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El fin del falso humor, el fin de la Tinellización por Marianella Morena

El fin del falso humor, el fin de la Tinellización  por Marianella Morena
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El anclaje cultural sobre la burla es tan largo y tan ancho, que está incorporado y naturalizado: nos hemos reído por siempre del débil, del desprotegido, del diferente. Pero no es reírse, es burlarse porque puedo hacerlo y tengo una complicidad de cobardes que me respaldan- me siento bien, me siento fuerte, y así podré enfrentar mi frustrada existencia la semana que viene, porque soy tan cobarde que no soy capaz de mirarme al espejo y decirme: “esta vida que tengo no me gusta”.

Hace algunos años, un 30 de diciembre, caminaba por la peatonal Sarandí (cosa que casi no podía hacerse por la horda de borrachos imbéciles que se metían con toda carne caminante) y un grupo de 9 varones me rodearon, todos portaban alcohol en sus manos, en sus ojos y en toda  posibilidad física. Les parecía gracioso cerrarme el paso, y decirme estupideces, dos hablaban y el resto apoyaba. Era de día y todos estaban de fiesta, a nadie le parecía terrible, ni acoso, ni nada por el estilo, era diciembre y era obligatorio emborracharse y “ser feliz a como dé lugar”. Cuando se lo comenté al que era mi pareja de entonces, me dice algo que resonó en mí por mucho tiempo: “son personas frustradas que esperan diciembre para liberar todo, ese todo es tan grande y tan acumulativo, que el fervor ingresado a presión les impide cualquier acto racional”

Por suerte esa forma de festejar fin de año por la ciudad vieja, se fue debilitando, el festejo burlándome del otro es algo que hemos vivido la gran mayoría de las personas, acá o en cualquier otra circunstancia festiva. Porque  la sociedad promueve la fiesta ajena, la comercial, la impuesta. La sociedad no educa con los festejos personales, porque claro está que en esos casos el consumo quizá casi no exista. Entonces frente a cualquier posibilidad de negocio se inventa el fervor, se promueve a toda máquina la felicidad, se inventan sentimientos que van desde el nacionalismo más extremo, a los desbordes sexuales como si un mundial fuera una fiesta sexual. Es el vale todo. Pero no solamente casos como el difundido en redes por el argentino que se burla de la adolescente rusa, usando como respaldo la frontera idiomática, también casos de colombianos, peruanos , paraguayos y brasileños. En estos casos conocidos (deben de haber miles que no vemos) atraviesa todo: clases sociales, profesiones y franjas etarias. No hay una población específica.

Pero sin ánimo de defender la estupidez humana que no conoce ni geografía ni género ni profesión ni edad, también quisiera señalar la manija bestial que hay desde los medios, las publicidades y todo un entorno cargado de histeria para robar algo de alegría, para importar algo de felicidad, para meterme en el cuerpo un orgasmo deportivo. A como dé lugar, porque otro dato importante, y no menor: para descontar la inversión.

Pero estas formas de venta, estas formas de exceso nada tienen que ver con un campeonato deportivo, sí con una ficción, con sentimientos inflados sobre goles o no goles, gente que juega (trabaja) por cifras irrisorias en relación a su rol, y nadie cuestiona. No escucho voces ir en contra de los fabulosos sueldos de los jugadores, ah sí, claro son las reglas del mercado, pero vayamos quitando los epítetos: ni héroes, ni víctimas. Deportistas profesionales. No tienen ninguna obligación de darnos felicidad, de cambiarnos la vida, ni de sacarnos de la frustración. No.

Pero, no es lo que se promueve.

Entonces, cuando no hay educación sobre qué es el humor realmente, cuando nos han enchufado por todos lados gente en los medios: tele, radio, revista, teatro, diarios y todos los medios a disposición que la burla es un material noble y poderoso para generar cómplices, ¿por qué ahora nos horrorizamos con este señor argentino que no tiene ninguna diferencia con Tinelli?

Ah, sí, uno es famoso y millonario, y el otro es un  laburante más que usó el mecanismo cultural avalado por todos. Cuando digo todos, son todos.

Pero, sucedió un tiempito después, y ahí aparece el gran título que nos da paso a la reflexión: contexto, época, movimiento de paradigma. Las redes son la vedette.

Celebro la aparición ciudadana y la participación, lo que no podemos es perdernos con la consecuencia y no ir por la semilla. Es como en las películas de ciencia ficción: por favor encuentren al embrión de la bestia.

El embrión de la bestia, como todos los embriones de las bestias ya está recuperado, ya juntó la plata, puede pagarse la terapia y comprar los nuevos guiones que se preocupen por la mujer y su lugar en la sociedad. El embrión de la bestia ya está en otro lugar, es el personaje que se toma el avión privado cuando todo colapsa y se va para la isla privada a vivir, mientras todos los demás terminan presos.

Lo que sí me gusta es que culturalmente podamos reaccionar y diferenciar de una vez por todas que es humor y qué es falso humor, como se construye, que al igual que el drama o la tragedia, necesita buenos guiones, buenos libros, buenos intérpretes, necesita creadores y no falsos profetas. El humor no es la chantada, por suerte, ya no. Por suerte, lo que rescato artísticamente de esto, es que el fin de la berretada humorística, que el chiste fácil ya no corre más. Habrá que laburar y buscar talentos como para cualquier otra disciplina. Hacer reír no es moco de pavo. Como decía Atahualpa del Cioppo:” La naturaleza ofrece algo para hacer llorar, pero no ofrece nada para hacer reír, habrá que ver dónde realmente está la inteligencia humana”.

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