Una alternativa al lema compartido por Oscar Licandro

En una de mis columnas anteriores señalé que la creación de un lema compartido para la Coalición Republicana puede generar algunos problemas complejos, difíciles de mitigar. En lo electoral, el lema compartido elimina la ventaja actual de presentar en octubre una oferta diversificada de candidatos y propuestas. La transformación de las elecciones internas en una competencia entre los partidos de la coalición seguramente estimulará una competencia más agresiva que la que se da en las elecciones internas de cada partido, lo cual puede impactar negativamente sobre el relacionamiento interno de la coalición y sobre su imagen externa. La desaparición de las elecciones internas de los partidos reducirá la competencia interna dentro de ellos, impulsando un proceso de oligarquización de la conducción partidaria, el que a su a su vez, seguramente, reducirá la movilidad interna dentro de ellos y desmotivará a la militancia. Finalmente, el lema compartido, con candidato único de todos los partidos, requerirá acuerdos profundos y difíciles para articular la campaña del candidato único con las campañas de los partidos (que competirán por senadores y diputados). Si esto es ahora complejo de administrar dentro de cada partido, imaginemos la complejidad de administrarlo entre diferentes partidos.

Estos potenciales problemas son desventajas que, a mi juicio, no compensan sus eventuales beneficios. Es decir, la relación costo/beneficio de migrar hacia un lema compartido parece estar más inclinada hacia los costos que hacia los beneficios. En general, cuando cambiar un instrumento puede ser más costoso (o ineficiente) que no cambiarlo, la mejor solución consiste en una tercera alternativa: introducir mejoras en el instrumento actual, orientadas a reducir sus debilidades y potenciar sus fortalezas.  Por lo tanto, a mi juicio, la mejor solución no es crear un lema compartido (y menos aún una fuerza política, similar al FA), sino mantener el formato actual (alianza para competir electoralmente y gobernar), pero introduciendo cambios que lo potencien. A continuación, reflexiono sobre algunos de esos cambios.

Es necesario encontrar una solución a la pérdida de bancas en octubre. Un camino puede ser reducir de forma inteligente el número partidos, sin perder la fortaleza actual de contar con una oferta electoral diversificada. Creo que el PC, el PN y el PI alcanzan para tener esa oferta. Cabildo Abierto agotó rápidamente el diferencial que aportó en 2019, al incumplir de forma grosera su promesa de “terminar con el recreo”. Además, su oferta ideológica y programática es una ensalada de populismo, estatismo y conservadurismo anacrónico que, lejos de agregar algo valioso a la oferta de la coalición, le inocula confusión y disfuncionalidades. Si otro partido o sector quiere integrarse a la coalición que negocie su incorporación a alguno de esos tres partidos.

También resulta necesario acordar una solución “creativa” a los problemas que limitan la instrumentación de la coalición en las elecciones departamentales en todo el país. La forma como se resolvieron esos problemas en Montevideo, Canelones y Salto puede ofrecer algunas de las claves. Lo más probable es que esa solución combine elementos generales para todos los departamentos, con elementos específicos en cada uno de ellos. Pero, el desafío más grande estriba en que esa solución requerirá de los dirigentes locales mucha valentía, generosidad y honestidad.

Fundamentalmente, la coalición necesitará construir una identidad propia. Esto es un espacio simbólico compartido de valores, de convicciones filosóficas y políticas, y de formas de imaginar el país del futuro. Una identidad que sea el pegamento que una a los partidos que la integran. Una identidad que permita dar forma a una comunidad política que trascienda a los partidos, en la que cada partido sea percibido como parte de un todo. Una identidad que genere pertenencia, adhesión y una masa de ciudadanos “coalicionistas”. Una identidad que defina la coalición por lo que quiere construir y no por aquello a lo que se quiere oponer. Su construcción será un largo proceso que deberá ser gestionado.

La identidad coalicionista requerirá una marca institucional. Esto implicará estudiar cuál debería ser el nombre más adecuado y los demás elementos simbólicos que le den forma. Se deberá contar con una estrategia para instalarla en el imaginario colectivo y, particularmente, durante las campañas electorales. También se deberá acordar la forma como será usada por cada partido.

Para la competencia electoral será necesario establecer una estrategia común, que permita presentar a la coalición como una entidad política, con su identidad, sus símbolos y su unidad programática. Se necesita pasar de un menú de candidatos partidarios a un menú de candidatos de la coalición. Una estrategia que ayude a fidelizar en noviembre a quienes votaron a sus candidatos en octubre. Esa estrategia deberá incluir también asuntos relevantes para la campaña como, por ejemplo, definir una agenda de propuestas compartidas (que cada partido articulará con sus propuestas específicas), realizar eventos de la coalición y acordar sobre la forma de competir entre los partidos que la integran. En particular, esa estrategia servirá para delimitar claramente lo que es común a la oferta de la coalición, de lo que es específico de la oferta de cada partido.

Finalmente, se necesitará dotar a la coalición de cierta institucionalidad que sirva como espacio para la toma de decisiones y para gestionar los elementos comunes. Esa institucionalidad servirá, entre otras cosas, para articular estrategias, construir una propuesta programática compartida, sinergizar esfuerzos y minimizar los problemas que puede generar la competencia dentro de la coalición. Debe ser una institucionalidad que equilibre las necesidades del conjunto con las de cada partido, que sea fácil de gestionar y que sea eficiente, tanto para la competencia electoral como para gobernar. El diseño de una institucionalidad de este tipo es un desafío intelectual que seguramente requerirá “salirse de la caja” y abandonar zonas de confort.

Algo que está claro para todos los integrantes de la Coalición Republicana es que se necesita modificar la forma de competir electoralmente. La alternativa que está sobre la mesa es la creación de un lema compartido. Pero, las debilidades de esta alternativa indican la necesidad de explorar otras.

Agregar un comentario

Deja una respuesta