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Mirada a la mitad del mandato por Juan Martín Posadas

Mirada a la mitad del mandato  por Juan Martín Posadas
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El actual gobierno, como sucede en las democracias, tuvo su origen en un resultado electoral. Para ese resultado convergieron dos factores: por un lado, una marcada astenia en la vitalidad política del Frente Amplio y por el otro lado un desempeño del candidato Luis Lacalle Pou sorprendentemente más afinado que el que había mostrado en la campaña electoral anterior. En esta elección la mayoría del Uruguay aceptó (eligió) disponerse a un cambio. Hay que tener en cuenta que los cambios en una sociedad solo son posibles cuando lo instalado ha perdido vitalidad y cuando la inercia conservadora que toda sociedad tiene queda finalmente desplazada por el desencanto hacia lo que había. Eso fue lo que sucedió y determinó el resultado electoral. Eso es el pasado.
Siendo eso pasado también es una explicación fundada del presente. El actual período de gobierno no comenzó el primer domingo de marzo posterior a las elecciones: la pandemia del Covid 16 obligó a postergar planes, proyectos y compromisos de gobierno ofrecidos-aceptados en el acto electoral. Pero, paradójicamente (o no tanto) dio oportunidad al nacimiento de una formulación exitosa de un propósito político que estaba contenido en el episodio electoral pero sólo semiformulado antes, en la campaña electoral. La bandera-consigna de la libertad responsable, el compromiso con la libertad responsable, se constituyó en un distintivo de la gestión del gobierno, sobretodo del Presidente. No había aparecido explícitamente en la campaña electoral, pero sí había aparecido expresamente en el discurso inaugural del Presidente ante la Asamblea General. Ese es el sello que marcó desde el comienzo hasta ahora este período gubernamental.
Los estados de una sociedad se caracterizan no solo por las cosas que pasan en ese período sino por el nombre que se les da. Aquí es donde entra la importancia del relato; las cosas no son como son sino como se cuentan. El período de la primera mitad de este gobierno pudo haber sido el período de las muertes evitables, de los CTI saturados y de la histeria intencionada denunciando ¡genocidio! Pero este relato no prendió en la gente. El relato que logró instalarse fue el de la libertad responsable, de un gobierno bien asesorado, sereno, que no se dejó acoquinar ni por las dificultades reales ni por el griterío. Por tanto, el período que pasó fue eso y no aquello.
Los relatos no solamente fijan en el imaginario colectivo las características de un período pasado (donde había elementos como para ser interpretado de una forma u otra); también son la base para la construcción de lo que vendrá. Lo que vendrá, el período post pandemia, el que fue empujado dos años para adelante, no tiene todavía un relato, no hay un discurso bien armado que forme en palabras la sustancia de lo que se quiere construir. Pero hay una base en el relato de la pandemia.
Una vez conjurado el peligro de la pandemia la atención y las energías del gobierno se han enfocado y aplicado a ejecutar los compromisos y los sueños. No debe pasarse por alto un hito importanteto de la realidad. No solo han quedado más libres las manos y las energías del gobierno al acabarse la pandemia sino que el gobierno consiguió, con la ratificación de la LUC en el referéndum, un segundo respaldo popular importantísimo post pandemia. Solicitada su opinión y su respaldo el pueblo volvió a apoyar.( Algunos integrantes de la coalición de gobierno parecen no haberse enterado).
Ahora se ha abierto el tiempo –pospuesto por la pandemia- de volver a poner en palabras la alternativa, de construir el relato correspondiente, reformular la letra del entusiasmo inicial, de aquello que se imagina como futuro y que, en consecuencia, se empieza a construir cuando se pronuncia. El futuro siempre se construye primero en el imaginario colectivo, en el entusiasmo-o por lo menos la aquiescencia- hacia lo nuevo, anticipado y expuesto en el relato convocante. El elenco del gobierno –particularmente la dirigencia blanca- tienen hoy la obligación-necesidad de mostrar una agenda para la tarea post pandemia, para la segunda mitad del mandato, para hoy. ¿Qué fue lo prometido y comprometido? Según mi percepción el corazón del asunto, el compromiso (y la invitación), tanto en la elección como en la pandemia y ahora, es trabajar para que el Uruguay se desplace de la modorra repetitiva hacia una disposición de movimiento, una invitación-propuesta de entusiasmo, de soltarse… o algo equivalente.
Este gobierno se ha animado a proponerle al país enfrentar e hincarle el diente a aquellas tareas urgentes, que todos los partidos y todos los gobiernos anteriores reconocieron como tarea prioritaria pero siempre postergaron: reforma de la educación, reforma de la seguridad social, reforma de la ubicación internacional del país, reforma del estado. Una parte decisiva de la ciudadanía entendió ese compromiso. Ahora ha comenzado el tiempo de poner manos a la obra.
Termino con un poeta. Antonio Machado, lúcido y dolorido ante la situación de su patria cantó: “Españolito que vienes/ al mundo te guarde Dios/ entre una España que muere y otra España que bosteza/ una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”. Para nosotros el Uruguay que viene es un Uruguay que se anima., que se atreve. En nuestro país, desde sus orígenes, ha habido dos voces o dos llamadas subterráneos y siempre presentes en el alma nacional. Hay toda una literatura ya clásica al respecto (Rama, Real de Azúa, Maggi). Uno es el llamado al equilibrio, el cual, librado a su propio dinamismo, se convierte en hiperequilibro y, por ende, en inmobilismo. La otra voz subterránea es emprendedora y creativa. Puestas en el idioma de hoy, una es la voz que pidió cuarentena obligatoria y la otra dijo: libertad responsable y acá no se apagan los motores de la economía. Este es, a mi juicio, el dibujo de fondo de la primera mitad del gobierno en curso.

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