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Laura Raffo: Nunca en mi vida fui una paracaidista

Laura Raffo:  Nunca en mi vida fui una paracaidista
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Hace cinco años la entrevistamos como economista, hoy fue como candidata a intendenta de Montevideo. Salir de los lugares comunes de todas las entrevistas, a una persona que vive dando notas en los medios no es fácil. Lo intentamos, ustedes juzgarán si tuvimos éxito. Eso sí, no pierdan de vista a esta mujer, porque llegó a la política para quedarse y aprende rapidísimo.

Por Alfredo García / fotos: Rodrigo López

¿Cuarenta y seis años?

Cuarenta y seis. Cumplo cuarenta y siete el 22 de setiembre.

Lindo regalo de cumpleaños sería la intendencia.

¿Sabés cuál es la cábala? Poder comer una torta de frutillas en la explanada de la Intendencia.

La podés comer aunque pierdas.

No, si ganamos. Ahora hay frutillas todo el año, pero antes, cuando éramos más jóvenes, las frutillas empezaban a arrancar en el mes de setiembre. Todos los que cumplimos en setiembre tenemos las primeras tortas de frutillas.

¿En qué año entraste en facultad?

En el 92.

En Ciencias Económicas. ¿Cuándo terminaste?

En el 98. Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. En esa época la carrera de economista duraba cinco años, más la tesis. Era el plan 90. Después cambió, el plan volvió a durar cuatro años. Yo formé parte de las pocas generaciones que hicimos la carrera en cinco años. Divina carrera.

¿Sobre qué fue tu tesis?

Discriminación y segregación laboral por género en Uruguay, un estudio de la última década. Los datos disponibles eran de entre 1986 y 1996. La hice con Magdalena Furtado, que hoy es directora de ONU Mujeres, gran amiga. Fuimos las primeras en estudiar dinámicamente la brecha salarial. Se habían hecho estudios puntuales, pero fue la primera vez que se estudió una década entera, para ver si la brecha se achicaba. Y efectivamente se achicaba, pero todavía al día de hoy no está cerrada. Hay un 19% de diferencia entre lo que ganan los hombres y las mujeres.

Ya en esa época el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo era grande.

Ya era grande. La participación de las mujeres en carreras terciarias era grande también. Pero todo se medía a través de las teorías de la discriminación. Usamos el modelo que construyó el economista Gary Becker, Premio Nobel de Economía. Él lo construyó para Estados Unidos, para medir la brecha salarial entre trabajadores afrodescendientes y trabajadores blancos, y luego el modelo empezó a usarse para medir otro tipo de discriminaciones. Es muy interesante. Éramos bastante pioneras en eso. Cuando elegimos ese tema para la tesis, sorprendimos.

¿Quién fue el tutor?

Marisa Bucheli. Tremenda tutora, muy buena. A veces se tiende a ver a la economía como alejada de la social. Pero claramente es una ciencia social, y es lo que más me gusta de la economía.

Podríamos discutir si es una ciencia.

Bueno, se verá. Depende de si le embocamos a los pronósticos sobre el dólar. Esa fue la primera nota que me hiciste.

Me acuerdo. La leí de nuevo y me divertí mucho, dijiste un montón de disparates.

¿Me los vas a poner arriba de la mesa? Decís que no resisto el archivo…

Por supuesto. ¿Qué profesores te marcaron en la facultad?

Tuve muchos profesores que son dirigentes destacados del Frente Amplio. En la facultad eran los que más participación tenían.

Todos marxistas.

No, marxistas no. Danilo Astori fue un profesor que me marcó. Era muy ordenado en su materia. Él iba al pizarrón y ponía A1, A1.1, A1.2 y así seguía. Cuando yo, ansiosa, preguntaba qué pasaba con tal cosa, él me decía “Raffo, eso lo vamos a ver cuando lleguemos al punto B1.3”. Fue muy buen profesor. Mi cuaderno de Historia de la Economía en Uruguay, que era su materia, era de los más ordenados. Está bueno cuando un profesor te da una materia y tus apuntes son tipo libro. Lo recuerdo con mucho cariño a Danilo.

Un buen profesor y un mal político.

Esa es tu opinión.

Te pregunto.

Creo que como político pasó por etapas de mayor y menor destaque. Creo que ayudó a la estabilidad macroeconómica del Uruguay. Después, en los últimos tiempos, quizás le faltó meter una impronta que aprovechara más de la bonanza económica que tuvimos, y que nos dejara con ahorros y nos dejara en un mejor lugar.

Azucena Arbeleche trabajó con él.

En la Unidad de Deuda, sí.

¿Te llevás bien con Azucena?

Sí, tengo muy buena relación.

¿Son de la misma generación?

No, no somos. Creo que ella es de la generación de mi hermana.  Pero nos llevamos muy bien. Antes de que ella entrara en política nos conocíamos simplemente de vista. Después el presidente nos puso en contacto. Incluso antes de las elecciones me reuní con ella alguna que otra vez e intercambiamos ideas. Ahora en la campaña también me he reunido con ella. Me parece que es una persona que tiene muy claras las ideas y que tiene mucha seriedad para conducir el Ministerio de Economía. Es muy profesional. Me gusta porque se rodeó de mujeres en el Ministerio.

¿No colaboraste en el equipo que armó el programa económico para la campaña?

