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¿A quién voto del Partido Nacional?

¿A quién voto del Partido Nacional?
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Se acercan las elecciones internas y comenzamos una compulsa en la interna de los partidos. Continuamos con los blancos que aparentan ser la interna con mayores sorpresas. ¿A quién vota de los precandidatos? ¿Qué lo impulsa a su elección? ¿Está cantado el triunfo de Lacalle? ¿Qué rol va a jugar Larrañaga? ¿Qué busca Sartori con su candidatura? ¿Antía llega? ¿El referéndum para anular la Ley Trans fortalecerá a Iafigliola? ¿Cuál es el mejor candidato para enfrentar al Frente Amplio en octubre? ¿Son todos los candidatos iguales para forjar un potencial gobierno de coalición?

 

¿Por qué Lacalle Pou? Por Alejandro Sciarra

Haberme ido del Uruguay hace dos años me dio una perspectiva que jamás tuve. Me deshice de sesgos, de cercanías, de manijas militantes, y del compromiso del tener que estar en tal o cual evento. No es que todo eso sea malo, pero lo sentí como una verdadera desintoxicación.

Comencé a analizar la realidad desde todos los medios de prensa, desde las redes sociales y en cada visita comprobé, que para estar informado acerca de cómo se van dando los cambios en Uruguay, tanto da estar en Montevideo, o estar en otro continente leyendo los mismos diarios, escuchando las mismas radios, y mirando las mismas pantallas. A decir de Rafael Mandresi en su columna de En Perspectiva el 22 de abril, “¿no será que al fin de cuentas residir en un sitio no impide vivir en dos?”.

Y me animo a responder que sí, que mi perspectiva se ha hecho plural. Y la nueva perspectiva se sintió libre de poner en duda a quien en 2014 seguí con vigor militante. Desde cero, dejando de lado el afecto personal que pudiere sesgarme, me pregunté si sería Lacalle Pou el Presidente que quiero para los próximos cinco años en Uruguay.

Entonces aparecieron los Bartol, Bauzá, Arbeleche, caras ajenas a la política, de probadas cualidades técnicas y sobre todo humanas. Entonces entendí que Lacalle Pou intentaba rodearse de gente “¿mejor?” que él mismo. Arbeleche seguramente sabe más que él de economía, Bauzá de deporte y Bartol de desarrollo humano y social. Recurso de persona inteligente, hábil, consciente de sus virtudes y de sus debilidades.

Pero, además, Lacalle Pou no se escuda en sus asesores. Asume enteramente la responsabilidad que viene del poder del que quiere hacerse. Y para muestra hace falta sólo un botón. ¡Y qué botón! “Nosotros no estamos de acuerdo en que los sindicatos estén representados en los desconcentrados con voto. Y eso está previsto en nuestro programa”[1]. A lo que un periodista retruca, “Ahí se compra un problema.” La respuesta de Lacalle Pou fue, “A ver, yo creo que problemas van a sobrar. El tema es que el Uruguay necesita, para salir adelante, incomodar.”

Y por fin me encontré con un candidato dispuesto a hacerse responsable, a arriesgar su capital político por algo que entiende justo y necesario. Si algo hace falta en Uruguay son políticos dispuestos a comprarse un problema con tal de que las cosas pasen. Un Presidente que sea consciente de que el país que entregará será aquel en el que crecerán sus hijos. No uno que desafíe el “statu quo” y acto seguido ponga reversa deslegitimando su propio poder, despojándose de toda posibilidad de realizar algún cambio en el que alguien pierda su cuotita de poder.

En octubre viajaré desde Italia a votar por Lacalle Pou. Porque tiene una visión clara de país, porque está dispuesto a pagar el precio de liderar cambios urgentes, porque es sólido y claro en cómo quiere hacerlo, porque me siento identificado con su equipo profesional. Porque sé de su sensibilidad social y confío en que dará lo mejor de sí y exigirá el máximo de quienes lo rodean. Sé que está dispuesto a ponerse en segundo lugar, poniendo en primer sitio a nuestros niños, a los más humildes y a quienes queremos un día, volver al Uruguay.

