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Derecha e izquierda ante la pandemia por Ruben Montedonico

Derecha e izquierda ante la pandemia  por  Ruben Montedonico
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Hace unos años, desde este mismo espacio hemos estado llamando la atención acerca de la reaparición de las derechas en gobiernos europeos (en particular los de la Unión) y el acompañamiento y apoyo que le prestan a esos regímenes conservadores facciones ultrarreaccionarias. A continuación, hicimos lo propio con la entronización (siguiendo distintos caminos) de las derechas latinoamericanas reaccionarias conservadoras, sostenidas por núcleos de raíces fascistoides, militaristas y segregacionistas, al tiempo de que adjudicaremos verosimilitud al dicho de “quien entre lobos anda a aullar se enseña”.

La pandemia vino a dejarnos una multiplicidad de dudas y prácticamente muy pocas respuestas con las que el Estado enfrentaría la defensa de los habitantes de cada país afectado, restándole su impericia en estos casos, la ineludible burocracia, procedimientos y acciones reñidas con la decencia. En el caso, a efectos de los grupos conservadores en general, la pandemia actuó como una “cortina de humo” que encubrió consecuencias sanitarias primarias con acciones de actos gubernativos y sus estadísticas -mostrando cómo le preocupaba la situación de las grandes mayorías- mientras trabajaba en la elaboración de planes para reducir el impacto de la baja producción, del PBI y, en términos más generales, la pérdida de dinámica económica de la nación -hasta hacer un descenso más abrupto del previsto,- ampliar el régimen de deuda fiscal, lo que haría perder a las finanzas públicas posibilidades de ser considerada como sitio donde invertir.

Las certidumbres de esta pandemia son que podremos saber si un mono africano la trasmite; quién dio la primera patada para investigar y que hasta que se tenga y vacune a la población, se será capaz de controlarla. Dos rápidos ejemplos harán que se entienda mejor lo que venimos pregonando:

en los pasados años, el Banco Central Europeo (BCE) -maniobrando con distintos nombres- ha estado entregando dinero -de quién sabe dónde, si siquiera fue impreso- a bancos europeos en dificultades financieras: a estas acciones se las conoce genéricamente como inyecciones de liquidez monetaria y pueden verse -relativamente con facilidad- en los ejercicios del BCE de 2012-2014. Algo como los préstamos a Grecia en los gobiernos de Syriza-Tsipras, pero un poco más rebuscado y semioculto, sottovoce. Claro, hay una sola apuesta para hacer: esta suerte de “rescate” de los ricachones bancarios lo van a pagar el 99% de los trabajadores (que nada recibieron ni conculcaron soberanía)

Sin embargo, lo que más alteró nuestra percepción fue lo siguiente: uno de los fármacos que se usan para tratar la Covid-19 cuesta US$ 3 mil 100, mientras su costo de producción es de tan solo US$ 10. Los estadunidenses, como cabeza del capitalismo y el neoconservadurismo -que intenta reducir más los sueldos, lo que trae aparejado un desgaste mayor, reducciones en áreas de investigación y desarrollo, pérdida de poder adquisitivo de pensiones y jubilaciones, devaluaciones, recursos para los bancos y financieras internacionales junto a suscripción de cartas intención a desprenderse de bienes y servicios de los estados, etcétera- les preocupa que rusos y chinos lleguen a una vacuna y la regalen o cobren costos simbólicos, que dejarían sin ganancias a los laboratorios multinacionales.

Pese a que lo que se herede de la pandemia tendrá altos costos y pesares, instala en amplios sectores republicanos y progresistas dudas acerca del quehacer. Por un lado, los partidos opuestos a los conservadores no han conseguido una política de eje común que apunte a eludir las peores trampas de la ortodoxia de ajuste, depresión y represión. En tanto los partidos procuran darse una viga común de sostén y un discurso unificado con el que enfrentar el momento, el movimiento sindical se muestra dividido sobre las acciones, empantanado y con poco arranque y como si de otro partido político (no una entidad de clase) se declara adherido a las ofertas económicas de los representantes del capital, en el capítulo de la objeciones no se consideran las situaciones de excepción (demasiado frecuentes) que se aplican a empresarios; no se discute sobre los regímenes fiscales y otros gravámenes, las extracciones masivas de capital continúan junto a su colocación en el extranjero.

Entre las voces regionales que manifiestan sus dudas está la de Jorge Bermúdez, secretario general de la Federación Uruguaya de la Salud: “Con respecto al referéndum, hay que juntar 700 mil firmas. No es una cuestión de decir lo digo y lo hago. Hay una situación de debilidad dentro del movimiento popular”. (Es razonable pensar que alguien que no sabe nadar no se tire al agua con un salvavidas de plomo.) Asimismo, recuerda la definición que la Federación Ancap (sindicato de la petrolera) hace en un comunicado sobre normas impulsadas desde el Ejecutivo: “neoliberal, clasista, regresiva, represiva, antidemocrática, punitiva, privatizadora y concentradora del poder, el ingreso y la riqueza”. (Caras y Caretas, 20-07-20)

Y para no quedarnos con una visión sólo local de cómo son los sindicatos, ofrezco una tercia agrupada de ellos.

Sindicato blanco: este se lo crea el patrón para auxiliarse en la administración de las relaciones laborales con sus trabajadores. El líder sindical sigue las órdenes del patrón y lo apoya en sus decisiones facilitando la modificación de aspectos laborales en el contrato colectivo de la empresa. En realidad, busca defender los intereses del patrón.

Amarillo: busca la colaboración, coordinación y armonización entre los intereses del patrón y los trabajadores. El líder sindical busca una conciliación de intereses entre las dos. Este tipo de sindicato no se considera que apoye a los trabajadores, sino que busca un beneficio económico.

Clasista: conoce que el patrón solo busca su beneficio, así que, este tipo de sindicato actuará siempre presionando a los patrones para conseguir mejores condiciones salariales y de trabajo, así como evitar injusticias.

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