VIGGO MORTENSEN: “Una historia de amor en un sitio sin ley” por Martín Imer

Este fin de semana se puede ver en cines locales Hasta el fin del mundo, western dirigido y protagonizado por Viggo Mortensen que se centra en la compleja relación de dos personas de alma libre en los inicios de la Guerra Civil estadounidense y lo que ocurre con ella cuando él va a pelear. Es una bella y delicada cinta que confirma al realizador como un cineasta sensible y con el pulso suficiente para llenar de suspenso y emoción cada escena. En esta oportunidad pudimos charlar con Mortensen sobre el origen del film, el western y el cine actual.

¿Cómo surge la idea de Hasta el Fin del Mundo?

Bueno, es una historia que empecé a escribir durante la pandemia en 2020, que no podía hacer nada, no podía moverme, en el sitio que estaba yo era prohibido alejarte más de 250 metros de tu casa durante unos meses. Pegó duro el COVID ahí. Yo tenía una película terminada (Falling, inédita en Uruguay) que había sido invitada en 2020 al Festival de Cannes y a otros festivales, y se canceló todo. Fue un desastre. Entonces dije, bueno, ¿qué hago ahora? Tengo una película que no sé cuándo va a salir — después se estrenó a fines de 2020, en el comienzo de 2021, pero a medias, ¿no? Y bueno, estaba encerrado, yo estaba escribiendo cosas, leyendo, como todos. Y se me vino una imagen de una niña en el bosque, correteando, como ves en la película, con mucha imaginación, mucha fantasía. Yo pensaba en mi madre, a esa edad, en su forma de ser. Y desde ahí inventé esta historia sobre una mujer. Esta niña viene a ser una mujer independiente, algo terca. Y es la historia de una mujer.

 Me pareció interesante, y sobre todo ponerlo en el cine, mediados del siglo XIX, la frontera del oeste norteamericano, que era un sitio básicamente sin ley, un sitio duro, complicado, para una mujer, y especialmente una mujer que, como vemos en la película, termina estando sola cuando su pareja se va a luchar en la guerra. Y estaba escribiendo eso y pensé, bueno, igual había muchísimas mujeres como ellas, pero no se han escrito esas historias. Siempre los westerns y los libros sobre ese momento histórico suelen ser sobre hombres, ¿no? Pistoleros, los soldados, los vaqueros, los que hicieron el ferrocarril, los que pelearon con la gente indígena, exploradores, pero hombres. ¿Y las mujeres qué? Y si ves una película donde hay mujeres y un tipo se va a la guerra o a las aventuras, te vas con él. Y acá pensé, bueno, nos vamos a quedar con ella y a ver qué pasa. ¿Qué le pasa? ¿Cómo se siente? ¿Y qué hace? ¿Pasó? Y de ahí fue. Empecé a escribir eso y después, por suerte, encontré a alguien que quiso invertir y ayudarme a hacerla como película.

No es la primera vez que participás de un western. ¿Es un género que te interesa?

Sí, me gusta. Yo tengo la edad que, cuando era pibe, cuando tenía de 3 a 5 años y empezaba a ir al cine y veía películas en la tele, todavía en ese entonces mostraban muchos westerns, series de westerns, pero películas antiguas, de John Ford y también muchas malas, pero los fines de semana mostraban muchos westerns en la tele en Argentina. Y podías ir al cine de vez en cuando y ver un western. No muy a menudo, pero más que ahora. Y, además, había aprendido a montar a caballo a los 3, 4 años.