[1] El programa dice: “Eliminación de la representación docente en los consejos de ANEP (arts. 58 y 65). La enseñanza es un asunto ciudadano y debe ser gobernada por los representantes de los ciudadanos”.

 

 Coalición o cuarto FA por Perla Lucarelli

Hace unos meses, un político argentino me dice: “2019, año electoral en Uruguay…” A lo que le respondo: “Sí, elección que ya está ganada por el Frente Amplio.” Él, que volvía de dar una conferencia en Montevideo, me responde: “Nooo… Estoy seguro que la oposición se va a UNIR y va a formar una COALICION para ganarle al FA.”  Luego de reírme le contesté: “Para lo único que pueden unirse los políticos uruguayos es para comer un asado.”

¿Qué parte de había que unirse no entendieron? ¿Por qué es tan difícil que se soporten un ratito? ¿Por qué no pueden copiar el modelo del éxito? ¿Creen que los fósiles vivientes del oficialismo realmente se bancan sus impertinencias? ¿Creen que no tragan veneno cuando pierden sus pulseadas? Claro que sí, ¡pero así ganan y gobiernan! No está en juego un auto de Tienda Inglesa… Está en juego recuperar el Gobierno del país.

Las internas… Voto no obligatorio, escasa participación, poco entusiasmo, mucho indeciso, bastante bobo votando a uno para que no gane otro… En ese escenario se fortifica el FA y el resto, película repetida.

Mientras tanto, en Macondo, todos y cada uno de los candidatos dicen: “si yo gano la interna de mi partido, el FA pierde las elecciones.”

El Partido Nacional, mi Partido, y esto lo escribo con dolor, ¿Cómo hace para pasar del 30% a la mitad más uno con los mismos candidatos, LOS MISMOS que han perdido ya contra el FA? Mi candidato, el Dr. Lacalle Pou se perfila como vencedor de la interna blanca el 30 de junio. Pero de ahí debe llegar al balotaje, esta vez a ganar… Solo, solito, solo.

La única manera de desplazar al FA del Gobierno, y lo repetiré hasta el cansancio, es que el Partido Nacional, como claro líder de las minorías opositoras, congregue una coalición. Una coalición que deje de ser una palabra y se transforme en un instrumento real de cambio de rumbo del país, así como otrora, las fuerzas de izquierda minoritarias se coligaron con el ánimo de desplazar a los partidos tradicionales, barriendo bajo la alfombra odios y resentimientos de tamaño intergaláctico. El carácter de urgencia de entonces, hoy, debe ser el mismo, la vocación de gobierno debe ser la misma. Los Blancos tienen la mayoría opositora para comenzar una nueva historia, un nuevo proyecto, AL FIN, UN NUEVO PROYECTO.

 

Una interna que define el gobierno nacional por Heraclio Labandera

A pocos días del primero de los cuatro compromisos ante las urnas de la zafra electoral 2019-2020, es poco habitual el panorama que se observa sobre el escenario.

Los blancos, acostumbrados a “hacerse interna” partidaria como regular gimnasia democrática de una colectividad sufragista por naturaleza, en esta oportunidad son ocasionales testigos de agitadas “internas” también instaladas dentro de otros tres de los 15 partidos políticos habilitados, lo que incluye a los dos principales contendores, sin sumar a otras diez fuerzas que por diversas razones no fueron habilitadas como lema, y a la miríada de grupúsculos que quedaron anidados en sus cuevas sin aspirar a salir del capullo.

Una oferta tan vasta en buena medida desalienta el intrusismo electoral de militantes de otros partidos que pretenden incidir en las “internas” de partidos ajenos, como tantas veces la fauna de “conspiranoicos” de todos los colores ha argüido como causa eficiente de los resultados de comicios de esta naturaleza.

En esta oportunidad el Partido Nacional concurre con cinco candidatos pre-presidenciales, igual número que los que ofrece el Partido Colorado, uno más que los que propone el Frente Amplio y tres más de los que sugiere el Partido de la Gente, aunque como es frecuente advertir la “interna” blanca es la que más pasiones arranca entre el electorado.