No. Durante la campaña estuve en contacto con el presidente e intercambiamos ideas sobre temas económicos, de empleo y de feminismo. Pero no estuve en las bambalinas del armado del programa económico.

O sea que sos una paracaidista total.

Para nada. Nunca en mi vida fui una paracaidista. Todo lo que construí lo construí con esfuerzo y trabajando en cada tramo. Uno no cae en paracaídas en ningún lado.

Hablo de la política.

Mis conversaciones con Luis arrancaron hace doce años. Él se encarga de refregármelo cada tanto (risas).

Te usó para aprender algo de economía. No sabe nada de economía, él lo admite. Ha aprendido.

Creo que ha aprendido un montón de economía. No es su área de mayor expertise, pero ha aprendido. Con Luis tenemos una buena relación. No éramos amigos. Nos conocíamos, nuestros padres trabajaron juntos. Nos conocíamos desde chicos, y después nos seguimos cruzando por la vida, pero no formábamos parte del mismo grupo de amigos. Es una relación cordial y de buena onda. Años atrás, cuando él por primera vez se iba a postular a la interna, se juntó conmigo y me invitó a acompañarlo. Pero no me animé a lanzarme a la política.

¿Como diputada?

Tenía muchas opciones, pero yo no estaba lista para lanzarme a la política. Le dije que no, y es lo que me reprocha, aunque me entendió. Soy una mujer divorciada que cría a sus hijos, profesional, que…

¿Hace cuánto te divorciaste?

Hace seis años. Todo lo que fui construyendo en mi vida profesional lo hice sola. Tuve la suerte de nacer en una familia que me pudo pagar los estudios en un buen colegio. Después de eso entré en la Universidad de la República, y a partir de ahí me manejé sola. Me conseguí mis trabajos, me fui postulando a otras oportunidades. Fui construyendo y forjando mi futuro. Cuando decidís lanzarte a la política después de veinte años de trabajar en el sector privado, obviamente que es un cambio radical. Ponés en riesgo todo lo que construiste. Una vez que tú te mostrás partidaria de una fuerza política ya en el sector privado es muy difícil volver. Es una decisión que tenés que tomar de modo muy consciente. Ahora estaba lista, pero no hace doce años atrás.

¿Cómo se prepara una persona para la política?

En Esta Boca es Mía vos siempre me jorobabas con que hay que tener la piel dura. Uno tiene que estar preparado para la altísima exposición, y para que le intenten hacer un daño a su reputación. Hay etapas en la vida en las que estás dispuesto a eso, y otras en las que estás construyendo otra carrera y no querés exponer todo lo que hacés. Una vez que te decidís a entrar a la política, todo lo que hacés queda absolutamente expuesto al escrutinio de todos, y vos tenés que rendir cuenta de todo, de cada decisión que tomás. Ahora estaba lista, pero antes no.

¿Qué hiciste? ¿Terapia?

Por supuesto que hago terapia, hace muchísimos años.

Ahora más que nunca.

Creo muchísimo en eso. Uno tiene que hacer mucho trabajo interno, ni que hablar. De chica viví lo bueno y lo malo de la política. Viví el entusiasmo que implica la militancia, las banderas, los actos, el acompañar a mi viejo en Paysandú, pueblo por pueblo, subiéndonos a los ómnibus y haciendo las caravanas. Todo el retorno a la democracia, que lo viví con mucha fuerza. Me acuerdo ir con mi abuela materna, Lidia, a la que no había nada que le gustara más que agarrar una cacerola y pegarle contra una columna. Son esos recuerdos que te quedan, recuerdos lindos que te hacen pensar en lo lindo que es hacer política y militar. Pero después me tocaron las malas. Me tocó que se dijeran mentiras de mi viejo. Me costó que te señalaran con el dedo por algunas infamias. Por lo tanto, también quedás con una herida. Todo eso tenés que procesarlo, y ver si querés estar expuesta a eso mismo.

Sos blanca desde siempre.

La verdad es que sí. Siempre voté al Partido Nacional.

¿Militaste como estudiante?

¿En la Facultad de Ciencias Económicas? No era una militante muy activa, pero formaba parte. Era profesora, también. Desde el primer año me tocaron los paros y las votaciones. Me comí los dos primeros años en que terminamos dando exámenes en enero, por los paros que atrasaron los exámenes de diciembre. Me acuerdo de estar en una asamblea. No me acuerdo si teníamos que definir algo como profesores o como alumnos, porque viste que ahí se te empiezan a mezclar las dos cosas. No tenía una militancia muy activa pero sí estaba metida. Cuando vas a la Universidad de la República no existís si no estás metido en ese entramado. No podés decir que no opinás, que entrás a clase y te vas.

¿Hablaste en alguna asamblea?

Con lo que me gusta hablar y exponer… Por supuesto. En muchas asambleas.

La práctica viene de ahí.

Obvio, cómo no voy a haber hablado en asambleas. Y no solamente en facultad. Me acuerdo también del diario, participando en asambleas. Me gusta, sí.

¿Alguna vez te hiciste socia de APU?

Nunca fui socia, y eso que trabajé en periodismo muchísimos años.

Seis años en El Observador.

O más. Entré cuando estaba en segundo o tercero de facultad, por el 94. No sé si no estuve como ocho años.

¿Aparte de Néber hay alguien más que te haya marcado en el periodismo?