Era conocido, familiar de alguna manera. Y cuando se hacía bien el western, como cualquier película, me metía, me imaginaba como pibe que estaba ahí. ¿Qué haría yo en esa situación? ¿Sería tan valiente? Y en la película que hemos hecho, yo quería que esta película, con el personaje de Vivianne, que pensaras, seas hombre o mujer, ¿qué haría yo en su situación? ¿Cómo aguantaría yo esas situaciones tan complicadas? ¿Y por qué su pareja se va a la guerra? ¿Cuál es su motivación? ¿Es justo o no? Y después va más allá de eso. No se trata de justicia, se trata de comprender al otro, de perdonarse a uno mismo y de perdonar al otro o a la otra. Al fin y al cabo, es más importante conocer al otro, tratar de entender, tener alguna empatía y perdonar. Eso es más importante que la venganza. Al principio de la película parece que va a ser una historia típica de una venganza. Sí, de pistoleros, de cowboys — y tiene algo de eso, pero es una película sobre otra cosa, sobre la compasión.

El western incluso también es un género muy áspero, pero tu película es muy dulce, tiene en el centro una historia de amor muy tierna. ¿Por qué hacer una película así en un contexto que tal vez no está tan relacionado con el romance o los sentimientos?

Creo que pasa por quedarnos con ella [cuando él va a la guerra] y que ella, al fin y al cabo, es la protagonista de la historia. Está muy igualada la relación, entonces te metes en la relación entre ellos. Pensás un poco, quizás entendés un poco el punto de vista de ella, tanto como el de él, y el punto de vista del niño también, que es complicado. No hay una respuesta segura para todo. Hay que encontrar el camino juntos a base de escuchar y, como digo, de perdonar.

Y eso creo que es el amor, la compasión, el sentir juntos. Una pasión de compartir los miedos, los sueños, de compartir la tarea de solucionar problemas. Y hay un poco de esto en esta historia y hace que tenga más capas la relación. Pero en el fondo sí, es una historia de amor que resulta que ocurre en un sitio duro, casi sin ley en ese momento, en la frontera mexicana del oeste, y para una mujer un momento muy difícil si está sola. Y ver como era de niña también, su relación con sus padres y su fantasía, incluso esta visión del caballero medieval que ve esta niña, es algo romántica, si.

Ella tiene unas ideas de cierto amor que tiene una calidad de vida, de apreciar la vida, un amor por el paisaje, por otras personas. Tiene muchas decepciones en su vida, pero eso no la mata. Ella permanece una persona optimista, que siente el amor incluso en sus momentos finales.

Vos justamente hablabas de esos valores de las relaciones humanas, cosas que en ese entorno de guerra desaparecen. ¿Sentís que también hacen falta, en el mundo de hoy, esos valores de conexión humana entre las personas?

Sí, de comunicación sí. Yo creo que el cara a cara, aunque sea una discusión fuerte, siempre es mejor que la comunicación por Whatsapp, TikTok, Instagram, estar presente, mirar a la persona. Siempre se entiende mejor la persona, no es un objeto, no es algo que se puede cancelar, eliminar, imaginar, incendiar, matar, olvidar. Está ahí, frente a ti, y es una persona que tiene una vida limitada como vos, y que algo en común tendremos. Lo que hacen los políticos es que logran distanciar a la gente, hacer que no se comuniquen, y te llevan a pensar que a lo mejor tienen un aspecto diferente, una forma de vida, una cultura diferente, y te convencen a veces de que esa gente no vale tanto, no hay que pensar tanto, son todos malos, no se puede fiar uno de ellos, esto pasa siempre, y la comunicación directa me parece siempre lo mejor.

La película es un western, un género poco habitual en el cine de hoy. ¿Sentís que han disminuido las opciones en sala con respecto a géneros o cantidad de propuestas?

Sí, los cines se van eliminando, porque la gente se queda en casa a verlo, o lo ve en su teléfono, su iPad, el streaming. Pero el ir al cine, cuando se apagan las luces, estás con unos cuantos extraños, gente que no conoces en general, y se apaga la luz y empieza la película, y siempre tenés esa cosa, la esperanza de que esto sea bueno, que vine acá, hice el esfuerzo de salir de mi casa, de mi vida cotidiana, para entrar en otra dimensión, y a ver si me imagino por lo menos estar en otro lugar, y me pongo en la situación de la gente que veo en la pantalla, y me hago preguntas sobre mí mismo, sobre mi familia, mi entorno, y hay momentos que te pueden cambiar la vida un poco, si se hace bien, si se provoca cierta emoción o pensamiento, yo creo que eso tiene un valor.

