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Elección parlamentaria por Hoenir Sarthou

Elección parlamentaria por Hoenir Sarthou
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Hay que decirlo ahora, antes de que la publicidad partidaria y los fanatismos conviertan todo en un “clásico” dominguero entre Peñarol y Nacional.

En octubre no decidimos entre “volver al pasado o profundizar los cambios”, ni entre “la corrupción zurda o ser el país de siempre”. Tampoco elegimos entre ser la Venezuela de Maduro o el Brasil de Bolsonaro.

En octubre no se elegirá al presidente, ni al partido que gobernará. Porque nadie tiene chances de obtener las mayorías necesaria para eso.

¿Qué es lo que realmente elegiremos en octubre?

El Parlamento. Sí, lo único que realmente decidiremos con nuestro voto en octubre es quién se sentará en el Parlamento. Es decir, quién votará las leyes y controlará los actos del Poder Ejecutivo y del resto del Estado durante los próximos cinco años. En noviembre habrá tiempo de definir quién será el presidente y de votar por el que creamos mejor, o menos malo.

No sé ustedes, pero yo estoy cansado de la forma en que se maneja el Parlamento (siempre hay excepciones, claro). Cansado de legisladores que, sin importar el partido por el que fueron electos, votan lo mismo, argumentan igual, y se callan o se hacen los distraídos ante las mismas cosas. Más que representantes de sus votantes, parecen autómatas. Funcionarios de sus respectivos partidos y caciques, pero sobre todo funcionarios de un modelo único de gobierno, en el que las leyes y las decisiones vienen prefabricadas desde algún lugar lejano e inaccesible. Cansado de legisladores que, cada vez que se les exige actuar, encogen los hombros como diciendo: “¿Qué querés que haga? La mano viene así.”.

¿Cuánto hace que no vemos a un legislador o a un gobernante proponer una política original, pensada desde y para nuestra realidad, algo que no sea “Lo que se hace en el mundo”, lo que recomiendan y financian la ONU, el BID o el Banco Mundial? ¿Y cuánto hace que no vemos a un legislador pararse “de punta” frente a algunas de esas politicas, que nos han llevado a situaciones sociales alarmantes? En sintesis: ¿Cuánto hace que nos vemos a un legislador pensar con coraje y originalidad al Uruguay?

Me conformaría con que, alguna vez, una voz con respaldo electoral dijera “Estuve analizando la propuesta tal o cual y creo que no es adecuada para el Uruguay. Digan lo que digan el BID o el Banco Mundial, no es ese nuestro modelo de enseñanza, o nuestro sistema judicial, o nuestro tipo de políticas sociales, o la clase de inversión que necesitamos, y creo que debemos encarar el asunto de otra forma.”.

En mi caso, por ejemplo, no tengo aun definido qué votaré. Pero algo tengo claro: quiero que en el Parlamento se introduzca como tema el cuidado de la soberanía del País y el de sus recursos naturales. Por eso no voy a votar a nadie que haya aprobado la ley de bancarización, o la de riego, o haya permanecido en silencio ante ese disparate que es el “Contrato ROU UPM”.

Todos en octubre tenemos la libertad de pensar en lo que realmente queremos que ocurra en el País y en el Parlamento, y de actuar en consecuencia. No es creíble que la sociedad uruguaya –con todos sus conflictos- esté adecuadamente representada en un Parlamento monocorde, que asiente o calla en todo lo esencial y sólo discute fruslerías.

Tiendo a creer que en todos los partidos -los que tienen representación parlamentaria y los que no la tienen- hay gente con capacidad de actuar con coraje e independencia. Nuestra tarea como ciudadanos, cada uno en el partido que prefiera, bien puede ser detectar a esa gente, lograr que se postule y hacer fuerza para que sea electa.

Eso, claro, choca con las “disciplinas partidarias”. Los líderes no suelen promover a esa clase de personas para los puestos parlamentarios. Prefieren a gente que no los cuestione, que no les discuta, que vote disciplinadamente.

La elección de octubre, gracias al régimen de “doble vuelta”, al relativo equilibrio de fuerzas electorales de nuestro País, y a la pluralidad de candidaturas y de opciones partidarias que han surgido, nos permite votar estratégicamente.  Nos permite pensar seria y desapasionadamente sobre quién queremos que nos represente en el Parlamento. No en quien será el presidente, sino en quién votará las leyes que ese presidente deberá acatar y en quién controlará que él y sus funcionarios las acaten.

Esa posibilidad no se reduce a un domingo de octubre. Empieza ahora, mientras estudiamos el escenario y las opciones para ver qué haremos con nuestro voto. Si nos hacemos notar, si es perceptible que estamos buscando legisladores comprometidos con ciertas ideas y con algún grado de independencia personal, los partidos no podrán permanecer imperturbables. No tendrán más remedio que resignarse a la aparición de figuras parlamentarias de esa clase. De lo contrario, sus rivales, antiguos o nuevos, los arrasarán.

La democracia no es cosa de un día, ni un juego que definen sólo los líderes y las estructuras partidarias. La opinión pública –y nuestra actitud como futuros votantes- tienen en ella un peso que se acrecienta día a día a medida que se acerca el momento electoral.

Eso también es poder. Hay que saber usarlo.

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