Maternidad sin genética por Fernanda Álvarez

En Uruguay, cada vez más mujeres logran ser madres gracias a técnicas de reproducción asistida que, hasta hace algunas décadas, eran impensadas. Entre ellas, la ovodonación, la utilización de óvulos donados por otra mujer, se consolidó como una alternativa clave frente a diagnósticos de infertilidad, edad materna avanzada o fallas ováricas. Sin embargo, detrás de los avances médicos, emergen interrogantes que exceden lo biológico, como la identidad, el anonimato, el acceso y la desigualdad.

La práctica está regulada por la Ley N.º 19.167, que establece el acceso a técnicas de reproducción humana asistida y contempla la donación de gametos bajo carácter anónimo y altruista. En ese marco, el Fondo Nacional de Recursos (FNR) financia tratamientos de alta complejidad, lo que posiciona a Uruguay entre los países de la región con mayor cobertura pública en este campo.

Aun así, el acceso no es igual para todas. Los tratamientos pueden implicar tiempos de espera prolongados, especialmente en el caso de la ovodonación, donde la disponibilidad de donantes no siempre cubre la demanda. Aunque no existen cifras oficiales desagregadas, centros especializados reconocen una brecha sostenida entre quienes necesitan el tratamiento y la cantidad de donantes disponibles.

En Uruguay, estos tratamientos se realizan tanto en el ámbito público como privado, a través de centros especializados en reproducción asistida. Entre los principales se encuentran el Centro de Reproducción Humana del Hospital de Clínicas, el Centro Hospitalario Pereira Rossell, referente en atención pública, y clínicas privadas como CIGOR (Centro de Investigación en Ginecología, Obstetricia y Reproducción), CERHIN (Centro de Reproducción Humana Integral) y Instituto de Reproducción Humana Montevideo (IRHM). Estas instituciones concentran la mayoría de los procedimientos de alta complejidad y canalizan tanto la demanda de tratamientos como los programas de donación de gametos.

En términos de resultados, los datos nacionales indican que alrededor del 30% de las transferencias embrionarias derivan en un nacimiento con vida dentro de los tratamientos de alta complejidad, según reportes del Fondo Nacional de Recursos (FNR). En el caso de la ovodonación, si bien no existen cifras oficiales a nivel país, estudios académicos locales y registros clínicos señalan que las tasas de parto por transferencia son superiores a las de otros tratamientos. Esta tendencia coincide con lo observado a nivel internacional, ya que registros de sociedades científicas como la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) y la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) ubican estas tasas entre el 50% y el 70%, principalmente debido a la calidad ovocitaria de las donantes.

Este diferencial explica por qué muchas personas llegan a la ovodonación después de atravesar tratamientos fallidos. Pero también plantea un punto de inflexión emocional: la renuncia al vínculo genético.

Especialistas en reproducción asistida y salud mental perinatal, señalan que el duelo genético existe, y es parte del proceso. Aceptar que el hijo o hija no compartirá la carga genética materna implica, muchas veces, un trabajo psicológico profundo. A su vez, surgen preguntas hacia el futuro. ¿Qué ocurre con la identidad del niño? ¿Tiene derecho a conocer su origen?

En Uruguay, la ley establece el anonimato de la donación, lo que implica que ni los padres ni los hijos pueden acceder a la identidad de la donante. Este punto, que protege la privacidad y fomenta la donación, también genera tensiones en el debate contemporáneo sobre el derecho a la identidad biológica.

A pesar de estas complejidades, para muchas familias la ovodonación representa la posibilidad real de concretar un proyecto de vida. Alejandra, quien fue madre mediante este tratamiento, lo resume con claridad: “ser madre va mucho más allá del material genético”.

La ovodonación dejó de ser una excepción para convertirse en parte de una transformación silenciosa en las formas de construir familia. Entre avances médicos, decisiones íntimas y marcos legales, la maternidad, para muchos, ya no responde a un único modelo. Y en ese escenario, la biología dejó de ser el único punto de partida.

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