“Yo no pongo nombres de fiambres” por Ricardo Peirano

El gobierno de Yamandú Orsi ha cumplido cuatro meses. La disputa sobre éxitos e inacciones de los famosos primeros 100 días ha pasado de largo. Lo que no ha mejorado es el debate político y, en particular, el parlamentario. Todo se centra en la estancia María Dolores, cuya compra fue observada por el Tribunal de Cuentas por fundados motivos jurídicos formales y sustanciales, pero cuya iniciativa será reiterada por el Instituto de Colonización.

También se ha logrado avanzar en la Rendición de Cuentas gracias a los votos de Cabildo Abierto, que ha generado un gran chisporroteo en la Coalición Republicana. No solo se aprobó la Rendición de Cuentas sino que se aprobaron refuerzos presupuestarios para ASSE y otros organismos. Es decir, se continúa con la mala tradición de hacer de la Rendición de Cuentas anual un “mini presupuesto” en lugar de una formal “rendición” de lo actuado en el último año. En un país sin acuerdos positivos las leyes de Rendicion de Cuentas y de Presupuesto se convierten en un cajón de sastre para ubicar allí muchas normas que no tienen carácter presupuestario.

Los votos de Cabildo motivaron una dura pelea al interior de la Coalición. De hecho se está convirtiendo en realidad el pensamiento esbozado por el líder de ese partido, Guido Manini Ríos, de que no tiene sentido una coalición para hacer oposición.  Los agravios que Manini expresó ante sus pares blancos y colorados sobre el tratamiento recibido por muchas de las propuestas de su partido -entre ellas el plebiscito sobre Deuda Justa que no encontró las firmas necesarias para ser llevado a consideración de la ciudadanía, muestran que la “afectio societatis” de los socios está muy deteriorada y que lo que podría llamarse “afectio política” (una idea de trabajar para un programa conjunto) está demasiado lejana y hay muchas heridas por sanar, antes de avanzar.

Se avanza con la reforma de la Caja de Profesionales -un tema que tuvo que laudarse durante la anterior administración si no hubiera sido por la negativo frontal del FA- y probablemente se termine de encontrar una solución en tiempo de descuento. He aquí el caso de un tema en el que prácticamente hay acuerdo entre gobierno y oposición (antes oposición y gobierno) pero que dependiendo del lugar del mostrador en el cual se está, la postura cambia radicalmente.

A la espera de la Ley de Presupuesto, donde el gobierno expresará en números sus prioridades para el quinquenio, el debate político anda por los suelos. Propuestas pocas. Disputas por asuntos nimios o por la “herencia pasada”, abundan. Y más en redes sociales donde no hace falta exponer con claridad y consistencia sino apelar a la chicana más efectiva.

Un ejemplo palmario de ello se dio el pasado fin de semana sobre la política exterior del actual y del pasado gobierno. Los contendientes fueron el senador nacionalista Sebastián da Silva y la senador frentista Bettiana Díaz.  Pero no se supongan que hubo una cruce de argumentos sobre la inserción del Uruguay en el mundo, de si TLC o TLC no. Por el contrario, todo surgió a raíz del viaje del presidente Orsi a Sevilla para participar de la “IV Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo”, organizado por la ONU. Conferencia donde participan algunos países desarrollados pero donde no parece decidirse mucho.

Diaz ensalzó el viaje presidencial, como un nuevo inicio de diplomacia. “Estuvimos muchos años a la deriva, sin ninguna agenda de política exterior, y eso a nuestros mercados les quitó la potencia para poder crecer. Eso se vio en la vida de la gente: en la inversión pública, en el déficit fiscal. Entonces, todo lo que sean las salidas internacionales del presidente representando a Uruguay, generando agenda y posicionando políticamente a Uruguay como una referencia progresista en América Latina nos genera muchísima expectativa”. Una buena mescolanza de temas que nada tienen que ver entre sí (como el del déficit fiscal con la agenda presidencial) para sembrar dudas sobre el pasado, que siempre es la mejor estrategia como hace Trump con la administración Biden.

Da Silva compartió las declaraciones en su cuenta de X y señaló: “Les pido que presten atención. Escuchen detenidamente el relato del ticket aéreo”.

Y luego, sin argumentos de ningún tipo sobre la “deriva” anterior y los eventuales beneficios de estos viajes a Europa en verano, Da Silva y Diaz se enzarzaron en una discusión por una aparente alusión del senador nacionalista a Díaz. “Podemos discrepar todo lo que quiera, pero está un poquito grande para andar poniéndole nombres a la gente, senador”, comenzó su respuesta en la misma red social la legisladora oficialista. “¿Qué sigue después? ¿Decirme ‘bondiola’ y contestarme con memes o retuitear cuando [Inés] Monzillo me dice ‘gordita traumada’? No da gracia, da lástima tanta violencia”, completó.

Si este va a ser el nivel del debate político sobre un tema crucial como la política exterior del país, tema donde los presidentes marcan su propia impronta personal, donde a veces no se puede avanzar por falta de respuesta, estamos condenados al fracaso. Seguimos en la charla de boliche solo que ahora magnificada por la potencia de las redes sociales.

Elon Musk, ahora en riesgo de ser deportado a Sudáfrica por su pelea con Donald Trump, y Mark Zuckerberg, que se está alineando con la agenda trumpista, están de parabienes en cuanto a la generación de tráfico. Ahora, en cuanto a la calidad de nuestro diálogo democrático, vamos a tener que remontarnos a la Atenas de Pericles si queremos elevar el nivel. El único consuelo que nos queda que el nivel del debate en los Estados Unidos o en Europa no está mucho mejor. Mal de muchos, consuelo de tontos.

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