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FLORENCIA KRALL, directora de Cuidados del MIDES: El país ahorra plata si invierte en cuidados

FLORENCIA KRALL, directora de Cuidados del MIDES:  El país ahorra plata si invierte en cuidados
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Supo convertir la tristeza en energía y el dolor la impulsó a la acción. Es capaz de arremeter contra cualquier obstáculo y ser factor de cambio allí donde llegue. No es política, pero se mueve como pocos para transformar la realidad. Conozcan a Flor, una mujer que jamás se permitió perder la ternura.

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

PERFIL:
Nació en Montevideo en 1974. Tiene dos hermanos menores. Su padre era técnico en aire acondicionado en el BROU. La madre era secretaria de un estudio contable. Fue a la escuela Grecia y al liceo 12. En 1993 entra en Facultad de Derecho de la UDELAR, donde es docente de Gestión Empresarial. Hizo en forma virtual una maestría en Inteligencia Emocional en Barcelona. Es madre de Josefina y Julieta. Dirige la Fundación Humaniza Josefina, fundada tras la muerte de su hija mayor.
¿Es importante la inteligencia emocional?
Hoy es una de las grandes áreas a la que me dedico, en el trabajo y con mis alumnos. Muchas veces en mis charlas digo que el poder haber llevado adelante la enfermedad de Josefina en un lugar totalmente hostil fue por haber tenido la inteligencia emocional para sobrellevar las situaciones que tuve que vivir.
¿Tan hostil era?
Era muy hostil, hacia los pacientes y hacia sus familias.
¿Es que se ponen una coraza de autodefensa?
Creo que sí. Por eso fui trabajando este proceso de que humanizar era cuidar al que cuida. Estoy segura de que si el personal sanitario contara con este tipo de herramientas, podría manejar la relación con los pacientes de una manera totalmente diferente. De hecho, cuando conocí el proceso de humanización en España, me hablaron de enseñar a dar malas noticias. La comunicación es una de las herramientas clave para todo el personal sanitario. Una de las líneas que llevó adelante la fundación fue crear la materia de Humanización en la UDELAR, precisamente para eso, y te lo dicen, que si les dieran estas herramientas, entonces el trato hacia los pacientes sería diferente.
¿En España la medicina es diferente?
Sí, en España, y no tan lejos también, porque fui a Brasil a tratar a mi hija y ya encontré una situación diferente. En mis conferencias siempre cuento que tuve dos formas de recibir el diagnóstico de mi hija. Acá me dijeron que disfrutara la Navidad porque para la próxima no la iba a tener. Y en Brasil la doctora se sentó a mi lado, me dio las manos y me dijo que era grave, pero que iban a hacer todo lo posible por salvarla. Son dos formas de decir exactamente lo mismo. Si te están diciendo que tu hija se va a morir, que por lo menos busquen la forma de decírtelo. O cuando Josefina lloraba cuando la puncionaron en la primera internación y la enferma le dijo que bajara los decibles porque ella así no podía trabajar. Son los ejemplos de lo que yo viví durante un año y medio.
Una niña de diez años.
Que veía cuatro nenes pelados alrededor y me decía que tenía cáncer y se iba a morir, que le dijeran la verdad. Y la chiquilina lloraba porque la iban a puncionar e iban a empezar con la quimioterapia, y la enfermera le dijo eso. Imaginate si no tuve que tener autocontrol. Ves a tu hijo quebrado y a la enfermera rezongándolo. Te dan ganas de agarrarla a sopapos. Y ahí es donde te ayuda la inteligencia emocional. Si te ponés a pelear con el enfermero o con el médico, termina en un caos. Ese año y medio, junto con mi marido y mi familia, me dediqué a salvarle la vida. Después empezás con todo el proceso del duelo, y a buscar qué es lo que te hace bien. ¿Soy capaz de darme cuenta qué es lo que me hace bien? El Sistema de Cuidados me hace bien. He tenido charlas con Martín en las que le dije que no podía pasar aquello, que tenía que ayudarme. El proyecto educativo que llevo adelante en el Pereira Rossell tiene mucha gente que lo recibió con los brazos abiertos, y también tiene detractores que no lo quieren. Y me hace bien el trabajar con gente. Por eso dejé la abogacía y me dedico más a lo social.
Después de la muerte de Josefina, el médico te invitó a tomar un café.
Era el médico que la iba a operar de las metástasis en el pulmón. A ella le hicieron todo un tratamiento de quimioterapia en Uruguay porque en Brasil nos dijeron que la quimioterapia se la hiciéramos acá. Después de hacerse ocho ciclos de quimioterapia en Uruguay, íbamos cada dos meses a Brasil.
Se hizo una junta médica, que determinó que valía la pena operarla. Le rehicieron el aparato digestivo a nuevo. Y ahí vieron que quedaban las metástasis del pulmón, pero que eso se podía hacer en Uruguay, que no era tan complejo como lo que le habían hecho en el hígado. Volvimos a Uruguay y empezamos a recuperarla nutricionalmente. Pasaron seis u ocho meses. Era una carrera contra el tiempo. Era una niña desnutrida, y no se la podía volver a meter en un quirófano en el estado en que estaba. Hicimos maravillas. Pero tres días antes de fallecer se puso amarilla de vuelta, y ahí hubo que tomar la decisión de suspender.
¿Cómo tomó Julieta todo esto?
Qué te voy a decir. Tenía doce años. Es la luz de mis ojos. Hoy tiene dieciocho, con una madurez única. A los trece años me dijo que no me preocupara por ella, que ella estaba bien, que le había dicho a la doctora que se quería morir pero sólo porque quería estar cerca de Josefina, pero que no se iba a suicidar, que ella estaba feliz sabiendo que Josefina estaba mucho mejor en donde estaba, que Jose no iba a poder ser feliz porque no habría podido hacer la vida que hubiera querido hacer. Eso te describe lo que es Julieta, una campeona. Y mirá que en San Pablo vio escenas de su hermana que ningún niño las quisiera ver. Julieta tenía doce años y ayudaba a su abuela a limpiar las paredes, cuando la hermana había llenado todo un cuarto de sangre. No cuento mucho esto, hoy me estoy abriendo demasiado. Tómense el café así dejo de llorar.
¿Hoy estás bien?
Estoy bien. Lloro, obviamente, pero estoy bien. El camino de homenajear a mi hija es lo que me hace bien. Me costó peleas con mi marido, que me dijo que qué íbamos a crear una fundación, que yo estaba loca, que eso era para los magnates, que nosotros éramos dos laburantes. Le dije que yo iba a inmortalizar a Josefina me costara lo que me costara. Ella luchó como nadie. Los niños luchan. Los niños con cáncer sorprenden. Es impresionante el afán por querer vivir la vida intensamente, y hacen cosas de una madurez que ningún niño hace. Josefina tenía una valentía tal que la habían bautizado “La Dama de Hierro”. Y terminó siendo ejemplo para muchos niños, por su alegría, por bailar, por vivir la vida de esa manera. Jamás se victimizó. Ella la peleaba y la peleaba. Si ella hizo eso, tiene que haber valido la pena.
