El cine en general, y particularmente el cine comercial que sigue siendo mayormente vomitado por ese enorme y omnipresente monstruo comercial que es Hollywood, nos acostumbró a producciones confortables, en las cuales hasta el peor drama suele ofrecer una esperanzadora catarsis final. Todos son personajes estereotipados, de problemáticas esencialmente burguesas, sin profundidad o carnadura. Quizá por eso una película como “Si pudiera te patearía” incomoda tanto, porque es asfixiante, visceral, real.
La actriz y directora norteamericana Mary Bronstein, que ya había obtenido reconocimiento por su primer largometraje
“Yeast” (Levadura) en el año 2008, ofrece una película tan devastadora como reflexiva. Este es un drama potente y maduro, que cuestiona el rol de la maternidad y lo que la sociedad fantasea e idealiza con respecto a ella, así como la carga social que arroja sobre las madres.
La historia se apoya en las espaldas de su protagonista, una mujer de mediana edad que debe lidiar sola con una hija con problemas de salud, una casa inhabitable por un accidente, un marido distante geográfica y emocionalmente, una relación problemática con su psicoterapeuta, y sus propios pacientes pues ella misma es psicóloga, y un sistema y una sociedad que, o no saben, o no les interesa ayudarla.
Lejos de estereotipados dramas y de comedias pasatistas, el relato, que abunda en secuencias oníricas recordando a las lisérgicas “The wall” (Alan Parker, 1982), o la demencial “El viaje”(Roger Corman, 1967), por momentos deviene en una turbia comedia negra, y hasta se da el lujo de caer en momentos de horror corporal, a la manera del mejor Cronenberg o de la tan grotesca
“La sustancia” (Coraline Fargeat, 2024). Sería reduccionista calificarla como cine feminista, aunque la protagonista sea una mujer incomprendida y torturada por su vida y su entorno. El agujero en el techo de su casa, producido por un caño roto, oficia como metáfora del vacío emocional y del túnel de dolor y frustración en el cual esta mujer va cayendo sin que parezca tener final.
El agua como metáfora de destrucción, de muerte pero también de renacimiento, ocupa un papel recurrente y fundamental a lo largo de la historia. El personaje, una impresionante Rose Byrne, intenta obtener compresión y ayuda, pero sus lazos emocionales parecen cercenados. No puede vincularse con su marido, que es una mera voz en el celular durante casi toda la película, no consigue entenderse con su hija, que acaba por convertirse, en su alienación, en una especie de ente pesadillesco sin rostro, no puede conectar con sus pacientes en su rol de psicóloga y ni siquiera obtiene comprensión de la doctora que trata a su hija.
El título original del filme, “If I had legs id kick you” cuya traducción sería “Si tuviera piernas te patearía”, representa la amputación emocional del personaje y esa sensación de no poder moverse del mismo lugar, para caminar o para correr.
La confusa relación con un desconocido, que no queda claro si se acerca a ella por interés sexual, empatía o mera curiosidad, complejiza aun más una vida en la que ella es tomada por una máquina que debe cumplir funciones, ya sea de madre y cuidadora, de ama de casa, de terapeuta o respetando absurdas imposiciones sociales.
La obra desnuda las grietas de un sistema creado para obedecer, amoldarse sin cuestionar, que pretende sujetos anestesiados mediante virtuales gurúes de la autoayuda y estafas disfrazadas de terapia.
El único escape de esta desesperada mujer es beber y fumar a escondidas, en la soledad de la noche, concurrir a una terapia cada vez más inútil y contemplar videos de meditación, mientras el agujero en su alma no para de crecer y la máquina que controla la alimentación de su hija marca el paso del tiempo con su latido electrónico.
Como si corriera en una rueda de hámster, cada día se repite en su futilidad mientras ella procura encontrarse en ese psicodélico vacío que la contempla incluso en sueños, quizá como un ojo que juzga o la entrada de un túnel lleno de líquido que no cesa de supurar. El agua funge como metáfora del hundimiento, pero también del escape, del renacimiento, el retorno al amnios del vientre materno..
“Si pudiera te patearía” es un crudo y por momentos incómodo drama con trazos de comedia negra, que narra la existencia de una mujer al borde de la locura que, sin embargo, sigue empujando su complicada existencia, en medio de una sociedad que la ve como una suerte de robot, programado para seguir ordenes y cumplir funciones.





