‘El último viaje a China’ por Martín Imer

 Este jueves llega a salas uruguayas El último viaje a China, documental que aborda la figura de la enorme artista nacional China Zorrilla a través de los recuerdos y las reflexiones sobre ella de dos de sus más íntimos amigos: Soledad Silveyra y Carlos Perciavalle. A propósito del estreno, pudimos conversar con el director del film, Alejandro Maci.

La película tiene un rico material de archivo. ¿Cómo se pensó la selección final de imágenes? ¿Hay algo que quedó afuera y te hubiese gustado ver en el corte final?

Obviamente, cuando yo empecé a trabajar sobre la película, como lo hago habitualmente, me pongo a investigar y a visualizar infinidad de materiales. Por supuesto, siempre algunos más interesantes que otros, algunos más redundantes… En fin, de lo que se trata es siempre encontrar materiales que respondieran al concepto que yo tenía para la película, lo cual hace que no todos los materiales resulten pertinentes. Así trabajé. Y, por otro lado, también, una vez que yo elegí el concepto narrativo de la película, hay materiales que caben, hay materiales que no caben. También, cuando uno investiga, se encuentra con sorpresas, a veces muy gratas sorpresas, que uno dice ‘este material es una joya, es una gema que me gustaría que forme parte de la narración’, y entonces uno busca cómo darle lugar. Y, al mismo tiempo, de pronto, uno busca materiales que no encuentra o que existieron alguna vez y, por falencias de los archivos, han dejado de existir. Es decir, que siempre el trabajo se vuelve dialéctico respecto de lo que uno previó de antemano. Y uno debe adaptarse y debe también ser suficientemente permeable a que el material se enriquezca, la narración final se enriquezca con materiales inesperados.

La película tiene, en ese encuentro de actores y amigos de China, una columna vertebral que también funciona como un elemento emotivo. ¿Esa charla marcó el rumbo narrativo del documental? ¿Hubo apuntes de guion?

Por supuesto que hubo un guion anterior, y mi idea convocando a un encuentro entre Soledad Silveyra y Carlos Perciavalle tenía que ver con manejar un tempo narrativo de rememoración del recuerdo de China y que la construcción que vertebra el relato se diera a partir de ese reencuentro después de muchos años, cosa que es totalmente cierta porque Soledad y Carlos no se veían hace muchísimo tiempo, entonces que en esa casa tan metafórica — el paraíso que tiene ese nombre tan metafórico — se produjera ahí la irrupción de la memoria de China.

La película deja un retrato muy claro de quién fue China como actriz y como persona. ¿Sentis que puede inspirar a otras personas a animarse al mundo del arte?

Siempre uno busca que un documental sobre una personalidad que uno eligió y que uno admira y que a uno le resulta inspiradora, resulte inspiradora a los demás. Yo creo que en el caso de China hay algo en particular, además de todo eso, porque por supuesto fue una artista enorme, una gran actriz, una directora, una adaptadora, una traductora, pero aparte de todo eso fue una gran embajadora tanto del Uruguay como de la Argentina. Es alguien que se puso realmente la camiseta de rioplatense, podemos decirlo, para incluir a las dos naciones y llevarla a todas partes. Entonces me parece que eso es algo de un valor adicional a sus condiciones o a su talento artístico. Al margen de eso, China fue una mujer nacida en 1922, en una época en que las mujeres no elegían su propio camino, no elegían sus amores, no tenían libertad y había realmente una desigualdad y un machismo enorme. Eso no es decir que esa lucha hoy, en 2026, haya concluido y que todo esté perfectamente resuelto, pero sí las cosas han cambiado mucho y mujeres de la tenacidad, del valor y del desprejuicio como el de China han contribuido decididamente a conformar un modelo para otras mujeres que les interesa elegir su camino y deben hacerlo y deben también correrse de prejuicios que han perdurado y perduran por siglos.

Usted es un realizador con vasta experiencia en cine y televisión. ¿Encuentra diferencias entre la ficción y el documental, o se complementan sus experiencias con lo que luego puede aplicar a la dirección de este género?

Sí, claro que encuentro diferencias entre la ficción y el documental. Si bien tanto la ficción como el documental responden a una narración, a un concepto de narración y a un desarrollo de una textualidad dramática y audiovisual, como es en cualquiera de ambos casos, el documental responde a una preexistencia que no es exclusivamente el guion, como es en el caso de la ficción, sino que es en el caso de una preexistencia que uno va a buscar, que uno va a retratar respecto de eso que ya existía o que uno conocía de algún modo, a veces más, a veces menos, pero obviamente en el caso del documental hay un gran trabajo de investigación que es distinta a la investigación que muchas veces convoca una ficción.

Por supuesto que cuando uno va a narrar un relato de ficción o cuando yo lo hago me toca adentrarme en territorios que esa ficción debe abordar y que yo quizás no conozca tanto como necesito y entonces investigo, pero en el caso del documental la investigación es de otro tenor, se trata de buscar elementos preexistentes que pueden, por su valor, hasta cambiar el rumbo del camino si eso hiciera falta. Son dos caminos que están vinculados pero que son distintos, están vinculados y estarán vinculados siempre en el relato, son narraciones, pero toman caminos dramatúrgicos diversos.

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