Y lograron la fundación. ¿Está funcionando?
Muy bien. Tengo tremendo equipo.
¿Tuviste apoyo institucional?
Tuve un lindo apoyo. Ahí comenzó mi vínculo con Martín Lema. Les voy a contar cómo lo conocí. Cuando llegué de contar mi historia en España me dijeron que mi historia era muy poderosa pero que no la contara desde el despecho hacia los médicos, porque me iba a ir mal. Los médicos no quieren escuchar una crítica de tamaña magnitud. Muchos médicos me vinieron a pedir disculpas por sus colegas. Dije que no iba a parar, que iba a contar lo que había vivido, porque el país lo tenía que saber. Empecé golpeando todas las puertas en 2018. Me recibió el ministro de Salud Pública, y la directora del Pereira Rossell. La realidad es que los niños con cáncer se tratan ahí, dependen del Pereira Rossell y de ASSE. Mi lucha fue ir a decirles a los gobernantes de turno que, si esto dependía de ASSE, lo tenían que saber. Y lo tenían que saber de una mamá. Ahí empezó mi camino. Llegué a recibir amenazas de que no me metiera, que ni Tabaré Vázquez había podido. Pero yo había perdido una hija y no tenía nada para perder. Un día me escuchó un médico, que me dijo que tenía que hablar con Azucena Arbeleche, que ella podía llegar a ser la ministra de Economía, y que había vivido una situación como la mía, y que de mamá a mamá nos íbamos a entender. Ese médico me consiguió una entrevista con ella, y ella me recibió, durante la campaña política.
¿Cuándo fue?
Faltaba un año para las elecciones. En ese momento yo era directora jurídica de ANDA, donde estuve hasta un año después de fallecer Josefina. Fui a hablar con ella y le dije que iba a contarle aquello, que no quería hacer política, que yo tenía mi trabajo en una institución financiera, pero que quería que lo supieran si eran gobierno. Le dije cómo era la cosa, le dije que el cáncer infantil en este país estaba en manos de un monopolio que hace y deshace, y que no tenía pruebas pero que lo había visto, como madre, y que quería que lo supieran. Azucena me escuchó todo, y ahí entró Lacalle. Azucena le dijo a Luis que tenía que escuchar mi historia, que lo tenían que saber si eran gobierno. Y conté la historia otra vez. Le dije que los padres ahí no podíamos, que nos pasaban tales cosas, que los niños vivían tales otras, que no hay cuidados paliativos. Les conté que, cuando me diagnosticaron el cáncer de mi hija, la psiquiatra me tiró un Rivotril arriba de mesa y me dijo: “Madre, tené en cuenta que a partir de ahora no podés llorar delante de Josefina, cuando te sientas más te tomás media pastillita de estas”.
¿Así nomás?
Esa es la contención psicológica que tenemos los padres cuando nos diagnostican a un hijo. Lo viví durante un año y medio. Es lo que viven todas las madres ahí adentro, pero lo que pasa es que ninguna se anima a decirlo. Hay una realidad en el Pereira Rossell que sólo la ves estando ahí adentro, con madres que viven en el interior, que las meten en una ambulancia en Rivera y las mandan para Montevideo para que se arreglen como puedan. Gracias a Dios pude llevar a mi hija al Sirio-Libanés, pero no todo el mundo puede. Luis le dijo a Azucena que me tenían que poner en contacto con quien más sabía de salud en el equipo, que en ese momento era Martín Lema. Yo no sabía ni quién era, pero me llamó, y me dijo que quería conocer la historia sobre la que le había hablado Azucena. Vino a mi casa y con mi marido le contamos toda la historia. A partir de ahí me dijo que quería que lo pusiera al tanto de todos mis proyectos, que él quería ayudarme. Me dijo que no quería que nada tiñera de política mi proyecto. Me presentó a gente de todos los partidos políticos. Empecé con algunos proyectos como ser el de segunda opinión, que después la JUNASA me lo tiró abajo, porque estaba por ley, pero no lo quisieron reglamentar. Después el ministro de Educación y Cultura y la ANEP me ayudaron mucho con el proyecto Sanamos Aprendiendo, del Pereira Rossell, que se sustenta con apoyo de empresas privadas.
¿Es tan difícil encontrar gente sensible en los ámbitos de decisión?
No. Yo me he cruzado con gente, y he tenido buenas respuestas, y estas cosas han ido surgiendo. Yo empecé como una activista. Martín me llamó y me dijo que quería ofrecerme algo que sólo yo podía llevar adelante, porque el Sistema de Cuidados estaba muy descreído. Estaba muy cascoteado. Había que levantarle la imagen, y me dijo que la única persona que podía levantarle la imagen al Sistema de Cuidados era yo.
¿Se la mejoraste?
Díganme ustedes.
¿Cuándo asumiste?
El 1º de junio de 2021. Martín asumió en mayo y me llamó la noche del domingo 29 de mayo. “Flor, quiero hablar contigo”, me dijo, y me pidió que fuera al ministerio para hablar personalmente. Fui al otro día, y me contó que estaba tratando de armar un gabinete. En algunos casos mantuvo el gabinete que venía de Bartol y, en otros, puntualmente, como era el Sistema de Cuidados, quería darle una impronta de fortalecimiento. Él era consciente de que había un runrún sobre que el gobierno había venido a desmantelar el Sistema de Cuidados. Muchos periodistas me preguntaban si se iba a desmantelar el Sistema de Cuidados. Yo respondí que a mí me trajeron para fortalecerlo, no para desmantelarlo. Voy a hacer todo lo posible para hacer lo mejor que pueda, con un presupuesto que ya estaba acordado.
Se puede decir que lo venís a fortalecer, pero si te recortan los recursos, es mucho más complejo.
No me los recortaron en mi gestión. Yo venía con el presupuesto que estaba. Y te digo más: el equipo que tengo es el equipo de origen con que se creó el Sistema de Cuidados, al cual le tengo mucha confianza, y técnicamente son excelentes.
Estás hablando del gobierno anterior.
Sí, sí. El equipo que viene conmigo es todo del gobierno anterior, desde el 2015, cuando se creó el Sistema de Cuidados. No hubo un recorte al presupuesto en este gobierno para el quinquenio. Este gobierno dijo: “Tu presupuesto es este, se sabe desde hoy hasta que finalices, y manejate con esto, planificá y ejecutalo”. Porque, además, estamos siempre en la mira de ejecutarlo bien.