Néber era un icono cuando me llamó. Me acuerdo perfecto. Sonó el teléfono fijo. Yo seguía viviendo con mis padres.

Bastante crecidita para vivir con tus padres.

No, pará. Mucho mejor que las generaciones de ahora. Gracias a Néber yo me independicé. Tenía veintidós años, laburaba en El Observador. Cuando llamó, lo atendió mi madre. En esa época él estaba en televisión y en Setiembre FM. Pensé que me llamaba para ir a la televisión. Imaginate la emoción. Pero me llamaba para Setiembre FM. Yo ya cobraba un sueldo en el diario, y cuando agarré ese segundo sueldo me independicé. Alquilé y me fui a vivir sola.

¿A dónde?

A una cuadra y media de mis padres (risas).

La ropa la seguía lavando tu madre, no me digas nada.

Bueno, pero me mantenía sola. Ahí ya me había mudado a Pocitos. Sí, me mudé a una cuadra y media, pero me pagaba mi alquiler y mis cuentas, y hacía lo que se me cantaba. No hay nada que te guste más a esa edad que no tener que rendir cuentas. Cobrar dos sueldos me lo permitió. Viste que los periodistas no ganan mucho dinero.

En general, no. Salvo Néber.

Yo necesité ese segundo sueldo para poder independizarme. Lo hice feliz de la vida. Es una decisión que siempre les recomiendo a mis hijos. Recién tienen trece años, pero a veces me plantean que cómo se van a ganar la vida. Les vienen esas preguntas. Siempre les digo que haciendo lo que más les guste, dedicando mucho y poniendo trabajo. Me preguntan que cómo se van a mantener. Y les digo que van a tener que laburar, que ellos mismos no van a querer seguir viviendo con mamá, que se van a querer ir, a vivir solos, con amigos, con la pareja. Y que se queden tranquilos, que lo van a poder hacer. A los hijos hay que darles para adelante.

Están en una edad complicada, en la preadolescencia.

Sí, es una edad difícil. Por un lado están disfrutando mucho de esta campaña, pero por otro lado…

Te la cobran.

Te cobran el horario. Te cobran que llegaste tarde de un acto. Y es comprensible. Entienden que es una etapa, aunque me dicen que, si salgo intendenta, voy a seguir trabajando así todo el tiempo. Les digo que no, que algún espacio el fin de semana me voy a poder tomar. Y me dicen que no, que voy a tener que hacer muchas cosas (risas).

Hace cinco años me dijiste que no te interesaba la política. ¿Me mentiste o se te despertó después el interés?

No miento. Pasó ese proceso que te conté. Uno lo va madurando, y el estar dispuesto a la gran exposición forma parte del crecimiento personal. Hace cinco años no lo estaba, como sí lo estuve ahora. Forma parte del crecimiento. Hay que estar dispuesta a poner la piel ahí para que todos te escupan.

Te subiste al carro del triunfo del Partido Nacional, también.

Bueno…

Decís que sos la candidata del gobierno, te juntás con los ministros…

No sé si es subirse al carro, pero sí forma parte del cambio. Se está procesando un cambio a nivel nacional, con el que me gusta colaborar desde un nivel departamental. Ayudó en la toma de la decisión, ni que hablar. La gente se expresó a favor de un cambio. Y ya que la gente se expresó a favor de ese cambio, yo pongo mi conocimiento y mis virtudes, y también mis defectos, por supuesto, con mucha humildad, como hay que trabajar siempre, al servicio de ver si puedo ayudar a que la gente de Montevideo viva mejor.

Lo de humilde no te lo creo.

Soy una persona bastante humilde. Preguntalo por ahí. Es una característica mía, sí. No soy de andar hablando de mis cosas, de mis logros. Lo que tengo es empuje, que no tiene nada que ver con no ser humilde. Empuje tengo. Hago escuchar mi voz. Es importante que una mujer haga escuchar su voz. Y desde chiquita.

¿De dónde surge el interés por el género?

Mi madre, que era una madre muy tradicional en el sentido de que conoció a mi padre en la Facultad de Derecho y después dejó la carrera y su trabajo para criarnos, eligió quedarse en casa cuidando a sus hijos, en un modelo más antiguo. Pero no paró de inculcarnos a mi hermana Vero y a mí la importancia de ser independientes. Era como un sonsonete. Nos decía que teníamos que tener nuestra carrera, nuestra independencia, nuestro trabajo, que no teníamos que depender de ningún hombre y valernos por nosotras mismas. Desde chicas. Y a mi hermano varón también.

El varón ya lo tiene claro.

Yo, además, siempre fui bastante rebelde. Era de las que llegaba con el dobladillo roto, con la cola de caballo corrida. En los recreos estaba donde estaba la acción (risas).

Nunca te suspendieron.

No.

Tanto lío no armabas, entonces.

Pero siempre me ponían que era muy conversadora. Me gustaba arengar, conversar. Si había que quejarse de algo, yo siempre estaba en la delegación.

Nunca integraste ningún movimiento feminista.

Depende de lo que llames movimiento feminista.

Los clásicos. Cotidiano Mujer, por ejemplo.

De los clásicos, no. Sí participé de dos asociaciones que promueven el liderazgo de la mujer, en la fundación de la Organización de Mujeres Empresarias, y en el movimiento Voces Vitales, que busca que las mujeres jóvenes puedan ser mentoreadas por mujeres más grandes, en distintas áreas, en lo social, en el trabajo, en lo empresarial.