Hace mucho que el abanico de la oferta política blanca no era tan diverso, ni se hacía tan válido el apotegma que ilustra el lema del escudo partidiario: “Somos Idea; la Unión nos hará fuerza”.

Porque el conjunto de candidatos pre-presidenciales nacionalistas no solo reclutó voluntades dentro del arco blanco -algo por demás esperable- sino que además cosecharon voluntades de fuera del Partido Nacional, matriz sobre la que se cimentó la esperada victoria blanca de octubre, de noviembre y de mayo del año próximo.

Cada candidato ha hecho sus deberes a cabalidad y cada uno supo recrearse, acumulando por distintas razones respaldo electoral entre ciudadanos que nunca votaron al lema Partido Nacional.

Cuando Jorge Larrañaga propuso crear “Juntos” como espacio ampliado de la vieja “Alianza”, probablemente haya sido la causa eficiente del “cisma” de los Intendentes que lo apoyaban, y la creación del sector que desde agosto pasado lidera Enrique Antía.

Pero lejos de rendirse, el viejo zorro lanzó su campaña “Vivir sin miedo” con tanto ánimo que el propio Larrañaga cosechó como un militante más cientos de firmas, recorrió decenas de ferias y habló en infinidad de concentraciones ciudadanas, lo que fue un formidable shock vitamínico de militancia que hacía rato el papel de dirigente había olvidado.

De pronto, el líder que cada tanto cerraba sus reflexiones con dichos propios de la paisanada del Uruguay profundo, entró al asfalto y se movió como pez en el agua con un tema de fuerte penetración urbana, y llegó a su meta de habilitar un plebiscito.

Cuando Luis Lacalle Pou creó la oferta de un extraño combo de herrerismo y wilsonismo, mixturado en envase propio, decidió golpear puertas de ciudadanos de otras tiendas y tendió puentes de plata para la llegada al Partido Nacional de decepcionados del FA, tuneó la mochila de que era heredero y se convirtió en un pivot del centro político, capaz de diseñar una gran coalición multipartidaria que parece ser una anticipación de lo que se viene.

Cuando Enrique Antía pasó a liderar la corriente de los Intendentes escindidos de Larrañaga, pronto ocupó el espacio del wilsonismo cimarrón, y se volvió una voz del Interior que fue escuchada en 18 y Río Negro.

Cuando Carlos Iafligliola lanzó su campaña, en noviembre de 2017, era un reverendo desconocido para el gran público y para la burbuja partidaria, pero la Ley Trans aprobada a instancias de una iniciativa comunista, fue el leiv motiv que necesitaba una campaña basada en “los valores” y en “la familia” para instalarse en la movilización.

La recolección de firmas para plebiscitar la norma logró su objetivo e ignoto Iafigliola, de un día para el otro pasó a la vitrina.

Si bien la naturaleza del debate concentra su propuesta política en un único renglón -la propuesta ética- su siembra en solitario ha cosechado las simpatías de muchas personas de impronta religiosa que por lo general no se veían tentados a respaldar ninguna opción partidaria.

El intento de judicializar su forma de pensar por parte del colectivo de personas trans, no hará otra cosa que catapultar a Iafligliola a un nuevo y más relevante papel político.

Cuando Juan Sartori en octubre pasado llegó a la arena política nacional, su publicidad matrizada por un aceitado complejo propagandístico pronto lo hizo conocer, y desde que dijo “yo aprendo rápido”, ha desplegado una eficaz campaña basada en su propia persona, pero lanzando golpes quirúrgicos sobre la política económica de Danilo Astori, los temas del empleo y la seguridad.

Es verdad que de todos los pre-precandidatos presidenciales blancos es el que más suspicacias recoge de sus pares, habida cuenta de las sospechas que generan algunas asociaciones con ex funcionarios del gobierno Mujica, la reciente defensa del personaje lanzada por Lucía Topolansky, como si le interesara en verdad protegerlo, o simplemente desconfiar ante los intentos de convertir al Partido Nacional en el “partido del dinero”.

Aunque lo cierto es que Sartori no es el único millonario en dólares que maneja la política uruguaya, como nos lo indica la Jutep de altos dirigentes del progresismo reinante. Más allá de ello, por ahora, “billetera mata galán”.