¿Se cuida más o menos que antes?
Se cuida. No sé cómo se hacía antes. Lo que sé es lo que me dicen, y no es que hubo un recorte al presupuesto, que es el mismo. Pedí un incremento presupuestal el año pasado en la Ley de Rendición de Cuentas para sacar este programa que voy a sacar ahora, de asistentes personales para las escuelas, que es un proyecto piloto. Para eso el Parlamento me aprobó una partida especial.
¿De cuánto?
Cien millones de pesos.
¿Qué condiciones le pusiste a Lema para aceptar?
Que mi fundación la iba a seguir remando y que esos proyectos iban a seguir, y que los iba a seguir trabajando, tanto el del Pereira Rossell como las capacitaciones. Me dijo que sí y me puso esta condición: que siguiera adelante con la fundación mientras no contratara con el Estado.
¿A qué tuviste que renunciar?
En ANDA había renunciado hacía un año. No tenía que dejar otro cargo. Había dejado para dedicarme a la fundación y a mi casa, y a una vida desestresada para poder curarme.
Seguías con clases en la facultad.
Claro. Ningún empleador me pidió que dejara la docencia en la UDELAR, que todo el mundo la valora. Y cada vez trabajo más tranquila, porque él me deja tomar mis decisiones. Le he llegado a pedir permiso para ir a hablar con algún jerarca que está por encima de mi cargo, o para tomar una decisión, porque le digo todo, y me dijo que fuera para adelante, que tenía su visto bueno. Él confía plenamente en mí y yo confío plenamente en él.
¿Qué estás haciendo y qué pensás hacer en el tiempo que te queda?
Tuve que estudiar mucho. Arranqué leyendo la ley del Sistema de Cuidados, y a partir de ahí todos los programas y decretos reglamentarios. Y empecé a asesorarme mucho con el equipo técnico, al que escuché mucho. Yo no era técnica del palo. Acá hay muchos sociólogos, psicólogos, politólogos. Yo soy abogada, y no era experta en Cuidados.
¿Politólogos, en Cuidados? Suena medio raro.
Y bueno, tienen una visión de política pública. Realmente he aprendido hasta de la sociedad civil. Me junto con la fundadora de la Red Pro Cuidados, que son los movimientos que lo impulsaron en este país. No fue Tabaré Vázquez el que impulsó el Sistema de Cuidados sino un movimiento de la sociedad civil. Y le digo a Clara Fassler que a pesar de las críticas, y de que no esté de acuerdo en cómo estoy gestionando algunas cosas, yo aprendo de ella. Una mujer que tiene ochenta y pico de años, que toda la vida militó por las causas de los Cuidados. No tengo más que aprender. El tema es que hay cosas que comparto en cómo se venían haciendo, y otras que no. En general todos los programas están muy bien diseñados. El problema es que arrancaron de entrada con falta de presupuesto. Ya cuando se creó el Sistema de Cuidados se sabía que era insostenible. Y el gran desafío era el Programa de Asistentes Personales, que estaba mal diseñado. En alguna entrevista llegué a decir que era un mamarracho jurídico, y lo era, porque lo he hablado con abogados laboralistas, y no existe que hagas un programa a domicilio para una persona vulnerable y por una dependencia, metiéndole a trabajar a una persona adentro de la casa, y que el día que se rompe el vínculo ocurra que esa persona que le vino a pedir plata al Estado para que le pagaran el subsidio termina siendo el que le tiene que pagar el despido. En ningún país del mundo existe esa figura.
Y eso se dio.
Así lo crearon. Y el decreto reglamentario dice, incluso, que el Estado no se hace responsable del futuro de ese trabajador que se queda sin trabajo, y que la responsabilidad la tiene el usuario que lo pidió. Eso era algo que estaba mal. Y es el programa más grande, el que lleva mayor presupuesto.
Cuando hablás de “más grande”, ¿qué número implica?
Implica que hoy tenemos un promedio de seis mil relaciones creadas bajo este programa.
¿Seis mil cuidadores especiales?
Hay seis mil usuarios, y hay unos cuatro mil quinientos asistentes personales en la vuelta.
Cuando hablamos de cuidados especiales, ¿a qué situaciones nos referimos?
El cuidado a domicilio del Programa de Asistentes Personales le aplica a las personas que tienen una dependencia severa y que requieren de un apoyo para los cuidados básicos de la vida diaria, como comer, ir al baño, acostarse, levantarse. Si estás postrado, o en una silla de ruedas.
¿Tenés alguna estimación de cuánta gente hay en esas condiciones en Uruguay?
La demanda es fuerte. Hoy tenemos seis mil que están usando el programa. Otro tanto en lista de espera.
¿Hay seis mil más en lista de espera?
Hubo un acumulado grande en la pandemia, que llegó a los cuatro mil, pero que ya lo bajamos. Hoy nos pusimos al día con 2021 y estamos terminando el 2022. En lista de espera, para valorar, quedan unas dos mil personas. Hay un tema que se arrastra por un tema presupuestal cuando se creó el sistema. Hay un corte en la edad que no aplica al Programa de Asistentes Personales, que es entre los treinta y los ochenta años. Por decreto reglamentario, como el presupuesto ya era acotado al momento de crearlo, pusieron que sólo aplicaban a este programa las personas de cero a veintinueve años y de ochenta para arriba. No me pregunten por qué, porque quien llegó con dependencia severa a los veintinueve años va a seguir con dependencia severa.
¿Entre treinta y ochenta no hay?
En esa franja etaria no tenés derecho a pedir un asistente personal.
Es una mentalidad de mosquito, el hacer una cosa de esas.
Es no tener plata. Es querer crear una maravilla sin la plata para poder hacerlo.
Es como enseñarte a nadar y no tener piscina.
Es eso. Y esos son los grandes reclamos que hoy hace la sociedad civil.
O sea que la gente que hoy están atendiendo es menor de veintinueve o mayor de ochenta.
Alguno que lo pidió a los veintiocho y aplicó lo conserva cuando cumple treinta, y sigue con el asistente personal. Si lo pidió antes de los veintinueve, lo va a mantener hasta que se muera. Pero el que no lo pidió… ¿Sabés la cantidad de personas que por accidentes de tránsito quedan hemipléjicos en el interior? El otro día en Guichón, en Paysandú, me decían que hay un problema tremendo con los gurises que andan en las picadas. Tienen un accidente a los veintinueve años, quedan paralíticos, te vienen a pedir un asistente personal y no se lo podés dar.
¿Ustedes no han hecho nada para modificar esa regla?