En el feminismo hay diferentes vertientes. Vos estás en la vertiente de la igualdad salarial, de cargos, política.

Lo que más trabajé fue el acceso de la mujer al poder económico. Me posicioné más ahí y no trabajé tanto en temas de violencia contra la mujer y de género, que sin embargo me parecen temas absolutamente trascendentales. Lo más grave que tenemos hoy son los femicidios y la violencia de género, y por eso en mi programa tengo toda una sección sobre cómo hacer una ciudad libre de violencia, con políticas antiacoso, antiacoso en el transporte público. Me parece fundamental. Pero en lo que más trabajé, en estos últimos veinte años, es en el acceso de la mujer al poder económico, sí. Y es fundamental, porque los índices de violencia bajan cuando una mujer tiene autonomía.

Tiene la libertad de irse.

La libertad de acción. La autonomía económica es fundamental.

Muchas veces esa es la causa de la opresión de la mujer. Como el hombre es el que provee, entonces hay que callarse la boca.

La autonomía es fundamental, y es en lo que más he trabajado. Digamos que en eso me especialicé. Ahí hice mi crecimiento, y di charlas en la OIT sobre ese tema. Pero no hay que quitarle el ojo a lo otro, que es el peor flagelo.

¿Vas a la marcha del 8 de Marzo?

Sí, pero tampoco fui a todas. Me parece importante.

Ha habido un rebrote importantísimo del rol de las mujeres.

Por supuesto. Este es un año bisagra. Que este año hayan surgido los movimientos espontáneos, catárticos, con los hashtags de varones en carnaval, varones del rock, varones de la fotografía…

Los periodistas.

De todo. Uno empieza a encontrar que hay de todo. Me parece fundamental. Cuando la mujer vive situaciones de acoso o de abuso es muy difícil que lo denuncie de manera inmediata, porque es incómodo, porque a veces no están dados los mecanismos para denunciar. A veces el condicionamiento social hace a la mujer sentirse responsable de la situación, y no se anima. La enorme mayoría de las veces los abusos se producen cuando hay una relación de poder: profesor y alumna, entrenador y gimnasta, directores de murga y chiquilinas que estaban empezando a meterse en el ambiente del carnaval, grandes músicos del rock con groupies. Está comprobado que estos movimientos catárticos visibilizan el tema y por lo tanto colaboran a la condena social, que es lo fundamental que hay que lograr. Porque podés tener el mejor protocolo del mundo, pero si no tenés una condena social, no sirven. Los protocolos son divinos, pero para que funcionen lo que tenés que lograr es que la gente se indigne cuando pasan estas cosas. Trabajé en muchísimas compañías que tenían protocolos, en mucha compañía internacional.

¿Cuáles?

Microsoft, por ejemplo. Una compañía fantástica, que tenía toda una política de promoción de las mujeres. Hay muy pocas mujeres en tecnología, éramos solamente el 18% en ese sector. Pero había un protocolo de denuncias de este tipo. Yo tenía un cargo regional en Microsoft. Me acuerdo de una situación donde compañeros de distintos países empezaron a molestar a una azafata en el avión, volviendo de un congreso. Lo vi, me pareció absolutamente aberrante y fuera de lugar, y lo denuncié por el canal corporativo. A ellos les aplicaron las sanciones, por supuesto. ¿Pero en qué lugar quedé yo? Me detestaban. Yo era la buchona. Los protocolos están bárbaros, pero te dejan parada en un lugar de debilidad. Eso es lo que hay que evitar, que seas la buchona cuando denunciás una situación. Al contrario, que vean que estás defendiendo que no haya situaciones de acoso contra nadie. Pero cuando denunciás, sos la buchona. Y las denuncias son anónimas. Imaginate, entonces, alguien en su ámbito de trabajo o en el gobierno que haga una denuncia. Siempre se termina sabiendo quién fue y por qué, y se le hace el vacío, se la persigue. El movimiento catártico lo que hace es que la gente empiece a condenar. Hoy mis amigos varones ya no me discuten si está bien piropear por la calle. Empezó a calar. La gente empezó a entender cómo es el tema de fondo. Yo empecé a ir en ómnibus en primero de liceo. Empecé a usar el transporte público y a moverme sola por la ciudad en la etapa en que estás pasando de ser niña a ser adolescente. Ahí es cuando peor se da la situación de acoso callejero. Las cerdadas que te dicen, los manotazos que te ligás. Es lamentable, y no conozco una mujer a la que no le haya pasado.

Te estás metiendo en un ámbito que es muy machista: la política. ¿Sos consciente de eso?

Soy consciente, y me encanta, junto con otras mujeres desde mucho antes que yo, poder ser punta de lanza en esto. Me parece fundamental. Me encanta, y los tengo acalambrados.

Y los blancos específicamente parece que fueran un poquito más machistas que el resto.

Los tengo acalambrados.

¿Por qué? ¿Qué les hacés?

Todo el tiempo les hablo del tema de la mujer y de la importancia de tener más mujeres. Trabajo mucho con los diputados de Montevideo, además de con los senadores, y son de una nueva generación muy abierta a hablar de estos temas. Donde me lleguen a hacer una reunión donde la única mujer soy yo, les digo que se volvió a juntar el Club de Tobi, y les meto tres mujeres adentro. Creo que son conscientes de que es algo a cambiar. Creo que este empuje del Partido lo lideran mujeres como Beatriz Argimón y Gloria Rodríguez. Espero ser también una de las que lidere este cambio. Pero los veo muy abierto a eso.

