Viernes negro por Ricardo Peirano

El pasado viernes 1 de agosto fue un viernes negro aunque haya parecido un viernes normal. Fue el viernes en el que Donald Trump logró imponer mayoritariamente su agenda proteccionista, sus “big beautifull tariffs” a casi todos los países del mundo y, en especial, a Japón y a la Unión Europea, que se llevaron una tarifa arancelaria del 15%  y además la obligación de invertir en Estados Unidos (Japón 550.000 millones de dólares y la UE 600.000). Japón, la Unión Europea y Corea del Sur terminaron pagando aranceles más altos que los determinados por “fórmula mágica” del “Día de la liberación” del 2 de abril. Y eso que puede decirse que son, o que eran, países amigos y aliados de los Estados Unidos. Con amigos como Trump, no hace falta tener enemigos…

Por otra parte, todos los países, tengan o no un TLC con Estados Unidos. pagaran un arancel general del 10%. Aunque hay algunos países que sufrirán más que otros. Suiza tendrá un arancel 39%, Siria (una economía “aparentemente pujante” aunque sea un país destruido y en guerra) será gravado con el 41% y, lo más grave, Brasil con un 50% por razones totalmente políticas.

Trump está molesto con el tratamiento que, según él, Lula y el Poder Judicial le han dado a su amigo Jair Bolsonaro. Lo llama “caza de brujas” por la investigación a Bolsonaro que, dos días después de la medida arancelaria, fue puesto en prisión domiciliaria. Quizá el arancel se vaya al 100%. Lo grave del arancel de Trump es que pretende interferir en asuntos políticos internos de Brasil. Y  este solo podría zafar de ese arancel sumamente gravoso (aunque con excepciones en la industria aeronáutica y en el jugo de naranja donde nadie puede desconocer que Brasil tiene una ventaja competitiva) violando la independencia de poderes. En definitiva, Trump pide a  Lula que influya en la justicia como a él le gusta hacer en su país. y esto es algo que ni Lula ni nadie puede hacer sin dar un golpe de estado. Por lo demás; Trump sancionó a varios jueces de la Corte Suprema de Brasil quitándoles las visas y a Alexander de Moraes, el polémico y mediático juez que lleva el caso de Bolsonaro, con el congelamiento de sus activos en Estados Unidos. Algo sin precedentes.

Pero lo más grave de ese viernes 1 de agosto fue el despido de Erika McEntarfer, jefe de la Oficina de Estadísticas Laborales por parte de Trump. Como las cifras que difundió ese día la Oficina marcaban un crecimiento muy pobre del empleo y corregían a la baja el dato de los dos meses anteriores, Trump dijo que los datos eran “amañados”. Cuando le preguntaron en qué se basaba para llegar a esa conclusión dijo “en mi opinión”. O sea, tan autoritario como siempre que los hechos no le gustan.

El hecho es de una gravedad inusitada. La Dra. McEntarfer fue confirmada por el Senado por 86 votos contra 8 en durante la administración Biden. La propia administración Trump alabó durante meses los datos de la Oficina De Estadisticas Laborales cuando los datos eran favorables. Por ejemplo, en marzo Trump dijo GREAT NEWS! porque se anunciaba la creación de 10.000 puestos de trabajo en el sector manufacturero. Ahora despide a la jefa de la Oficina.

Es algo que hace recordar a cuando Guillermo Moreno, el matón de Cristina Kirchner que iba a reuniones con empresario y ponía una pistola encima de la mesa para negocia aumentos de precios, intervino el INDEC de Argentina porque daba inflación alta. Y durante años lo hizo dar la inflación que ella quería. Uno pensaba que estas cosas pasaban en países de baja calidad institucionalidad como Argentina. Lamentablemente ha pasado en un país de calidad institucional supuestamente alta. Porque de aquí en adelante, ¿qué credibilidad tendrán las estadísticas de la Oficina de Estadísticas Laborales? ¿Serán reflejo de la realidad o serán lo que Trump quiere que den para justificar que todo va bien? La tímida reacción de los funcionarios de la Oficina ante el despido de su jefa hace temer lo peor. Lo mismo ocurre con la reacción de muchos senadores del Partido Republicano que salieron a apoyar a Trump. Es tanto el temor que unos y otros le tienen al presidente que nada bueno cabe esperar de una oficina muy respetada por ambos partidos y solo cuestionada por alguien que tiene un ego más grande que la estatua de la Libertad y se considera por encima de la ley.

Por comportamiento como ese, los Estados Unidos que durante décadas fueron ejemplos de la democracia en el mundo (“la luz en la colina”) ha dejado de ser una “democracia plena” y desde 2016 pasó a ser clasificado como clasificado como una “democracia defectuosa” (flawed democracy) según The Economist Intelligence Unit. En 2024 ocupó el puesto 28 a nivel mundial, con una puntuación de 7.85. Su puntuación se ha mantenido sin cambios desde 2023, reflejando debilidades en categorías como la confianza en las instituciones, la polarización política y el funcionamiento del gobierno. Y en 2025 va para abajo seguramente despues de hechos como estos. Hecho que dejará un daño dificil de curar porque la confianza y credibilidad cuestan ganarse pero se pierden en un segundo. Y eso es lo que ha hecho Trump.

Por eso el viernes 1 de agosto fue un viernes negro pese a que Trump, con su característico ego y sarcasmo, proclamó inmediatamente la victoria en la guerra comercial. Que será una victoria pírrica pues las consecuencias económicas nefastas para la economía mundial y para la estadounidense en particular no tardarán en manifestarse. No solo por haber roto las reglas de juego del multilateralismo sino por haber roto los principios básicos de una república.

En efecto, de lo ocurrido el viernes 1 y en días anteriores pueden deducirse algunos principios de acción: todas las decisiones las toma una persona (el presidente); no participa el Congreso; no hay un principio racional que guie el proceso de toma de decisiones sino las emociones, preconceptos y prejuicios de Trump; la participación del Poder Judicial es mínima y se restringe al distrito en que se plantea la demanda; los países amigos y  los que comparten los mismos valores son tratados con particular rudeza y hasta falta de respeto; el que no sigue fielmente al líder es apartado del camino; no se buscan aliados sino súbditos.

Estas eran las condiciones en las operaba la monarquía absoluta hasta que se constituyó un régimen  de separación de poderes, con pesos y contrapesos, con libertad de expresión, con justicia independiente. Que cada uno juzgue lo que está ocurriendo en Estados Unidos.

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