Hicimos muchas cosas para mejorar otras debilidades que traía el sistema. Pero eso todavía no. Seguramente haya un número enorme de gente entre los veintinueve y los ochenta pero no aplican al programa, así que ni siquiera se pueden presentar al programa para ser valorados.
Es una tomada de pelo.
Así fue creado en el 2016.
De todos modos, es mejor que nada.
Y sí, bueno. Y se trabaja para mejorar. Una de las cosas que entendemos que va a generar eficiencia es que la demanda empezó a explotar en niños que lo piden para acompañamiento en la escuela. Ahí surgía el famoso “Mi hijo no puede ir a la escuela porque el MIDES no le da un asistente personal”. Lo dijo toda la prensa y todo el mundo. Me llegaron denuncias en la Institución de Derechos Humanos. El presidente iba al interior y las madres le daban las cartas en que decían: “Mi hijo no va a la escuela por culpa del MIDES”.
¿Porque no se podían trasladar?
Porque la escuela a los niños con dependencia severa les exige un asistente personal, porque la maestra no se hace cargo de esa dependencia. La maestra no lo puede llevar al baño, no le puede dar la merienda en la boca, no lo puede llevar al recreo.
Estamos hablando de cuestiones motrices, no de autismo.
Sí, estamos hablando de autismo. El 80% de las demandas de solicitud que tengo para valoración es de niños con TEA, que no pueden entrar a la escuela si no van acompañados. El problema es que se empezó a usar asistentes personales que no tienen formación pedagógica para entrar a la escuela. Eso fue lo que desvirtuó, y fue mi gran desafío. Sucedió que se empezó a utilizar para las escuelas a raíz de una resolución ministerial de 2018 que decía que si la familia traía un certificado de que la escuela se lo exigía, entonces se le daba el asistente personal. Con eso empezó a explotar la demanda. ¿Qué hicimos? Con mi equipo nos pusimos a estudiar cómo resuelven este tema otros países en el mundo.
¿Y?
Llegamos a este modelo, para el que logré un incremento presupuestal en el Parlamento, y que llamamos Facilitador de Autonomía y que consiste en poner asistentes personales, con equipo pedagógico proporcionado por ANEP, adentro de la escuela y para varios chiquilines.
¿Son maestros?
Son maestros de apoyo que da ANEP.
¿Y eso está cubriendo la demanda?
Arrancamos ahora en agosto y setiembre, con cuarenta escuelas a nivel país y con trescientas el año que viene. Tenemos esperanza de que eso muestre un mejor resultado, en que todos los niños con TEA no sigan viniendo a pedir un asistente personal adentro de la escuela.
¿De qué cantidad de gurises estamos hablando?
El 50% de la demanda es para mayores de ochenta, y el otro 50% es para niños. Los niños rondan hasta los catorce años. Son muy bajos los casos de solicitud de asistente personal entre quince y veintinueve años. Hay mucha demanda.
Entendemos que un equipo multidisciplinario adentro de la escuela puede ayudar. Tengo madres que me dicen que no quieren un asistente sólo para su hijo, sino que quieren que su hijo entre a la escuela.
El tema ahí es de ANEP, que se para de punta. ANEP tendría que suministrar el asistente personal, por escuela y no por persona.
ANEP te dice que ellos no se encargan del cuidado sino de lo pedagógico.
Las chacras siguen pesando. Cuarenta escuelas este año y trescientas el año que viene. Y te dieron el presupuesto.
Lo pedí expresamente para eso.
Y encontraste eco en todo el espectro político.
Sí, en el Parlamento lo votaron por unanimidad. Fui con Lema a la Rendición de Cuentas a explicar en qué consistía y para qué era, y todos los diputados me pidieron que lo explicara. Es una preocupación. No hay alguien en Uruguay que no tenga un caso de un niño con TEA que no puede entrar a la escuela. Te lo pueden decir todos los legisladores. Kechichián, Gloria Rodríguez, Carmen Sanguinetti. Todos estuvieron de acuerdo.
Empieza a funcionar a corto plazo. Es uno de tus legados. ¿Qué más hiciste?
Yo pretendía humanizar los cuidados, ese era el legado que buscaba cuando entré. Me propuse hacer un plan con la perspectiva de poner a las personas en el centro. Llegar a que el usuario no tenga la problemática de quién le paga el despido cuando no quiere más al asistente en su casa. Un sistema perverso, en el que no se le avisa al Estado que el asistente no va más a trabajar, así el Estado le sigue pagando. Había que escuchar a los usuarios y a las asistentes personales. Una de las cosas que más me demanda el cargo son reuniones permanentes con todos los ámbitos, con el PIT-CNT, con el Sindicato de Asistentes Personales. Y después articular con el resto de los socios. No nos olvidemos que es un sistema integrado por casi diez organismos. Y el tema es que nadie lo veía con lógica sistémica. Acá eso de que cada ministerio es un mundo aparte sigue manteniéndose.
¿Cómo diez organismos?
Son cinco ministerios y cinco organismos. Todos forman parte de un Sistema Nacional Integrado, que es modelo en toda Latinoamérica y que tiene esos desafíos: trabajar en clave sistémica…
¿No hay otros modelos parecidos en América Latina?
No. Somos el único país de América Latina que tiene un Sistema Nacional Integrado de Cuidados.
¿Cómo evaluás a los cuidadores? Para que no se deshumanicen.
Sí. Es una tarea desgastante. Trabajamos mucho en el modelo de gestión y crear cooperativas de cuidadoras. Humanizarla. Dimos un plan personalizado, una guía de cuidados humanizados. Darles tips de autocuidado. Desde el Sistema damos capacitaciones a todo el país. Cambiar este modelo individual en donde estaban desamparadas, donde todas las cuidadoras te decían que iban al MIDES porque no tenían otro lugar a donde ir, si trabajaban en una casa y ahí las trataban mal. Esa era la realidad.
¿Era frecuente que en una casa las trataran mal?
Hay de todo, como en todo lo que pasa de las puertas de las casas para adentro, y es la palabra del usuario contra la palabra de la cuidadora. El usuario es vulnerable, la cuidadora es vulnerable, y el Estado paga un subsidio, que ni siquiera sale de tu bolsillo. Es decir, vos le pedís al Estado que te dé un subsidio para un cuidado a domicilio, y no lo pagás vos, lo paga el Estado. Eso termina dando situaciones de todo tipo.
