Un hecho confuso, un relato impreciso por Ernesto Kreimerman

“Muriel Bowser, alcaldesa de Washington DC, dijo en una rueda de prensa el sábado por la noche que el único tirador se lanzó contra el Servicio Secreto en el vestíbulo del hotel. Dijo que no había motivos para creer que alguien más estuviera implicado en el incidente”. Estas declaraciones resumían correctamente los hechos que sacudió el tranquilo desarrollo de la fiesta anual de los corresponsales acreditados ante la Casa Blanca.

La verdad, es que desde que se informó de los hechos ocurridos en el Hotel Washington Hilton (consta de 1.107 habitaciones, varios restaurantes y más salones, con un costo mínimo de 317 dólares diarios y hasta 2.102 dólares la presidencial, más impuestos), mientras se desarrollaba la cena de los corresponsales en la Casa Blanca, solamente por unos minutos se habló de un atentado contra la vida del presidente Donald Trump. Casi unánimemente, el incidente fue definido como “el tiroteo” del cual, obviamente, “Trump salió ileso”. Y hay un sospechoso o responsable detenido infraganti, que está bajo custodia.

Sorprendentemente, el presidente publicó en sus redes sociales que el protagonista del incidente había sido “abatido”, lo que los corresponsales reprodujeron es que había fallecido. Pero no fue así, sino que había sido “reducido”, es decir, neutralizado y detenido sin ningún tipo de lesión. Esto habla muy bien de los agentes del servicio secreto (responsables de la seguridad de autoridades y visitantes calificados, sus familias y delegaciones) intervinientes en la neutralización y detención ya que pudieron hacerlo en el momento mismo que intentó ingresar a la zona anterior al gran salón, en una zona de seguridad previa al acceso.

Un dato curioso; Servicio Secreto de los Estados Unidos (United States Secret Service; USSS) es una agencia federal creada el 5 de julio de 1865 para reprimir la falsificación de dinero. Por entonces, no existía suficiente personal para investigar todos los delitos del tipo federal, por lo que el Servicio Secreto fue utilizado para investigar desde los asesinatos, hasta los juegos de azar ilegales. El Servicio Secreto fue la primera agencia nacional de inteligencia y contra espionaje. Cuando en 1908 se crea el FBI, se reconfigura su misión.

Volviendo a los hechos

A poco de normalizarse las tensiones, ya retirados del lugar el presidente, su esposa y también un número importante de altas figuras del gobierno, lo mismo habían hecho referentes calificados del sector privado que fueron auxiliados por sus propias custodias, comenzó a revelarse información casi en tiempo real.

El sospechoso fue identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, de Torrance, California. Trump publicó en Truth Social dos fotos del presunto sospechoso, con el torso descubierto y boca abajo en el suelo. Horas después, desde fiscalía pero en versión extraoficial, se informaba que “el sospechoso está siendo acusado de dos cargos graves de armas de fuego y de agresión”. Frente a las primeras reacciones, parecía poca cosa. Quizás desde una perspectiva más atenta, reflejaría lo ocurrido.

Llamativamente, “en una rueda de prensa en la propia Casa Blanca, poco después del evento, Trump describió el Washington Hilton como “un edificio no particularmente seguro” y defendió los méritos de la construcción de un salón de baile en la Casa Blanca, “una sala más grande y mucho más segura”. Un comentario que fue catalogado de inoportuno y de mal gusto.

Más allá de la liviandad del comentario, lo cierto es que los hechos sucedieron lejos del salón tal como se puede ver claramente en el croquis que se adjunta. En este mismo Hilton tuvo lugar el atentado contra la vida de Ronald Reagan, mucho más grave, el 30 de marzo de 1981. Como consecuencia de ello, el hotel realizó varias reformas con el propósito de mejorar las condiciones estructurales de seguridad.

A 50 metros y otra planta…

Según cálculos de Trump, el incidente ocurrió a “unos 50 metros” del salón. En realidad, además de esos 50 metros o más, fue en un semipiso superior, más lejos aún del salón. En las grabaciones del sistema de seguridad se ve con claridad casi todo: los agentes tardan apenas 10 segundos en llegar a proteger la mesa presidencial. De inmediato y prudentemente, lo guían afuera del salón.

Se ha abierto un debate inesperado acerca de la definición del riesgo y la disconformidad con la decisión de no recibir la caracterización de “evento especial de seguridad nacional”. En este caso, parece un debate oportuno toda vez que se recuerda los dos atentados previos del año 2014, uno de ellos muy grave que se saldó con la renuncia de la entonces jefa del Servicio Secreto, Kimberly Cheatle. En el segundo, los disparos se realizaron desde 400 metros de distancia, una posición de tiro privilegiada que ocupó 12 horas antes.

Antes de 30 días…

No está claro si es para quitarle dramatismo al asunto, en particular por el momento político interno y por los desafíos de la política internacional con varias guerras en desarrollo, el presidente Donald Trump se adelantó a anunciar que “la fiesta continúa” dentro de unos pocos días. Aparentemente, los costos a cargo de la presidencia o de una colecta para tal fin.

Mientras tanto, el Departamento de Justicia anunció advertido que sus funcionarios procurarán endurecer la caratula de la investigación y responsabilizar a Allen de cargos penales más severos.

La evacuación precipitada de autoridades y de cientos de invitados dejó al descubierto la fragilidad de un formato que combina espectáculo, política y seguridad en un mismo espacio. Quizás deban aceptar que los tiempos son definitivamente otros.

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