No tienen más remedio.

Es una realidad.

El 52% de las académicas son mujeres. Estudian mucho más que los hombres.

No hay excusas. No hay diferencia de capacidad. No es falta de capacitación, porque hay más mujeres que hombres con educación terciaria, como tú decís. No es falta de experiencia, porque estamos en el mercado laboral hace mucho tiempo. ¿Qué es? Sesgos inconscientes y prejuicios que impiden que la mujer avance en ámbitos de poder. Contra eso es que hay que trabajar. Nadie te dice en la cara: “Vos no porque sos mujer”, ese discurso ya perimió. En lo que hay que trabajar es en el sesgo inconsciente que hace que el hombre sienta, por momentos, que no le va a ofrecer un empleo a la mujer porque es muy sacrificado en horarios y la mujer tiene que ocuparse de sus hijos. Basta, eso se terminó. Es tiempo de los cuidados compartidos. Pero lleva su tiempo.

¿Estás de acuerdo con la paridad?

Sí, me parece una herramienta que te permite avanzar varios escalones sin los cuales los avances durarían cien años. Hay estudios econométricos a nivel mundial sobre cómo fue avanzando la participación de la mujer y sobre cuándo se cerrarían las brechas de participación. Todos esos estudios dan que, de seguir al ritmo actual, se demoraría más de cien años. Ese tipo de herramientas que obligan a visibilizar a las mujeres me parecen muy interesantes. “Que sea capaz”, te dicen. Perfecto. ¿Quién les hizo el test de capacidad a todos los legisladores hombres? Nadie.

Y se nota.

Eso lo decís vos. Pero lo que digo es que si al varón no se le exige test de capacidad, entonces que no se le exija a la mujer. Claramente, los dirigentes van a impulsar a aquellas mujeres que mayores conocimientos tengan. Están, existen y levantan la mano. Eso también es importante. Continuamente les digo a las candidatas a alcaldesas y edilas que digan que quieren participar, estar en las listas, liderar. Si no lo dicen, son más invisibles. Hay que darle mucha visibilidad a lo que querés lograr, de manera permanente. Soy pesada con eso.

¿Tenés empleada doméstica?

Sí, por supuesto. Tengo, porque no estoy en todo el día en mi casa. ¿Quién recibe a los chiquilines, si no?

¿No está en negro, no?

Jamás. Pero si no tuviera alguien que me ayudara en las tareas de mis hijos y del hogar, entonces yo no me podría estar dedicando a esto.

¿El movimiento feminista no ignora a veces la situación de algunas mujeres?¿No se ignora que las que hacen carrera lo logran porque hay alguien que les está lavando la ropa en la casa?

No es nada indigno lavar la ropa. Al contrario. A todas las mujeres que han trabajado conmigo, ya sea en mi casa o en cualquier emprendimiento que haya tenido, las impulso a que se desarrollen y salgan adelante. Al contrario, no sabés cómo las empodero.

Vivís cambiando de empleada.

¿Sabés qué? Sí. Varias. A abrir un autoservicio, a independizarse porque querían dedicarse a la gastronomía. Sí. Las impulso. Es lo que tenés que hacer. Pero ningún trabajo es poco digno.

¿No es un desperdicio social? En muchos países desarrollados el servicio doméstico prácticamente no existe, salvo en niveles muy altos.

Es gente que te está dando una mano con las tareas. Yo no podría estar a la hora en que llegan mis hijos del liceo para abrirles la puerta y ayudarlos.

En general, la gente que trabaja en el servicio doméstico gana mucho menos.

Depende.

No ganan lo mismo que vos.

¿Menos que qué? ¿Que en un trabajo administrativo de primera entrada? Más o menos. No necesariamente. Se han hecho muchos logros. Hay que reconocer los logros.

Son de la izquierda, ¿estás loca?

Yo reconozco los logros. Se ha trabajado mucho en proteger los derechos del servicio doméstico. Hoy por hoy, se ha disminuido enormemente la cantidad de personas que trabajan en el servicio doméstico sin estar incluidas en el BPS. Se paga por presentismo, se dan primas por antigüedad. Se ha mejorado la protección del servicio doméstico y eso me parece muy bien.

¿Qué opinión tenés de la prostitución? ¿Es trabajo sexual?

Sí, es trabajo sexual. ¿Qué trabajo es, si no?

¿Se debe considerar un trabajo?

Claro que es un trabajo.

Hay diferentes teorías.

Es un trabajo en el que algunas mujeres y también hombres deciden entrar. Muchas quieren salir. Justo ayer participé en la asamblea feminista que hizo su plataforma e impulsa sus ideas para tener cambios en Montevideo en materia de género, y una de las cosas que ponían en la plataforma era cómo tomar en cuenta a las trabajadoras sexuales para darles la posibilidad, a las que querían salir, de reconvertirse y capacitarse, y de ver cómo las que querían quedarse en el trabajo sexual podían hacerlo en las mejores condiciones posibles. Pero sí, son trabajadoras.

No sos abolicionista. En algunos países penan al cliente.