“No me quiso cocinar”…
Claro, y entonces la cuidadora te dice que ella es asistente personal, no cocinera ni limpiadora, ni que tiene por qué hacer tareas domésticas. Es una de las reivindicaciones que a nivel mundial llevan las cuidadoras. Por eso también nosotros nos encargamos del Curso de Atención a la Dependencia. La formación de las cuidadoras la lleva adelante el Sistema Nacional de Cuidados. Hemos formado más de siete mil cuidadores. Eso es lo que le da también la profesionalización al cuidado, el que ellas sepan cuál es su rol, su tarea, y hasta dónde hacen y hasta dónde no, y con qué competencias. Una de las cosas que entendíamos es que les faltaban herramientas emocionales de autocuidado. Es parte de lo que yo venía haciendo en mi vida, capacitar a la gente en tener herramientas sobre cómo manejar las emociones, el desgaste laboral. Eso lo trabajamos con las cuidadoras, con el sindicato y con las cooperativas. Al día de hoy tenemos siete cooperativas formadas.
Y hay un feedback con el usuario.
Claro. Porque además el usuario se contacta con una cooperativa, y elige a un asistente personal dentro del abanico que le ofrece esa cooperativa, que a su vez pone determinadas condiciones de trabajo. Ya no es que la cuidadora queda sometida a lo que en esa casa le pidan. En las giras por el interior las cuidadoras me decían que les pedían que trabajaran dos horas de mañana y dos de tarde, lo que les impedía tener otro trabajo. Y bueno, yo no puedo hacer nada. Venían al Sistema de Cuidados a decir eso. Tenés que cumplir ochenta horas mensuales, y arreglate como puedas. Había abusos de las dos partes, porque no estaba totalmente ordenado. Hoy lo que les transmitimos a las cooperativas es que ellas son las que marcan sus condiciones. Dentro del decreto reglamentario están las pautas, pero ellas, como cooperativas, le pueden decir al usuario en qué horario trabajan. Y ellas saben que tienen el respaldo, saben que pueden recurrir a la cooperativa cuando tienen problemas.
Les dan ochenta horas mensuales.
El decreto marca eso.
¿Y quién tiene derecho a un cuidador? Se mide por ingresos.
Se mide, primero, por la valoración de la dependencia, ya sea leve, moderada o severa. Si nuestros profesionales determinan que la dependencia es severa, ahí se manda la información al BPS y se analiza el nivel socioeconómico y se determina si el subsidio aplica en un 100, un 60 o un 30%, de acuerdo con los ingresos del núcleo familiar. No en todos los casos se da el 100%.
¿El TEA ha explotado en esta época o sólo tiene más publicidad?
No sabría decirte. Nunca se estudió, y ahora, en el censo último que nos hicieron, hay varias preguntas que hacen referencia a si hay miembros de la familia que tienen TEA y otros niveles de dependencia. Hay un número general que dice que el 16% de la población tiene una discapacidad en general. Es un número muy vago, pero se estima que hay entre treinta mil y sesenta mil personas con TEA. Y no es el Uruguay el único que tiene esta realidad, que es mundial. Para este modelo nos inspiramos en Canadá, que tiene un modelo muy de avanzada. Y los países que lo han resuelto lo resuelven así, con equipos multidisciplinarios de apoyo dentro de las escuelas. Lo que pasaba, también, es que, como tenés cuatro horas al día de este servicio, si la mamá lo usaba en la escuela, entonces no lo podía usar en la casa. Eran rehenes de eso.
Es difícil el tema de los cuidados.
Decímelo a mí. Sabés las veces que jorobo al ministro y a mis equipos. Ellos eran jóvenes, pero yo ya tengo cincuenta años. Había un programa en la televisión que se llamaba “Si lo sé no vengo”. Siempre jorobo con eso, con cada cosa que iba descubriendo cuando tenía que estudiar.
La mayoría de los cuidadores son mujeres.
El 90%. Históricamente el trabajo de cuidado está asociado a las mujeres. Es lo que reivindica la perspectiva de género, que en realidad tendría que estar repartido. Y la realidad es que las que se presentan y se anotan para hacer el curso de cuidadoras son mujeres.
¿Cuánto gana una cuidadora?
Veinticinco mil pesos.
Esos son los veinticinco mil pesistas de este gobierno.
Por cuatro horas diarias.
Desde el punto de vista de cuidados, más allá de los recursos, ¿son suficientes cuatro horas? ¿Cuántas horas les dan en Canadá?
No sé. El tema es que los cuidados de una persona, como tu padre o tu hijo con dependencia severa, los alivianás con un cuidador. Pero el resto del día lo convivís vos. Es como el CAIF, que es de cuatro horas. El mundo hoy dice que cualquier madre necesita trabajar ocho horas, que no puede dejar al niño solo cuatro horas, porque necesita resolver los cuidados el resto del día. ¿Por qué el CAIF tiene solamente cuatro horas? Es la misma situación. A través de la creación del Sistema de Cuidados se apostó a que los CAIF vayan hacia las ocho horas. Con esto sería lo mismo. Si pudiéramos solventar y pagar sistemas sustentables con los que el Estado pudiera cubrir ocho horas, lo haríamos. Pero la realidad es que das cuatro horas. El resto se reparten entre las hermanas mayores, las madres, las tías, las abuelas. Esa es la realidad.
No es muy alentador.
Lo que te iba a decir es que en realidad por eso decimos que cuando se creó el sistema idílico, como sistema es perfecto, pero se sabía que el Uruguay no tenía un presupuesto para costear todas estas realidades, como que le das cuatro horas a una familia y no le alcanza. El Estado lo creó para ocho horas, pero esto es para lo que había. Y lo creó para cuidados domiciliarios y se terminó usando para cuidados escolares. Tratamos de optimizar. De cooperativizar a nivel de la provisión colectiva para darles un montón de herramientas tanto al usuario como a las cuidadoras, lo que fue el mayor desafío que tuvimos. No es fácil colectivizar seis mil relaciones que hoy están en forma individual. Pero la ley lo preveía, y dejó establecido que el modelo se podía brindar de forma individual o colectiva. Nunca se exploró el modelo colectivo, nosotros nos animamos a formar las cooperativas.
Pero si tenés seis, es muy poco para seis mil.
La idea es que cuando nos vayamos haya una por departamento. Ese es el trabajo que estamos haciendo, yendo a plantar la semillita a cada departamento.
¿Por qué es tan difícil unirse? ¿Porque no se conocen?
