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EL PENSADOR Por Antonio Pippo

EL PENSADOR  Por Antonio Pippo
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Todo el tiempo que he estado ausente de este espacio –quizás para felicidad de algunos lectores, nunca lo sabré con certeza- no pude despegarme de los espasmos, a veces, al menos metafóricamente, vomitivos de la política autóctona.

Recuerdo, al final del pasado año, haber insistido en la necesidad, si es que realmente se advierten los riesgos que corre nuestra sociedad en los años por venir, de que la política diese a la ciudadanía una respuesta de construcción y no de demolición: esto es, no cejar en el esfuerzo por acuerdos que conduzcan a decisiones de Estado, sólidas, sustentables, tal vez arriesgadas, pero indiscutiblemente necesarias.

Pero mi entusiasmo menguó a la velocidad de la expansión del corona virus.

Bastó que se conociera el borrador del ya muy maltratado proyecto de ley de urgencia del gobierno electo – ¡el borrador! – para que se desatara entre los que se van y los que llegan un “pelmazo debate decimonónico”, al decir de un sarcástico escritor español, donde la mayoría habla más de lo que piensa, afirmada en el fanatismo.

Una primera comprobación, que usted, amigo, puede considerar una digresión si le place, o un descubrimiento tardío de mi parte: hay demasiados políticos por aquí; es como un hacinamiento. Y todos, sin reparar en su tamaño real –léase representatividad- ni en su capacidad intelectual, peroran desflorando a la ignorancia en reiteración real o sólo con la intención de hacer notar su presencia.

¿Habría que pensar en reducirlos, así como alguna vez se pensó en un parlamento sólo unicameral, aunque nos cueste otra reforma de la Constitución?

Ocurre que el amontonamiento de desvaríos, malas intenciones, mentiras, hipocresía y cinismo luce ominoso. Asusta. Y, lo que es peor, condiciona severamente, al modo de una gastroenterocolitis tenaz de fin de semana, aquella esperanza o mero sueño de ir hacia acuerdos que impliquen respeto, tolerancia y espíritu de edificación más allá de las chacras, las ambiciones personales y esa iracundia enfermiza que a tantos y tantos ha contaminado.

Es patético escuchar a Astori dar una imagen idealizada a lo Disney de la economía nacional y sus perspectivas, mientras desacredita –claro, siempre con ese medio tono académico y engañosamente aséptico aunque aristocrático- a su sucesora Arbeleche y al designado director de la OPP, el impertérrito Alfie; o tolerar, sin tapones para clausurar los oídos, que el presidente del Frente Amplio, en mangas de camisa cual émulo de los viejos montoneros peronistas, endilgue el calificativo de peligroso a todo lo que proviene del gobierno electo, emulando a la desplazada y casi siempre mal peinada y mal encarada Constanza Moreira; o, finalmente, para no cansar al lector, sonreír, porque lo otro sería pedir la eutanasia, frente al anadeo de los capos del PIT CNT entre unos toqueteos diplomáticos y unas amenazas mal disimuladas.

Pero, caramba, y como si hiciese falta, al interior de la mismísima coalición multicolor que alcanzó el gobierno tampoco disminuye el chisporroteo por momentos vergonzoso entre Talvi, un recién llegado, Mieres, un señor al que le huye el pelo tanto como los votos, Manini, un militar al que por ahora le funcionan los frenos y tiene una marcha serena en tercera, y el omnipresente ajedrecista Sanguinetti. Todo frente a un Lacalle que, por ahora y afortunadamente, confirma que maduró, mira alrededor con serenidad, dialoga… y espera que amaine.

Seguiré con estas reflexiones, obviamente incorporando los hechos objetivos que vayan ocurriendo.

Sólo una última inquietud.

Lo dijo Tomás Eloy Martínez: “Ningún sistema hasta hoy creado influye tanto en la dependencia de la torpeza y el error como la falta de información o la información parcial o no veraz”.

Tarea para nosotros, los periodistas: mirarnos al espejo.

“Muy callado sería el bosque si sólo cantaran los pájaros amigos del guardabosque” (aforismo de Fontanarrosa).

 

 

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Antonio Pippo Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.