No estudié tan a fondo el tema. Cuando me meto en un tema, me gusta hablar con todas las partes. No me he reunido con trabajadoras sexuales como para poder tener su opinión sobre el tema.

Es la bolilla para la próxima entrevista.

Siempre hay que tener bolillas pendientes. Si uno siente que sabe de todo, es de una soberbia enorme.

Desde las entrañas, ¿no te jode que haya mujeres que tengan que vender su cuerpo?

Por supuesto que sí.

¿Y que eso se llame trabajo? No tenés hijas, ¿pero te imaginás a tus amigas, a tu hermana?…

Desde el punto de vista de las entrañas me jode, pero me jode más que haya gente que pague por mantener relaciones sexuales. Eso es lo que me jode. Y me jode que haya mujeres que entren en ese círculo como último recurso para mantenerse. Pero también respeto si hay alguna mujer que diga que esa es su manera y que se la deje en paz. Pero obvio que me jode. Creo que no hay ninguna mujer a la que no le joda.

¿El tema aborto lo tenés resuelto?

Siempre. Estuve a favor de la ley de despenalización. Claro que sí.

Es un tema que en tu partido también es complicado.

Incluso hasta el presidente dijo que respetaba ese derecho. Yo, como feminista que soy, lo tengo clarísimo. Estoy de acuerdo con la ley de despenalización.

¿Cuánto está pesando la corrección política hoy en nuestra sociedad?

Creo que cada vez menos, ¿no?

¿Te parece?

Sí. Me parece que si no podés ser medio genuino, te vas al horno, sobre todo con temas trascendentales. A qué se le llama corrección política es algo que se puede ver de varias maneras. ¿Es no ponerte a las risotadas, o tener que estar siempre en pose de que sos correcto porque sos político? ¿O es no decir lo que verdaderamente pensás de los temas? En esa segunda visión no coincido. Expreso lo que siento de los temas, y en eso soy genuina.

No hablás de “todos y todas”.

Mi visión del lenguaje inclusivo es la siguiente: es cierto que si uno utiliza permanentemente los genéricos cae en el poner más sobre lo masculino, porque en español los genéricos van hacia el masculino. Ahí es verdad que tendés a invisibilizar un tema de género. Pero no hablo con “les” y con “todes”. No me parece, no lo hago. Sí muchas veces digo “montevideanas y montevideanos”, para visualizar que somos mujeres y hombres, para darles otro rango. Pero hago lo que pienso. En eso no siento que haya que ser correcto políticamente.

Sos genuina.

Sí. ¿Lo dudás?

Pagás los costos políticos.

Probablemente tendré alguno, en algún punto.

¿Dónde estabas en 2002?

Laburaba en Manpower, si no me equivoco. Durante la crisis, sí. Había terminado mi máster en el IEEM y trabajaba en administración. Había dejado el periodismo. Había terminado mi ciclo en El Observador. Gracias al máster logré saltar a Manpower, a una posición gerencial interesante, para un área nueva que se llamaba Manpower Professional, que reclutaba personal ejecutivo y hacía estudios sobre clima organizacional, con mucho trabajo en recursos humanos. Tenía una responsabilidad comercial. La crisis la viví desde Manpower, con la caída de ventas de Manpower. Fue ahí.

Estuviste en muchos laburos gerenciales. ¿Había sindicatos?

En el sector financiero, sí.

¿Estuviste de contraparte en algún momento?

No, pero sí a nivel de planificación estratégica de las comunicaciones. Donde estuve directamente encargada de todo el manejo de recursos humanos fue cuando trabajé con los neozelandeses, una empresa que tenía la parte de granos, la producción de leche y cuarenta y seis establecimientos en todo el Uruguay. Yo era la directora de recursos humanos, me ocupaba de la seguridad y la higiene.

Negociabas con los sindicatos.

No había sindicatos. Negociaba con todos los peones, que se calentaban con las normas de seguridad e higiene, cuando les decías que no podían usar el poncho. El accidente más común era cuando la vaca les pegaba una patada. Había que ir a todas las estancias y negociar con todos ellos. No es sencillo cumplir con las normas sanitarias y la protección de los trabajadores cuando hay usos y costumbres que van en contra de esas normas. Te diré que eso fue lo que me dio más laburo. Y también el sistema de uniformizar salarios por rango entre trabajadores rurales de distintos establecimientos que la misma compañía fue comprando, que a su vez tenía la compañía de granos, una veterinaria y después un estudio rural. Había que hacer un sistema que amalgamara un poco según las posiciones. Ahí fue cuando estuve más involucrada.

¿Qué visión tenés del sindicalismo uruguayo?

Creo que es muy sano tener sindicatos y gremios. Me parece espectacular cuando los trabajadores deciden agruparse para reclamar por sus derechos. Encuentro que a veces el movimiento sindical uruguayo ha tendido a politizarse, y eso no me parece bueno, ni para un lado ni para el otro. El movimiento sindical no se tiene que politizar. Esa sería la crítica que tengo para hacer. Después me parece que son gremios con los que siempre se termina pudiendo charlar y negociar. Hay que tomar en cuenta las dos partes.

No me vengas con la corrección política.

No es corrección política, es lo que pienso. Mi educación, como dijiste, viene del Liceo Francés. Todos los movimientos gremiales en Francia fueron muy importantes. La jornada de las treinta y seis horas. Lo estudié desde que tenía quince años. El movimiento sindical francés y europeo lo entendí desde temprana edad. Nunca te voy a hablar en contra de la existencia de un gremio. No va con mis valores. Pero sí te digo que no me parece bien cuando se politizan.