No se conocen, desconfían del cambio, piensan que les vas a afectar sus derechos. Te reclaman quién les paga el despido, cuando en realidad nunca nadie les pagó el despido. Ninguna asistente personal ha podido cobrar el despido. Son los grandes desafíos que dejó planteado este sistema. Cómo garantizás un despido en estas características de trabajo, cómo les das garantías a los usuarios, cómo les das certezas laborales a las trabajadoras. Por eso te digo que de la gama de programas que dejó el sistema, el que quedó más débil fue este. Hay otros programas, no es este el único en el Sistema de Cuidados. Pero es el que más se conoce. Está toda la articulación del INAU con la primera infancia, que hoy es el abanico del Sistema de Cuidados, los Centros Siempre, que se hacen con sindicatos y empresas, en un modelo igual al del CAIF, pero en asociaciones con empresas. Las Becas de Inclusión Socioeducativa. Los CAIF son parte del abanico también pero, como tienen una historia de treinta y cinco años, entonces la gente no los asocia con el Sistema de Cuidados sino con el INAU, pero son parte del abanico de la oferta pública que tiene cuidados. El tema es que asistentes personales era el más débil, por todos estos problemas que generaba en el usuario y en el trabajador, y había que buscarle una solución. No podés seguir con un sistema que está generando toda esa problemática jurídica en las dos partes.
¿Encontraste mucho curro?
No.
Muchos de esos que no trabajan y siguen cobrando.
Eso se analizó en colaboración con el BPS. Encontramos casos de personas que tenían asociados cinco asistentes personales, cinco binomios, cruzando información con el BPS. Eran los menos, pero había. Con el BPS empezamos a filtrar situaciones mayores a dos binomios, que sabemos que son las que resiste el programa, y empezamos a encontrar que había algunos casos identificados de tres, cuatro y cinco binomios. Una trabajadora no puede tener cinco binomios. Era eso, que a la persona le decían: “No vengas más a mi casa, pero no tengo para pagarte el despido”, entonces seguía registrada, mientras la trabajadora iba y se buscaba otro binomio. Son casos aislados, pero los detectamos y los tratamos de corregir, como los casos de gente que es familiar y ejerce como asistente personal, lo que en realidad es un impedimento. Está establecido que el asistente personal no puede ser familiar. Había esas inconsistencias, que eran parte de las debilidades de no supervisar el programa.
Hay quien sostiene que el MIDES no debe existir, que el BPS cumple todas las funciones. ¿Qué les responderías?
No es nuestro caso. El MIDES tiene que existir con la impronta que le estamos dando. En ese sentido acompaño al ministro. El BPS es el banco que paga las prestaciones, y es parte del Sistema de Cuidados, pero el diseño de la política en los programas que tienen cualquiera de las direcciones que tiene este ministerio ejerce un rol fundamental. Y el rol que está haciendo hoy la Secretaría de Cuidados por algo lo hace la Secretaría de Cuidados y el Ministerio de Desarrollo Social. La sociedad lo necesita. No comparto que no tenga que existir. No sé quién lo dice, pero no lo comparto.
¿Cuánto presupuesto precisarías para tener un Sistema de Cuidados como la gente, de acuerdo a las necesidades que existen?
Tenemos un presupuesto anual de mil ochocientos millones de pesos, para el quinquenio.
Cuarenta y cinco millones de dólares.
Esa plata cubre los programas nuestros, los que pagamos nosotros. Gran parte se va en asistentes personales, el 90% de nuestro presupuesto. Otro tanto se va en Becas de Inclusión Socioeducativa. Pero hay otro presupuesto que está en otros organismos que son parte del Sistema de Cuidados, y que es presupuesto destinado a cuidados, pero que no administro yo ni este ministerio. Todo lo que es creación de CAIF, por ejemplo, lo que es ANEP, infancia y primera infancia; todo lo que es establecimientos de larga estadía. Todo eso está dentro del abanico de la oferta pública de cuidados.
¿No habría que coordinar más?
Es lo que estamos haciendo, ese es el gran desafío y el trabajo de articulación que hacemos con el resto de los ministerios.
Se gastan recursos, si tenés diferentes…
Mirá que muchos países que han creado sistemas de cuidados o que están en vías de crearlos, como Chile, hacen lo mismo que nosotros: toman lo que tiene que ver con cuidados que ya está en el Estado y lo nuclean. El desafío es articular todo junto. ¿Pero vas a crear CAIF nuevos si ya existen?
No me dijiste cuánto presupuesto precisarías.
Ya soy política, ¿viste? (risas). ¿Querés que Azucena me rezongue cuando vea la entrevista?
Azucena machetea pero no rezonga. Cuando finalice el gobierno y deje al Uruguay convertido en Canadá, ¿cuánto pedirías?
Si yo quisiera cubrir toda la realidad… Si se pudiera duplicar, lo duplicaríamos. Hay un análisis en un trabajo muy bien fundamentado que hizo el Dr. Rodolfo Saldain con otra especialista que trabajó en el Sistema de Cuidados desde sus orígenes. Decía que ya en el año 2019, con lo que se dispuso para la cobertura de vejez, se estaba cubriendo nada más que el 6% de los cuidados de los viejos. Si ya en 2019 hiciste un análisis de que con el presupuesto que tenías en el quinquenio 2015-2020 ya sabías que ibas a cubrir solamente el 6% de los viejos, no necesito yo decirte que con el doble cubriría… Capaz incluso con eso sigo sin tener plata para el resto de los cuidados. Los cuidados están pasando a ser el cuarto pilar de la protección social, en el mundo entero, porque es algo nuevo que ni siquiera los países han evaluado en sus PBI. Queremos hacer un análisis de sostenibilidad, antes de irnos. Es otra de las cosas que quiero dejar. Un análisis que permita ver cuánta plata puede ahorrar en salud un país, si la invierte en cuidados. Prevenís. Ingresás a la persona a un residencial, por ejemplo. Un niño que puede acceder a estudiar gracias a apoyos que se le den puede llegar a ir al liceo y hasta la universidad. Si no, se queda postrado en la cama toda la vida. Y es un cuidado de una madre o un padre que no van a trabajar, de un niño que no se va a poder independizar nunca en su vida. Y multiplícalo…
Hay un costo intangible.
Si volvemos a mi vida previa al MIDES, cuando falleció Josefina mi marido me decía que si los estados estudiaran darles apoyo a las familias que pierden un hijo, se ahorrarían plata. Cuando falleció mi hija no encontré un lugar donde dijera que mi mutualista me diera apoyo o una psicóloga me ayudara. No lo tenés, no lo encontrás. El Estado no te lo da. Nadie sabe lo que es la pérdida de un hijo, entonces me puse a buscar madres que hubieran sufrido lo mismo que yo, para que me entendieran. La salud mental que se ve afectada en una familia con la pérdida de un hijo puede llegar a destruir una familia entera. Hoy mi hija tiene diecisiete años y estoy orgullosa de cómo manejó el duelo. Mi única preocupación era que dentro de veinte años yo no sintiera la carga de decir: “Pucha, mirá el trauma que le dejó la pérdida de la hermana, y yo como madre no lo supe manejar”. Entonces tuve que encargarme de la salud mental mía, y mi esposo de la suya, y juntos de la salud mental de nuestra hija. Ahí sí que nadie me ayudó. Si los países se preocuparan por estas secuelas, se ahorrarían plata. Hoy todos hablamos del índice de suicidios y de la salud mental de los chiquilines, de la drogadicción, de la adicción a los antidepresivos en los adolescentes. Si previnieras eso como prevenís los cuidados, te ahorrarías guita como país.
