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Un día de sol por Luis Nieto

Un día de sol por Luis Nieto
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No es fácil ir por la vereda del sol tibio de esta primavera extraña, soportando el peso de las malas noticias. En todos lados pasan cosas que podrían llamar positivamente nuestra atención, y sin embargo no las vemos, y menos los uruguayos, que estamos en una cruzada permanente. ¿De dónde nos nutrimos? La mayor parte del tiempo de bolazos recolectados aquí y allá, sin filtro. En esa marea de bronca y dedos para arriba, se cuelan novedades que en otra época sólo podían escucharse en “Las buenas noticias de Rausa”.

Mientras caminaba por la vereda de la sombra, abrí un mensaje que acababa de llegar a mi celular. En el asunto leí: “mirá qué macanudo”. Se trataba de un panel solar múltiple, en forma de girasol. www.smartflower.com/es. Venía obsesionado con movimientos tácticos entre Maduro y la oposición hasta ver el mensaje de la enorme flor de paneles solares. El artefacto no es muy grande, aunque tiene varias versiones, la mayor es capaz de producir electricidad para un edificio entero, la más pequeña puede cargar coches eléctricos. El smartflower produce unos 6200 KWH de electricidad al año, una casa requiere alrededor de 4000, por lo que el excedente lo podría volcar en la red eléctrica, con un significativo ahorro familiar. Es un aparato generador de energía limpia, con una serie de prestaciones, como encendido automático apenas la claridad del día le sea suficiente para hacer funcionar sus paneles, y se pliega por las noches o cuando el viento fuerte o las tormentas pueden dañarlos. Mientras el sol nos siga alumbrando el smartflower, utilizará todos los adelantos de la ciencia puestos en él para estar siempre de frente al sol, para que los seres humanos vivamos mejor, redimiéndonos, y ojalá estemos a tiempo, ante la naturaleza.

No todos los días traen buenas noticias. Tanto porque la vida política, y sus estrategias, tienen un peso desmesurado en la sociedad como por la tendencia, quizás humana, de mirar al mal cara a cara, temerle, y esa parálisis genera una falsa imagen de adhesión.

Tendríamos que dedicar un día a caminar juntos por la vereda del sol. Son muchos los que se dedican a crear artefactos para el bien social, y por artefacto no sólo debemos entender aparatos físicos para hacer café o para salvar vidas sino, también, redes solidarias, jurispruencia, formas de cooperación internacional, fomento de pequeñas empresas, y tantas cosas que no, necesariamente, nacen del sistema político.

El conocimiento aumenta la noción de fragilidad. El pasado día 12, un enorme asteroide, del tamaño de un ómnibus, atravesó el espacio entre la Tierra y la Luna. De haberse desviado hubiese tenido un efecto parecido al que cayó en la Siberia, provocando daños en numerosos edificios que ni siquiera estaban en el área donde cayó el meteoro. En esta ocasión se trató de varios años de observación del asteroide. Se le conocía la trayectoria elíptica y no estaba dentro de las predicciones que fuese una amenaza para nuestro mundo, sin embargo se lo utilizó para ejercitar a los países socios de la Estación Internacional ante la eventualidad de que sí representase un peligro. El acercamiento del asteroide 2012TC4 fue observado desde varios puntos de la Tierra, con potentes telescopios, al que día a día se le suman otros, haciendo del Universo la nueva frontera. Es inconmensurable el conocimiento científico acumulado por la humanidad, acumulado a través de sacrificios de los incomprendidos, como Galileo, pero también a través de los programas que impulsan los gobiernos que no se ahogan en el día a día y apuntan al largo plazo, más allá de los periodos de gobierno.

Más que los esfuerzos de los que hacen algunos para destruir el planeta y acumular plata sin mirar las consecuencias, son más, muchos más, los que estudian con seriedad y trabajan en soluciones como la del smartflower, que puede cambiar la realidad de África, el continente que cuenta con menos electricidad de todo el mundo. Si nos quedamos en lo de Trump es como huir del sol de la primavera. Ese hombre encubre lo más sórdido del poder, y hará hasta lo imposible para gobernar en contra de los avances de Obama. Sólo esa parece ser su fuente de inspiración. Ya no sólo ridiculiza a su, hasta ahora, socio en el TLCAN, México, sino que retira a Estados Unidos de la UNESCO, del Acuerdo de París Sobre el Cambio Climático, recorta ayudas sociales, desmonta el sistema que universaliza la atención de salud, llamado Obamacare, y desautoriza sin pudor a sus principales jefes en los sistemas de inteligencia de su país. Pero de todo eso sólo los estadounidenses podrán hacerse cargo.

No sólo Trump es una amenaza para la humanidad. Por la vereda de la sombra, cuando la primavera se muestra tentadora, otros se deslizan sin animarse a cruzar, los Maduro, los Mugabe, que la semana pasada estuvo en Montevideo y se abrazó con el presidente Tabaré Vázquez en la Casa de Gobierno. Algún apresurado lo nombró embajador de buena voluntad de la OMS pero el retiro le fue exigido de inmediato.

¿Se puede vivir en un país que tiene una inflación de 231 millones por ciento? ¿No lo cree? Ese país es Zimbabwe, cuyo presidente Robert Mugabe fue recibido por nuestro presidente, y del que se despidió con un abrazo. Las denuncias de violaciones llueven sobre Mugabe, que ha llevado a su país al fondo de la tabla, y aquí se lo presentó como el presidente más longevo de la tierra, casi que un adorable abuelito. ¿Quién aconsejó al presidente Vázquez sobre esa visita? Y si fuese inevitable, realmente inevitable cruzarse con el hombre que llegó a nuestro país para participar, paradójicamente, en la Conferencia Mundial sobre Enfermedades No Transmisibles, cuando su país no figura, en ninguno de sus capítulos, como una referencia a nivel mundial.

Tal vez sea la pesadez de las noticias, que a cualquier individuo razonable, lo lleva a escapar, a salvarse de la oscuridad. La manipulación de la información, exagerar los hechos con fines espurios, mentir abiertamente sobre cuestiones que pueden tener incidencia en los hechos contribuye a que muchos ciudadanos duden de sus convicciones partidarias, y hasta políticas. Se considera casi un crimen cambiar de senda, pasarse a la vereda del sol, tal vez de los peores crímenes sociales para muchos. “Está con el sol que más calienta” es un latiguillo que se repite para esos que no ven sinceridad donde otros hacen un acto de fe. La actividad política se ha vuelto, básicamente, en un acto de fe. Casi que es una actividad religiosa, hasta con su liturgia y sus mandamientos.

Hugo Batalla siempre repetía, ante la noción de que los votos de la 99 eran de paso hacia opciones de mayores compromisos, que todos los votos estaban de paso. Nadie, salvo quien lo emite, es dueño de su íntima decisión, que puede ser circunstancial o producto de un largo compromiso. A los ciudadanos se les presentan dudas, es razonable, si se piensa que su compromiso político es fruto del instante que vive y no de una elaborada estrategia en que su voto tendrá muy poca incidencia. ¿Por qué ese desdén, ese pensamiento peyorativo hacia quien mira con ganas de cruzar a la vereda del sol?

Sería interesante que los ciudadanos, alguna vez, hicieran una huelga de opinión, que no participaran de la calistenia militante, ni emitieran su preferencia política ante ningún sondeo preeectoral. Que el sistema político no recibiese señales fiables y estuviese obligado a jugársela, como el ciudadano cuando emite el voto, que se la juega y después no hay vuelta atrás.