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Uruguay: Comunidad espiritual por Ariel Asuaga 

Uruguay: Comunidad espiritual por Ariel Asuaga 
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La producción de comida tiene dos tipos de costos biofísicos: los requerimientos de energía fósil y los impactos ambientales. Estos costos no siempre se perciben cuando se adopta una perspectiva puramente económica.

                                                                                                                              Piero Conforti y Mario Giampietro

 

Extraño a Wilson Ferreira, el ministro de la CIDE y a Jorge Batlle que tenía un apellido equivocado para tanto liberalismo. El primero se ocupó de la tierra y de la investigación en serio. El segundo dijo aquella genialidad de la vaca les gana y fue castigado por una sequía severa, una epidemia de aftosa y una corrida bancaria generada por el vecino. We are fantastic. Creo que sí, que este país es fantástico, aunque arrastremos la tristeza de los ancestros inmigrantes y siempre pensemos que los demás son mejores. No somos mejores ni peores, tal vez algo distintos, con la opción cierta de alcanzar la utopía que nos propuso Figari en su historia kiria. Es bueno recordar en los tiempos que corren que los kirios no distinguían decente de conveniente.

Esta introducción apunta a cuestionar el rumbo. En estos últimos tiempos nos hemos afiliado a un modelo de crecimiento difícil de aceptar. Uno puede racionalmente decidir en el corto plazo hacer algo que sabe que no es sostenible para conseguir un bien mayor y luego dejar de hacerlo y reparar los daños. Aprovechemos la oportunidad para dar un salto, sería la idea. La aprovechamos y dimos una fiesta que dejó unos cuantos platos rotos.

Nuestras exportaciones dependen de los recursos naturales. Si no contamos a la celulosa, que no es producida por Uruguay (Uruguay produce troncos), sino por zonas francas, las principales exportaciones de bienes son carne y granos. Actualmente estas producciones están divorciadas, cuando deberían estar sólidamente integradas. La agricultura optó por un modelo simplificado, dominado por un solo cultivo (soja). Como el área agrícola es limitada hay una escasez de tierra, lo cual induce un modelo de producción que “ahorre tierra”, es decir que mediante una mayor inyección de energía e insumos se logren mayores rendimientos. Para emanciparse de la restricción de tierra se incurre en dos costos biofísicos: mayor uso de energía fósil e impacto ambiental. No es casualidad que los productores clamen por combustible y electricidad a menor costo. La innovación no busca ahorrar energía porque las decisiones son económicas y apuntan al rendimiento porque la tierra cultivable es escasa. Por ahora el costo energético se paga. El que no se paga es el costo ambiental que se manifiesta en erosión, pérdida de fertilidad, contaminación del agua, pérdida de diversidad, erosión genética. No hay maldad en esto. Lo que pasa es que la toma de decisiones se encuentra en el modo negocio y es improbable que se adopten medidas de ahorro de energía o de reducción del impacto ambiental. Lo que pasa es que en términos de la vida útil de una persona suele ser posible asumir estos costos porque el deterioro de los recursos es relativamente lento, aunque sea inexorable. La ganadería, en cambio, funciona con un modelo que no ahorra tierra, sino que maximiza la productividad por persona ocupada.  No apunta al rendimiento y por lo tanto funciona en enorme medida con la energía del sol y poca energía fósil. Gran parte de ella se desarrolla sobre campo  natural con una bajísima dotación de insumos. Methol Ferré era muy duro cuando decía que éramos proxenetas de la clorofila. Creo que es una bendición que aún tengamos alrededor de 11 millones de hectáreas de campo natural relativamente bien conservado. Probablemente en el futuro sea más importante reducir el uso de energía fósil y los insumos, que aumentar los rendimientos. Además los productores ganaderos uruguayos saben producir proteína de alto valor con rumiantes capaces de comer pasto.

Hoy asistimos a un país agropecuario dicotómico y a veces antagónico en términos de agricultura vs. ganadería. Sería mejor entender racionalmente que si queremos ser más agrícolas, tenemos necesariamente que ser más ganaderos. La alternativa es que el deterioro de los recursos nos lo haga entender por la vía de los hechos y partiendo de situaciones pauperizadas.

Téngase en cuenta que la carne producida a pasto, sin hormonas ni antibióticos y en condiciones de bienestar animal, es un producto sofisticado con valor agregado, mientras que los granos indiferenciados son materia prima que se usa para alimentar animales en otros países. Estos animales producen carne que compite con la nuestra y su estiércol contiene la fertilidad de nuestros campos exportada gratuitamente.

Podemos optar por la mano invisible del mercado, que no es otra cosa que la resultante algebraica de las decisiones individuales. También podemos vivir bien con la idea de comunidad espiritual que defendía Ferreira y trabajar juntos para un país para todos que sea capaz de conservar su ambiente y sus recursos.

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