Finalmente, por honestidad intelectual ante el lector, una línea más sobre mis preferencias electorales para estos comicios.

Voy a votar al Senado de Carlos “Pájaro” Enciso en las listas de DALE, y con ello la pre-precandidatura de Luis Lacalle Pou a la precandidatura presidencial del Partido Nacional.

La consigna de “no importa de dónde venimos sino adónde vamos” y la experiencia “ecuménica” de diez años de gobiernos departamentales de coalición, entiendo que fue la sinopsis del país que es necesario construir y que espero Luis y su equipo lo convierta en realidad.

Un escenario dinámico por Gonzalo Maciel

La convocatoria de esta semana se trata de la opinión sobre nuestra interna y el porqué de la misma. Quien hoy escribe ha elegido apoyar a Luis Lacalle Pou por segunda vez, en esta instancia desde el sector Dale, liderado por el intendente de Florida Carlos “Pájaro” Enciso.

La interna nacionalista presenta un escenario dinámico, con múltiples actores. Por una parte, Antía y el grupo de los intendentes, una movida que inició con fuerza y que parecía debilitar a Larrañaga -ya que muchos dirigentes venían de su sector- pero luego fueron perdiendo fuerza y actualmente acotados a 3 departamentos. Posiblemente voten mejor que las mediciones de las encuestas, apoyados en la gestión departamental y en la cercanía que eso les da con la gente. Hoy en día siguen perdiendo apoyos, dirigentes que vuelven al sector de Larrañaga, Dardo Sánchez, Intendente de Treinta y Tres, y Edmundo Roselli diputado por Colonia, son ejemplo de ello.

Sartori, la novedad, el candidato que ingresó por la banderola del baño y hoy en día sorprende por su lugar en las encuestas. Compró apoyos de dirigentes de tercera o cuarta línea, consiguió el apoyo de Verónica Alonso, y del Diputado Dastugue, yerno del Pastor Márquez. En este caso veremos si la gente elige votar a un candidato prefabricado. Hasta ahora ha hecho promesas incumplibles, ha rejuntado en sus filas los mercenarios de la política y a los arribistas. Incluso él mismo es un arribista del cual no conocemos lo que piensa, a sus asesores o quienes integrarían su equipo de gobierno.  Tendremos que esperar al 30 de junio para saber si lo que reflejan las encuestas es real o una simple cortina de humo.

Por su parte, Larrañaga -al cual muchos dieron erróneamente por muerto- se hizo eco del reclamo de la gente: “hagan algo con la seguridad” y organizó en soledad una comisión salió a juntar firmas. Las consiguió y eso lo devolvió al escenario político como uno de los principales líderes opositores, lugar que tiene más que merecido y ganado. Ahora le queda la dura tarea de reafirmar ese rol en las urnas, tarea más que difícil, ya que el haber llegado a las firmas no quiere decir que eso se traduzca en votos, y si esa reforma constitucional es aprobada, quien gane la tendrá que implementar.

Al día de hoy Luis Lacalle Pou lidera las encuestas, pero si algo hemos aprendido es que la interna está ganada o perdida el 1º de julio, por eso debemos trabajar como si fuésemos perdiendo. El precandidato que preferimos, Luis Lacalle, por el cual hemos militado desde el 2013 y seguimos convencidos que es el mejor, tiene un trabajo detrás que viene desde el 2012, formando equipos que han recabado información a lo largo del país y que luego han canalizado en propuestas concretas, las cuales no solo se han ofrecido en campaña. Todos los 1º de marzo se le han presentado al presidente Tabaré Vázquez. Además, Luis ha sido capaz de integrar a su equipo a personas con probada calificación -en algunos casos sus trabajos están a la vista y hablan por sí solos- es el caso de Bartol, Garcé y Arbeleche. Otro motivo por el cual lo preferimos es su convicción de que no hay que dar a ningún uruguayo por perdido y de que debemos ser medidos y realistas en las propuestas a los efectos de darles cumplimiento, y no comprometerse a llevar adelante soluciones mágicas o imposibles, que solo es el disparador de la desilusión y de los populismos. Por eso y mucho más, dejaremos todo en la cancha para que Luis Lacalle sea el preferido en la interna Blanca, y duplicaremos el esfuerzo para que sea el presidente de todos los uruguayos.

