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“Primero pensé en los músicos”

“Primero pensé en los músicos”
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Tabaré Couto acaba de presentar el libro “La era del casete. Escritos del rock uruguayo 1985 – 1995”. Se trata de un trabajo que recorrer las expresiones culturales y los principales referentes de los años 80. El rock, las publicaciones, la calle y el Uruguay post dictadura en un libro donde la voz es de los protagonistas de ese movimiento. El autor contó a Voces cómo concibió este proyecto editorial.

Tabaré Couto vive desde hace años en Chile, pero vivió aquella época intensamente. Entonces escribe y recopila notas que pintan una década y un movimiento que hoy es mirado con nostalgia. Los lectores encontrarán en este libro una plétora de información que proviene de una gran cantidad de publicaciones (artículos, entrevistas, reseñas de discos y conciertos) sobre rock uruguayo, aparecidas durante la década que va de 1985 a 1995.

Dice Gustavo Verdesio en el libro: “Tabaré Couto, activo participante de la movida que rodeó al rock de aquella época, relee, con prosa elocuente y con la ayuda de sus recuerdos, esas fuentes. Su memoria aporta no solo datos de importancia, sino también interpretaciones personales que arrojan nueva luz sobre aquel fenómeno. Pero tal vez lo más significativo de este trabajo sea su capacidad de ver, con la perspectiva que da el tiempo, con agudeza, nostalgia y autocrítica, no solo los hechos sino también las líneas de fuerza que caracterizaron ese momento histórico. Su visión de ese proceso, que incluye esclarecedoras alusiones al panorama político y social del Uruguay de aquellos tiempos, es no solo compleja e inteligente, sino que además está aderezada por la ecuanimidad de aquel que no ha vivido en vano. Eso no quiere decir que su mirada, a fuer de serena, sea distante. Por el contrario, este es un libro escrito desde el sentimiento y la emoción, por alguien que supo vivir el rock de aquellos tiempos pasionalmente. Gracias a este libro, la historia del rock uruguayo se ha vuelto más rica e inteligible”.

¿Cómo se dio la publicación, luego de tantos años, de este “La era del casete”?

Lo tuve mucho tiempo. El disparador fue una anécdota triste que fue cuando falleció (el periodista) Raul (Forlán Lamarque). Yo estaba en un momento muy especial de mi vida y sentí que tenía de alguna manera reconectarme con un montón de amigos que, por la distancia geográfica y por otros temas, había dejado atrás. Leí algunas cosas de Raúl en aquella época y me impresionó lo bien escrito que estaba, más allá que estuvieras de acuerdo o no. Tengo muchas carpetas y revistas de la época y después le empecé a agregar crónicas de otros. Pero el disparador fue ese acontecimiento personal y pensé que tenía que rescatar – suena un poco arrogante – el espíritu de esas voces originales. Me tomó mucho más tiempo de lo esperado. Al principio sentí que solo era una necesidad mía y traté de buscarle un justificativo, que fue el periodístico. Con el uso de la primera persona traté de transmitir lo que sentía y ahí la mirada era de derrota (Risas). Algo de “fuimos derrotados, no se bien por quién”. Pero no estaba tan bueno. Eso me preocupó del libro porque no era lo que quería transmitir, aunque eso lo refleja “la música está enferma” de Los Estómagos.

¿Cómo fue el proceso de escribir esto desde Chile?

Lo sentí más cómodo porque uno de los problemas que tenía en esa época era el multiempleo. Y pasaba además que eras el crítico del tipo que a veces se puede hacer tu amigo, y hasta incluso le hacías la gacetilla de prensa y hasta le vendías los discos. Eso es un poco tóxico. En un país tan chico, donde cualquier gesto puede ser malinterpretado. Hacerlo de afuera es un ejercicio muy desafiante y de cero contaminación. No sé si lo hubiera podido escribir estando acá.

¿Qué objetivos te planteaste?

Primero pensé en los músicos. En tratar de abarcar lo más posible el abanico musical incluyendo tal vez artistas que tuvieron muy poca repercusión, o que recién estaban empezando. El límite fue cronológico. Me planteé terminar en el 94, 95. Traté de hacer un poco más hincapié en lo más antiguo porque me parecía que era lo más perdido, creo que uno puede encontrar mucha más información de cómo se formó La vela Puerca. Entonces de ellos solamente cuento un par de anécdotas. Traté de ir lo más atrás posible. Porque también es verdad que tenía más archivo de eso. Traté de pintar momentos como el ciclo “Arte en la lona”, la campaña Anti Razzias, el referéndum del 89, la visita de Mano Negra, la visita de Los Ramones y cómo la prensa lo trataba. Para contextualizar. La estructura la hice primero como cronológicamente, pero siempre pensando que si alguien quiere empezar por el final el libro, lo puede hacer. No necesariamente tenes que empezar por Los Estómagos, podes ir a buscar bandas como Zero o ADN.

¿Cómo surgió el título del libro?

El título fue lo primero que se me ocurrió. Yo tengo un hijo de 20 y una hija de 16 y puse una definición de la RAE, porque mi familia me regaló hace unos años una suerte de walkman que digitaliza el casete. Y el tema es que yo tengo los casetes originales. Tengo más de 60, 70 casetes con las entrevistas estas y con otras que quedaron afuera. Eran el soporte físico que teníamos porque no teníamos plata (Risas). Comprábamos discos – o alguien lo compraba –  y luego los copiábamos en casetes. Y yo no quería que el libro tuviera el nombre de una canción, de uno o dos artistas, porque quería que fuera algo más genérico. Y la tapa también tiene un guiño que creo que es obvio – el arte lo hizo Nico Barcia que se pasó, es espectacular, – y es un homenaje al disco “Never mind the bollocks”, de los Sex Pistols.

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