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La herida que no atrae votos por Ruben Montedónico

La herida que no atrae votos por Ruben Montedónico
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Cuando Adélio Bispo de Oliveira fue detenido por infligir una puñalada al candidato presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro, dijo que estaba “cumpliendo una misión divina, una misión de Dios“: se desconoce si la encomienda que imaginó que le encargaba quién sabe qué deidad de qué confesión era causar la muerte, si fue armado por una fracción desplazada de la burguesía o si acaso estuvo animado por quienes pretendían darle propulsión electoral al herido para que eventualmente sea mandatario desde el próximo 1º de enero. Según encuestas post-atentado, éstas no aportan datos reveladores de un vuelco en la intención de voto en su favor, como de manera inicial se previó, manteniendo guarismos porcentuales anteriores. Hay que decir que el Partido Social Liberal (PSL) que lo proclamó candidato no es un conglomerado fuerte, tampoco mantiene una política de alianzas con grupos de peso y posee una estructura nacional débil: es así que la campaña se sostiene por la figura de Bolsonaro.

El atentado recuerda otros que conmocionaron -en ciertos casos- a la comunidad internacional. Por ejemplo, el cometido por Herschel Grynzpan en 1938, un polaco judío de 17 años, que se apersonó a la embajada alemana en París y al llegar el secretario, Ernst vom Rath, le disparó, hiriéndolo de entidad tal que murió a las 48 horas. Grynzpan dijo que representaba a 12 mil judíos perseguidos en Alemania. Esta muerte desencadenó la conocida “noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht)” por parte de las tropas hitlerianas de asalto. Las organizaciones judías condenaron la acción de Grynszpan con más vehemencia que los no judíos antinazis franceses, señalando que no debía involucrarse al conjunto de su comunidad por el acto de un individuo.

En tanto, acerca del preso en Curitiba y más allá de evidenciarse que se pretende que él y su partido no sean gobierno, hasta ciertos abogados opositores se escandalizan de la sentencia en su contra y declaran que “debe ser uno de los únicos casos en la historia en que un ministerio público denuncia una cosa y el juez condena por otra”. Hay que recordar que las injusticias se arrastran desde hace décadas: en un hecho menos conocido, en momentos en que el secretario general del Partido Comunista, Luís Carlos Prestes, estaba detenido (1936) -tras alzarse en armas contra el gobierno de Getúlio Vargas- su esposa, la germana Olga Benario, embarazada, fue deportada para satisfacción de la “justicia” alemana de entonces, donde después de dar a luz una niña (Anita Leocádia) la asesinaron en la cámara de gas del campo de concentración de Bernburg en 1942.

Lo que parece más seguro es que luego que salvara su vida, Bolsonaro deberá permanecer hospitalizado -por lo menos- hasta 18 días antes de la primera vuelta electoral debido a que le fue practicada una operación que implicó una colonoscopía con bolsa (ano contranatura durante un año); esto siempre y cuando no lo trasladen a un hospital en São Paulo (el Sirio Libanés) donde estuvo el candidato descarrilado del PT. Sobre este punto, no se puede adelantar si Bolsonaro transferirá la responsabilidad de la campaña a Antônio Hamilton Mourão, un general retirado tan reaccionario como él.

Si nos atenemos a la demoscopia practicada mediante encuestas no me explico por qué Bolsonaro se encuentra primero en la intención de votos cuando tenía hace un mes la mitad de los que apoyaban al candidato del PT preso, y ahora -tras la negativa del tribunal electoral de admitir que dispute la presidencia- su sustituto, Fernando Haddad (a quien también se quiere descarrilar judicialmente), está debajo del herido: o lo que es lo mismo, cómo es que en el tránsito de “herencia electoral” el subrogante descendió en el favor popular. En todo ejercicio profesional -las casas encuestadoras exhiben esa pretensión- se espera que se defienda la investigación por encima de prácticas que la distorsionen con negociaciones espurias, de posibles clientelismos, o de convertirlas en vulgares herramientas de mercadotecnia.

Se nota en todas partes, entretanto, que el impacto de la violencia invadiendo el terreno electoral es amplio, en tanto las imágenes del herido señalan la persistencia en algunos ejes de su elemental campaña: por ejemplo, en una foto, desde el hospital hace la señal con la mano de estar portando un revólver, como en actos electorales y en su plataforma donde defiende que se autorice portar armas a todos los brasileños. Bolsonaro y su candidato vicepresidencial Mourão, entre muchas cosas que comparten, destaca la admiración por el coronel Brilhante Ustra, acusado de asesinar durante la dictadura -al menos- a 47 presos bajo su responsabilidad; ambos ex militares dan el mismo argumento: los héroes matan.

En cambio, si se pregunta al candidato presidencial del PSL acerca de economía y cuáles son sus planes para la hacienda pública, declara campante que de eso no entiende nada, lo que da idea del bajísimo nivel intelectual y político de este postulante. De lo que no hay duda es acerca de a quién beneficiaría un gobierno suyo: a la fracción primaria de la burguesía brasileña y en favor de las trasnacionales.

Para la primera vuelta del 7 de octubre existe la certidumbre de que ninguno de los 18 candidatos alcanzará el 50 por ciento requerido para evitar una segunda vuelta. Esta última se realizará el 28 de octubre y en nuestra modesta óptica enfrentará a Bolsonaro (factiblemente ya restablecido de la herida en el abdomen) y Haddad, resultando electo el del PT.

Desde nuestra visión, la puñalada asestada al candidato ultraderechista no provocará modificaciones electorales, aunque persistirá el momento de turbiedad, el enrarecimiento del clima y la turbulencia política que el hecho mismo tiene y tendrá por unos días más; a finales de octubre, con el escenario más calmado quedará latiendo entre los sudamericanos la incógnita de cómo será un PT con su principal dirigente preso, un nuevo presidente y qué hacer con los millones que votarán al ex militar.

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