Pero viendo las películas que llegan a los multiplex y a los cines en general hoy, hay menos cine independiente. Al cine independiente que llega a las pantallas le cuesta, es como un poco al azar, hay que tener mucha suerte para llegar, porque no hay tantos cines, y los cines que tienen que pagar su alquiler y sus cosas, tienen que ganar dinero, entonces el cine que parece que funciona, que va a mucha gente, sobre todo gente joven, son estas superproducciones, donde se invierte un montón de dinero en hacerlas, en promocionarlas, y va a suficiente gente a verla, un cierto tipo de cine que es divertido, es un género así dinámico, de fotografía, pero no son cuentos muy profundos en general; lo siento, para mí no lo son. Las historias que son más complicadas, más pausadas, que te hacen pensar y sentir y de verdad pensar después de salir de la sala ‘uy, ¿qué haría yo?’ y cómo lo comparo a mi sociedad hoy en día, o mi familia, ‘a lo mejor me equivoqué en esto’, esas historias suelen ser historias más pequeñas, más pausadas, más contemplativas, pienso yo.

Creo que el western no es un género que va a desaparecer, porque siempre hay otra manera de contar, incluso siendo fiel a la época y a los detalles, como fuimos nosotros. Hicimos un trabajo minucioso para que fuera de verdad de esa época, pero aun así es una película muy distinta, porque la protagonista es una mujer, primero, y por la estructura que tiene, y porque los personajes, los protagonistas son inmigrantes, no tienen el inglés como primer idioma y eso es muy inusual en el western, y cuando el tipo se va a la guerra, nos quedamos con ella, eso nunca pasa, entonces podés hacer cosas nuevas, y se podrá siempre hacer algo nuevo con el western.

En esta película desempeñas muchas funciones, ya que hasta compositor de la banda sonora. Cuando estás en el set, ¿esas funciones van de una manera fluida, o en tu mente están bien divididas?

La música, que es un poco inusual (porque me había salido bien esa manera de hacer las cosas en Falling) la música prácticamente toda la grabé antes de rodar, mucho antes; yo imaginaba las escenas y dónde íbamos a querer usar música, dónde quería usarla, qué tipo de música, los instrumentos, la época, y entonces compuse y grabamos casi todo antes, entonces lo tenía, y lo tenía incluso como guía, podía ponerle la música al fotógrafo, digamos, o a los actores para decir la razón por la cual quiero que el ritmo sea este, o en esta escena que solo dure esto porque esta es la música que acompaña, este es el sentimiento detrás — entonces eso nos ayudó como guía en algunos casos. Y la escritura, ser guionista no para hasta que entregues la película, escribís, después encontras locaciones, cambias un poco lo que es el guion en eso, después haces el casting, encontras a los actores, y depende de cómo sean, y cómo hablen, y lo que les conviene como actores, vas cambiando ciertas frases, o te das cuenta que no hace falta que diga tanto ahí, que lo expresa de otra forma, sin palabras, y vas siempre cambiando, y después cuando llegas al montaje también vas cambiando, quitás un poco de una escena o cambias la estructura, es un proceso continuo, yo siempre lo veo como un trabajo que no para nunca, y que yo me alegro cuando llega el momento de colaborar, porque estás solo escribiendo, pero es solo cuando empezas a interactuar con otras personas, del equipo técnico, de los actores, y las locaciones, que te empezas a formar mejor la idea de lo que tiene que ser esto, y en el montaje igual, estás trabajando con el editor, y vas esculpiendo lo que tienen que ser los tiempos, el ritmo.

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