En Uruguay está muy establecido el sistema de cuidadores a nivel hospitalario. Ya sea familiar o profesional. En otros países no existe eso.
No sé decirte. Yo tuve que cuidar a mi hija yo misma. Hay muchas empresas de acompañamiento. De hecho, nosotros hablamos con ellas en su momento, para que se presentaran a esto de la provisión colectiva de cuidadoras. No les es rentable, porque la ganancia que quieren tener las empresas no es la que el Sistema de Cuidados estaba dispuesto a pagar, presupuestalmente. Una de las cosas que queremos dejar establecidas y que hemos hablado con las cooperativas es que les estamos dando herramientas para que el día de mañana esas cooperativas puedan brindar en el mercado servicios de cuidado y acompañamiento, porque tienen la formación y el Sistema de Cuidados se las dio, y que no dependan solamente de la prestación del Sistema de Cuidados. Hoy las asistentes personales dependen del Sistema de Cuidados, pura y exclusivamente. Tiene que ir al BPS para que se les asigne un usuario MIDES. Si ellas se nuclean a través de las cooperativas y son dueñas de su propio negocio, podrían brindar cuidados en cualquier lugar del país. Demanda de cuidados va a haber eternamente, porque cada vez va a haber más viejos y más gente con dependencia. Si querés retrasar la internación de tu padre en un residencial y que las horas en que no estás en tu casa haya una cuidadora, cuanto más profesionalizada esté esa cuidadora que va a tu casa, más tranquilo te vas. Esa es la idea con la que se crea un Sistema de Cuidados. Y eso es lo que se busca, darles profesionalismo a los cuidados, y no traer a la vecina y al vecino que de onda te vienen a cuidar a tu padre o a tu hijo. Demanda de cuidados va a haber, porque la expectativa de vida es cada vez más grande.
Decís que los cuidados son el cuarto pilar.
Se va hacia eso. Lo aprendí de Fernando Filguerias. En el mundo entero te dicen eso. Cuando hablabas de que un país tuviera salud pública, capaz en otra época se pensaba que no. Hoy no se puede pensar en un país sin salud pública. Lo mismo con la educación. Varela fue un erudito que creó la escuela laica, gratuita y obligatoria. Hoy no se concibe que el Uruguay no tenga escuela pública, que es un pilar de la protección social. Hoy estamos teniendo estas discusiones con los cuidados. Dentro de cincuenta años el país no se va a concebir sin que les resuelvas los cuidados a los ciudadanos. Eso es lo que se busca con los cuidados.
¿Y ves que realmente hay voluntad política para eso?
Nosotros estamos haciendo un trabajo para dejar ese mensaje.
¿Rinde políticamente? Muchas veces las políticas se implementan según si dan votos o no.
Eso se lo tenés que preguntar al ministro, no a mí. No soy política y no me sé vender políticamente. No me interesa. Soy netamente técnica y tengo una convicción en humanizar, y me convertí en activista de esa causa. Cuando él me llamó me dijo que quería que yo llevara esta causa acá, y que él quería dar un mensaje de que el Sistema de Cuidados lo veníamos a fortalecer. Creo que en estos dos años de gestión, tanto en sus discursos como en los míos, se ve que ese es el mensaje que estamos dando: estamos convencidos de que esto le reporta al país. Si rinde o no políticamente, eso se lo tenés que preguntar a los politólogos. Yo no te lo sé decir.
No te importa.
No. Trabajo convencida de que estamos haciendo lo que la gente necesita. Y me encontré con un equipo que está convencido de esta causa, y que no tiene banderas. No la sé y no se las pregunto. Ellos trabajan convencidos de la camiseta de los cuidados.
Es interesante que tengas un equipo trabajando más allá de quién gobierne. Podrías seguir en el próximo período, entonces. No tendrías problemas.
Es desgastante, pero no tendría problemas, y de hecho los equipos tampoco los tienen. Ellos siguen trabajando, independientemente. Lo que quieren es un buen clima laboral y que se les respete su trabajo y se los valore técnicamente. Han encontrado eso en el ministro y en mí. Mirá que yo le he traído todos los equipos al ministro y le he dicho: “Esto lo hicieron ellos”. “Esto te lo asesoran ellos”. Infancia, dependencia. “El piloto lo hizo este equipo, conocelos”.
¿Encontraste mucha resistencia cuando llegaste?
En el equipo no hubo resistencias, y las dos personas que no estaban de acuerdo con mi trabajo se fueron, directamente. Renunciaron. Me dijeron que no era conmigo como persona, pero que el cambio que yo estaba generando iba a terminar siendo una bandera política y que no querían ser parte de eso. La mejora del programa, esto que te describí, termina convirtiéndose en una bandera, porque si yo digo que técnicamente lo que estaba estaba mal, y bueno, lo dejaron así. Estaba mal, y sabían que estaba mal. Porque eso de perjudicar a las dos partes de una relación laboral… El Estado no puede crear un programa que deje las cosas así. Yo lo vine a cambiar. Este es el piloto, y hasta no crear cooperativas, no paramos. Me lo puse como meta, y el ministro me llamaba a preguntarme cuándo salían las cooperativas. Así.
¿Cuánta gente agrupa cada cooperativa, en promedio?
Hoy tenemos alrededor de setenta binomios en este formato. Hay cooperativas que tienen más cuidadoras. La que más tiene es la de Salto, que tiene como treinta cuidadoras. Después siguen las de Tacuarembó, donde hay alguna que tiene como diez cuidadoras.
Todavía es muy marginal.
Y bueno, lleva un año.
¿Pero no ven las ventajas? Tenés muy malos asistentes de comunicación.
Estamos incentivando y trabajando en un monitoreo de evaluación para decir si esto funcionó o no funcionó, cuando terminemos. Cabría ese riesgo. El tema es que peor de lo que estábamos no podíamos estar. Era tan malo lo que teníamos que no había ninguna de esas seis mil personas que te dijera que estaba contenta con lo que había, con unos dolores de cabeza en los que es peor el remedio que la enfermedad. Había que darle una solución a esa gente. Y eso es lo que quisimos.
Con poco presupuesto, pero mucha voluntad.
Y sí. A lo uruguayo.
El perfil sociocultural de las cuidadoras es de mujeres. ¿De qué edades?
