En la noche del 29 de marzo de 1974 se producía un hecho histórico en Portugal.
Hablar de Portugal, de fado y de Amalia Rodrigues es hablar de lo mismo. En la noche del 29 de marzo de 1974, se presentó en el Coliseo de Lisboa, una sala antigua, de mucho prestigio. Zeca Afonso estaba prohibido como intérprete, pero al cierre de la actuación de sus amigos y de la fadista más importante de Portugal, su canción “Grándola, vila morena”, de su autoría, fue cantada a coro. Portugal mantenía varias colonias en África y Asia, pero era un país pobre. Sus fuerzas armadas, que peleaban contra los movimientos independentistas estaban en estado de deliberación. En la noche del Coliseo varios oficiales del clandestino Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) estaban presentes en la sala. Entre susurros se pusieron de acuerdo en que ese tema sería la señal que marcase el momento del alzamiento. A las 0.20 del 25 de abril de 1974, la canción de Zeca Afonso abría el programa “Límite” de Rádio Renascença, que no solo daba la señal a los militares portugueses para el inicio del golpe de Estado contra la dictadura, sino el de la independencia de todas sus colonias.
Celeste Caeiro, la camarera de un bar que ese día no abriría sus puertas debido a la incertidumbre que había desatado el alzamiento de la madrugada, se presentó en su trabajo, y a cambio de la paga de ese día el dueño le dijo que se llevase los claveles reservados para una fiesta que también se suspendería. Celeste se alejó del bar con una buena cantidad de claveles. Un soldado le preguntó si no tenía algún cigarrillo; no lo tenía, pero le ofreció un clavel. El soldado, agradecido, colocó el clavel en el caño de su fusil, lo mismo hizo con otros soldados. Acabó modelando el espíritu del alzamiento.
La historia posterior no sería acompañada por la unanimidad del 25 de abril de 1974. La independencia en las colonias marcó el inicio de luchas internas en la oposición, que fueron aprovechadas por Cuba, la Unión Soviética y ejércitos mercenarios financiados por varios países. El propio MFA, protagonista de la Revolución de los claveles, se dividió en torno a las definiciones políticas internacionales. Sin embargo, las fuerzas armadas permanecieron en relativa calma contribuyendo al rediseño institucional hacia la democracia. La integración a la Comunidad Europea, y a la actual Unión Europea trajo aparejado un fortalecimiento institucional que se refleja en que Antonio Costa, abogado y político portugués, ex primer ministro y alcalde de Lisboa, es hoy el presidente del Consejo europeo. Portugal es una democracia consolidada que pudo esquivar en paz el desconcierto que produjo un pronunciamiento militar protagonizado por militares en la clandestinidad. Fidel Castro, creyó ver en los militares portugueses una punta de lanza de la que podía aprovecharse, pero a la larga, ni en Angola, ni en el resto de las colonia, ni en Portugal, las ideas del socialismo soviético echaron raíces. La democracia acabó siendo un instrumento más revolucionario que la situación emocional en que se vivió la independencia.
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En Uruguay, dos años antes, el MLN sufría lo que sería el comienzo de su derrota militar. Eleuterio Fernández Huidobro, un desconocido para la opinión pública, pero, uno de sus dos dirigentes principales, iniciaba los primeros contactos con los capitanes del cuartel Florida.
En el desarrollo de esas conversaciones, el movimiento tupamaro puso sobre la mesa la necesidad de atacar las causas que habían provocado la aparición de la guerrilla en Uruguay. Se llegó a algunos acuerdos con un sector de mandos medios, que incluían detención y procesamiento de empresarios y políticos dedicados a actividades económicas ilegales, que implicaban pérdida económica, desgaste institucional, y descreimiento de la ciudadanía en la democracia.
Ese acuerdo fue puesto a consideración de las autoridades del ejército en una reunión que se llevó a cabo en octubre de 1972 en el Centro Militar. Los capitanes pusieron sobre la mesa una pila de carpetas en las que estaban los antecedentes de cada uno de los acusados. Ante la vista de todos había una pila de carpetas no menor a los 50 centímetros. Entonces, el coronel Trabal pidió la palabra y preguntó quién iba a dirigir semejante operación. Uno de los capitanes puso la mano sobre las carpetas y contestó que la dirigiría Fernández Huidobro. A esa contestación la siguió un silencio y enseguida el ruido de las sillas indicaba el final de la reunión.
Los camiones que cada unidad de Montevideo envió al cuartel Florida comenzaron a llegar a la plaza de armas, desatándose un tire y afloje entre los capitanes, el gobierno y los mandos militares. El tío del jefe del cuartel era Augusto Legnani, el ministro de Defensa, en ese momento. Cerca del amanecer los capitanes aceptaron la palabra de los mandos pidiéndoles paciencia y confianza en las fuerzas armadas, que compartían el diagnóstico, pero los cambios tendrían que llegar a través de los mandos superiores y el método de las Fuerzas Armadas.
El movimiento de febrero de 1973 fue reflejo de ese acuerdo. También lo fue el cambio de actitud del general Gregorio Álvarez, tras el asesinato de su hermano, y finalmente, el golpe del 27 de junio también fue la consolidación de todo eso.
Lo de Portugal fue distinto, los militares adhirieron a la democracia que no conocían, los militares uruguayos, en 1980, no tuvieron más remedio que respetarla porque, como decía el Documento Uno del MLN, estaban dadas las condiciones para una revolución, pero las condiciones subjetivas para la lucha armada había que crearlas. Una dictadura militar era el ambiente ideal para desatar acciones sin el freno moral de realizarlas en una democracia. Habiendo perdido el plebiscito, los militares uruguayos sabían eso, y no aceptar el veredicto era enfrentarse a un panorama muy incierto, y todavía confiaban tener cartas para ganar la partida.
La revolución de los claveles, en Portugal, marcó el inicio de un camino en el que no todos los deseos populares y todas las ideas de aquellos capitanes se vieran cumplidos, pero Portugal es hoy una democracia consolidada, integrada al mundo democrático. Prueba de ello es que Antonio Costa, ex intendente de Lisboa, ex primer ministro, es hoy el presidente del Consejo de Europa, y las colonias recorren un camino hacia una democracia que busca la consolidación plena. El Ñato Fernández Huidobro acabó su vida política como ministro de Defensa, y las palabras del general Manini, comandante en jefe del ejército, en su homenaje de despedida, no podían haber sido más elocuente. Sin pertenecer a la generación de capitanes que buscaron un entendimiento con los tupamaros, sí recogió el espíritu de coincidencia que Fernández Huidobro tuvo con sus carceleros para buscar una salida no cruenta a los hechos de 1972.







