Vuelve “Tierra” por Roxana Rugnitz

 Sergio Blanco vuelve a descomponer todas sus dudas existenciales en escena.

Vuelve Tierra, la conmovedora pieza de Sergio Blanco, que se presenta durante todo agosto en la Sala Hugo Balzo del Auditorio del Sodre. En esta nueva entrega, el célebre dramaturgo continúa explorando las profundidades de la autoficción, pero esta vez con un tono aún más íntimo: el duelo por la pérdida de su madre, Liliana, profesora de literatura en un liceo público de Uruguay.

En Tierra, Blanco no solo pone en juego la maquinaria narrativa que lo ha consagrado, sino que se sumerge en una búsqueda emocional y poética que hace de la ausencia un lugar habitado. La obra se construye sobre listas, recuerdos, objetos y rituales cotidianos, que operan como refugios de memoria, como una forma de resistir el olvido. El escenario se convierte así en un terreno de exploración, en un mapa que rastrea la huella de lo perdido, y que a la vez se ramifica hacia otros duelos: los ficcionales, los históricos, los colectivos, como el de los desaparecidos.

Pero más allá de la potencia del texto —doloroso, honesto, bellamente escrito—, Tierra se sostiene, y se eleva, gracias a dos actuaciones excepcionales que transforman el montaje en un acontecimiento teatral inolvidable. Andrea Davidovics y Soledad Frugone se apropian del escenario con una solidez y sensibilidad que no dejan lugar a dudas: estamos ante dos intérpretes de primera.

Davidovics, con una precisión técnica admirable, construye su personaje desde la voz y la corporalidad, dominando cada inflexión, cada gesto, con una claridad que cautiva. Su trabajo escénico es de una limpieza emocional que conmueve, logrando que el público se desplace con ella entre los planos de la ficción y la realidad con total naturalidad.

Frugone, por su parte, despliega un trabajo actoral de una sutileza demoledora. Posee un consciente manejo de la mirada, los silencios y los matices vocales, guía al espectador por los recovecos del texto con una intensidad que desborda la escena, superando incluso la imponente pantalla que acompaña el montaje. Su presencia es firme y delicada a la vez, logrando que aquello que el texto tiene de más intangible en relación al duelo, se vuelva materia palpable por todos.

Ambas actrices no solo interpretan, sino que sostienen, contienen y expanden el universo emocional propuesto por Blanco. Son ellas quienes hacen posible ese tránsito que propone Tierra: del vacío al relato, de la pérdida al recuerdo, del dolor a la belleza compartida.

En definitiva, Tierra no es solo una obra sobre la muerte o el duelo, sino una experiencia teatral que invita al espectador a enfrentarse con sus propias ausencias. Y en ese viaje, son Andrea Davidovics y Soledad Frugone quienes lo acompañan con una maestría que, sin exagerar, merece ser recordada como uno de los grandes momentos del teatro uruguayo reciente.

Tierra se presenta durante todo agosto en la Sala Hugo Balzo. Una cita impostergable para quienes buscan en el teatro algo más que entretenimiento: una forma de comprender el alma humana.

Principio del formulario

Final del formulario

Agregar un comentario

Deja una respuesta