¿ADEOM está politizado?

Ha habido de todo, en los últimos tiempos. Valeria Ripoll, como ha criticado a Daniel Martínez, se ha tenido que bancar que le digan que me apoya a mí, cuando es claro que no me apoya ni a mí ni a Daniel Martínez y que es independiente. Después hay una parte de ADEOM a la que se le dice que siempre apoya al Frente Amplio. Siempre hay pensamiento político en los gremios, el problema es cuando se meten a hacer campaña o cuando ese pensamiento político nubla las decisiones.

O cuando quieren atribuirse roles que no les corresponden.

Bueno, pero eso ya no tiene que ver con adherirse a un movimiento político.

A nivel de empleados públicos hay una tendencia a sentir derecho a opinar sobre cuestiones de…

El derecho a la opinión está siempre. Pero el que toma las decisiones es el gobernante. Eso está clarísimo.

En cierta medida, han intentado cogobernar. Si salís intendenta, ¿vas a cogobernar con ADEOM?

No, yo voy a gobernar, que es la responsabilidad del gobernante. Pero eso está claro desde que tuve la reunión con ADEOM.

Está claro porque no sos intendenta. También lo tenían claro los candidatos anteriores y después les hicieron la vida imposible.

Ya te conté que en 2002 estaba en Manpower, que es proveedor de empleados para una enorme diversidad de industrias y compañías. O sea que imaginate.

Lo de 2002 te lo pregunté a propósito. Sos consciente de la crisis que se vivió.

¿Cómo no voy a ser consciente? Todos la sufrimos.

Fundamentalmente a nivel privado. Hubo despidos, rebajas salariales. ¿Te acordás?

¿Cómo no me voy a acordar? Por supuesto. Nos golpeó de cerca a todos.

¿Te acordás qué pasó con ADEOM en Montevideo?

Hicieron su gran paro para la recuperación salarial.

Le hicieron un juicio, que costó muchos millones de dólares, porque ellos no estaban dispuestos a renunciar a ese convenio que se había firmado justo antes de la crisis.

Está bien. Pero estamos en 2020.

Desde 2002 en adelante ADEOM ha tenido una actitud muy complicada con los gobiernos, que se supone que eran de izquierda. Tus correligionarios dicen que entre el PIT-CNT y el Frente Amplio hay una simbiosis.

Un cariño, digamos. Te cuento lo que yo he relevado de estos últimos cinco años, más allá de esa visión histórica, que siempre es importante y que comparto. Gran parte de los conflictos que se llevaron a cabo en Montevideo por parte de ADEOM han sido por la falta de capacidad de escucha de los gobernantes. Es una relación de dos partes, y por eso las mesas de diálogo tienen que estar abiertas desde el principio. No me cerró cuando Villar dijo que lo pueden llamar a las tres de la mañana. Eso es la antigestión. Lo que tenés que lograr es que nunca exista la llamada a las tres de la mañana, porque estableciste una mesa de diálogo desde antes. También hay un relato construido, más allá de la fuerza de ADEOM como sindicato, que es indiscutible, porque si te deja de levantar la basura, tenés un problema en Montevideo. Pero hay un relato construido acerca de que ADEOM pone el palo en la rueda. El gobernante se tiene que hacer cargo. En todas las organizaciones en las que trabajé, si no se lograba solucionar un conflicto con los empleados, la responsabilidad era del que gestionaba el diálogo con esos empleados, y nunca de los empleados. La responsabilidad es tuya. Lo que me parece que falta por parte de los gobernantes es ponerse el saco y decir que no supieron solucionar el conflicto, que los superó, que se levantaron de la mesa, que se escaparon por el garaje. Hay que ser realista y reconocer si no pudiste dialogar.

Todo es responsabilidad del gobernante.

Cuando te eligen para dirigir un departamento, vos tenés que hacerte cargo de lo que podés hacer y lo que no. Hay un principio que siempre aplicábamos a la hora de manejar las finanzas y los presupuestos. Vos a principio de año hacés tu presupuesto, lo que pensás invertir y gastar en cada rubro. En el medio se te dispara el dólar, te sube el barril de petróleo. ¿Te creés que a fin de año yo podía justificarme diciendo que había subido el dólar y que yo no había tenido nada que ver con eso, que era culpa de Estados Unidos que había subido las tasas? Flaca, tenés que cumplir igual, no me importa. Eso es a lo que estoy acostumbrada. A la presión.

Si mañana te paran la recolección de basura en Montevideo porque dos duchas no funcionan en un cantón…

No lo van a hacer por dos duchas.

Lo hicieron.

No lo van a hacer. Vamos a poder dialogar.

¿Estás de acuerdo con que los municipales laburen seis horas, y cuatro horas los profesionales?

Cómo te encanta pelear (risas). La foto exacta de los funcionarios, de sus tareas, sus horarios, sus salarios y su distribución por departamento es de las primeras cosas que vamos a mirar con el departamento de recursos humanos. Es importante tener un conocimiento profundo sobre la materia.

¿Tenés pensado quién va a ser el director de recursos humanos?

Tengo ideas.

