina del suelo palestino (“colonización sionista”) en la hipótesis teórica de que en las nuevas colonias hebreas podrían convivir con igualdad palestinos y judíos. No fue así.

Los manejos de la diplomacia occidental posibilitaron que el 14 de mayo de 1948 la ONU aprobara un plan para dividir el territorio de la Palestina histórica en dos estados: Palestina e Israel.

No obstante, prosiguió la ocupación de tierras del estado Palestino por Israel, creando colonias y afincando judíos, y/o mediante guerras, con el resultado de la expulsión sistemática de los pueblos residentes hacia campamentos de refugiados fronterizos primero y huyendo hacia otros países más tarde.

Israel creció con apoyo internacional, (estados, empresas y personas que aceptaron las ideas reiteradas por todos los medios de que volvían a la tierra prometida). Los fundamentos de ese apoyo no fueron sólo ideológicos o religiosos, fueron económicos y refieren, entre otras cosas al valor de posición de la zona como nudo de logístico y de comunicación entre oriente y occidente.

Los uruguayos hemos demostrado largamente que no somos “antisemitas”, ni anti ninguna otra nación. Somos un pueblo pacífico que detesta los horrores de la guerra y más cuando esta recae, como ha sucedido desde siempre, sobre poblaciones civiles.

Durante las Cruzadas, las poblaciones occidentales apoyaron a los ejércitos que fueron a conquistar y a apoderarse del dominio sobre tierras palestinas. En el auge de Hitler, los alemanes adhirieron a su triunfalismo ario, gracias a la difusión masiva de la culpabilidad de los hebreos respecto a todos sus problemas.

Hoy, más allá de arreglos diplomáticos impublicables, son los pueblos de todo el mundo los que se levantan y califican como genocidio las acciones del Estado de Israel contra Palestina, llevadas a cabo ante cámaras de televisión, ante la asombrosa pasividad de los estados miembros de las Naciones Unidas. Para entenderlo debemos revisar los discursos y la publicidad dentro del estado de Israel y entre las comunidades hebreas, reiterada hasta sus escenas más crueles y alentando la confusión entre terroristas palestinos.

Los uruguayos sufrimos la manipulación de la información y la tergiversación de los hechos durante la dictadura. Lo que se rechaza es un discurso reiterativo y desconocedor de la historia que pretende asociarnos a quienes practican realidades intolerables.

NO ES EL MOMENTO

Gonzalo Pérez del Castillo

Empecemos por la última pregunta dónde está la clave del problema. El gobierno de Netanyahu es una cosa y el pueblo de Israel es otra.  Un tercer tema es la existencia de un lobby judío mundial, comparable a otros poderosos lobbies internacionales, que defienden los intereses de los propios. Por último, tenemos una importante colectividad de compatriotas que se identifican como judíos que están tan integrados a nuestra sociedad como lo están tantos otros.

Para posicionarse ante los terribles acontecimientos en Medio Oriente que han conmocionado al mundo entero es necesario entender claramente de qué y de quién estamos hablando.

Netanyahu, miembro del partido Likud ha sido elegido por el pueblo de Israel como líder y primer ministro durante 17 años. Likud es un partido político nacionalista y conservador.

Esto no significa que todo el pueblo de Israel apoya a Netanyahu hoy día. De hecho, los pronósticos son que Netanyahu perdería una elección en la actualidad y debería abandonar el poder. 

Se le acusa de haber incentivado el crecimiento de los fanáticos jihadistas de Hamas y de haberse sistemáticamente negado a atender los legítimos reclamos de la Autoridad Palestina. Esta, a diferencia de los intransigentes guerreros de Hamás, optó por una solución pacífica del largo conflicto en la región. Evidentemente sin resultado.

Se responsabiliza a Netanyahu, con razón, de haber sido negligente con respecto a la masacre del 7 de octubre que debería haber sido prevenida; de haber cometido actos de corrupción y de haber desencadenado y mantenido esta guerra atroz en Gaza y en muchos otros frentes, para justificar su permanencia en el poder.

Netanyahu reacciona, se aferra a su cargo, desencadena una ofensiva militar y corta suministros de servicios esenciales, agua potable, alimentos y medicinas a toda la población Gazatí. Ordena más y más ataques homicidas contra Hamás que golpean a ciudadanos indefensos, refugiados, desplazados, enfermos o mutilados, niños, adolescentes, periodistas, personal de ayuda humanitaria de ONGs, de la ONU, de la Cruz o Media Luna Roja y una interminable lista de víctimas que no pueden ser consideradas responsables ni cómplices de los terribles actos terroristas del 7 de octubre.

