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Un claro perfil griego por Pablo Ney Ferreira

Un claro perfil griego por Pablo Ney Ferreira
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Hace un par de meses estuve mirando un estudio de una consultora de opinión pública sobre el interés en la política en el Uruguay. Sus resultados no resultan para nada sorprendentes aunque sí un poco decepcionantes.

Pero antes de analizar el resultado, hagamos un pequeño paseo por la antigüedad griega y luego un recorrido por la Historia, intentando analizar el mismo tema que estudia el informe al que hacemos referencia. Como es bien conocido por todos, la política griega, más específicamente la política democrática griega, era ejercida por un conjunto bastante pequeño de ciudadanos que poseían y compartían determinadas características sociológicas comunes.

Se trataba en todos los casos de hombres, nacidos en la ciudad (muy excepcionalmente se le reconocía la ciudadanía a un extranjero), que no solo tenían un fuerte interés en la política, sino que era casi su única tarea habitual, además de constituir las tropas de la ciudad, ya sea para su autodefensa frente al extranjero, o en ocasiones para misiones de conquista imperial. Evidentemente eran el sector de la población que poseía en general una mayor educación, con la excepción de algunos extranjeros, que si bien vivían en la ciudad, no poseían el título de ciudadanos. Eran unos 45.000 en una población de unos 300.000 habitantes. Es de destacar que estos números son de Atenas, una ciudad estado extraordinariamente grande para su tiempo. El resto de las polis normalmente no pasaban de los 15.000 habitantes.

Esa idea de ciudadanía restringida, dirigida por un sector de la población muy interesado en política y con las características que mencionamos anteriormente, es una constante en todos los experimentos más o menos populares en la historia de occidente. Me refiero a la Roma republicana, a las ciudades tardomedievales y renacentistas en Italia y a las Revoluciones que dan origen a la política moderna. Si bien la Revolución Francesa incorpora activamente a sectores populares, no lo hace a la ciudadanía, y menos aún a las mujeres.

Es una constante que se mantiene a lo largo de siglos y que es perfectamente rastreable sin problema alguno.

Recién con el advenimiento de algunas corrientes socialistas y de los inicios de los movimientos feministas, como las sufragistas a comienzos del siglo XX en Inglaterra, el modelo del hombre educado, interesado en política, y de una elite importante, va a ser cuestionado. Y es entonces cuando de a poco las clases populares, y especialmente las mujeres, van incorporándose a la platilla ciudadana, adquiriendo derechos políticos y terminando con esa política elitista.

Pero volvamos a la “Atenas del Plata”, a la “Suiza de América” con su población homogénea hiper politizada, y mirada como un ejemplo de las democracias del mundo.

Realmente el informe de la consultora que he leído es contundente: solo el 22% de los uruguayos tienen mucho interés en la política, y un 27 por ciento ningún interés en la política. O sea que dos de cada diez uruguayos creen que la política es muy importante. Es un panorama un poco desalentador, si no fuera que en los demás países suele ser aún peor.

Pero ¿Quiénes son ese 22 % que se interesa por la política? Ni más ni menos que lo esperable: se trata mayormente de hombres, educados, y de clase media y media alta. Las mujeres superan a los hombres en “poco o nada de interés en la política” por la friolera de 14 puntos porcentuales.

Es verdad también que a medida que uno se desplaza en el continuo ideológico derecha-izquierda hacia el lado siniestro, el interés en la política también aumenta significativamente.

O sea que pese a todo el esfuerzo que se hace para incorporar a las mujeres a la actividad política, el claro perfil griego de un hombre educado y de alto nivel económico sigue preponderando en el interés por la política.

Claro está, que esto no necesariamente debe de ser definitivo, pero que la constante a lo largo de la Historia es verificable, no cabe la menor duda.

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