Que sea un rottweiller

(Risas). Estamos trabajando con los presupuestos y las rendiciones de cuentas que se presentan en la Junta Departamental. Todo el resto de la información que nosotros le pedimos a la Intendencia no me la dieron ni me la quieren dar.

Es lógico.

No es lógico, es una falta de transparencia absoluta. No podés no entregar información a quienes compiten en una campaña electoral. De hecho, Di Candia había dicho que iba a entregar la información y no la entregó. Lo que soy es muy responsable: entro, miro el panorama completo en cada área y tomamos decisiones sobre esa información. Es lo que he hecho toda mi vida, tomar decisiones basadas en información. Y en lo que siento que tiene que ser prioritario, y ahí entra la impronta de cada uno, por supuesto.

Estás dispuesta a modificar el tema de las condiciones laborales para un mejor servicio. Hacés ostentación de que vos sabés gestionar.

Claro que sé gestionar. ¿Sabés que ya no se le dice “recursos humanos” sino “talento humano”? ¿Por qué? Porque en cualquier gobierno u organización en la que tenés que dar servicios lo más importante es el que te da el servicio, que es la persona. Lo más importante es un cambio de cultura organizacional donde el funcionario municipal sienta que con su tarea puede contribuir a mejorar los servicios. Te veo cara de que no te convence, pero a mí sí. Creo que los funcionarios municipales que te levantan el contenedor de basura y que te cambian la luminaria que se rompió son importantísimos y fundamentales, porque son los que te dicen lo que está pasando en el terreno.

Lo has dicho muchas veces.

Estoy convencida. Y es verdad.

¿Y el que te rompe a propósito el camión para no salir?

Ese tendrá una sanción.

Y después se te para de punta todo ADEOM.

No se nos va a parar de punta todo ADEOM cuando uno toma decisiones que están basadas en la razón.

Has fundamentado que la mala gestión de la Intendencia es por un tema ideológico y se han negado a la relación con los privados para hacer obras. ADEOM no quiere que privaticen. ¿Cómo vas a hacer con eso?

No creo que vaya a ser un problema. Para mí es un debate perimido, de la década de los noventa. No estoy hablando de tercerizaciones sino de que quienes lideran proyectos de inversión en Montevideo tienen que tener a la Intendencia como aliada. ¿A qué me refiero con ser un aliado? A bajar la burocracia al máximo. Hoy por hoy te entra por la misma ventanilla el proyecto de una panadería en Goes junto con el proyecto de construcción de una vivienda para ciento cincuenta personas en otro barrio. ¿Hay que dejar de tener en cuenta el proyecto de la panadería? No, pero hay que separar los equipos. Poner un equipo especializado en proyectos de pequeño y mediano porte, y otro especializado en desarrollos inmobiliarios de mayor volumen, a los que a su vez se les pide cosas distintas, como estudios de impacto ambiental y tránsito. Es una demanda permanente, y no hubo un solo empresario inmobiliario o de la construcción o comercial que no nos dijera que el quinto piso de la Intendencia se les convierte en una pesadilla. Realmente es un desperdicio. Comparto que el sector privado es quien genera empleos. Hoy estamos en un momento en el que lo que más se necesita es generar empleo. Por eso este tema lo incorporé en Montevideo se Reactiva, por creer que para el impulso a la actividad y a los desarrollos del sector inmobiliario, que mueve muchísima mano de obra, y del sector privado que quiere hacer transformaciones en Montevideo, es muy importante tener a la Intendencia como socio.

Un socio estratégico.

Exacto. Hacer los estudios necesarios, no demorar los plazos, no demorar las demoliciones, dar los permisos en tiempo, que se puedan hacer los seguimientos digitalmente. Todas cosas que no se pueden hacer.

En limpieza de basura en Ciudad Vieja y Centro tenés una empresa privada que tiene un rendimiento de recolección bastante superior al del empleado municipal.

En el Municipio B, que es donde está esa empresa privada, no se ha logrado que los contenedores diferenciados lleven los flujos en volúmenes suficientes a las plantas de reciclaje. Realmente hay que establecer desde cero un sistema de recolección de residuos que sí garantice esos flujos diferenciados. Creemos que el tema de la basura es el tema central, donde está el dolor más grande de Montevideo, que atraviesa todos los barrios y que no está resuelto.

El que lo solucione tiene el Premio Nobel.

No somos Premio Nobel pero te aseguro que mi compromiso es solucionar el tema de la basura. Lo tengo entre ceja y ceja.

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Alfredo Garcia Nació en Montevideo el 9 de agosto de 1954. Es Licenciado en Historia por la Universidad de Estocolmo, Suecia; que fue su lugar de residencia entre 1975 y 1983. Hizo un postgrado en Marketing y realizó los cursos del Master de Marketing en la Universidad Católica de Montevideo. Trabajó durante veinte años en la industria farmacéutica en el área privada. Su labor como periodista comenzó en los semanarios Opinar y Opción a principios de los ochenta. Participó en 1984 en el periódico Cinco Días clausurado por la dictadura. Miembro del grupo fundador del diario La Hora, integró luego el staff de los semanarios Las Bases y Mate Amargo. Escribió también en las revistas Mediomundo y Latitud 3035. Es el impulsor y Redactor Responsable del Semanario Voces. Publicó el libro Voces junto con Jorge Lauro en el año 2006 y el libro PEPE Coloquios en el año 2009, ambos editados por Fin de Siglo.