Aprovecha además la ocasión para aniquilar fuerzas armadas enemigas y asesinar líderes políticos en países vecinos y cercanos (Líbano, Siria, Irán, Yemen, Qatar). Todo esto sin mostrar el más mínimo arrepentimiento por estar pisoteando alegremente las normas más elementales del derecho internacional. Derecho del cual todos los países dependemos para que mañana no nos agredan vecinos ávidos y más poderosos.

Cabe la pregunta: ¿Se necesita ser antisemita para estar en contra de esta barbarie?

Decididamente no.

Y cabe esta otra: ¿Alzar la voz contra esta violencia significa hacerle el juego a Hamás?

Tampoco.

Hamás es igualmente responsable por la caótica situación actual. Más que un grupo terrorista su accionar es comparable al terrorismo de Estado porque de hecho controla y gobierna la Franja de Gaza desde 2007. Ha desarrollado una red de tráfico de armas ilegales con grupos afines en varios países de la región que es incompatible con las nuevas iniciativas de paz que están emergiendo.  Estas, con enormes obstáculos por vencer, aspiran a que el pueblo de Palestina tenga derecho a vivir autónomamente y en paz en sus fronteras. El mismo derecho que reclama, justamente, el pueblo de Israel.

En el Uruguay, como en todo el mundo, existe discriminación contra las minorías y conflictos ciertamente no resueltos de clase, religión, raza, género etc. Utilizar el dramático problema actual en Medio Oriente para calibrar específicamente el grado de antisemitismo en nuestro país va a confundir más de lo que aclare.

Los profetas del odio

Juan Pablo Grandal

Lamentablemente, me veo obligado a comenzar esta columna ignorando parte de las premisas de la temática. ¿A qué se debe esto? A que considero que lisa y llanamente la acusación de antisemitismo ante la oposición al proyecto sionista y el genocidio llevado a cabo contra el pueblo palestino, es francamente de mala fe.

Es fácil de entender si se analiza de buena fe los argumentos del bando pro-palestino, anti-sionista, o como quiera llamársele. Más allá de la veracidad incontrastable de la definición del proceso político, social y económico llevado a cabo por el Estado de Israel contra Palestina como “genocidio”, que se debería entender con muchísima facilidad al informarse de la definición legal del término y ver claramente cual es el proyecto político de Benjamín Netanyahu, su partido político, y sus aliados ultranacionalistas; tampoco es muy difícil entender de dónde viene la solidaridad histórica con la causa palestina por parte de un amplio sector del espectro ideológico.

Hablando personalmente como alguien que sigue creyendo meritorio levantar las banderas de la liberación nacional de los pueblos del tercer mundo, del humanismo, del derecho y la moralidad internacional como defensa de los pueblos sometidos del mundo ante sus opresores, me es imposible no solidarizarme. Más aún viviendo en un continente que ha vivido y vive en carne propia las heridas de la subyugación, la explotación, la apropiación de la tierra y los recursos, y hasta el desprecio y deshumanización por parte de imperios hegemónicos varios. ¿Cómo podría como Hispanoamericano ver lo sufrido por nuestros pueblos y no vernos a nosotros mismos en el espejo del pueblo de Gaza y también de Cisjordania?

Acotando más aún el espacio geográfico. En un espacio rioplatense cuya unidad buscada por José Artigas, Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe y tantos otros fue truncada por el Imperio Británico, el cual aún mantiene su usurpación ilegal de las Islas Malvinas. ¿Cómo podemos ver a un poder regional, Israel, en alianza con el imperialismo norteamericano y sus aliados, expulsar a un pueblo entero de sus tierras y ocupar ilegalmente su territorio mediante la fuerza, y no solidarizarnos? ¿Podemos estar de acuerdo con que imperio tras imperio, para mantener su dominio en Medio Oriente, azuce constantemente el fundamentalismo y sectarismo y promueva el enfrentamiento entre un pueblo árabe que se extiende desde Marruecos hasta Omán; y también en el seno del mundo islámico, que se extiende desde Camerún hasta Indonesia? ¿No vemos ninguna relación con la unidad inconclusa de nuestra América Latina?