Hay que todo. Hay mujeres jóvenes, de veinte o treinta, hasta otras de sesenta, en edad jubilatoria. Una de las cosas que nos proyectamos con este modelo es hacer un plan de carrera, porque si generás una cooperativa de cuidadoras y ellas van transcurriendo y tienen más experiencia, a lo que se aspira es a que la supervisión la haga una propia cuidadora, y eso se puede hacer si están cooperativizadas.
¿Y el nivel cultural?
Es relativo, porque no nos olvidemos que para hacer el Curso Básico de Atención a la Dependencia no se les exige ni siquiera el bachillerato terminado. Esa fue una de las cosas que vino de entrada, que se había agarrado como una solución laboral. Y a veces me la reclaman, como que al mermar el Sistema de Cuidados estoy cortando fuentes laborales. Y bueno, es que el Sistema de Cuidados no se creó para dar fuentes laborales sino para resolver los cuidados de las personas. Mi misión no es generar puestos de trabajo sino resolver los cuidados. Sí se les da el curso y se genera una currícula de cuidadoras, para que estudien, y a través de INEFOP se les pagan los cursos. No se pagan ellas el curso, son convenios nuestros con INEFOP.
¿Cuánto tiempo de curso les dan?
Ciento cincuenta y dos horas. Son tres o cuatro meses, más o menos. Y egresan formadas en atención a la dependencia, integrando la lista que pasamos al BPS, en el catálogo de asistentes personales.
¿Hoy se les exige a todas que hagan este curso?
Sí.
Si no tenés este curso, no podés ser cuidadora.
No. Cuando entramos, el 50% no tenía formación.
Era una changa, en definitiva.
Y bueno, sí. Se anotaban. Creo que fue por la explosión del sistema, porque se previó que fueran mil quinientos y terminaron siendo cinco mil. Llegó un momento en que no daban abasto con INEFOP ni con la formación, y la demanda seguía creciendo.
¿Cuánto de formación requieren los casos de TEA? No debe ser sencillo enfrentarte a eso sin herramienta ninguna.
Totalmente. A los facilitadores que vamos a poner en las escuelas les exigimos que sean asistentes personales y que tengan este curso hecho. Y además les vamos a dar veinte horas de capacitación aparte. No pedagógica, porque la idea es que lo pedagógico lo dé ANEP, no nosotros, pero sí una formación especial para desempeñarse con un niño con dependencia adentro del local escolar. Implica un cuidado diferente. Una de las quejas que teníamos, por ejemplo, era que todas las prácticas se hacían en establecimientos de personas mayores. Hacen el curso, se reciben, hacen las quince horas con adultos mayores y después las mandás a cuidar un nene con TEA. Y te dicen que ellas lo que aprendieron es a cargar un viejo, no a atender un niño con TEA. Empezamos a buscar en todo el país y a conveniar que las prácticas se hicieran en establecimientos que atiendan niños con discapacidad, para que las que quisieran cuidar niños y especializarse en eso pudieran hacer la práctica en esa área.
¿Vas a dejar como legado un proyecto de ley para que los cuidados no sean sólo antes de treinta y después de ochenta?
No. ¿Lo vas a poner así nomás? Me vas a hacer odiar por toda la población. Me vas a poner eso como titular. ¿Ahí sabés cómo vendés? (Risas).
¿No sería lógico cambiar la ley?
Sería lógico. El tema es que hemos presentado tantas cosas para cambiar, y arrancamos con tanta debilidad en el programa, que no nos da la vida para atender todo. Mirá que eso me lo pregunta el Comité Consultivo, me lo pregunta la gente en las giras en el interior, sobre la progresividad de ir abarcando a toda la franja de la población. Y bueno, no sé si llego a tiempo. Capaz que llego. Había tres grandes problemas que esto dejaba y que el Comité Consultivo dejó por escrito.
¿Qué es el Comité Consultivo?
Es la sociedad civil que por ley me asesora en cómo estoy ejerciendo los cuidados. La ley del Sistema de Cuidados crea una gobernanza establecida por una Junta Nacional de Cuidados, que la integramos todos estos organismos, una Secretaría Nacional de Cuidados, que somos nosotros, porque la rectoría la ejerce el Ministerio de Desarrollo Social, y un Comité Consultivo integrado por la academia, la sociedad civil, la Red Pro Cuidados, la Cámara de Empresas Acompañantes, los sindicatos, el PIT-CNT. Todos ellos son el Comité Consultivo. Una vez al mes me reúno con el Comité Consultivo. Me dan palo mal.
Algún motivo tendrán.
La llevo bien. Me llevo bárbaro con el PIT-CNT.
¿Quién va por el PIT-CNT?
FUECYS, donde está amparado el Sindicato Único de Asistentes Personales. Tengo terrible relación con FUECYS, la verdad. Y cuando el Sindicato Único de Asistentes Personales se me revela un poco, en seguida voy y le pido a FUECYS que me dé una mano. Con FUECYS se puede negociar. Y vienen representantes del PIT-CNT. Ahí se genera un buen ámbito de diálogo. Y la Red Pro Cuidados son las mujeres que crearon y avanzaron en el modelo de país hacia este modelo de cuidados. Dentro de las propuestas que la Red y el colectivo dejaron, estaba el ir hacia un modelo cooperativo, y lo hicimos, con sus luces y sus sobras. Es lo que ellas me dicen. La fundadora me llegó a decir que por lo menos me animé a hacerlo, que esto se lo habían propuesto al gobierno anterior y no se había animado a hacerlo. Saldrá bien o saldrá mal, pero había que probarlo. Y otros temas que queremos dejar resueltos. Otro de los grandes temas, que es un karma permanente y que era la gran duda, es quién les paga el despido a las asistentes personales. Lo estamos analizando junto con el Ministerio de Trabajo. Lo vamos a hacer también son el SUAP, que es el sindicato.
¿No sería conveniente crear un seguro?
Lo estamos analizando, quién pone plata para ese seguro. Porque si les tocás el sueldo… Hoy para pagar un seguro tenés que sacar plata de ambas partes, del gobierno, del Estado, del Ministerio de Economía y Finanzas, y del sueldo de ellas. ¿Están dispuestas a aceptar que les toques el sueldo para pagar un seguro que garantice el futuro? No es fácil. Todas esas cosas con las que se negocian. Me preguntás cuáles son los desafíos que voy a dejar. Bueno, esas son las grandes deudas que tenía el sistema y que queremos dejar solucionadas. Si llegamos a la progresividad, y ahí sé más benevolente, obviamente lo estudiaremos. En la agenda está. No sé si llegaré o no llegaré.
No te veo por la neblina. Sos muy defensora de Arbeleche. No tenés chance. No te va a largar un mango. Es dura de pelar. Y Alfie atrás. ¿No está Alfie en los organismos?
Sí, está.
Olvidate.

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