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La voz móvil por Jorge Alastra

La voz móvil por Jorge Alastra
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En 1985 el músico uruguayo Luis Trochón (1956-2020) se unió al polifacético artista argentino Alberto Muñoz (1951), para llevar adelante el espectáculo “La mujer sin cabeza”. Fue presentado en la Alianza Francesa de Montevideo en un año problemático donde lo político minaba cada tramo de la realidad del país. Salíamos de la dictadura y en Argentina la democracia era un hilo delgado que amagaba con romperse en cualquier momento. Musicalmente, el horno no estaba para bollos y lo que entonces era masivo distaba mucho de una propuesta experimental y ruptural como la de Trochón y Muñoz. Es en este contexto que el uruguayo graba y edita “Movimiento” (1985), un álbum singular dentro de la discografía popular uruguaya (aunque la etiqueta “popular” resulta difusa pues el material se apartó de lleno del ámbito de la canción tradicional y sí se conectó con lo teatral y la voz utilizada como instrumento politímbrico, hablada o cantada). Fundador del grupo “Los que iban cantando” y con algunos discos como solista editados, este trabajo marcó lo extremo de su desarrollo artístico si trazamos una correcta línea de tiempo. El concepto de despojamiento brutal ya estaba madurado en su estética; concepto que tuvo varias puntas interesantes.
En primer lugar, el sitial del cantautor tradicional siempre fue el del solista (generalmente pertrechado de guitarra o varias guitarras) que cantaba sus canciones y se dirigía a ciertos sectores de la sociedad, sectores que pueden definirse como de clase trabajadora y clase media de izquierda. Pero en “Movimiento”, el sujeto que lleva adelante el discurso no es el que canta estribillos pegadizos y con un mensaje proselitista (aunque sí estamos frente a un artista con una clara procedencia de izquierda). Aquí nos encontramos frente a una voz-sujeto que trabaja una textura de distintos personajes y que no se remite a lo acostumbrado y esperable: son voces fragmentadas y aisladas de un programa. Sobre diálogos verdaderos con amigos, conocidos o parientes, Trochón construye una sucesión de hechos vocales-musicales aleatorios donde no existe un apoyo instrumental (salvo pequeñas intervenciones). Pero estas voces no son el simple relato de quien podría estar leyendo un guión. Van generando una trama (drama) musical en sí misma; una métrica y una tímbrica; y el compositor las trata como instrumentos orquestales. En “Porquesinó”, Trochón camina sobre un territorio tanguero -con un dejo de ironía- porque la melodía y la letra son “discepolianas”. Pero de un Discépolo a contramano, de ultraizquierda, que no abjura ante Dios, sino que se lamenta de su cobardía revolucionaria (“…qué lástima que mi pulso sea tan malo/ (…) qué lástima que tenga tan mala puntería/ qué lástima que a las armas les tenga tanto miedo”) La biografía del autor se cuela, explícitamente, relatando episodios de su separación mientras reflexiona –en voz alta y clara- sobre el sentimiento culposo de un militante de clase media que no pudo ir más allá de la teoría política. Y esto habrá sido muy removedor y a la vez catártico, en medio de un contexto donde se festejaba la derrota del pueblo sobre los militares. En “Las muertes conjuntas” nos topamos con una obra inesperada y donde se transgrede el límite de lo “aceptable” de una obra artística y nos sumergimos en una especie de apología de la acción directa. Sobrevuela en esta pieza – otro “tango” interpretado a capela- la influencia de “La muerte y la doncella” del argentino-chileno Ariel Dorfman, aunque la de Trochón va más allá. En este “juicio popular” se condenan los hechos de los aparatos represivos ilegales desde 1972 a 1985. Fue un acto de valentía artística, en tiempos donde aún esos aparatos clandestinos continuaban operando como si nada (“Hola Juan Carlos, te venimos a matar/ pero Juan Carlos, de tus hijos ¿ahora te acordás?/ (…)/ no empieces a temblar ni a suplicar/ no intentes lagrimear, Juan Carlos, las bestias no lloran”) En “Movimiento”, Trochón despliega su capacidad rítmica, interpretativa e histriónica. Parado sobre una nota sola construye todo el discurso donde la protagonista es una mujer que se multiplica como el pan y los peces cristianos (“Yo te quería mujer, en movimiento mujer/ faculteando mujer, fabricando mujer/ volanteando, campaneando, asambleando mujer”) La mujer citada es militante, amante y madre en simultáneo (“Yo te quería mujer, en movimiento mujer/ enamorando mujer, embarazando mujer”) La originalidad está en la verbalización de sustantivos, por ejemplo: facultear, asamblear o campanear. “Movimiento” es un disco que duerme a la espera de un estudio más profundo sobre el papel de la música popular experimental en Uruguay en los años más oscuros, y de cómo pudo surgir un lenguaje tan osado, cuando no había posibilidades de que esto fructificara. Y resulta sintomático que el propio Trochón, poco tiempo después, se bajara de estas propuestas y pasara a encabezar un proyecto de comedia musical a la yanqui. Es un estudio que tendrá más que ver con la no aceptación general de un lenguaje experimental de vanguardia, lejos de lo mercantil. Quizá algún día imposible -quién dice- se pueda dar.

(Ilustración: Óscar Larroca)

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