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“Servidor de dos patrones” por Ruben Montedonico

“Servidor de dos patrones” por Ruben Montedonico
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El canciller Francisco Bustillo y Álvaro Delgado respaldaron la posición del presidente en la Celac y la ONU: no iban a hacer otra cosa. El presidente habló en la Celac reunida en la capital mexicana para la tribuna menor de los suyos.

Andrés Manuel López Obrador, el anfitrión, marcó el contexto de la reunión diciendo “podemos estar de acuerdo o no con la revolución cubana y su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento es una indiscutible hazaña histórica. Se ve mal que el gobierno de Estados Unidos utilice el bloqueo para impedir el bienestar del pueblo de Cuba con el propósito de que éste, obligado por la necesidad, tenga que enfrentar a su propio gobierno”, agregando que si con esa medida “tuviera éxito, se convertiría en un triunfo pírrico, vil y canallesco”. Ese era, pues, el entorno que el anfitrión le puso a la cumbre del 18 de septiembre en el Palacio Nacional de la Ciudad de México.

El uruguayo ignoró esto y atropelló olvidando la coyuntura, la ocasión, el instante y el motivo de la reunión y la emprendió contra los declarados como enemigos por EEUU: Nicaragua, Venezuela y Cuba. Lo ocurrido es por demás conocido de los lectores: sólo agregaré que me pareció una especie de eructo ideológico residual de la pasada “guerra fría” con el cual trataba de contener posibles suspicacias de EEUU -por su algarabía con Pekín con los que la Casa Blanca emprendió la segunda “guerra fría”, comercial y militar- y confirmarles su adhesión, lanzando su agresión a terceros, además de agraviar al anfitrión. En verdad, entre sus fantasías y mensajes hacia el interior de su país, se propuso ser el personaje internacional -con técnicas de la Commedia dell’Arte, cual Carlo Goldoni- pero no pasó de ser un pretencioso, descartable y olvidado personaje de quinta. Me hizo pensar que Cervantes dio en la tecla -por boca del Bachiller Sansón Carrasco- al asegurar que “Nunca segundas fueron buenas”, aplicable al caso. Lo veo igual a una segunda versión de “Arlequino, servidor de dos patrones”.

Este gobierno dirigido en Uruguay por el más rayano conservadurismo del Partido Nacional (el blanqui-herrerismo) notó para su propuesta publicitaria que entre sectores del público se ha incrustado la percepción de inexistencia de una identidad nacional sólida que debiera ser reconocida en el extranjero y, ante esa especie de sumisión, el mandatario se arrogó la tarea -que ejecuta con toda imprudencia- de reinstalar al país en “el mundo” (con él como emblema) repentinamente, con saltos, injerencias, desde inexistentes pedestales democráticos. Por mi parte, mientras me alcance el aliento me rebelaré a la idea que se plantean algunos de esa minoridad y docilidad; haré un análisis propio, ajustado a las circunstancias y previsiones, al tiempo de denunciar a los gobiernos de la derecha, encapsulados por entornos de intereses económicos que lo sostienen y cobran “favores” exigiendo ventajas.

Piensa el mandatario que con alabar a los mandamases imperialistas, exponer a las grandes mayorías promesas que no cumplirá, augurar futuros de prosperidad mientras aplica su idealidad liberal-conservadora y aplastar toda expresión popular para expoliar de mayor y mejor manera, conseguirá consolidar sus apetitos futuros.

La presidencia de Uruguay alude al proyecto de un TLC con China (que Pekín no propuso) y agita como zanahoria de premiación que hayan acusado los asiáticos el recibo de su intención. Si China tiene interés en este país, se focaliza en un puerto para su flota pesquera y eventualmente en el paralelo a su Ruta de la Seda (el ramal sudamericano), el anclaje y penetración con su alternativa (a EEUU) de la Ruta de la Seda Digital, nada que yo crea que conduce irremediablemente a un TLC asimétrico (quizá sí en el caso de sumarse a su cable Argentina y Brasil). Hasta el momento sólo se ha producido malestar con Buenos Aires por los efectos de este proyecto sobre el Mercosur y el apoyo no-oficial de Bolsonaro.

En todo caso, de lo que se trata desde presidencia es de que sus consejeros (publicistas para el caso) procuren inventar distractores y cortinas de humo en tanto está pendiente la evaluación política que significará el referéndum de marzo 2022 sobre la posible derogación de 135 artículos del programa de gobierno aprobados por la mayoría legislativa de la mezcla, la Ley de Urgente Consideración (LUC).

Si comentamos su breve intervención en la Asamblea General, las televisitas al discurso del miércoles 22 de septiembre del mandatario, superaron apenas las mil consultas en el día. El discurso del presidente uruguayo tuvo un componente fuertemente ideológico, liberal, y proclamó la vocación por la libertad individual e informó que Uruguay (así debe haberse querido referir a los productores-exportadores) está “en proceso de abrirse más al mundo”.

Lo que aprendió el presidente y oyó en casa acerca del liberalismo económico, es que éste aboga por la propiedad privada como impulsor del incremento de la riqueza social. De acuerdo con el referido modelo económico en la ejecución preferencial hacia lo privado es que se debe gobernar una Nación. En esto, el papel del sector público será el de proteger tal derecho y transferir todos los bienes y servicios hacia medios privados, dejando al Estado el papel de asegurar y reafirmar su legalidad.

En todo caso, es claro -sin rascar mucho- el desprecio hacia lo popular. La consideración de los líderes populares, exhibiéndolos como corruptos e inferiores, porque se supone que son apoyados por quienes “todavía no les creció la cabeza” según Herbert Spencer (de sus filósofos de cabecera). Los dueños del capital, según este sistema -nacional o en cualquier lugar de la periferia- carecen de poder de negociación y su única posibilidad es seguir las reglas y obtener la máxima ganancia en poco tiempo, a cualquier costo.

Así, en América Latina van cayendo obstáculos éticos y legales, dando forma a este totalitarismo capitalista -de raíz financiera- que tiene una naturaleza criminal de fondo.

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