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La eterna confrontación entre el Bien y el Mal por Carlos Acevedo

La eterna confrontación entre el Bien y el Mal por Carlos Acevedo
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Casi cinco décadas han transcurrido desde el estreno de “ El exorcista”, filme de terror dirigido por William Friedkin y protagonizado por Linda Blair, quien a los 13 años, demostró una arrolladora capacidad actoral. Sin embargo, pese a numerosos intentos de emular aquel clásico atemporal, el género sigue vigente, y prueba de ello es “El exorcismo de Dios”, filme dirigido por el venezolano Alejandro Hidalgo y de reciente estreno en Life Cinemas.

Más allá de que la mayoría del público conoce la existencia de los exorcismos gracias al ya mencionado clásico y a todas las películas sobre dicha temática que le siguieron, la práctica consiste en una serie de rituales reales, tan antiguos como la propia Iglesia Católica, que se siguen practicando aun hoy casi del mismo modo que hace cientos de años.

Ya en la Biblia se menciona cómo se debe abordar una posesión demoniaca, cuando un esbirro de Satanás toma control físico y espiritual de una persona. Incluso, el mito alude a que el propio Jesús los practicó y que transmitió la capacidad de realizarlos a sus discípulos, aunque no existía en aquel entonces un protocolo establecido para su correcta ejecución.

Fue recién en el siglo sexto de la era cristiana que se publicó el primer manual oficial que establecía rituales para la práctica del exorcismo, el Statua Ecclesiæ, aunque la técnica predominante abreva siglo de ulteriores publicaciones de los siglos quince, que, aunque no se admita, siguen vigentes.

En el año 1999 la Iglesia modificó algunas de estas centenarias técnicas, pero existe un buen número de sacerdotes y obispos que insisten en la utilización de los textos clásicos, según ellos de probada efectividad.

Para la realización de un exorcismo, como se observa  en el filme de 1973 y en algunas producciones posteriores, se requieren determinados requisitos. El principal es que debe ser oficiado por un sacerdote de la Iglesia Católica, quien debe contar con la autorización del obispo de la diócesis correspondiente. A su vez, este prelado debe estar amparado por un tribunal eclesiástico competente en la materia. Esta autorización puede ser otorgada para un caso puntual o en general.

También debe descartarse previamente eventuales patologías mentales o físicas del supuesto poseído, mediante la realización de los correspondientes exámenes, algo que se visualiza en algunas películas sobre el tema y que se analiza en detalle en “El exorcista”, novela de William Peter Blatty basada en un caso real en la que se inspira el filme homónimo.

Para la correcta práctica del ritual se utilizan determinados objetos litúrgicos como un ejemplar del Ritual Romano, un ejemplar de la Biblia, un crucifijo y una botella con agua bendita. En ese caso, el líquido  es previamente bendecido por un obispo, presbítero o diácono.

Además, la persona que se cree se encuentra poseída por un demonio debe presentar determinados síntomas, como hablar lenguas desconocidas o muertas sin explicación lógica, poseer mayor fuerza física de lo normal, demostrar aversión hacia objetos religiosos y manifestar el don de la clarividencia. Si se reúnen estos requisitos y se descartó sin lugar a dudas otras causas, recién en se puede proceder a exorcizar a la persona.

“El exorcista” es el filme que reveló al mundo la existencia, poco comentada oficialmente por la Iglesia, de dichas prácticas. Más allá del sensacionalismo propio del género terrorífico, los expertos en el tema han coincidido que la película retrata, con bastante fidelidad, más allá de las previsibles licencias, tanto el ritual como la posesión en sí misma.

Largometrajes más cercanos en el tiempo como “El exorcismo de Emily Rose”, de 2005, han abordado el tema con seriedad, aunque la temática se ha prestado a abundantes productos netamente comerciales, que apelan al efectismo y el susto fácil para generar impacto en la taquilla.

“El rito”, del año 2011 y protagonizada por Anthony Hopkins, utiliza como excusa los exorcismos para plantear un severo cuestionamiento a la Iglesia Católica y al manejo de la fe como estrategia de manipulación de conciencias.

El género también ofrece películas como la trilogía de “El conjuro”, a medio camino entre el drama y el terror, que se valen de un estilo de falso documental, ya que se basan en casos supuestamente reales.

“El exorcismo de Dios”, de reciente estreno en nuestro país, mixtura una acertada denuncia de la pobreza y las extremas condiciones de vida que padecen los habitantes de un poblado latinoamericano, con los cuestionamientos éticos de un cura que ha cometido un terrible pecado y lucha por redimirse. También ensaya una no tan velada crítica a la doble moral de la Iglesia.

Esta es una producción de bajo presupuesto, pero de interesante factura técnica. Valiéndose de escasos pero hábilmente utilizados recursos visuales, Alejandro Hidalgo logra crear una atmosfera terrorífica y asfixiante, que homenajea -mediante diversos guiños- al lógico a la referente “El exorcista”, que tuvo dos secuelas: “El exorcista 2” (1977) y “El exorcista 3” (1990).

Por supuesto, el filme abunda además en sobresaltos que colmarán las expectativas de los incondicionales del género, así como también en dramáticas batallas entre el demonio y el sacerdote que lo combate.

Particularmente destacable es que “El exorcismo de Dios” contiene abundantes efectos especiales “a la antigua”, maquillajes, prótesis y sangre falsa, quizás debido a lo acotado del presupuesto, valiéndose muy poco de los tan trillados artilugios de computadora.

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