El periodista y escritor Roberto López Belloso acaba de publicar el libro “Camerata. cambiar la música, cambiar el mundo”, que repasa la historia de la legendaria agrupación musical.
“La historia de Camerata es mucho más que la de una agrupación musical. Es la historia política y cultural de Uruguay durante más de tres décadas, atravesadas por el sueño de la revolución, la pesadilla de la dictadura y el difícil pero anhelado despertar de la democracia. Ejecutantes talentosísimos dispuestos a experimentar con la música de cámara y los ritmos populares, pero que también compartían un compromiso político inquebrantable. Ese compromiso los llevaría a la detención, a soportar torturas y a exiliarse, en uno de los derroteros artísticos más singulares de América Latina.”
¿Cómo surge la idea de hacer este libro sobre Camerata?
Las buenas historias parecen estar esperando para ser contadas, y la de Camerata es una de las historias más impresionantes de la música uruguaya. Por su combinación de calidad musical y compromiso político, por mezclar de forma desenfadada la música culta y la popular, por la inclusión de ritmos como el jazz y la bossa nova junto al tango y las piezas de cámara, por tocar para las élites de Punta del Este y al mismo tiempo para los sindicatos en los barrios obreros, por el éxito enorme de público en países tan intimidantes por su tamaño como México y al mismo tiempo cierto olvido que los envolvió en los últimos años. En medio de ese olvido, por allá por 2015, en una entrevista con Daniel Lasca, primer atril de las dos orquestas principales de este país, le pregunto por sus orígenes y me habla de su padre. De cómo Moisés Lasca, con otros músicos habían creado un grupo que se volvió una síntesis de la historia cultural y política de los últimos 50 años, al que él mismo se integró algo más tarde. Bastaron unas pocas pinceladas en esa conversación para que me surgiera la necesidad periodística imperiosa de contar el cuadro completo.
¿Cómo fue el proceso de reconstruir su historia?
Lo primero fue hablar con sus integrantes. Camerata tuvo varias formaciones. De la original, en 1969, sólo sobrevive un músico, Juan José Rodríguez. De la segunda etapa importante, que es la del exilio en México, hay otros dos, que son Daniel Lasca y Fernando Rodríguez, y luego están quienes se integraron ya en Uruguay, después de la dictadura, como Élida Gencarelli, Miguel Pose y Martín Muguerza. También hablé con exparticipantes, como Ana Vidal. Después buscar material de archivo. Recortes de prensa, afiches, programas, toda una riqueza documental que va ajustando la cronología y los momentos. Trabajar sobre cada período histórico, de lo que estaba pasando en la política y la sociedad, dado el fuerte compromiso que ellos tuvieron siempre, además del desafío de contar periodísticamente un campo tan difícil de narrar como es la música.
¿Cómo fuiste incorporando el mosaico de voces de los protagonistas?
Usé una técnica que me había dado resultado en alguna ocasión anterior, que fue combinar entrevistas colectivas con otras mano a mano con cada protagonista. En total hubo unas 5 o 6 charlas con todos, y al menos dos con cada uno por separado. Una vez que tuve el material, fue combinando todo en el esquema cronológico del libro, intercalando las entrevistas con los materiales de contexto, a efectos de armar un tapiz que se pueda seguir de manera armoniosa.
¿Hubo algún aspecto que quisiste contar especialmente?
Quise reflejar su carácter poliédrico, poniendo el énfasis en los dos aspectos centrales, el musical y el político. Me interesó mucho la dinámica grupal, y fue muy importante que fueran totalmente abiertos a contar también los momentos malos y no sólo los apoteósicos. A mí me interesaba, además, profundizar en el carácter de exilio orgánico, ya que fue un grupo que se exilió junto y que se mantuvo unido afuera, como fue también el caso del teatro El Galpón. Otro punto clave de Camerata fue el carácter de trabajadores que vivían de su oficio, y en ese sentido quise contar la experiencia de sus café concert, importantes en la trama de la bohemia de la noche montevideana, puntaesteña y mexicana.
¿Qué fuiste encontrando en el camino con los involucrados?
Creo que a todos nos asombró la complejidad y riqueza de la trayectoria. Incluso a los protagonistas. Por ejemplo, los integrantes de la etapa posterior al regreso de la democracia no estaban muy enterados de los detalles de cómo había sido el momento anterior al exilio ni de muchas de las acciones que realizaron fuera del país. Fue un asombro compartido.
¿Cómo se ve a la distancia el fenómeno que fue a la vez musical y político?
En cierta medida era propio de la época, pero Camerata lo ejemplifica de un modo arquetípico. No olvidemos que casi todos los integrantes de la Camerata de antes de la dictadura eran miembros del Partido Comunista. Participaban de las acciones culturales de apoyar a los sindicatos, hacer las giras de la primera elección del Frente Amplio en 1971, impulsar la huelga general de 1973, colaborar con la resistencia hasta que se tuvieron que exiliar, y en el destierro tocar en las jornadas de denuncia contra la dictadura. Todo eso, sin descuidar la excelencia musical. Es más, esa excelencia musical era parte inseparable del compromiso político. Siempre fueron concertistas de primer nivel, y al volver del exilio y reformularse, suman a músicos que también son excelentes, solistas por derecho propio.