Obviamente hay quienes se benefician y se enriquecen del saqueo, la explotación y la matanza en Medio Oriente, como lo hicieron y hacen en nuestro continente. Ellos buscarán promover el enfrentamiento social. Argumentarán que la defensa del pueblo palestino surge de un sentimiento de odio hacia el pueblo judío. Buscarán generar odio ante otras minorías, como pasa en Europa con los migrantes de origen árabe y/o musulmán y sus descendientes, xenofobia que pareciera ser poco discutida en nuestros medios de comunicación. No hay que dejarlos. La argumentación es clarísima. Y hay muchos fundamentos más que no pude incluir en esta columna para no extenderme demasiado. Cualquiera que haya hablado con un anti-sionista de forma sincera y de buena fe lo sabe. No nos dejemos manipular por quienes Arturo Jauretche tan sabiamente definió como “profetas del odio” y sus aliados.

Cuidado con la autocomplacencia

Maia Amondarain

Es muy interesante el enfoque sobre el conflicto Israel-Hamás que propone Alfredo con esta pregunta semanal. Sobre todo ahora, que parecería que los bloques lograron negociar, los rehenes que sobrevivieron al 7 de octubre de 2023 están otra vez con sus familias, y hubo un alto al fuego que nos permite empezar a tomar perspectiva sobre lo acontecido estos dos últimos años.
No pretendo ahondar en los motivos geopolíticos, religiosos o económicos que sostienen el conflicto en Medio Oriente —y que parece no tener fin— por varias razones: porque no me alcanzan los caracteres, porque no soy idónea para hacerlo, y porque la consigna de esta semana invita a otra reflexión. ¿Es honesto seguir haciendo gárgaras con la tolerancia, la integración y la democracia sólida del Uruguay, luego de las falencias que salieron a la luz con este conflicto?

Nos jactamos de que nuestros cimientos democráticos son firmes y que nuestra sociedad no está dividida, pero las repercusiones de este conflicto en nuestro país, nos recuerdan que hay que tener mucho cuidado con la autocomplacencia; porque en un descuido, ante una crisis de coherencia, cualquier reaccionario, con algún hit tweet agitando a las masas puede terminar Presidente. Para que esto no pase, hay muchas cosas que, desde la sociedad y desde el sistema político tenemos que volver a revisar. 

Algo que me causa gracia y preocupación, a la vez, es la capacidad del uruguayo promedio de convertirse en experto en geopolítica, política de guerra y derechos humanos, en unos pocos meses, habiéndose instruido a base de hilos de Twitter y alguna cita suelta de Chomsky; y auto percibirse con la propiedad para categorizar -muy suelto de cuerpo- un genocidio, y señalar a otros de tibios por no hacerlo. 

Lo más peligroso de esto no es la opinión aislada de un usuario en Twitter, sino los políticos que se embanderaron con este tipo de posturas, y la liviandad y desinformación con la que se manejaron. Hay una palabra, por ejemplo, que se ha usado este último tiempo casi como un insulto: “Sionismo”. ¿sabrán ellos todos los tipos de sionismo que existen? ¿sabrán que ser sionista no significa el exterminio del Estado de Palestina y mucho menos de los palestinos? Hay una entrevista de Voces a Porzecanski de hace algunas semanas atrás, donde lo desarrolla muy bien.

También, fuimos testigos de eventos como la manifestación “pro-Palestina” y la pintada en la calle de la Escuela Integral. Este día, los niños y adolescentes que asisten a la institución tuvieron que ser retirados antes de tiempo, y vivir una situación amenazante, un día normal de sus vidas, en Montevideo, Uruguay; el país de la tolerancia. Si estás leyendo esto, y estás pensando que estoy exagerando, ya que la manifestación fue pacífica, dejame decirte que me alegro mucho por ti, lector, porque significa que nunca sentiste que tu vida estaba en riesgo por el simple hecho de ser quien sos o a quien le rezas.

Además de lo amarga de esta situación para padres, hijos y toda una comunidad, histórica y mundialmente vulnerada, observemos lo contradictorio del militante de “izquierda”, que fue a protestar por el hambre y los niños que mueren en Gaza, amedrentando a niños que estaban teniendo clase. Es básicamente como querer defender la virginidad teniendo relaciones sexuales. 

Dicen que el anti sionismo es el nuevo antisemitismo. Yo no sé si ha crecido el racismo en Uruguay, elijo creer que hay muchas buenas personas, pero muy desinformadas, y no se trata de deshonestidad intelectual o racismo -que sí, obviamente, sigue existiendo. Creo que hay muchos que quieren analizar el conflicto sin la capacidad de ver con lentes de guerra, o con solo una fracción de la historia; y, muchos otros, que olvidan que Hamas es un grupo terrorista. Y no, decir esto no significa avalar la muerte de Palestinos civiles inocentes.