 

Votante potencial por Rodrigo da Oliveira

Tiraron el desafío de suponer un voto destinado al Partido Nacional en las próximas y mal llamadas elecciones internas, las cuales deberían llamarse primarias, en puridad.
Se supone que es, nuevamente, la elección más reñida en la búsqueda del candidato presidencial de los partidos en pugna. En los otros y, al parecer, los dados están echados y las novedades aparecen esquivas.
Con alguna diferencia aparece Lacalle Pou, Luis según destaca la publicidad, frente a las candidaturas de Larrañaga y Sartori, más alguna que nominalmente aparece. Lacalle aparece sólido, sin las piruetas de las primarias anteriores, con un programa definido y claro y una postura más crítica y contestataria que en “la positiva» anterior. Aparece más ducho en materia de entrevistas y trampas tendidas convenientemente por algunos periodistas, sin caer en cuestiones propias de novatos. Se lo ve adelantado en algunas posturas y mostrando mayores certezas de las mostradas en 2014. Perdí de vista ya no el tren, sino la vía completa, refirió hablando del revolcón recibido en las pasadas elecciones. ¿Habrá aprendido realmente?
Frente a él, Larrañaga. Enancado en una campaña «sin miedo» encontró un lugar desde el cual re posicionarse, luego de haber quedado muy mal parado, públicamente molesto y políticamente muy golpeado. Recibiendo apoyos en una campaña por mayor seguridad y no solo de sus votantes, supo captar un reclamo que atraviesa transversalmente nuestra sociedad y lograr adhesiones hasta de votantes del FA, cosa impensada hasta hace poco tiempo. Transformar eso en votos para lograr revertir una interna que lo muestra segundo y con distancia es tarea compleja y no parece ser suficiente para lograr encabezar la fórmula blanca.
El recién llegado Sartori ha despertado tantas adhesiones como rechazos. ¿Billetera mata carisma? En esas dos posturas se alinean votantes y detractores del novel candidato. Sobre el cierre de esta nota se anuncia en tv abierta algún informe acerca de sus militantes presuntamente rentados, lo cual lo deja aún peor parado de lo que ya aparece. Tiene a favor la novedad del recién llegado, y en contra todo lo demás, mostrando más voluntarismo que convicción ni poder de convencimiento efectivo.
Así planteadas las cosas y a pocos días de las primarias 2019 aparece bastante claro el panorama. La incógnita parece ser el candidato a vice de la fórmula que acompañe a Lacalle Pou, Larrañaga parece no ser el ideal ni tener voluntad personal para hacerlo.
Ardua tarea le espera, si llega a integrar la dupla ganadora en el seguro ballotage de noviembre.
¿Imaginan lo que va a ser articular ese Parlamento, con los acuerdos a los que imperiosamente deberá llegarse para poder lograr mayorías que den gobernabilidad? Ahí está el gran desafío del Partido Nacional, junto al intento de alcanzar la administración del país.

Nada está cantado por José Pedro Pollak

1.Lacalle Pou

2.Es el mejor candidato con posibilidades de ganar, para ser Presidente. Tiene valores fundamentales parecidos a los míos y tuna capacidad de trabajo enorme. Forma equipos, delega y está arriba de todos los temas. Seguirá la gestión de gobierno muy arriba de todos los temas.

  1. Es probable, pero nada está cantado
  2. Larranaga siempre ha sido un buen blanco. Seguramente sería un aliado con solidez institucional Se sabe cómo piensa y se sabe cómo piensan sus legisladores, asesores etc. Es lo conocido
  3. Sacar dos senadores y utilizar esa influencia a nivel internacional
  4. Antía llega a la interna, pero va a votar mal
  5. La derogación de la ley trans es el único argumento para que se vote a Iafigliola. Por suerte son muy pocos
  6. Luis Lacalle Pou

9.No creo. Talvi, Amoín Batlle, o Mieres me parece que son más confiables que Sanguinetti o Novick

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