Detrás del “Free Palestine” hay muchos con buenas intenciones, pero, también, hay de los otros; reaccionarios, extremistas y antisemitas, que aprovechan estos espacios para reproducir discursos de odio. Esta semana con el caso Laurta, pudimos recordar lo peligrosos que son, y que cuestan, nada más ni nada menos que, vidas.

Muchas ideologías perdieron su leitmotiv, por el simple hecho de no haberse adaptado al siglo XXI, y utilizaron este conflicto para llevar agua a su molino. En un mundo que se polariza, lo realmente revolucionario es ser autocrítico, informarse y bregar por una sociedad tolerante, respetuosa. Militar la paz y la coexistencia no es de tibio, ni tampoco de ingenuo o idealista. Ojalá que nuestras energías estén depositadas en pensar estrategias para llevar acuerdos adelante, y no nos creamos más valientes solo por elegir un “bando” ante la presión, la desinformación o la moda. A los políticos de mi país, una vez más: sean responsables, la vida de la gente está en sus manos.

No podemos ser hipócritas

Martín Forischi

Cuando este artículo se imprima esta noticia no será primicia, de todos modos, es de nuestro interés no quedarnos con la última foto del 13/10/2025.

 Nos toca la tarea de contarles la información más dolorosa de lo sucedido en la franja de Gaza en estos últimos meses, y después cada uno dirá lo que quiera.

Todo indicaba que el grupo terrorista Hamas cumpliría con la primera etapa del acuerdo de paz firmado con el gobierno de Israel y entregó a los 20 rehenes con vida que estaban prisioneros en Gaza.

 Recordemos que han pasado 2 años del secuestro por parte de Hamas, y los aproximadamente 1.000 muertos que dejó ese ataque por parte del grupo terrorista, donde entre los muertos hubieron mujeres, y niños.

Y todo indicaba que el gobierno de Netanyahu iba a ser durísimo con su contra ataque, y las consecuencias fueron condenables, posiblemente configure delito de lesa humanidad ya que, ese gobierno llegó muy lejos para conseguir la paz, sin importar las consecuencias que hubo para los inocentes que quedaron en medio de esa guerra; estamos hablando de 680.000 muertos aproximadamente según ONU.

No podemos ser hipócritas, todos vimos imágenes de niños corriendo en las calles de Gaza, entre las bombas, los escombros, sí, niños gazaties que fueron víctimas de los ataques por parte de militares israelíes; porque hay que decirlo claro, niños iguales a los que habitan en nuestras casas, pero viviendo ataques feroces por parte del gobierno israelí, sin tener otra opción que la de correr para intentar escapar de todo ese caos, y en ese estado de conmoción buscar refugio hasta que vuelva la calma.

No es de buen oriental mirar par un costado ante mujeres y niños con tanto dolor, que estiraban sus manos buscando recibir algo de comida por parte de la ayuda humanitaria; ayuda que llegaba solo cuando el gobierno de Netanyahu lo permitía.

Sabido es que el gobierno de Israel les impidió, en varias ocasiones, a los voluntarios de organismos no gubernamentales, que acercasen alimentos a esas personas. ¿Por qué no podría un joven entregar comida a un hambriento? ¿Cuál es el delito que cometieron esos niños? De nuevo, niños que pueden tener la edad de nuestros hijos, sobrinos, o vecinos. Población sensible viviendo un terrorismo de Estado israelí sin precedentes en los últimos 40 años; y digo en los últimos 40 años porque soy de una generación de los que cuando íbamos a colegio católico, en el acto de fin de año cantábamos un mensaje de paz para esa región del mundo, en esa ocasión para los niños del Líbano, tomando como base aquella canción de una bebida cola muy famosa; Pero 40 años después el conflicto en esa zona del mundo es cada vez peor.

En las últimas horas se mencionó que en Palestina se va a crear un gobierno tecnocrático, a lo que no creo sea oportuno. Rápidamente en redes sociales algunos me decían: “¿cómo puede ser que no quieras que Palestina mejore?”. Primero aclaro que sí deseo que ese país mejore, que prontamente se reconstruya, pero sepan y lo digo contundentemente y sin ningún temor a la equivocación, sería justo que le permitan a los propios palestinos refundar su país, y que mantenga su propia identidad y fundamentalmente un Estado soberano; y que las banderas políticas de las potencias mundiales y sus intereses no olviden que también hay que ayudar a esos niños y mujeres que sufrieron un trauma por ser víctimas y testigos de un genocidio, y que a mediano plazo, tengan un gobierno 100 % autónomo y democrático, que les permita ser dueños de un poder fundado con sus propios meritos. Vivan libres.

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